La Republica florece cuando los ciudadanos son plenamente conscientes de tener un espíritu crítico y una formación democrática acorde con sus deseos intelectuales forjados a través de un intenso afán por adquirir un conocimiento que les de independencia.
República
(Derecho Constitucional)
Régimen político en que el poder es cosa pública (res publica), o cosa de todos, lo cual implica que sus titulares lo ejercen, no en virtud de un derecho propio (derecho divino o hereditario), sino en virtud de un mandato otorgado por el cuerpo social. Así definida, la república se opone a la monarquía o realeza, pero no se confunde con la democracia: una monarquía puede ser democrática (p. ej., Gran Bretaña), y una república puede no serlo (p. ej., La Grecia “de los Coroneles”); de hecho, las palabras república y democracia se emplean a menudo indistintamente.
Palabra de etimología latina: de res, y pública, pública. Equivale -en su acepción más amplia a causa pública, comunidad, Estado. Cabe aplicarla políticamente a todos ellos, con independencia de su sistema de poderes. En sentido estricto, la Academia Española la define como Estado que se gobierna sin monarca. Con más rigor de técnica política, puede decirse que es, en su auténtica expresión, la forma de gobierno de origen electivo y popular; caracterizada por la duración determinada de la representación o mandato, atribuciones limitadas y responsabilidad de todos sus órganos y miembros, incluso el jefe del Estado, que la simboliza, y denominado, en todos los países en que está instaurada, presidente (v.).
El florecimiento de Weimar
Durante la República de Weimar (1918-1933), Alemania se convirtió en epicentro de la vanguardia, la experimentación y los cambios, y marcó un hito cultural en campos como la literatura, el cine, el arte, el teatro, la arquitectura y el diseño gracias a artistas como Fritz Lang o Bertolt Brecht, así como a la Escuela de la Bauhaus, que contaba entre sus profesores con Paul Klee o Vasili Kandinski. CaixaForum Barcelona revive aquel florecimiento cultural, creativo e intelectual, también marcado por la incertidumbre y la inestabilidad, con la exposición Tiempos inciertos. Alemania entre guerras.
La convulsión política e ideológica desencadenada por la Gran Guerra dio lugar a la República de Weimar, una propuesta de sociedad basada en la razón, la democracia y la igualdad que hizo tambalearse conceptos antes incuestionables en la sociedad alemana: los roles de género, la música, la noción de autoridad, la lucha obrera, la arquitectura, la física cuántica, la estética y hasta la técnica como expresión artística. Todo ello estuvo sujeto a una revisión crítica y renovadora.
La incertidumbre se convirtió en el espíritu de la época y el cambio de paradigma abrió las puertas a la actual manera de entender la realidad. A través de fotografías, pintura, escultura, escenografía, música, juegos interactivos y proyecciones, esta gran exposición ofrece una visión transversal del riquísimo periodo en el que vivieron y destacaron figuras como Thomas Mann, Käthe Kollwitz u Otto Dix. Transformaciones, grandes crisis, profunda inestabilidad, tensiones y oportunidades en un diálogo entre el pasado y el presente.
El primer ámbito de esta muestra sitúa al público en los tiempos previos a la Gran Guerra, en un salón burgués inspirado en la novela Los Buddenbrook, de Thomas Mann. El segundo explora las tensiones internas y los cuestionamientos de las viejas certezas que se dieron durante la República: la representación del cuerpo humano; el individuo y el fenómeno de las masas; los dorados años 20 y las crisis económicas; los nuevos roles de género; la unión de arte y técnica en la Bauhaus; la innovación y la diversidad musical de esos años; la incertidumbre como principio de la ciencia; el descrédito de la razón en la filosofía, y el fin del sueño democrático. El último ámbito propone una reflexión, un siglo después, sobre las incertidumbres de ese periodo y el modo en que reverberan hasta hoy.
Virtudes, defectos y contradicciones
Tras el terremoto político e ideológico que supusieron la Gran Guerra y la caída de cuatro imperios, el austrohúngaro, el alemán, el otomano y el ruso, la República de Weimar surgió como una propuesta renovadora basada en la razón, la democracia y la igualdad que permitió por primera vez el sufragio femenino. Pese a su corta duración (14 años) y el posterior ascenso del Partido Nacionalsocialista, la enorme creatividad del período de entreguerras dejó una profunda huella como referente de cambio hacia una nueva época. Esta exposición propone, con diferentes capas de profundidad, comprender este período con sus contradicciones, sus virtudes y sus defectos.
Recorrido
El mundo de ayer. Una recreación de un salón burgués de finales del siglo XIX que representa el mundo estable y previsible que se acaba con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Este ámbito se sumerge en la realidad y los valores de la alta burguesía, así como en el colapso del viejo orden imperial. En lo sonoro, el alegre y tradicional vals El Danubio Azul (1867), de Johann Strauss, simboliza la armonía de la vieja Europa, mientras que la Consagración de la Primavera, de Igor Stravinsky (1913), una de las obras fundacionales de la vanguardia musical del siglo XX, representa la pulsión de ruptura artística con ese orden y es, a la vez, una anticipación de la ruptura brutal que supondrá la Gran Guerra. Un pasillo estrecho y laberíntico, con una ambientación oscura e inquietante, conecta con el siguiente ámbito, el epicentro de la exposición.

