miércoles, 23 de septiembre de 2026

Babel siempre tuvo teatros, actores, dramaturgos, escapistas, picaros, ávaros, máscaras,(2)


La torre de Babilonia 


/ Pedro Calderón de la Barca


Sobre La torre de Babilonia, auto sacramental de Calderón de la Barca

Françoise Gilbert

https://journals.openedition.org/criticon/1231




Babel siempre tuvo teatros, actores, dramaturgos, escapistas, picaros, ávaros, máscaras,(2)

Entre los personajes picarescos del Siglo de Oro español, encontramos varios que, en algún momento de sus peripecias, pertenecieron a compañías de teatro.
Es el caso, por ejemplo, del Pedro de Urdemalas (1615) de Miguel de Cervantes. Tomando prestado un personaje de la tradición folclórica, Cervantes construyó alrededor de su figura una comedia picaresca de enredos que termina en una ingeniosa escena de metateatro. En esta escena, que le permite al autor exponer su visión del arte teatral, el pícaro Pedro expone las cualidades que debe tener un actor:

«Sé todo aquello que cabe
en un general farsante;
sé todos los requisitos
que un farsante ha de tener
para serlo, que han de ser
tan raros como infinitos.
De gran memoria, primero;
segundo, de suelta lengua;
y que no padezca mengua
de galas es lo tercero.
Buen talle no le perdono,
si es que ha de hacer los galanes;
no afectado en ademanes,
ni ha de recitar con tono.
Con descuido cuidadoso,
grave anciano, joven presto,
enamorado compuesto,
con rabia si está celoso.
Ha de recitar de modo,
con tanta industria y cordura,
que se vuelva en la figura
que hace de todo en todo.
A los versos ha de dar
valor con su lengua experta,
y a la fábula que es muerta
ha de hacer resucitar.
Ha de sacar con espanto
las lágrimas de la risa,
y hacer que vuelvan con [p]risa
otra vez al triste llanto.
Ha de hacer que aquel semblante
que él mostrare, todo oyente
le muestre, y será excelente
si hace aquesto el recitante.»

Ilustración: The Athenaeum.

José Camerino – El Pícaro Amante (1624)
José Camerino – El Pícaro Amante (1624)

José Camerino (1595-1665) fue un escritor español nacido en Italia, conocido por sus novelas cortesanas reunidas en un volumen titulado Novelas amorosas (1624), al que pertenece la historia corta El Pícaro Amante. Narra las peripecias de un pícaro para conquistar a una dama, haciéndose pasar por un caballero. En la primera parte del cuento, Camerino expone los antecedentes de Fernando Armindez, su protagonista, y su compañero Francisco Vriango: después de asistir a una comedia en Salamanca, quedan tan enamorados de las dos actrices («las dos más bellas farsantes (a su parecer) que pisaron el teatro»Camerino insinúa uno de los tópicos que se propagaban para cuestionar la moralidad del teatro y de sus gentes, en particular las actrices) que deciden abandonarlo todo para seguirlas por las carreteras y se hacen actores… Esta experiencia teatral le será de una gran ayuda a Armindez para llegar a sus fines con la bella dama.

Ilustración: Biblioteca Digital Hispánica.

«Y así, en llegando la noche, dejaron las cortas togas y cubiertas monteras; aforradas en ante las cabezas con un gran coleto, buen broquel y espadas anchas a lo bravo, fueron a buscarle a su posada; y en pocos lances le representaron la causa de su visita, y como no reparasen en el salario, hecho alarde de sus gracias, quedaron por compañeros y se les repartieron papeles que estudiasen para representar en saliendo de Salamanca.
Hiziéronlo ansí, aventajándose de manera que dejaron satisfecho al autor y envidiosa la compañía.»

