Razones para una exposición colonial.
Juan Benetuan Benet
La construcción de la Torre de Babel /
Reúne dos ensayos que testifican la multiplicidad de los intereses del autor, tanto personales como profesionales. El ensayo titular es una meditación sobre Pieter Bruegel, la pintura 1563 de la Torre de Babel: la primera pintura en la historia del arte europeo que presenta un edificio como protagonista. Ingeniero de profesión, Benet aporta su conocimiento de la construcción de edificios para soportar la creación de Bruegel, examinando los arcos, pilares, ventanas y el caos meticulosamente representado del pintor en el corazón de la ejecución de los siglos de duración.
Un análisis inusual de la arrogancia arquitectónica y el mito lingüístico que le dio lugar, el ensayo de Benet construye su propia estructura telescópica lingüística que podría describirse como un discurso architextual sobre la locura del proyecto sin fin. También se incluye "Sobre la necesidad de traición" (un tema de particular interés para Benet, cuyo padre fue disparado por las fuerzas republicanas durante la Guerra Civil española, y cuyo hermano se vio obligado a escapar a Francia, exiliado por sus simpatías republicanas). Benet considera la naturaleza esencialmente dual del espía y los curiosos casos de la Segunda Guerra Mundial de Julius Norke y William Joyce (Lord Haw-Haw) para concluir, en una chispa de reflexión lúcida, que dentro del orden del Estado, el traidor no solo es necesario, sino bienvenido.
HISTORIA DE LA TORRE
2
"La “Torre de Babel” es el nombre del edificio mencionado en Génesis 11,1-9.
3 Los descendientes de Noé habían migrado del "este" (Armenia) primero hacia el sur, a lo largo de la corriente del Tigris, y luego hacia el oeste a la otra orilla del Tigris hacia "una vega en el país de Senaar".
4 Como su creciente número los obligaba a vivir en localidades cada vez más distantes de sus hogares patriarcales, "dijeron: Ea, vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos, y hagámonos famosos, por si nos desperdigamos por toda la haz de la tierra".
5 Los constructores de Babel estaban motivados por su orgullo y su deseo de autoengrandecimiento... y estas actitudes nunca serán una fuente fructífera de espiritualidad verdadera: Génesis 11:4. El trabajo comenzó pronto, "y así el ladrillo les servía de piedra y el betún de argamasa".
6 Pero el señor interviene y destruye su arrogancia confundiendo su lenguaje, de tal manera que no entendía cada cual el de su prójimo y desde aquel punto se desperdigaron por la tierra y dejaron de edificar la ciudad.
7 Tanto el escritor sagrado del Génesis como Beroso sitúan la Torre de Babel en algún lugar de Babilonia. Hay tres opiniones principales sobre la posición precisa de la ciudad. EL LUGAR DE LA TORRE DE BABEL
8 La posición de Babil dentro de los límites de la antigua Babilonia concuerda con la localización bíblica de la torre; el mismo nombre Babil puede tomarse como una reliquia tradicional del nombre Babel interpretado por el escritor sagrado como una referencia a la confusión de las lenguas. (1) Pietro della Valle situaba la torre en el norte de la ciudad, en la ribera izquierda del Éufrates, donde se encuentran ahora las ruinas llamadas Babil.
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9 (2) Rawlinson sitúa a la torre en la ruinas de Tell-Amram, a las que Oppert considera los remanentes de los jardines colgantes. Estas ruinas se encuentran al mismo lado del Éufrates que las de Babil y también se hallan dentro de los antiguos límites de la ciudad.
10 Excavaciones alemana han dejado al descubierto en este lugar el antiguo santuario nacional de Esaglia, consagrado a Marduk-Bel, con el testimonio documentario que el techo de la construcción había sido hecho para llegar al cielo (Génesis 11,4). A este lugar pertenece también la torre Etemenanki o casa del cimiento del Cielo y la tierra, la cual se compone de seis gigantescos escalones.
11 Éstas son las ruinas del templo de Ezida, consagrado a Nebo, el que de acuerdo con la antes citada inscripción de Nabuconodosor, fue reparado y completado por ese rey, ya que algún gobernante de antaño lo había dejado inconcluso. (3) Sayce, Oppert y otros identificaN a la Torre de Babel con las ruinas de Birs-Nimrud en Borsippa, situado en la margen derecha del Éufrates, más o menos a 7 u 8 millas de las ruinas de la ciudad propiamente dicha.
12 Además, el relato bíblico parece implicar que la torre estaba dentro de los límites de la ciudad, mientras que es poco probable que en tiempos muy antiguos los límites llegaran a Borsippa. El Talmud babilonio relaciona a Borsippa con la confusión de lenguas; pero transcurrió un largo periodo de tiempo desde la composición de Génesis 11 hasta el tiempo del Talmud babilonio.

14 La forma de la torre debió haber sido similar a las construcciones que aún existen en estado ruinoso en Babilonia; las más antiguas pirámides de Egipto presentan vestigios de la misma forma. FORMA DE LA TORRE DE BABEL
15 Bloques cúbicos de mampostería, de tamaño decreciente, son apilados uno sobre otro, formando así pisos separados, un plano inclinado o escalera llevaba de un piso al otro.
16 Cada piso estaba pintado de un color particular de acuerdo al planeta al que estaba dedicado. Generalmente las esquinas de estas torres apuntaban a los puntos cardinales, mientras que en Egipto este puesto era ocupado por los lados de las pirámides. Las torres de Ur y Arach tenían sólo dos o tres pisos, pero la de Birs-Nimrud tenía siete sin contar la alta plataforma sobre la que la estructura había sido erigida.