Exposición ‘Tiempos inciertos. Alemania entre guerras’ en CaixaForum Barcelona. © Fundación «la Caixa».
Una nueva Alemania. Ofrece el contexto de la fundación de la República en la ciudad del dramaturgo, escritor, filósofo y naturalista Johann Wolfgang von Goethe y del escritor, filósofo e historiador Friedrich Schiller como símbolo de la voluntad de construir un nuevo país humanista e ilustrado. Imágenes, documentos y textos dispuestos cronológicamente permiten efectuar un recorrido por los hechos políticos más relevantes de su historia, desde la Revolución de Noviembre de 1918 hasta el ascenso de Hitler en 1933. Este espacio central de la exposición aborda, a su vez, estas cinco temáticas:
– Cuerpos en cuestión. En Weimar, los cuerpos rotos y mutilados después de la guerra conviven con otros que pretenden representar nuevos ideales de belleza y fortaleza.
– El individuo y la masa. El fenómeno de los movimientos de masas como sujeto político y legítimo, que aparece por primera vez durante este período, pone en cuestión al individuo que piensa por sí mismo.
– Años dorados y tiempos oscuros. La República es también el escenario de fuertes diferencias y crisis económicas. En pocos años se sufre la escasez y la hiperinflación de la posguerra, y el Crac del 29, con un breve período intermedio de estabilidad.
– Nuevos roles de género. La Neue Frau emancipada rompió con el estilo de vida convencional y configuró una imagen de mujer que podía ser independiente, fuerte y activa social y políticamente.
– Arte y técnica. Se suceden obras expresionistas de artistas como Lovis Corinth, Johannes Itten o Karl Schmidt-Rottluff; también de la nueva objetividad, a cargo de Otto Dix y Christian Schad, así como de representantes del constructivismo, como El Lissitzky y Sándor Bortnyik, y del dadaísmo, de la mano de Raoul Hausmann y Kurt Schwitters, por ejemplo. Todos ellos son contemporáneos de la Bauhaus, una de las instituciones que mejor representa el espíritu de Weimar.
– Paisaje sonoro. Las diferentes músicas de Weimar, que representan la convivencia de géneros y la ruptura provocada por la atonalidad. Se proponen como ejemplos piezas de Arnold Schöenberg, Richard Wagner, Kurt Weill, Kabarett Berlin y The Original Dixieland Jazz Band.
– La incertidumbre como principio (ciencia). Durante los años de entreguerras se zarandean los fundamentos de la ciencia determinista, que se ve cuestionada por la física cuántica, que atribuye una naturaleza probabilística a la realidad e incluye la incertidumbre como principio.
– La crisis de la razón (filosofía). En paralelo se enfrentan también dos paradigmas filosóficos: el proyecto humanista de emancipación y de progreso moral, heredero de la razón ilustrada de Kant, que es desacreditado y puesto bajo sospecha por la filosofía existencialista, representada por Martin Heidegger.
– El fin del sueño democrático. La quema de libros de 1933 a manos de grupos nacionalsocialistas representa el final simbólico del proyecto democrático. La esperanza puesta en los sueños de la razón acabó despertando a monstruos dormidos a su sombra.
Tiempos inciertos. Alemania entre guerras ha contado con la colaboración del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Museo Nacional de Artes Decorativas y el Institut Valencia d’Art Modern, que han prestado obras singulares del arte alemán de entreguerras, así como de instituciones germanas como el Stadtmuseum Berlin, el Käthe-Kollwitz Museum de Colonia y el Georg Kolbe Museum de Berlín. Esta exposición llega a Barcelona tras su paso por CaixaForum Madrid.

La República de Weimar (1919-1933) estuvo marcada por tensiones y un trágico final, pero muchas de sus ideas y debates, y la herencia de su desbordante creatividad, siguen vivos hoy en día.
Una visión transversal de este riquísimo periodo, en el que vivieron y destacaron figuras como Thomas Mann, Käthe Kollwitz, Otto Dix o Jeanne Mammen.
No: es historia.
En noviembre de 1918 se proclamó en Múnich la República Libre de Baviera. Thomas y Heinrich Mann, Hermann Hesse, Rainer Maria Rilke y otras muchas personalidades de la cultura alemana simpatizaron con el movimiento que derrocó la monarquía y se hizo con el poder. Sin embargo, la república terminó, a los pocos meses de nacer, con el presidio, el exilio o la muerte de la mayoría de sus líderes.
El campo quedaba abonado: pocos años después el nacionalsocialismo se adueñaría de la sociedad alemana. Weidermann transforma las verdades subjetivas de los testigos y protagonistas en una ágil narración que nos conduce por los días convulsos y efervescentes en los que un grupo de idealistas pudo haber cambiado el rumbo del siglo XX.