Francisco de Quevedo - La vida del Buscón (o Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños), ilustración de Daniel Vierge (1892)
Francisco de Quevedo – La vida del Buscón (o Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños), ilustración de Daniel Vierge (1892)

Otro pícaro de envergadura que pisó los escenarios es, por supuesto, Don Pablos, el Buscón (audiolibro en español, 1626) de Francisco de Quevedo (1580-1645). Llegando al final de sus aventuras, en el capítulo IX del tercer y último libro, de camino hacia Toledo, Pablos se une a una compañía teatral itinerante y se estrena en las tablas, especializándose en los papeles de malvados. Entre los comediantes, destaca el matrimonio de la bailarina, «que también hacía las reinas y papeles graves en la comedia», mujer de vida ligera y su esposo demasiado complaciente – por no decir consentidor – de las aventuras extra-matrimoniales de ella, sirviéndole a Quevedo para satirizar la querella sobre la moralidad del teatro y los tópicos sobre los actores.

Ilustración: Project Gutenberg.

«Íbamos barajados hombres y mujeres, y una entre ellas, la bailarina, que también hacía las reinas y papeles graves en la comedia, me pareció extremada sabandija. Acertó a estar su marido a mi lado, y yo, sin pensar a quien hablaba, llevado del deseo de amor y gozarla, díjele:
– A esta mujer ¿por qué orden la podremos hablar, para gastar con su merced unos veinte escudos, que me ha parecido bien por ser hermosa?
– No me lo está a mí el decirlo, que soy su marido -dijo el hombre-, ni tratar de eso; pero sin pasión, que no me mueve ninguna, se puede gastar con ella cualquier dinero, porque tales carnes no tiene el suelo, ni tal juguetoncica.
Y diciendo esto, saltó del carro y fuese al otro, según pareció, por darme lugar que la hablase.»

Alonso de Castillo Solórzano - La Niña de los embustes: Teresa de Manzanares, natural de Madrid (1632)

Alonso de Castillo Solórzano – La Niña de los embustes: Teresa de Manzanares, natural de Madrid (1632)

Con La Niña de los embustes: Teresa de Manzanares, natural de Madrid (1632), Alonso de Castillo Solórzano (1584-1647?) confirma los prejuicios sobre la moralidad de la gente de teatro adentrándose en el género de la picaresca femenina, con las aventuras de Teresa de Manzanares, desde su concepción en el río Manzanares hasta sus años de madurez, como mujer casada y con hijos, después de haber tenido varios maridos y ejercido diversos oficios en sus ansias de mejorar su situación social. Es su segundo marido, Sarabia, el que la introduce en el mundo teatral, siendo él actor y escritor de piezas. Más allá de la picaresca de las desventuras de Teresa, la novela constituye un interesante testimonio sobre la vida de los comediantes itinerantes en esta época. De la pequeña nobleza y con recursos económicos escasos, Alonso de Castillo Solórzano tuvo la oportunidad de publicar su abundante obra (una veintena de novelas y volúmenes de cuentos, una docena de piezas teatrales, además de poesía y ensayos históricos) gracias a la protección de la alta nobleza a la que servía.

Ilustración: Biblioteca Digital Hispánica.

«Presto lo vio con claras experiencias, sucediendo caer enferma la mujer que hacía los primeros papeles de las damas, por lo cual se me dio uno de una comedia que habíamos de estrenar de allí á seis días. Para éstas hice hacerme un bizarrísimo vestido con mucha plata. Llegóse la ocasión y di tan buena cuenta de mi persona, que excedí con grandes ventajas á la compañera enferma, diciendo todos que haría el autor muy mal en quitarme los primeros papeles. Toda la compañía quedó admirada de ver cuan bien había representado, y que por esto había durado la comedia ocho días.»

Le Roman comique de Scarron : suite complète de 16 gravures de Surugue père et fils, Lépicié, Jeaurat et Audran (1729-1739) – Llegada de los comediantes a la ciudad de Le Mans
Le Roman comique de Scarron : suite complète de 16 gravures de Surugue père et fils, Lépicié, Jeaurat et Audran (1729-1739) – Llegada de los comediantes a la ciudad de Le Mans