17 El peculiar asfalto de la vecindad babilonia servía de argamasa; detalles todos en concordancia con el relato del Génesis. Encima de estas construcciones había un santuario, de tal manera que servían de templos y observatorios. El interior consistía de barro secado al sol, mientras que las paredes exteriores se revestían con ladrillos cocidos al fuego.
18 Aunque algunos escritores aseguran que toda ciudad babilónica tenía una de estas torres o zikkurat, no se ha preservado ningún espécimen completo.
19 Los límites son tan insatisfactorios porque la versión griega difiere en sus números del texto masorético. La única indicación de la época en la que la Torre de Babel fue construida la encontramos en el nombre de Péleg (Gén. 11,10-17), el sobrino nieto de Héber; esto sitúa la fecha entre 101 y 870 años después del Diluvio.
20 El pecado siempre produce disolución de la comunidad. El orgullo y el egoísmo de los constructores volvió la bendición en maldición. El nuevo orden de Dios después del Diluvio se fragmenta y estropea una vez más en manos de los hombres. El proyecto de la torre de Babel fue abandonado porque no pudieron llevarlo a cabo... Tanto la ciudad como la torre quedaron incompletas.
21 Pero la palabra nos muestra, como Dios quiere para al ser humano un desarrollo armónico, producto de la capacidad creadora con que Dios ha capacitado al hombre al insuflar al ser humano el aliento de vida, y por ende, raciocinio en inteligencia. Ocurrió lo que siempre ha ocurrido: el hombres se aleja permanentemente, más y más del Creador y de su creación, y tiende a dedicarse en exceso a la vida materialista artificial... No hay nada en la escritura contra el avance y el progreso de la humanidad... nada más lejos de la realidad.
22 Hay confusión cuando hablamos nuestro lenguaje artificial y excesivo, dejando de lado por completo el lenguaje natural. La búsqueda egoísta de los intereses personales en detrimento de los del grupo crea nuevos idiomas, nuevas formas de expresión, no siempre compartidas por el grupo humano. Sin embargo, cuando olvidamos que hemos sido creados para vida, es decir para la convivencia, para el amor al prójimo, entonces atentamos contra nuestra propia esencia espiritual, privando de sentido a toda nuestra obra, deificando nuestros logros y conduciendo al hombre a la esclavitud.
24 TEXTOS CONSULTADOS Biblia Comentada Por Alberto Colunga. O.P. -Maximiliano García Cordero. O. P. Adaptación Pedagógica: Prof. Dr. Carlos Etchevarne, Bach. Teol. PALIS in VIGOUROUX, Diccionario de la Biblia; BENNETT en HASTINGS, Dicc. de la Biblia; Enciclopedia Bíblica; GIGOT, Introducción Especial al Estudio del Antiguo Testamento; Enciclopedia Judía. Driscoll, James F. The Catholic Encyclopedia. Biblia Latinoamericana. LUIS ALONSO SCHÖKEL, La BIBLIA de NUESTRO PUEBLO. Servicio Gratuito con Fines Educativos
Babilonia renace en el Louvre
Foto: Placa Burney. La diosa Lilith o Inanna. 'La Reina de la Noche' Terracota con restos de policromía Periodo de Isin-Larsa y Babilonia (2025-1594 a. C.) Época paleobabilónica, 1792-1750 a. C. British Museum, Londres ANE 2003-7-18, 1.
Los misterios del imperio perdido se instalan en París antes de visitar Berlín y Londres. El cruce de caminos entre lo real, lo mítico, lo artístico y lo literario en torno a los insondables misterios de Babilonia se ha instalado a lo grande entre las paredes del Museo del Louvre. La exposición Babylone permanecerá en París hasta el 2 de junio, antes de viajar al Museo Pérgamo de Berlín, primero, y al British Museum de Londres, después.
Babilonia, la ciudad de ciudades. La urbe épica. Babilonia, la ciudad cuyo nombre evoca la urbe por excelencia, con milenios de historia, revivirá en una macroexposición organizada por tres de los mayores museos europeos: el Louvre, en París, el British Museum, en Londres, y los Staatliche Museen, en Berlín. El conjunto expuesto reúne 400 piezas procedentes de 14 países.
La muestra analiza las dimensiones real, mítica, artística y literaria
Se trata de descubrir lo que fue Babilonia entre los años 2000 y 75 antes de Cristo, fecha del último texto de la escritura cuneiforme. La muestra también intenta demostrar cómo la historia de Babilonia se prolonga a través de la tradición bíblica, de los textos de Herodoto o Estrabón, cómo los padres de la Iglesia la transforman en el reino de Satán, capital apocalíptica de todos los vicios. O cómo para Lutero es el espejo de la Roma corrompida de su época, centro cósmico de un poder temporal y espiritual vendido al diablo.

Foto: Ofrendas a los protectores divinos. 'Adorador de Marsa'. Estatuilla votiva en cobre y oro dedicada al dios Amurru por Hammurabi. Periodo paleobabilonio.
El ambicioso y fascinante conjunto de piezas desplegado en el Louvre describe, entre otras cosas, cómo el episodio de la torre de Babel -todo un desafío a Dios antes del XVI- cambia de signo y es una proeza de la razón y de la inventiva humana en el XVIII. Luego, durante el romanticismo, lo que seduce de Babilonia es su condición de imperio perdido, desaparecido, del que ni tan sólo quedan, tras tanto esplendor, unas ruinas.
La literatura, la pintura, el teatro o la ópera hacen revivir Babilonia, que resurge de debajo de toneladas de tierra y cascotes a partir de 1899, cuando los arqueólogos alemanes cierran el círculo y rescatan de las entrañas de la tierra la puerta de Ishtar, el templo a Marduk, los fundamentos del zigurat en que se fundó la leyenda babélica así como parte de la muralla de Nabucodonosor II. El cine también tiene su hueco en la aventura babilónica del Louvre, recordando cómo Griffith, en Intolerance (1916), hace revivir la ciudad a partir de los hallazgos y trabajos de los alemanes Robert Koldwey y Walter Andrae.

Foto: Babel, la torre babilonia. Babilonia, la ciudad cuyo nombre evoca la urbe por excelencia, con milenios de historia, revivirá en una macroexposición organizada por tres de los mayores museos europeos: el Louvre, en París, el British Museum, en Londres, y los Staatliche Museen, en Berlín.
La exposición reúne casi 400 obras procedentes de colecciones de 14 países. La calidad de lo agrupado es dispar, pero su interés es indiscutible. El todo es coherente y estimulante. A veces, la síntesis entre deseo de conciliar mito y ciencia lleva a explicaciones formidables. El jesuita Athanasius Kircher explica e ilustra con sus cálculos y dibujos que Dios provocó el hundimiento de la torre de Babel porque, de haber sido esta aún más alta, su peso habría hundido la corteza terrestre, perforado el planeta y provocado el fin del mundo. Una vez más, Dios escribe recto con renglones torcidos.
La gran estela de basalto negro que contiene el célebre código de Hammurabi preside la primera sala. Es lógico, pues Hammurabi, con su reinado de 43 años de duración, es el fundador de un prestigio que ya ha durado casi 4.000. Reunió distintos pueblos, construyó y, sobre todo, dotó a su imperio de una ley común, el ya mencionado código. Durante siglos, los reyes querrán ser como él, se inspirarán en su figura de guerrero, jurista y urbanista.
Las pequeñas esculturas de carácter votivo, las joyas, un cetro de ónice, un cofre de terracota, sellos y estelas nos conducen hasta la sala de relieves de ladrillo vidriado. Son obras impresionantes, reconstruidas a partir de las acuarelas de Walter Andrae.
Luego, tras el momento de máxima expansión del que se nos ha transmitido una concepción de la historia, los diccionarios multilingües, descubrimientos científicos -el círculo dividido en 360 grados, el año en 12 meses-, una iconografía, leyes y una concepción arquitectónica, el amor por Babilonia se hace asfixiante. Alejandro Magno la conquista en el año 330 antes de Cristo y su admiración le lleva a helenizarla. El mito va a permanecer pese a que los partos y los romanos lo transforman en una realidad provinciana.