La república de los soñadores es un palpitante reportaje, casi un thriller histórico, sobre un episodio único y poético por sí mismo en el que sutilmente resuenan algunas evocaciones de nuestro momento presente.
«Weidermann ha logrado tal fuerza narrativa que el lector cree estar ahí cuando Kurt Eisner pronuncia sus apasionados discursos; y cree estar espiando a Thomas Mann mientras anota sus impresiones en su diario».
NDR Kultur
«Una deliciosa invitación a adentrarse en un episodio utópico, y sin embargo real, del que sabemos demasiado poco».
SWR Lesenswert
Pensar la ciudad europea
Ricardo González Villaescusa (N.º 540 de Revista de Occidente, mayo).
El Foro con figura, 1956, © Ramón Gaya, VEGAP, Madrid, 2026.
«Europa es el resultado de la europeización, no preexiste» nos dice Rémi Brague. No hay lugar para el esencialismo ni el Volksgeist hegeliano. En realidad, los orígenes de la identidad de Europa son externos. Probablemente denominado desde Oriente Europé (poniente), el continente tiene una identidad desplazada, excéntrica, como recuerda el propio mito de Europa. Ésta era una princesa fenicia, hija de Agénor, rey de Tiro, raptada y transportada por Zeus a través del mar desde Fenicia a Creta. Enviado por su padre, Cadmo, preguntó por su hermana al oráculo de Delfos, quien le dijo que no la encontraría pero que se hiciera con una vaca y la siguiera hasta donde cayera agotada y allí, fundara una ciudad, Tebas.
¿Por qué preocuparse entonces por la trayectoria histórica de la ciudad europea? El desarrollo de la arqueología preventiva en los últimos treinta años ha evidenciado que en el subsuelo de nuestras ciudades se encuentran restos de la Antigüedad; raras veces de la protohistoria; muchas de ellas de época romana; y, las más, medievales, musulmanas o cristianas en el caso español. A partir de esta realidad y del hecho de que la ciudad que llamamos europea se ha extendido por todos los continentes por obra de la colonización, hemos querido determinar los rasgos que permiten identificarla. ¿Qué entendemos, pues, por ciudad europea? Éste ha sido el tema que nos ha ocupado en los últimos tres años cuando la Comisión Europea nos otorgó financiación a un equipo interdisciplinar para enseñar e investigar sobre la ciudad europea. Así nació CivEUr, acrónimo de Ciuitates et Urbes Europæ1 cuya finalidad era comprender el pasado, la génesis; el presente, el marco jurídico y las prácticas científicas de protección patrimonial; y el futuro, el proyecto urbano de la ciudad europea.
Entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX, sin duda como reacción al nacionalismo romántico, los historiadores consideraron el Imperio romano como la primera estructura paneuropea, un modelo a seguir de unidad administrativa, económica, jurídica, lingüística y que, de la diversidad provocada por su caída y desintegración, surgiría Europa: François Guizot (1870), Alfons Dopsch (1920), citado explícitamente por Ortega y Gasset en La rebelión de las masas (1930), Stefan Zweig (1932) o Marc Bloch (1935) y Lucien Febvre (1944) así lo entendieron. Europa sería, pues, una serie de recepciones, dice Ortega en su conferencia impartida en 1949 De Europa meditatio quaedam, apenas tres meses después del final del bloqueo de la capital berlinesa. Aparte del esencialismo, se les podría objetar a todos ellos, como hiciera la comisión Gulbenkian presidida por Immanuel Wallerstein, que esta visión negaba toda autonomía a la Antigüedad, que devenía de esta manera un simple prólogo de la Modernidad. Al mismo tiempo, esta perspectiva sólo reivindicaba la parte grecolatina de la genealogía europea, cantonando Oriente a una «inalterable alteridad», como la describe Sophie Bessis.
De esta manera, el dosier sobre la ciudad europea que presentamos se centra en lo que podemos llamar la «eurogénesis» urbana de Europa, la infancia y la adolescencia de las ciudades europeas, entre la Antigüedad y la Edad Media y los primeros tiempos modernos en los albores de la globalización.
Las urbes donde vivimos son el fruto de un proceso cumulativo de decisiones seculares independientes que los arqueólogos llamamos la fábrica urbana. Esa sucesión de acciones autónomas que construyen las ciudades tiene lugar como una sucesión de confrontaciones con la alteridad. Una alteridad entre culturas diversas que se encuentran en un mismo espacio, con resultados fatídicos en muchas ocasiones; o una alteridad entre grupos sociales que transmiten y heredan sucesivamente el espacio y que lo transforman según sus necesidades, estructurándolo según su propia «ley social», reproduciendo la fórmula de Henri Galinié. Esto nos vuelve a alejar de toda veleidad esencialista, las ciudades no son, resultan.