Con claras influencias de la picaresca española, Le Roman comique (Parte 1, Parte 2, La Novela cómica, 1651-1657) es obra del francés Paul Scarron (1610-1660). El hilo argumental de esta novela sigue las peripecias de una pareja de enamorados que huyen de un rival incorporándose a una compañía teatral itinerante. A la trama principal se incrustan diversas historias, la mayoría inspiradas en relatos sentimentales españoles traducidos y adaptados por Scarron. Esta obra se publicó en dos partes en 1651 y 1657, y Scarron – aquejado de una grave enfermedad que lo dejó paralítico con un cuerpo deforme – murió antes de poder acabar la tercera. Un supuesto tercer tomo, con una secuela, y de autor desconocido, saldrá a la luz un siglo más tarde, en 1757. Pintoresco retrato de las costumbres de la época, Le Roman comique aporta interesantes datos sobre la organización y el funcionamiento de las compañías de teatro: sus condiciones de vida, la elección de las obras a interpretar, el interés del pueblo por estos espectáculos…

Ilustración: Bibliothèque Ville de Valenciennes.

Le Roman comique de Scarron : suite complète de 16 gravures de Surugue père et fils, Lépicié, Jeaurat et Audran (1729-1739) – Batalla en el albergue
Le Roman comique de Scarron : suite complète de 16 gravures de Surugue père et fils, Lépicié, Jeaurat et Audran (1729-1739) – Batalla en el albergue

«En todas las ciudades subalternas del reino hay ordinariamente un juego de pelota, donde todos los días se reúnen los holgazanes y vagos de la ciudad, unos para jugar y otros para mirar á los que juegan: en estos sitios es donde se habla bien de Dios y del prógimo ,y donde los ausentes son tratados á baqueta. A nadie se da allí cuartel: cada cual vive allí á lo turco ó á lo moro, según mejor le place, y cada cual también murmura y quita el pellejo á quien se le antoja, según el talento con que Dios le ha dotado para desempeñar esta obra de caridad.
En uno de estos juegos, si no estamos trascordados, hemos dejado á los tres cómicos recitando la Mariana delante de un honrado público, presidido por el señor de la Rapiniere.
En el momento en que Herodes y Mariana se decían las verdades del barquero; los dos jóvenes, cuyos vestidos habían sido con tal libertad cogidos, entraron en el cuarto en mangas de camisa y cada uno con su pala en la mano. Habían dejado el juego por venir á ver la comedia.
Los vestidos que lucían Herodes y Fhesoro, les llamaron súbitamente la atención, y el mas vivo de genio de los dos se dirigió al criado del mesón.
– Dime, perro, le dijo; ¿por qué has dado mi trage á ese tunante?
El pobre criado, que sabia que el tal era un poco bruto, le contestó en tono humilde que no había sido él quien los había dado.
– ¿Pues quién ha sido, hijo de… tu padre?…
El criado no se atrevía á denunciar á la Rapiniere en su presencia; pero éste, que era el hombre mas insolente del mundo, dijo levantándose de su asiento:
-Yo he sido quien se lo he dado: ¿qué tenéis que decir?
– Que sois un animal, replicó el otro, descargando sobre él un tremendo golpe con la pala que tenia en la mano.»

Ilustración: Bibliothèque Ville de Valenciennes.

Alain-René Lesage - Histoire de Gil Blas de Santillane, ilustración de Jean Gigoux (1835)
Alain-René Lesage – Histoire de Gil Blas de Santillane, ilustración de Jean Gigoux (1835)

Cerramos este capítulo sobre la novela picaresca con un último título publicado en tres partes (1715, 1724, 1735) por el dramaturgo y novelista francés Alain-René Lesage (1668-1747). Considerada como la última gran novela picaresca antes de que los ingleses (Fielding, Smollet) hicieran evolucionar el género hacia una vertiente más realista, Histoire de Gil Blas de Santillane (La Historia de Gil Blas de Santillana, Tomo 1, Tomo 2) cuenta las desventuras del joven Gil Blas que, camino de su Cantabria natal hacia la Universidad de Salamanca, ve cómo su destino se tuerce al tener por compañeros de viaje una banda de ladrones, lo cual le llevará a la cárcel en lugar de a la Universidad. A su liberación, empieza para Gil Blas una vida de vicisitudes que le llevará a ocupar todo tipo de oficios y a frecuentar todos los escalones de la sociedad, hasta llegar a la Corte en la que se convertirá en favorito del Rey… Entre sus múltiples aventuras, Gil Blas entra al servicio de una actriz famosa y se aficiona al teatro… antes de disgustarse, completamente desengañado por la parcialidad y el esnobismo de los actores, cuyas críticas siempre iban en contra de los gustos del público.