Foto: El protector de Ishtar. 'El dragón de Marduk' en la última versión de la puerta de Ishtar'. Relieve en ladrillos esmaltados. Vorderasiatiches Museum. Berlín.
San Agustín confrontará Jerusalén, la ciudad de Dios, a Babilonia, la ciudad terrestre, la capital del orgullo y la confusión. La tradición judía no perdona tampoco a Nabucodonosor II el haber destruido Jerusalén. Todos celebran su hundimiento.
Benjamín de Tudela escribe hacia 1170: "Hoy las ruinas del palacio de Nabucodonosor son inaccesibles, y guarida de dragones y bestias venenosas". Hans Leonhardt Rauwolff, en 1574, no se queda atrás, al acercarse a las ruinas del edificio que "los hijos de Noé pretendieron hacer llegar hasta el cielo" pero renuncia a explorarlas ante "unos insectos que son, dicen, como nuestras lagartijas pero mayores y con tres cabezas". Para el utopista Étienne-Louis Boullé (1728-1799), la torre babilónica es un símbolo de fraternidad humana y, desde su filiación masónica, propone erigirle un monumento en pleno desierto, símbolo de una lejana edad de oro. La Babilonia del Louvre es menos remota y merece la visita.
Arquitectos y globos delirantes

Claude-Nicolas Ledoux, Oeil Reflétant l'Intérieur du Théâtre de Besançon, 1784. Cortesía de Bibliothèque Nationale de France
https://www.macguffinmagazine.com/stories/story1
Inspirada en la forma de la Tierra, una forma ha perseguido a la arquitectura y a sus científicos, humanistas e incluso utópicos más que cualquier otra desde tiempos inmemoriales: el globo.
Texto de Véronique Patteeuw
Perfectamente formado, brillando por todos lados y manteniendo un equilibrio impecable a pesar de las leyes de la gravedad, el globo ha sido objeto de fascinación a lo largo de la historia de la arquitectura. Si bien la esfera representa tanto a la Tierra como al espacio extraterrestre del universo, dentro de la historia de la arquitectura se encontró en la encrucijada de la arquitectura y la astronomía, la geografía, la filosofía, la ciencia ficción, el entretenimiento e incluso la utopía. Desde el Panteón Romano hasta el cenotafio de Boullée para Newton, y desde el Biodomo de Buckminster Fuller hasta la Ciudad del Globo Cautivo de OMA, los arquitectos siempre se han inspirado en la forma de la tierra, fascinados por el universo.1

Étienne-Louis Boullée, Copa de Cénotaphe de Newton, 1784. Cortesía de Bibliothèque Nationale de France

Étienne-Louis Boullée, Cénotaphe de Newton, 1784. Cortesía de Bibliothèque Nationale de France
Los dioses y el globo
Cuando el arquitecto y topógrafo italiano Giambattista Nolli dibujó su plano iconográfico de Roma en 1736, presentó todos los espacios interiores como dominio público, mostrando la figura de la arquitectura y el terreno que ésta reclamaba. En el plan de Nolli, un edificio llama inmediatamente la atención del observador: un antiguo templo romano con una planta circular perfecta. Se cree que fue diseñado por Apolodoro de Damasco alrededor del año 125 para el emperador Adriano y dedicado a todos los dioses, el Panteón romano sorprende por su interior impecablemente equilibrado: una bóveda que podría albergar una esfera perfecta, de 43,3 metros (150 pies romanos) de diámetro.
El panteón romano no fue el primer edificio que utilizaría la forma de la esfera. Dos siglos antes, el agrónomo italiano Marco Terencio Varrón construyó un aviario en forma de esfera. Situado en Casinum, cerca de Roma, el complejo, un recinto con altos muros y tejados de red, recompuso un pequeño paraíso con una cúpula esférica grabada con signos astrales utilizados para medir el tiempo. Se plantaron árboles alrededor de una serie de fuentes de agua. El complejo fue diseñado para los huéspedes que frecuentaban el edificio y acudían allí a cenar. Experimentaron un dispositivo de contradicciones: por un lado vieron pájaros en jaulas bien iluminadas a su alrededor, por el otro patos vadeando en un estanque. En su centro, una pequeña isla, que los antiguos astrónomos consideraban el centro del mundo. Una mesa con forma de pandereta representaba la tierra. Aquí de nuevo,Los círculos y cuadrados parecen contribuir a la experiencia esférica del aviario.
El globo terráqueo y el pensamiento revolucionario
Con el tiempo, científicos y artistas imaginaron globos tan grandes que se convirtieron en verdaderos proyectos arquitectónicos. Se podría argumentar que la forma del globo acechaba a la arquitectura, a sus científicos, a sus humanistas e incluso a sus utópicos. El aspecto utópico de la esfera fue explorado plenamente en el siglo XIX, muy particularmente por algunos de los principales arquitectos de la Ilustración2, entre ellos el francés Étienne-Louis Boullée (1728–1799), cuyos grandes y monumentales proyectos fueron especialmente influyentes. Aunque Boullée realizó principalmente pequeñas obras para mecenas privados y religiosos, surgió durante la Revolución Francesa como teórico y profesor en la École Nationale des Ponts et Chaussées y la Académie Royale d'Architecture, donde concibió la arquitectura como la posibilidad de construir la conciencia moral del hombre.3
Para Boullée, la concepción arquitectónica vino acompañada de cierto radicalismo. Combinando la filosofía de la Ilustración, un profundo amor por la geometría radical y una fascinación por la escala gigantesca, Boullée imaginó edificios en los que eliminaba toda ornamentación innecesaria, inflaba volúmenes elementales y favorecía un estilo geométrico distintivamente abstracto. La regularidad, la simetría y la variedad eran las reglas de oro de su arquitectura.
La antigüedad siguió siendo una fuente importante, sobre todo por la belleza formal que inspiraba, el sistema de órdenes que imponía y la lógica constructiva que permitía. Pero utilizó proactivamente su fascinación por los precedentes históricos para mezclar elementos clásicos con escenarios contemporáneos y hasta ahora invisibles. Si uno pudiera describir a Boullée como un arquitecto revolucionario sería por dos razones. Primero, como artista,Boullée criticó la arquitectura de su tiempo y propuso soluciones audaces, progresistas y deliberadamente provocativas a la tradición aceptada. Sus proyectos a menudo se entienden como utópicos porque imaginan una nueva sociedad y aspiran a un nuevo sentido de bienestar para la humanidad. En segundo lugar, Boullée también actuó como teórica y elaboró importantes políticas artísticas para algunas de las nuevas instituciones de la Revolución Francesa. A partir de 1789 amplió los programas de sus proyectos para incluir monumentos inspirados en el mundo revolucionario: una asamblea nacional, un palacio municipal, un cementerio y monumentos conmemorativos. Boullée también actuó como teórica y elaboró importantes políticas artísticas para algunas de las nuevas instituciones de la Revolución Francesa. A partir de 1789 amplió los programas de sus proyectos para incluir monumentos inspirados en el mundo revolucionario: una asamblea nacional, un palacio municipal, un cementerio y monumentos conmemorativos. Boullée también actuó como teórica y elaboró importantes políticas artísticas para algunas de las nuevas instituciones de la Revolución Francesa. A partir de 1789 amplió los programas de sus proyectos para incluir monumentos inspirados en el mundo revolucionario: una asamblea nacional, un palacio municipal, un cementerio y monumentos conmemorativos.
Entre estos monumentos, el cenotafio de Isaac Newton es probablemente el proyecto más emblemático de Boullée.
Este monumento funerario, concebido por Boullée en 1784 y erigido en memoria de Isaac Newton, consta de una esfera de 500 pies de diámetro rodeada por un pedestal cilíndrico. La esfera parece estar flotando y enterrada al mismo tiempo. Tres bases que rodean la esfera mantienen unida toda la composición y permiten que las escaleras lleguen a los niveles superiores. Las bases están plantadas con líneas curvas de árboles que acentúan la relación entre esfera y base, entre globo y tierra. Un pasaje excavado a nivel del suelo permite a los visitantes llegar al centro de la esfera, donde pueden admirar desde un pedestal una constelación de estrellas o un reloj gigantesco. De hecho, se diseñaron dos versiones del proyecto Cenotafio:uno con una esfera armilar llena de luz natural en el centro, una bóveda gruesa y una amplia explanada alrededor del mausoleo; el otro con una bóveda celeste que se vuelve más delgada en la parte superior y con una base más estrecha.
La búsqueda de arquitectura monumental por parte de Ledoux continuó en proyectos como la Capilla para la muerte y el Cenotafio para un guerrero, una tumba con las proporciones de un enorme monumento y un friso hecho de gigantescas siluetas de soldados armados. Pero lo más sorprendente de todo es su proyecto de Biblioteca Pública, una basílica con una inmensa bóveda semicircular con iluminación cenital sobre un espacio central de estudio y lectura. El centro se deja vacío para acentuar la masa del volumen cilíndrico de la biblioteca. Las paredes de soporte incorporan las estanterías en tres niveles superpuestos. Para Ledoux, la arquitectura tenía un alcance pedagógico. Para él, la escuela de arquitectura es una escuela de razón y progreso, donde el nuevo conocimiento de la naturaleza y la historia de la humanidad se presenta de forma dialécticaDesde los orígenes de la civilización hasta los recientes descubrimientos científicos. Aquí brilla el genio de Newton.