La huella de la Antigüedad en nuestras ciudades no la encontramos en nuestras ruinas, sino en la realidad espacial de que algunas de las calles antiguas se encuentran con la misma orientación que las nuestras por debajo del nivel del suelo y en la trama urbana de ciudades que nace con el helenismo, en el siglo IV a. de C. y que se consolida en los tres primeros siglos con Roma a través de la «canalización jurídica del ejercicio del poder» o juridificación racionalizadora y civilizadora, en palabras de Jürgen Habermas. Este proceso evidencia de nuevo la alteridad, que se afirma de manera fundamental desde el momento de la generalización de la idea urbana en Europa, en lo que Rémi Brague ha definido como la actitud romana, es decir «la conciencia de tener, por encima de sí, un “helenismo” que domina y, por debajo de sí, una barbarie que someter». La escenografía urbana de las ciudades a la romana fue una lectura latina del helenismo, importado por las conquistas orientales que infusionó por todos los territorios conquistados en Occidente. Esta teatralización del Imperium se materializaba en las ciudades por un callejero regular, salpicado de monumentos y edificios (foro, edificios de culto…) que evidenciaban la autonomía de la comunidad cívica así como su rol jurídico y recaudatorio en relación con la capital del Imperio y la función redistributiva, gracias a las munificencias de las élites (termas, teatros, anfiteatros y circos), todo ello profusamente exaltado por la estatuaria y por las omnipresentes inscripciones conmemorativas en piedra o con letras de bronce.
Las diferentes crisis sociales y económicas que empezaron a manifestarse a finales del siglo II, pero que se aceleraron, sucediéndose en crisis políticas desde mediados del siglo III d. de C., conllevaron un profundo cambio en el arquetipo urbanístico. Desde el siglo IV d. de C. en adelante el centro urbano ocupado por los antiguos espacios del poder cívico se amuralló y la superficie de la ciudad se contrajo entre un 70 y un 90 % de su dimensión original. Al mismo tiempo, el espacio no amurallado se fragmentó formando espacios habitados que alternaban con otros baldíos que la arqueología ha podido identificar con cultivos urbanos y corrales, dando lugar a una ciudad discontinua o polinuclear. Esta radical nueva forma urbana pone de manifiesto profundas transformaciones sociales, institucionales y políticas que cristalizaron en el nuevo paisaje cristiano caracterizado por las nuevas sedes episcopales y la entrada de los cementerios al corazón de la ciudad, mientras que en la antigua periferia se multiplicaban las basílicas suburbanas, capillas, martyria y monasterios.
Sin embargo, a pesar de estas transformaciones materiales y sociales profundas, la Iglesia católica clonó y reprodujo la estructura de poder de las diócesis a través de las sedes episcopales y sus divisiones administrativas, los espacios geográficos. Las ciudades romanas, esta vez en plural, transcendieron hasta bien avanzada la Edad Media, porque la Iglesia necesitó de la misma capacidad de dominio a distancia que había construido el Imperio romano.
Muchas de las ciudades del intensamente romanizado Mediterráneo fueron ocupadas por la conquista musulmana en el norte de África y parcialmente en el sur de Europa, Sicilia hasta el siglo X, y, durante ocho siglos, en al-Ándalus. Una sociedad con estructuras de parentesco y con modelos urbanos orientales que transformó las ciudades tardoantiguas como Córdoba o Mérida, que hacía mucho que habían perdido las huellas de las fundaciones romanas originales, y creó otras nuevas como Murcia o Madrid. El resultado es el de una diversidad de ciudades islámicas, pero es en ese espacio excéntrico de Europa donde se genera la primera y más densa red urbana medieval. De nuevo las redes. Pero éstas no están aisladas y en esos momentos, entre los siglos VIII y X, los wiks, portus, castra o vicus, emporios comerciales de las costas y vías fluviales navegables del noroeste de Europa y de la costa anglosajona controlaban el comercio a larga distancia con el Oriente árabe y bizantino y con el Occidente islámico, al-Ándalus.
El crecimiento demográfico del siglo XII, las ferias comerciales, la liga hanseática, las peregrinaciones y las órdenes monásticas, la colonización de vastos espacios europeos, como el Ostsiedlung en Europa central y oriental o la conquista feudal de la península ibérica, corrientemente llamada Reconquista, así como la creación de las universidades, generaron una movilidad de mercaderes, peregrinos, arquitectos, profesores, colonos, etcétera, que impulsaron un florecimiento urbano sin igual, acompañado del arte gótico como expresión artística uniforme de la Europa cristiana. La creación y la construcción del modelo de ciudad medieval cristiana en el sur de Europa también fue un proceso de confrontación de alteridades. La ciudad de la conquista cristiana se basa en la crítica y en la distinción del «otro», atribuyendo a la ciudad árabe las «deformaciones» que hoy sabemos que ya existían desde el siglo IV d. de C. En este «gran momento» de la Europa urbana se produce un renacimiento del vocabulario de las instituciones y magistraturas, los cónsules de las ciudades italianas, y en las fundaciones urbanas del siglo siguiente, que reproducen la sintaxis urbana de los castra, los campamentos militares romanos, en las bastidas del suroeste francés y en las pueblas y ciudades del nuevo Reino de Valencia. Una inspiración que también se encuentra en la utopía cristiana del franciscano Francesc Eiximenis (1330-1409), que abogaba por una ciudad bien gobernada en lo espiritual y bien construida en lo material, aportando ideas sobre la ordenación regular y el desarrollo de la ciudad a finales del siglo XIV.