Ilustración: Gallica.

Alain-René Lesage - Histoire de Gil Blas de Santillane, ilustración de Jean Gigoux (1835)
Alain-René Lesage – Histoire de Gil Blas de Santillane, ilustración de Jean Gigoux (1835)

«No me causaba menos agrado la discreción de las piezas que el modo de representarlas. Algunas verdaderamente me embelesaban; sobre todo aquellas en que se dejaban ver a un mismo tiempo en el teatro todos los cardenales o los doce pares de Francia. Sabía de memoria muchos pasos de aquellos incomparables poemas. Acuérdome de que en dos días aprendí toda entera una comedia famosa, intitulada La reina de las flores. La rosa era la reina, que tenía por confidenta a la violeta y por escudero al jazmín. No había para mí obras mejores que las parecidas a éstas, persuadido de que daban mucho honor a nuestra nación.
No me contentaba con adornar mi memoria con los trozos más selectos de estas bellas producciones dramáticas, sino que también me apliqué a perfeccionar el gusto, y para conseguirlo con acierto, escuchaba con la mayor atención el parecer de los comediantes.
[…]
Desde entonces dejé de tener a los comediantes por buenos jueces y me hice justo apreciador de su mérito. Ellos mismos acreditaban con cuánta razón la gente les afeaba varias ridiculeces. Veía yo claramente que los aplausos, nada merecidos, tenían echados a perder tanto a los cómicos como a las cómicas, los cuales, considerándose como personas de suma importancia y objetos dignos de admiración, estaban persuadidos de que hacían gran favor al público en divertirle.»

Ilustración: Gallica.

Gabriel-Jacques de Saint-Aubin - Teatro de calle en París (1760)
Gabriel-Jacques de Saint-Aubin – Teatro de calle en París (1760)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Johann Wolfgang von Goethe - Wilhelm Meisters Lehrjahre, edición ilustrada estadounidense de 1885
Johann Wolfgang von Goethe – Wilhelm Meisters Lehrjahre, edición ilustrada estadounidense de 1885

Género narrativo aparecido en Alemania en el siglo XVIII, el Bildungsroman, o novela de aprendizaje o de formación, consiste en desarrollar la evolución psicológica, moral y social de un protagonista, desde su infancia hasta sus años de madurez. Este concepto fue definido por un universitario alemán a partir de una novela de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), Wilhelm Meisters Lehrjahre (Los Años de aprendizaje de Wilhelm Meisters, audiolibro en alemán, 1795-1796). Wilhelm Meister es el hijo de una familia de comerciantes que cree tener una vocación de actor dramático, vocación que le habría aparecido en su infancia, al jugar con el teatro de marionetas que le regalaron sus padres. Su teoría es que la literatura y el teatro pueden cambiar la sociedad gracias a su capacidad de acercar dos polos opuestos: la realidad y el ideal. Se incorpora en una compañía itinerante y, con sus compañeros de ruta, descubrirá el mundo y el amor… Uno de los aspectos interesantes de esta novela, desde el punto de vista teatral, es que nos permite descubrir la acogida que tuvieron las obras de Shakespeare en la Alemania del siglo XVIII, al empezar a ser traducidas e interpretadas en alemán… Esta novela tuvo un gran impacto no solo sobre la literatura europea, sino que inspiró varias piezas musicales, como un lieder de Beethoven, y sobre todo la ópera Mignon (algunas canciones grabadas en 1909) , con música de Ambroise Thomas (1811-1896) y libreto de Jules Barbier (1825-1901) y Michel Carré (1821-1872).

Ilustración: Auraria Library.