Claude-Nicolas Ledoux, Maison des Gardes Agricoles, 1804. Cortesía de Bibliothèque Nationale de France
Globos para una ciudad ideal
Mientras Boullée articulaba su visión utópica del futuro de la sociedad a través de estos grandes monumentos públicos, su contemporáneo Claude Nicolas Ledoux (1736–1806) utilizaría su arquitectura para construir para toda la humanidad. Como uno de los arquitectos favoritos del Antiguo Régimen, Ledoux trabajó con gran éxito para la aristocracia francesa en los años anteriores a la Revolución. Pero después — o debido a — la Revolución Francesa, Boullée cambió radicalmente de rumbo, queriendo albergar a los pobres y reclamando una ciudad ideal para un mundo nuevo. El proyecto más importante de Ledoux, la Salería Real de Arc-et-Senans, es un complejo dedicado a la industria de la sal. Mientras que el primer plan de Ledoux para el complejo era una composición de edificios dispuestos alrededor de una inmensa plaza, unidos entre sí por pórticos,Su segundo plan proponía un complejo semicircular que reflejaba una organización jerárquica del trabajo, formando un plan semicircular perfecto que recordaba al sol radiante.
Aunque el rey Luis XV había aprobado este segundo plan, sólo se realizó la mitad del complejo: el diámetro y un semicírculo de edificios para la salina.
Tras la finalización (parcial) del proyecto, Ledoux propuso construir una ciudad ideal alrededor de la fábrica, llamada Chaux. El proyecto —aunque nunca se realizó— daba testimonio de una enciclopedia arquitectónica donde cada función de la sociedad se caracterizaba por una forma espacial específica. El catálogo de elementos arquitectónicos de Ledoux’ se basaba en una serie de formas geométricamente puras (cubo, esfera, cilindro, pirámide) que afirmaban en gran medida su llamado Parlante de Arquitectura, una arquitectura que enuncia excesivamente su función. La casa del inspector de agua, por ejemplo, es un gran volumen cilíndrico incrustado en un gran pedestal y que incorpora tanto un río como una pequeña cascada. El taller de fabricantes de barriles’, situado en la encrucijada de cuatro rutas, es otro ejemplo revelador. Por un lado, la planta cuadrada contiene estancias cuadradas situadas en sus cuatro esquinas y una chimenea central; por otro, la elevación y la sección presentan una serie de inmensos círculos concéntricos que rodean un orificio circular. Reunidas en el espacio, las cuatro alas forman la intersección de dos cilindros cuyas fachadas están decoradas con círculos concéntricos (perfectos) que hacen referencia a los círculos o aros necesarios para asegurar los barriles para el transporte de sal.
La casa de placer se compone de doce habitaciones acompañadas de baños para el placer de hombres y mujeres, todos ellos adosados a una perfecta galería circular. La entrada y la serie de anticámaras y salones están dispuestas en planta fálica, sin dejarnos dudas sobre la función del complejo.
Si la estética del globo impregna muchos de los proyectos de esta ciudad ideal, es la vivienda de los guardias agrícolas, diseñada por Ledoux para Meaupertuis, la que adopta la forma más ideal: una esfera perfecta, incrustada en un rectángulo hundido, y accesible a través de una serie de escaleras situadas a los cuatro lados.
El potencial fantasmagórico del globo
El dibujante francés Jean-Jacques Lequeu (1757–1826) se inspiró en los modelos visionarios de Etienne-Louis Boullée y Claude-Nicolas Ledoux. Sus dibujos, famosos por romper con todas las convenciones de simetría, gusto, proporción y pureza artística, dan testimonio de las preocupaciones de su tiempo. Lequeu propuso programas públicos monumentales, moralizando y reflejando un ideal sublime. Esto es lo que llevó a Lequeu a entrar, junto a Boullée y Ledoux, en el círculo de los llamados ‘Arquitectos de la Libertad’. Compuestas por motivos góticos y clásicos, sus casas proponen una profunda profusión de símbolos, especialmente fálicos. De hecho, motivos eróticos y pornográficos eran comunes en sus dibujos.4Lequeu se inspiró igualmente en el globo terráqueo. Su Templo para la Tierra, concebido en 1794, es una esfera perfecta rodeada por catorce columnas y colocada sobre un pedestal de tres escalones con enormes escalones desde los cuatro lados.
Dedicado a la sabiduría suprema, como lo indica el grabado en el portal de entrada, este templo propuso un centro de aprendizaje avant la lettre, donde una zona de asientos circular situada bajo un techo estelar abovedado permitía a los que estaban dentro estudiar el globo terráqueo situado en su centro.
Los proyectos utópicos de Boullée, Ledoux (y Lequeu) han inspirado a más de un arquitecto en el siglo XX. En 1906, Samuel Friede anunció su plan para construir la Coney Island Globe Tower. Este parque temático vertical ‘de 210 metros de altura’ contendría las atracciones de Brooklyn en un globo gigante en el aire.5 Si el plan se hubiera llevado a cabo, la estructura habría contenido restaurantes (uno de los cuales rotaría), un observatorio, la Oficina de Observación Meteorológica de los Estados Unidos y la Estación de Telégrafos Inalámbricos, un teatro de vodevil, el salón de baile más grande del mundo, casinos, un hotel, un hipódromo y un circo.