A la diversidad de ciudades medievales se añade un rasgo diferenciador de otras culturas que, al mismo tiempo, las uniformiza: la proliferación de los barrios. La vecindad con asiento territorial, el civis y la «convivencia» orteguianos, fruto de la experiencia espacial común, como motor de la acción solidaria de sus habitantes por alcanzar objetivos comunes, como la definió Ruth Glass. Aunque a veces la alteridad étnica y religiosa de algunos barrios, morerías y juderías, los guetos, no fueran otra cosa que instrumentos de exclusión, «pecios de Oriente empujados a las afueras de la ciudad europea», para Sophie Bessis. Pero en la península ibérica de los siglos XIV y XV la copresencia de ambas ciudades, la ciudad medieval cristiana y la ciudad musulmana con sus arquitecturas, se verían mutuamente influidas.
La «obsesión por el otro», la alteridad, continuaría imprimiendo la arquitectura y el urbanismo del Nuevo Mundo. Desde la Reforma (1517) la unidad europea ya no residía en la religión, pues la cristiandad bifurcaba, ni en la unicidad geográfica, ya que el viejo continente se reafirma frente al nuevo. El fin de la ciudad andalusí (conquista de Granada) y el inicio de la expansión extraeuropea (1492) coincidieron en el tiempo con los tratados renacentistas de Leon Battista Alberti (1452), Filarete (1465) o Martini (1481) y con el inicio de la globalización y conquista hispanoportuguesa del continente americano. Los nuevos señores atravesaron el océano con aquellos manuales bajo el brazo, como es el caso de Antonio de Mendoza, primer virrey de Nueva España entre 1532 y 1550. No era una nostálgica mirada al pasado, sino, más bien, un punto de anclaje para construir una civilización nueva. De modo que las Ordenanzas de descubrimientos, nueva población y pacificación de las Indias de Felipe II (1573) no se limitaron a copiar, sino que reformularon al arquitecto y urbanista Vitruvio del siglo i a. de C., especialmente aquellos artículos (art. 111-127) que hacen alusión a las «Formas de las ciudades». El artículo 112 de las Ordenanzas… sintetiza dos pasajes vitruvianos, uno que versa sobre la posición excéntrica de la plaza mayor en el caso de una ciudad costera (De architectura, i, 7, 1) y otro que define la proporción armoniosa de la plaza (De architectura, v, 1, 2). Y, donde Vitruvio decía forum, las Ordenanzas… dicen «Plaza Mayor». El plano de Matthäus Merian (1646) de Santo Domingo, primera ciudad europea en suelo americano (1502) nacida del mismo paradigma espacial que inspira la renovatio urbis romana del papa Julio II (1503-1513), y arquetipo del resto de fundaciones americanas, recoge no sólo la topografía excéntrica de la plaza, sino que la denomina «forum» 70 años antes de la promulgación de las Ordenanzas de Felipe II.
* * *La ciudad europea, como la Europa del mito original, era «raptada» y transferida allende el Atlántico donde se fundarían ciudades, no a imagen y semejanza de las existentes, sino como plasmación de la proyección mítica de una nueva sociedad resucitando y apoyándose en las tradiciones de la Antigüedad.
R.G.V
BIBLIOGRAFÍA
BENEVOLO, Leonardo. La ciudad europea. Barcelona: Crítica, 1993.
BESSIS, Sophie. La civilisation judéo-chrétienne. Anatomie d’une imposture. París: Les Liens qui libèrent, 2025.
BOUCHERON, Patrick; LOISEAU, Julien. «L’archipel urbain». En Patrick Boucheron (dir.), Histoire du monde au XVe siècle. 2. Temps et devenirs du monde. París: Fayard, 2012, pp. 466-504. [1ª Edición 2009].
BRAGUE, Rémi. Europa, la vía romana. Madrid: Ediciones Encuentro y Real Instituto Universitario de Estudios Europeos, 2023.
HABERMAS, Jürgen. La constitución de Europa. Madrid: Trotta, 2012. [Edición en alemán, 2011].
TEMPLE, Nicholas. Renovatio Urbis: Architecture, Urbanism, and Ceremony in the Rome of Julius II. Londres-New York: Routledge, 2011.
WALLERSTEIN, Immanuel (coord.). Abrir las ciencias sociales. Informe de la Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales. México: Siglo xxi editores, 2004. [1ª edición 1996].
https://civeur.parisnanterre.fr/
Katja Hoyer explica por qué deberíamos dejar de comparar todo con Weimar
Katja Hoyer: Por lo que sabemos ahora, hubo un ataque terrorista durante un evento del orgullo gay en Berlín el fin de semana. Un hombre condujo una camioneta hacia la multitud. En estos momentos tenemos una víctima que murió y varias decenas que resultaron heridas. También se supone que salió del coche y llevó a cabo un ataque con cuchillo contra la multitud.