Oscar Newman, Plan para un refugio nuclear subterráneo, 1969. Cortesía de Kopper Newman

Richard Buckminster Fuller, Biosfera, Montreal, 1967. Foto DC Robidoux
En 1967, Buckminster Fuller, junto con Peter Chermayeff, Terry Rankine, Ivan Chermayeff y Shoji Sadao, propusieron una cúpula geodésica esférica como pabellón de los Estados Unidos en la Exposición Mundial de Montreal. De todas las cúpulas de Fuller, la Biosfera, como se la conoció más tarde, es quizás la más espectacular. Su diámetro de 76 metros y su altura de 62 metros lo convierten en un edificio dominante en la isla de Santa Elena. Y aunque geométricamente la cúpula es un icosaedro, una forma de veinte lados formada por la intercalación de pentágonos en una cuadrícula hexagonal, es sustancialmente más esférica que cualquier icosaedro simple. Su estructura tubular de acero está soldada en las uniones y se adelgaza suavemente hacia la parte superior para distribuir de forma óptima las fuerzas por todo el sistema. Lo que Fuller imaginó en toda su ligereza utópica, Oscar Newman lo imaginó como un potencial distópico.En 1969, el arquitecto y urbanista estadounidense propuso una enorme esfera subterránea debajo de Manhattan. El espacio hueco, despejado con explosiones nucleares, albergaría una ciudad normal con una cuadrícula de calles y edificios, varios niveles de espacios subterráneos adicionales y gigantes ‘filtros de aire’ que llegarían a la superficie. Dentro de una esfera perfecta, la vivienda, el trabajo y el ocio se organizarían bajo un cielo iluminado artificialmente donde la coco-cola baila como una nube permanente en el firmamento. El trabajo y el ocio se organizarían bajo un cielo iluminado artificialmente donde el coco-cola baila como una nube permanente en el firmamento. El trabajo y el ocio se organizarían bajo un cielo iluminado artificialmente donde el coco-cola baila como una nube permanente en el firmamento.
En 1978, Rem Koolhaas añadió su propia fascinación por el mundo a la historia de la arquitectura. En el apéndice de su Delirious New York, concluye su célebre manifiesto retroactivo con ‘City of the Captive Globe’ (1972). En este proyecto, cada ‘isla’ corresponde a una manzana de la ciudad y representa la teoría del Manhattanismo de Koolhaas. El Globo Cautivo está suspendido en medio de la ciudad, demostrando que todas las ideologías contribuyen a la construcción del mundo y lo nutren; pero igualmente que entre la idea de ciudad y su realidad, o, más precisamente, entre la realidad urbana y su inconsciente, existe una brecha inevitable.
Perfectamente formada, brillando por todos lados y manteniendo un equilibrio impecable a pesar de las leyes de la gravedad, la esfera ha sido objeto de fascinación a lo largo de la historia de la arquitectura: un medio para tentar a los dioses en la antigua Roma, la articulación espacial de la creencia de la Ilustración en las leyes de la naturaleza, un escenario clave para una civilización ideal o el protagonista de narrativas distópicas. En cada caso, la esfera da testimonio de lo que Claude-Nicolas Ledoux escribió en 1804 en su L'architecture considérée sous le rapport de l'art, des moeurs et de la legislam: ‘La arquitectura es a la albañilería lo que la poesía es a la literatura; es el entusiasmo dramático de la profesión; sólo podemos hablar de ello con entusiasmo.’6
Notas a pie de página
1
Yann Rocher comisarió recientemente una exposición titulada Globos. Arquitectura y ciencia mapean el mundo, Cité de l'architecture et du patrimonioine, París, noviembre de 2017 –marzo de 2018. Véase también el catálogo de la exposición Yann Rocher (ed.), Globos. Arquitectura y ciencias exploradas en el mundo, París: Norma Editions, 2017.
Véase, entre otros: Anthony Vidler, The Writing of the Walls: Architectural Theory in the Late Enlightenment, Princeton: Princeton Architectural Press, 1987; Les architectes de la Liberté, 1789–1799, París: Ecole Nationale Supérieure des Beaux-Arts, 1989.
3
Fue profesor en la Escuela Nacional de Ponts et Chausées de 1778 a 1788.
4
Lequeu ofreció su colección de más de 800 dibujos en 1825 a la Biblioteca Nacional Francesa. Aunque algunos fueron considerados pornográficos o inmorales y por ello se mantuvieron fuera de la vista en la biblioteca ‘sección del infierno’, sus dibujos han salvaguardado su importante legado a lo largo del tiempo.
5
Rem Koolhaas, Delirious New York, Nueva York: Rizzoli, págs. 58–62.
6
Claude-Nicolas Ledoux, L'architecture considérée sous le rapport de l'art, des moeurs et de la lalegislación, París, 1804. Edición en facsímil, de Nobele editeur 1962. Larges extrait dans l'oeuvre et les rêves de Claude-Nicolas Ledoux, ediciones du Chênes, París, 1961.
Exposiciones universales, los escaparates del Occidente moderno (y colonial)
Historia contemporánea
El siglo XIX se puede explicar a través de estos grandes eventos: desde los avances tecnológicos y la fe en el progreso y el mundo global, hasta el desarrollo urbano y el imperialismo europeo