Mounk:Algunos de los detalles sobre esto son realmente sorprendentes y honestamente horrorosos. Había viajado al Líbano para intentar unirse a ISIS en Siria. Estaba en la cárcel en el Líbano cuando las autoridades alemanas decidieron traerlo de regreso a Alemania para llevarlo a juicio. Algo comprensible. Pero ese juicio resultó en que fuera sentenciado bajo las pautas para jóvenes, a pesar de que era mayor de 18 años, y todo lo que recibió fue una sentencia suspendida, lo que significaba que no vería un día en la cárcel. Un par de días después del ataque —hoy, como estamos grabando— se suponía que iba a charlar con algunos trabajadores sociales alemanes sobre su extremismo, y ese era el alcance del castigo al que se enfrentaba. Y luego se añaden algunos detalles realmente absurdos sobre cómo las autoridades alemanas están tratando estas circunstancias,Me gusta el hecho de que al principio pensé que debían ser noticias falsas, pero miré la cuenta de Twitter real, que la policía en Berlín compartió un enlace a la fotografía de un perpetrador, pero no una fotografía directamente en la plataforma, porque eso, explicaron, no estaba permitido según las leyes de protección de datos alemanas.
Hoyer: Creo que la gente a menudo ve esto como un juego de suma cero. No puede ser que existan varias amenazas para una comunidad. Tiene que ser una u otra, esta competencia en torno a la cual está la mayor amenaza. Si hay amenazas de extrema derecha, eso no significa que la amenaza islamista no sea real. Pero creo que siempre llega este momento, y esto es bastante revelador de dónde estamos en términos de nuestro debate aquí, cuando ocurre un ataque como este, y luego la gente espera que el perpetrador sea de cierta etnia, origen o persuasión ideológica.
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¿Por qué deberíamos confiar en ellos? Supongo que eso me hace temer por el futuro del país y el futuro de otros países donde hay problemas similares.No creo ni por un momento que la AfD, por ejemplo, haga un mejor trabajo a la hora de abordar estos problemas, por todo tipo de razones en las que podríamos entrar. Dicho esto, retrocediendo un poco, no es sorprendente que la gente mire, en particular, los fracasos de la policía, del sistema judicial, de todo el sistema, hasta este absurdo de no compartir la imagen de un perpetrador en las redes sociales porque eso violaría sus derechos de personalidad, y diga, ¿quién está a cargo aquí? ¿Por qué deberíamos confiar en ellos? Supongo que eso me hace temer por el futuro del país y el futuro de otros países donde hay problemas similares.en particular, los fallos de la policía, del sistema judicial, de todo el sistema, hasta este absurdo de no compartir la foto de un perpetrador en las redes sociales porque eso violaría sus derechos de personalidad, y decir, ¿quién está a cargo aquí? ¿Por qué deberíamos confiar en ellos? Supongo que eso me hace temer por el futuro del país y el futuro de otros países donde hay problemas similares.en particular, los fallos de la policía, del sistema judicial, de todo el sistema, hasta este absurdo de no compartir la foto de un perpetrador en las redes sociales porque eso violaría sus derechos de personalidad, y decir, ¿quién está a cargo aquí? ¿Por qué deberíamos confiar en ellos? Supongo que eso me hace temer por el futuro del país y el futuro de otros países donde hay problemas similares.
Mounk: Weimar es un tema que tiene relevancia más allá del período relativamente corto durante el cual duró la República de Weimar. Una de las razones es que a la gente le encanta usarlo como metáfora histórica de otros períodos políticos, y eso es obviamente algo que ha estado muy de moda en los últimos años, con el ascenso de la extrema derecha y otros elementos de nuestra política, como la creciente fragmentación partidista en muchos países. La gente dice que estamos de vuelta en Weimar. Crees que esa es una forma realmente inútil de pensar sobre las cosas. ¿Por qué deberíamos desterrar la metáfora de Weimar?
oyer:Creo que ahora hay una sensación, ciertamente puedo decir eso en Alemania, donde los partidos de centro, personas que se ven a sí mismas como el espectro de partidos antiguo y establecido, tanto de izquierda como de derecha del centro, parecen unirse contra los partidos emergentes, particularmente en la extrema derecha, pero también en la extrema izquierda. Ahora existe la sensación de que si eso no se detiene, el centro se erosionará. Creo que es por eso que el centroderecha, los conservadores, también están empezando a utilizar esto como metáfora para advertir contra la fragmentación política y el extremismo. Siento que el atractivo de esto es bastante marcado ahora porque, en primer lugar, creo que es genuinamente el ejemplo más aterrador de una democracia colapsada que hemos tenido en la historia occidental, dado dónde terminó y lo que sabemos que sucedió después.Así que es el ejemplo más extremo que se puede entender si se quiere demostrar que es necesario salvar la democracia. Tal vez hablando más de los últimos diez años, creo que hay una sensación, particularmente en Alemania pero en todo Occidente, de que el orden establecido de posguerra está empezando a parecer menos seguro y más frágil que hace diez o veinte años. En términos de cuestiones como la migración, la economía, el sistema económico, la forma en que vemos que el espectro de votantes se fragmenta en fragmentos más pequeños, todo eso apunta a grandes cambios políticos, y creo que la gente está mirando al pasado para encontrar explicaciones de por qué es así. En lo que respecta a Alemania, estamos recordando el último ejemplo fallido de democracia: la República de Weimar.particularmente en Alemania, pero en todo Occidente, el orden establecido de posguerra está empezando a parecer menos seguro y más frágil que hace diez o veinte años. En términos de cuestiones como la migración, la economía, el sistema económico, la forma en que vemos que el espectro de votantes se fragmenta en fragmentos más pequeños, todo eso apunta a grandes cambios políticos, y creo que la gente está mirando al pasado para encontrar explicaciones de por qué es así. En lo que respecta a Alemania, estamos recordando el último ejemplo fallido de democracia: la República de Weimar.particularmente en Alemania, pero en todo Occidente, el orden establecido de posguerra está empezando a parecer menos seguro y más frágil que hace diez o veinte años. En términos de cuestiones como la migración, la economía, el sistema económico, la forma en que vemos que el espectro de votantes se fragmenta en fragmentos más pequeños, todo eso apunta a grandes cambios políticos, y creo que la gente está mirando al pasado para encontrar explicaciones de por qué es así. En lo que respecta a Alemania, estamos recordando el último ejemplo fallido de democracia: la República de Weimar.la forma en que vemos que el espectro de votantes se fragmenta en fragmentos más pequeños, todo eso apunta a grandes cambios políticos, y creo que la gente está mirando al pasado para encontrar explicaciones de por qué es así. En lo que respecta a Alemania, estamos recordando el último ejemplo fallido de democracia: la República de Weimar.la forma en que vemos que el espectro de votantes se fragmenta en fragmentos más pequeños, todo eso apunta a grandes cambios políticos, y creo que la gente está mirando al pasado para encontrar explicaciones de por qué es así. En lo que respecta a Alemania, estamos recordando el último ejemplo fallido de democracia: la República de Weimar.
Pero creo que el énfasis es ligeramente diferente.Están menos centrados en el fin de la República de Weimar y la catástrofe a la que condujo, que en el hecho de que la propia Weimar era profundamente disfuncional en todo tipo de aspectos. Dicen que nuestro país hoy se está volviendo tan disfuncional como Weimar, obviamente también con el escalofrío de las cosas terribles que eso podría llevar a esto en el fondo. Pero creo que el énfasis es ligeramente diferente.Están menos centrados en el fin de la República de Weimar y la catástrofe a la que condujo, que en el hecho de que la propia Weimar era profundamente disfuncional en todo tipo de aspectos. Dicen que nuestro país hoy se está volviendo tan disfuncional como Weimar, obviamente también con el escalofrío de las cosas terribles que eso podría llevar a esto en el fondo. Pero creo que el énfasis es ligeramente diferente.
Hoyer: Creo que tenemos una tendencia, como siempre, a mirar los acontecimientos pasados a través del beneficio o la desventaja de la retrospectiva, dependiendo de tu perspectiva. Observamos la República de Weimar desde su punto final, desde donde condujo. Creo que a menudo olvidamos que, para empezar, en realidad había mucho entusiasmo por la democracia y que también hay algunas lecciones que aprender de ello. Si nos fijamos en 1919, vemos lo interesada que está la gente en ir a votar. Por primera vez en Alemania, después de la Primera Guerra Mundial, las mujeres en particular tienen derecho a voto y asisten a veladas de educación política. Me sorprendí mucho al investigar para mi nuevo libro, que lleva todo al nivel de la calle.
Hoyer:Ésta es una buena lista y ya demuestra lo complejo que es todo esto. No podemos simplemente descartar esto y decir que los alemanes simplemente no sabían realmente qué era la democracia o no estaban realmente acostumbrados a ella, porque creo que esa es la misma falacia que la gente aplicó al sistema postsoviético, donde decían que simplemente no había cultura democrática y por lo tanto la gente no la entendía. No creo que sea eso. Pienso que es casi lo contrario. Las personas que llegan a la democracia como algo relativamente nuevo tienen expectativas muy altas al respecto. Al principio están bastante entusiasmados, pero esperan que lo que votes en la papeleta realmente marque la diferencia. Cuando eso no sucede, cuando parece ser que vuelves a tener la misma situación después de haber votado,ya sea un resultado completamente disfuncional o el mismo tipo de bloque de partidos simplemente uniéndose en una coalición ligeramente diferente, pero en última instancia se obtiene el mismo gobierno multipartidista, ese tipo de cosas terminan frustrando a la gente, creo, y ese es un factor importante en la República de Weimar también.
Hoyer: La mayoría de la gente estará familiarizada con esas imágenes de niños jugando con billetes y las carretillas que llevan a las tiendas y cosas así. Pero creo que, una vez que lo desglosas al nivel de la calle, cuando miré los diarios de la gente en ese momento y las cartas y cosas así, realmente comienzas a darte cuenta de lo que eso le hace psicológicamente a la gente cuando el dinero simplemente ya no vale nada.