Poster de la exposición de París de 1889, una de las más espectaculares del swim ink 2 llc / Getty

Jaume Pi
El fenómeno de las exposiciones universales sintetiza a la perfección lo que fue el siglo XIX para el mundo occidental. Todo lo que marcó la época tuvo su reflejo en aquellas particulares muestras: desde la industrialización y la consolidación del primer capitalismo global o la fe en el progreso científico y técnico, al desarrollo de la metrópoli moderna o el auge de los nacionalismos y del imperialismo colonial.Lee también
Leopoldo II de Bélgica y la explotación del CongoXavier Valls Soler

No solo sirvieron para proyectar la nueva modernidad, sino que también funcionaron como motor de la misma. Los grandes avances tecnológicos se presentaron en las exposiciones; buena parte de las grandes revoluciones urbanísticas de entonces tuvieron como motivación estos macroeventos, y sería imposible entender el ocio moderno sin su contribución. Sin olvidar que fueron el primer gran fenómeno de masas universal, lo que implicó un intercambio de ideas (y productos) entre personas de todo el mundo sin precedentes.
Época dorada
Entre la exposición inaugural de Londres (1851) y la de París de 1900, tuvieron lugar más de una treintena, a cuál mayor, más espectacular y con mayor asistencia
La cara mala de la moneda es que también sirvieron para consolidar los imperios coloniales y la hegemonía occidental que sometió a tantos pueblos del globo, incluyendo nefastas ideas de corte supremacista. Sea como sea, su influencia fue tal que incluso algunos historiadores se atreven a bautizar el periodo como ‘era de las exposiciones’.
Y es que, aunque se siguen celebrando, la considera época dorada de las exposiciones universales fue esa segunda mitad del siglo XIX, desde que se celebrara la primera en Londres, en 1851, hasta la de París de 1900, que se entiende como la edición culminante por sus dimensiones y cifras récord de asistentes. Más de una treintena de certámenes de distintas magnitudes tuvieron lugar entre ambos años.

La reina Victoria inauguró en mayo de 1851 la primera Exposición Universal, celebrada en Londres, en el espectacular Crystal Palace Ken Welsh / Zuma Press / ContactoPhoto / Otras Agencias
El origen del fenómeno cabe buscarlo a finales del siglo anterior, cuando la Francia postrevolucionaria comenzó a organizar ferias industriales y comerciales de carácter nacional. Ya en el XIX se planteó la posibilidad de abrir estas muestras a otros países, pero las autoridades francesas desecharon la idea al no querer compartir sus avances con las otras potencias. Así fue como los británicos tomaron la delantera y, con el impulso del príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, organizaron la primera exposición universal, la llamada Gran exposición de las artes y la industria de todas las naciones.
La muestra de Londres de 1851, de cuya edición se cumplen 170 años, gozó de un gran impacto popular. Sus cifras ya resultan notables tratándose de una primera edición: participaron una trentena de países y más de 14.000 expositores y contó con un total de 6 millones de visitantes. Se desarrolló en los meses de primavera y verano en el Crystal Palace, un imponente edificio de cristal y hierro que reafirmaba el esplendor de la nueva arquitectura industrial.
Las exposiciones fueron los primeros grandes eventos de masas: la de Londres abrió la era del turismo moderno con los primeros paquetes con viaje y alojamiento
Asimismo, la exposición londinense anticipa las características básicas que tendrán a partir de ahora estos acontecimientos. Para empezar, una vocación de totalidad: bajo el palacio de cristal se cobijaron todas las innovaciones del mundo, pero también todas las culturas habidas y por haber, incluyendo sus mejores productos. Se inaugura así la doble vertiente de las exposiciones: por un lado, competición entre las economías más avanzadas para presentar sus mayores novedades en materia tecnológica, y, por el otro, exhibición folklórica de la cultura universal, con especial atención a las civilizaciones más exóticas (para los occidentales, claro).
Londres 1851 también significa el primer gran espectáculo de masas de la historia de carácter interclasista. Pese a las reticencias de las élites, la organización buscó desde el principio la mayor participación posible y, para ello, no dudó en abaratar las entradas. Aunque se segregaron muchas de las actividades, lo cierto es que la muestra -y las que vendrían después- se abrieron a clases más populares, y la prensa de la época satirizó a menudo esa mezcla tan infrecuente.

Galería de las máquinas de la Exposición Universal de París de 1889. Dominio público
Ligado a eso, la exposición de Londres abre la era del turismo moderno. El empresario inglés Thomas Cook ya había organizado una década antes los primeros tours de la historia, pero esta vez sería el primero en ofrecer completos paquetes que incluían viaje en tren, alojamiento y actividades en la capital británica. Gracias a la recién construida red de ferrocarril, se calcula que unas 750.000 personas, la mayoría de ellos obreros y campesinos, se desplazaron a Londres desde el interior del país.
Fue el tren precisamente uno de los atractivos estrella del certamen de 1851. Los últimos modelos de locomotora fueron presentados entonces y otras innovaciones como la máquina fotográfica de Daguerre también tuvieron su espacio. Eran los primeros de una larga lista de inventos que desfilarían por las exposiciones y que revolucionarían las comunicaciones y la vida cotidiana en las siguientes décadas.
Las presentaciones de las novedades en locomoción, automóviles, telegrafía o electricidad contribuyeron a afianzar la nueva religión: la fe en el progreso industrial
Por citar solo algunos de los más conocidos, Alexander Graham Bell presentó el teléfono en la edición de Filadelfia, en 1876, causando un gran impacto en la prensa de la época. Inventado unos años antes, uno de los primeros automóviles fabricado industrialmente tuvo su puesta de largo en París 1889, feria en la que también se dio a conocer el fonógrafo de Tomas Alva Edison. También en la capital francesa, pero ya en 1900, las proyecciones con el cinematógrafo de los hermanos Lumière fueron uno de sus mayores atractivos.
Pero el mayor ingenio de la época fue el desarrollo de la electricidad. Cada edición lograba aplicar un avance mayor: iluminar más calles, iluminar más horas, gastar más kilovatios… París electrificó la ciudad entera con motivo de la edición de 1889 y el culmen de la fascinación por esta nueva energía fue el Palacio de la Electricidad de París 1900, un enorme edificio que contó con 5.000 bombillas incandescentes multicolores que parpadeaban intermitentemente y que hizo las delicias de los asistentes.

Demostración pública del fonógrafo de Edison en la exposición de 1889 Universal History Archive / Getty
Aquellas primeras exposiciones quedaron marcadas por la competición entre los países más poderosos del planeta. Londres y París se turnaron las primeras cuatro ediciones, como se estaban repartiendo el mundo con sus vastos imperios coloniales. Quizás aún herida por no haber organizado la primera, la capital francesa fue la reina de las exposiciones: llegó a acoger cinco en la segunda mitad del siglo XIX (8 en total hasta 1937), a cada cual más espectacular y concurrida que la anterior.Lee también
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Para no ser menos que británicos y franceses, Viena -capital del imperio austro-húngaro- rompió la hegemonía en 1873, y Filadelfia, representando a la emergente potencia estadounidense, fue la primera sede fuera del Viejo Continente, en 1876. Ciudades como Barcelona, Praga, Amsterdam, Bruselas o Chicago también tuvieron su cuota de protagonismo.
Fueron eventos contradictorios: si bien su propósito oficial siempre solía ser el fomento de la paz entre los pueblos del mundo, en la práctica, resultaba ser una carrera de poder e influencia. Para el país anfitrión se trataba de mostrar su mejor cara y, por lo tanto, un ejercicio de puro nacionalismo que los países invitados replicaban a una menor escala. Esta tendencia se incrementó cuando en la exposición de 1867, en París, se pasó del recinto único a los pabellones nacionales.
Aunque ensalzaban la paz y el entendimiento entre países, en la práctica eran exhibiciones nacionalistas y de supremacía de Occidente
La política estuvo siempre muy presente. El caso de París 1878 es paradigmático: la joven Tercera República buscaba con la exposición un resarcimiento tras caer derrotada en la guerra franco-prusiana y el traumático episodio revolucionario de la Comuna. Se trataba de recuperar el estatus de superpotencia en entredicho y los organizadores no repararon gastos en ello. De hecho, las exposiciones siempre fueron eventos caros y deficitarios, casi siempre sufragados con opacas fórmulas mixtas público-privadas. Pese a ello, el dispendio siempre se daba por bien empleado.

Ilustración de la calle de El Cairo, la reproducción a escala real de una calle real de la ciudad egipcia Universal History Archive / Getty
Si las potencias competían entre sí a través de sus exposiciones, éstas también les sirvieron para afirmar su supremacía ante el resto del mundo. Desde el principio, Gran Bretaña y Francia exhibieron sin pudor la diversidad de sus imperios coloniales, diferenciando siempre entre culturas desarrolladas y en vías de desarrollo.
De hecho, las exhibiciones siempre aspiraron a convertirse en una especie de mundo en miniatura -precedente claro de los parques temáticos- y progresivamente se llenaron de edificios exóticos y pintorescos que hacían las delicias de los visitantes. Tuvieron una virtud: abrieron la mente de muchos europeos. Por ejemplo, es muy conocido el caso del ‘japonismo’, un movimiento artístico que surgió por la fascinación con la cultura nipona que despertó la participación del país oriental en la exposición de Londres de 1862.
La cara fea de este tipo de eventos fue los llamados zoos humanos, lugares en los que se encerraban a tribus exóticas para el entretenimiento de los visitantes
Sin embargo, también presentó una imagen estereotipada de muchas culturas a las que se consideraba inferiores. Francia dio un paso más cuando en 1889 reprodujo a escala natural una calle de la ciudad de El Cairo. Para ello, se llegaron a arrancar puertas y ventanas originales, e individuos de origen árabe, contratados para la ocasión, actuaban de extras para hacer la reproducción lo más realista posible.
Los casos más aberrantes fueron los llamados zoos humanos, para los cuales se secuestraron a personas de tribus remotas en los confines de los imperios para trasladar sus formas de vida a las exposiciones. Fueron atracciones muy populares y que no quedaron erradicadas del todo hasta mediados del siglo XX, pero que hoy en día representan una de las caras más feas del colonialismo europeo.

Danzas africanas en la exposición de París de 1931, una clara muestra de las llamados zoos humanos que se pudieron ver en aquellos eventos Roger Viollet / Getty
Por paradójico que pueda resultar, las exposiciones no solo resultaron ser la exaltación de la nación y el imperio; sobre todo lo fueron de la ciudad. La transformación a las metrópolis modernas que conocemos hoy en día se la debemos en parte a aquellas exposiciones. El caso más evidente es París, cuyos iconos más representativos nacen al calor de aquellos macroeventos, como es el caso de la insigne Torre Eiffel proyectada para la de 1889. De hecho, en la capital francesa, todo el diseño de la ciudad moderna tuvo que ver con las cinco muestras que celebró en cinco décadas: desde la construcción de los primeros hoteles de lujo o centros comerciales a la mejora de los transportes y la proyección de enormes espacios y recintos para la futura expansión de la ciudad.
Se podría decir lo mismo de la exposición de Barcelona, en 1888, que apenas unas décadas antes estaba encerrada en las antiguas murallas medievales, o de las grandes urbes estadounidenses como Filadelfia (1876) o Chicago (1893).

Vista general de de los pabellones efímeros de la Exposición Universal de Barcelona de 1888 Terceros
La historia ha situado la edición de París de 1900 como el momento culminante de este tipo de acontecimientos. Con 80.000 expositores y más de 50 millones de visitantes, la capital francesa volvió a pulverizar récords. Sin embargo, aquel certamen acabó con la era dorada de las exposiciones y lo que vendría después sería una progresiva decadencia. Si en los primeros años del siglo XX se explotó aún más su vertiente lúdica, a partir de los años 20 y 30, los emergentes totalitarismos las convirtieron en ejercicios descarados de propaganda del país anfitrión.
En 1928, se creó el Bureau International des Expositions (BIE), que a partir de entonces regularía aspectos como la periodicidad, la duración, la temática o el rango de las distintas ferias y muestras. Pese a esta ordenación, las exposiciones universales nunca volverían a ser lo mismo: caerían en desgracia sustituidas por las nuevas formas de comunicación y ocio.
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Photomontage de John Heartfield, "Social Kunst, no 8", 1932, couverture (détail). Bibliothèque Kandinsky Photo © Centre Pompidou/© The Heartfield Community of Heirs/Adagp, Paris, 2022
«No visiten la exposición colonial»: en 1931, como reacción a la inauguración de la exposición colonial internacional en Vincennes, los miembros del grupo surrealista denunciaron la política imperialista de Francia. La exposición «Desencuadre colonial» propone volver la mirada a este capítulo singular y a los imaginarios visuales generados en aquella época a través de la fotografía.
A través de los fondos del Cabinet de la photographie y de los documentos de la Biblioteca Kandinsky, la exposición explora las tensiones y ambivalencias que influyeron en la producción de la nueva escena fotográfica parisina de este periodo: fascinación pseudocientífica por las culturas llamadas «del otro mundo», fetichización y erotización de los cuerpos negros, participación en la renovación de la etnografía y contribución a la elaboración de una nueva imagen nacional.
Man Ray
Adrienne Fidelin
vers 1938 - 1940
Eli Lotar
(Sans titre)
vers 1933 - 1935
Maurice Tabard
Masque Punu Essai pour un film sur le culte vaudou (Exposition de 1937…
1937
Henri Cartier-Bresson
Montmartre
1933
Pierre Boucher
Palmeraie
vers 1936
Man Ray
Noire et blanche
1926
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Exposición colonial
Una exposición colonial era un tipo de exposición internacional que se celebraba para impulsar el comercio. Durante la década de 1880 y posteriormente, las exposiciones coloniales tenían el objetivo adicional de reforzar el apoyo popular a los diversos imperios coloniales durante el período del Nuevo Imperialismo , que incluyó el reparto de África .