Para darles un ejemplo, en 1924 hubo dos elecciones. Quería saber cómo había votado Carl, así que fui a mirar. En lugar de los resultados de las elecciones, descubrí que había subido una colina local un domingo para hacer una caminata. Estoy seguro de que votó de todos modos, porque la mayoría de la gente lo hizo, pero simplemente no es lo suficientemente importante como para mencionarlo. Si pensamos incluso en la situación actual, la mayoría de la gente piensa en reuniones familiares, acontecimientos de su propia vida, graduaciones—, esos son los grandes acontecimientos en la vida de las personas. Sin embargo, cuando la política se vuelve tan grande que tiene un impacto en lo que haces, lo quieras o no, es cuando empieza a mencionarla.
Mounk: Es interesante que ese se haya convertido en el término neutral estándar, dada su procedencia, y apuesto a que la mayoría de la gente no lo sabe. Cierto joven canciller llamado A. Hitler asumió el poder en 1933. ¿Cómo perciben entonces los personajes de su libro los cambios que se producirán en Alemania durante los próximos seis años y en la propia Weimar, que está justo al lado de uno de los campos de concentración más importantes, Buchenwald?
Mounk: Esto no es una forma de rebelión política o escepticismo, es sólo que le gustan las caminatas.
Mounk: Interpretas esto de manera similar, que él es consciente de esto, tal vez se sienta incómodo al respecto, pero elige mirar para otro lado.
Luego termina en Alemania del Este, Weimar, y Buchenwald se convierte en su monumento y museo nacional, y luego permanece en el Este hasta la reunificación. Curiosamente, toda esta historia se repasó un poco, creo que fue en 1999, cuando Weimar fue nombrada Ciudad Cultural del Año, y se convirtió en un punto focal de su propia historia, pero también de ella como historia alemana, porque gran parte de ella sucedió allí. Si hoy vas a Weimar, sigue siendo un lugar turístico. Si detuvieras a algún turista en la calle y le preguntaras por qué está aquí, la mayoría de la gente todavía te diría lo que te habrían dicho en 1914, es decir, que están aquí por Goethe, Schiller y los demás dignatarios culturales. Sólo en segundo lugar, a veces— hay un momento realmente duro cuando estás parado en medio de Weimar, en la plaza central,mirando la belleza de Weimar, sus calles adoquinadas y todo, y luego este autobús baja y simplemente dice “campo de concentración y monumento conmemorativo de Buchenwald”, y te lleva colina arriba una vez por hora, y también lleva turistas allí arriba. Yo diría que sigue siendo parte de ese legado, pero Weimar todavía se ve a sí misma como un lugar cultural más que como un lugar del siglo XX.
No estoy comparando a la AfD con los nazis —creo que es una comparación fácil—, pero en términos del nivel de fragmentación, se podría decir, bueno, esto se parece a Weimar.y es imaginable que puedan formar una coalición con la AfD. Realmente no está del todo claro cómo van a gobernar juntos. Hay una profunda fragmentación porque hay muchas familias partidarias diferentes que simplemente no se aceptan entre sí como legítimas. Las perspectivas de lograr un cambio político son muy bajas debido a estas matemáticas de coalición, a menos que se vote por los extremistas. No estoy comparando a la AfD con los nazis —creo que es una comparación fácil—, pero en términos del nivel de fragmentación, se podría decir, bueno, esto se parece a Weimar.y es imaginable que puedan formar una coalición con la AfD. Realmente no está del todo claro cómo van a gobernar juntos. Hay una profunda fragmentación porque hay muchas familias partidarias diferentes que simplemente no se aceptan entre sí como legítimas. Las perspectivas de lograr un cambio político son muy bajas debido a estas matemáticas de coalición, a menos que se vote por los extremistas. No estoy comparando a la AfD con los nazis —creo que es una comparación fácil—, pero en términos del nivel de fragmentación, se podría decir, bueno, esto se parece a Weimar.Las perspectivas de lograr un cambio político son muy bajas debido a estas matemáticas de coalición, a menos que se vote por los extremistas. No estoy comparando a la AfD con los nazis —creo que es una comparación fácil—, pero en términos del nivel de fragmentación, se podría decir, bueno, esto se parece a Weimar.Las perspectivas de lograr un cambio político son muy bajas debido a estas matemáticas de coalición, a menos que se vote por los extremistas. No estoy comparando a la AfD con los nazis —creo que es una comparación fácil—, pero en términos del nivel de fragmentación, se podría decir, bueno, esto se parece a Weimar.
Mounk: Esa es una manera de señalar que eres uno de los buenos y obtener algún tipo de puntos en una economía de estatus moral interna. No es un intento de persuadir a nadie del otro lado que pueda verse tentado por él. Entonces, ¿cuáles son las razones? En cierto sentido, entiendo el alcance del descontento en Alemania en este momento y, en cierto modo, no entiendo el alcance del descontento. Permítanme reforzar cada uno de esos argumentos. A primera vista, simplemente no hay ninguna analogía.
Materiales didácticos en torno al proyecto de investigación Frente y retaguardia: mujeres en la Guerra Civil |




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