La primera exposición colonial, celebrada en Victoria , Australia , en 1866, fue el resultado de 25 años de exposiciones similares celebradas en Melbourne , en las que participaron otras colonias del continente australiano.
Quizás la exposición colonial más notable fue la Exposición Colonial de París de 1931 , que duró seis meses y vendió 33 millones de entradas. [ 1 ] La Exposición Colonial de París se inauguró el 6 de mayo de 1931 en 110 hectáreas (272 acres) del Bois de Vincennes . La exposición incluyó decenas de museos temporales y fachadas que representaban las diversas colonias de las naciones europeas, así como varios edificios permanentes. Entre ellos se encontraba el Palais de la Porte Dorée , diseñado por el arquitecto Albert Laprode, que entonces albergaba el Musée permanent des Colonies y que hoy sirve como Cité nationale de l'histoire de l'immigration . [ 1 ]
El Partido Comunista Francés organizó una contraexposición anticolonial cerca de la Exposición Colonial de 1931, titulada « La verdad sobre las colonias» . La primera sección estaba dedicada a los crímenes cometidos durante las conquistas coloniales y citaba las críticas de Albert Londres y André Gide al trabajo forzoso . La segunda contrastaba la « política de nacionalidades » de la Unión Soviética con el «colonialismo imperialista».
Alemania y Portugal también organizaron exposiciones coloniales. En algunas de ellas se exhibieron zoológicos humanos , como en la exposición parisina de 1931. [ 2 ]
El Imperio de Japón organizó muestras coloniales en exposiciones dentro de las islas principales , pero también celebró varias exposiciones a gran escala en sus colonias de Corea y Taiwán . Estas exposiciones tenían objetivos similares a los de sus contrapartes europeas, destacando los logros económicos y el progreso social bajo el dominio colonial japonés tanto para los japoneses como para los súbditos coloniales.

Bruselas fue la sede de la última exposición colonial: la Feria Colonial Belga , celebrada en 1948.
Exposiciones coloniales
Entre las exposiciones que pueden describirse como exposiciones coloniales se incluyen las siguientes.
Notas
- Las exposiciones en Australia comenzaron 25 años antes, cuando las colonias de Victoria y Nueva Gales del Sur, inspiradas por la Gran Exposición de Londres de 1851, organizaron sus propias exposiciones en 1854 como preparación para la Exposición de París de 1855 y en 1861 para la Exposición de Londres de 1862. Estas primeras exposiciones se conocían como Exposiciones Intercoloniales Metropolitanas: el término "intercolonial" se refería a las colonias australianas que se convirtieron en estados de Australia tras la federación en 1901, no a las que se encontraban en países separados del Imperio Británico. [ 3 ]
- La exposición conmemoró la Entente Cordiale firmada en 1904 por el Reino Unido y Francia .
- La exposición tenía como objetivo "ofrecer una imagen completa de las Indias Orientales Neerlandesas en su actual estado de prosperidad". [ 4 ]
- Esta exposición de seis meses de duración intentó mostrar la diversidad cultural y los inmensos recursos de las posesiones coloniales de Francia.
- La Exposición del Imperio celebrada en Johannesburgo del 15 de septiembre de 1936 al 15 de enero de 1937 fue la primera vez que se celebró fuera de Gran Bretaña. [ 6 ] Se consideró una oportunidad para la expansión del comercio británico. [ 7 ] Coincidió con el Jubileo de Johannesburgo y se organizó a gran escala, con más de veinte acres de exhibiciones industriales y comerciales. [ 8 ] Fue inaugurada por el Gobernador General. [ 9 ]
- Celebrada principalmente como una conmemoración del Estado Novo . Un país extranjero, Brasil , participó en la exposición.
Referencias
- Blevis, Laure; Lafout-Couturieur, Hélène; et al. (2008). 1931: Les Étrangers au temps de l'Exposition Coloniale . París: Gallimard.
- «De los zoológicos humanos a las apoteosis coloniales: la era de exhibir al Otro» . Centro de Estudios Sociales . Consultado el 3 de febrero de 2014 .
- Cowley, Des (1995). "Al otro lado de la frontera: Victoria en exposiciones interestatales" . The La Trobe Journal . The State Library Victoria . Recuperado el 22 de julio de 2019 .
- "Calendario" . The Independent . 13 de julio de 1914. Consultado el 5 de agosto de 2012 .
- Pelle, Findling, ed. (2008). «Apéndice B: Estadísticas de ferias». Enciclopedia de ferias y exposiciones mundiales . McFarland & Company, Inc. pág. 415. ISBN 978-0-7864-3416-9.
- "Léxico – Exposición del Imperio" . Consultado el 5 de diciembre de 2013 .
- "Exposición del Imperio en Johannesburgo" . Nature . 137 (3457): 182. 1936. Bibcode : 1936Natur.137Q.182. . doi : 10.1038/137182a0 .
- "Catálogo de recuerdos, Exposición del Imperio, Johannesburgo (1936)" . Consultado el 30 de enero de 2016 .
- "British Pathe News: Exposición del Imperio de Sudáfrica" . YouTube . Archivado del original el 14 de diciembre de 2021. Consultado el 30 de enero de 2016 .
Bibliografía
- Alexander CT Geppert, Ciudades fugaces. Exposiciones imperiales en la Europa de Fin-de-Siècle , Basingstoke/Nueva York: Palgrave Macmillan, 2010.





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