Johann Wolfgang von Goethe - Wilhelm Meisters Lehrjahre, edición ilustrada estadounidense de 1885
Johann Wolfgang von Goethe – Wilhelm Meisters Lehrjahre, edición ilustrada estadounidense de 1885

«Mientras tanto, Guillermo se dejaba ver muy poco, aparte de los ensayos y las representaciones. Encerrado en una de las habitaciones más retiradas, donde sólo a Mignon y al arpista se les permitía gustosamente la entrada, vivía y soñaba en el mundo de Shakespeare, de modo que fuera de él apenas nada conocía ni experimentaba.
Háblase de encantadores que, mediante fórmulas mágicas, evocan en su cuarto una monstruosa muchedumbre de espíritus de toda clase. El conjuro fue tan poderoso que muy pronto está lleno todo el espacio de la habitación, y los espíritus que llegan hasta el pequeño círculo, que el mágico ha trazado, crecen en número, moviéndose en una constante y vertiginosa transformación, en torno a la circunferencia y sobre la cabeza del maestro. Está lleno cada rincón y ocupada cada cornisa. Hay huevos que se dilatan, y formas gigantescas que se reducen al tamaño de una seta. Por desdicha, el nigromante ha olvidado la palabra con la que podría producir el reflujo de aquella marea de espíritus. Tal era la situación de Guillermo, y junto con desconocidas emociones, fueron suscitadas en él mil sensaciones y capacidades de las que no había tenido idea ni sospecha. Nada podía arrancarlo de aquella situación y se disgustaba mucho cuando alguien buscaba un pretexto para venir junto a él y hablarle de lo que ocurría por fuera.»

Ilustración: Auraria Library.

Johann Wolfgang von Goethe - Wilhelm Meisters Lehrjahre, edición ilustrada estadounidense de 1885
Johann Wolfgang von Goethe – Wilhelm Meisters Lehrjahre, edición ilustrada estadounidense de 1885

Ilustración: Auraria Library.

Cartel parisino de la ópera Mignon, de Ambroise Thomas (186?)
Cartel parisino de la ópera Mignon, de Ambroise Thomas (186?)

Ilustración: Gallica.

Alphonse-Aimé Beaufort d'Auberval - L'Enfant du trou du souffleur, ou l'Autre Figaro, edición ilustrada de 1883
Alphonse-Aimé Beaufort d’Auberval – L’Enfant du trou du souffleur, ou l’Autre Figaro, edición ilustrada de 1883

Hijo ilegítimo de una actriz, el belga Alphonse-Aimé Beaufort d’Auberval (1764-1825) nunca se alejó mucho de las tablas. Ejerció como actor y llegó a dirigir, a partir de 1818, el Théâtre de la Monnaie de Bruselas. En sus últimos años, fue apuntador en un teatro parisino antes de morir en la miseria en 1825. En margen de su actividad teatral, Beaufort fue un escritor y dramaturgo bastante fecundo. De inspiración autobiográfica, L’Enfant du trou du souffleur, ou l’Autre Figaro (El Niño del hueco del apuntador, 1803) es una novela que combina hábilmente el sentimentalismo de la narrativa del siglo XVIII con un humor lleno de chispa. L’Enfant du trou du souffleur es el pequeño Alphonse-Aimé, hijo de una actriz, nacido en medio de la representación de una tragedia, expulsado de las entrañas maternas con tal fuerza que va a rodar al hueco del apuntador, el cual lo recoge y salva in extremis de una fatal caída… Disimulando los nombres de los personajes reales bajo pseudónimos, Beaufort recorre su propia vida y esboza un interesante fresco de la vida teatral a finales del XVIII.

Ilustración: Blog Miscellanées.

Pierce Egan – The Life of an actor, ilustración de Theodore Lane (1892)
Pierce Egan – The Life of an actor, ilustración de Theodore Lane (1892)

Animado por el éxito de su columna mensual Boxiana; or Sketches of Modern Pugilism (Boxiana, o Esbozos de pugilismo moderno, 1818-1824), en la que ofrecía, con sentido del humor y del detalle, retratos de famosos boxeadores, el periodista británico Pierce Egan (1772-1849) se convirtió en un popular retratista de la vida deportiva y de la vida social londinense. En 1824, publica uno de sus trabajos más ambiciosos: The Life of an actor (La Vida de un actor). Dedicada al famoso actor Edmund Kean, esta novela recoge el destino de un actor imaginario, Peregrine Proteus, desde su nacimiento hasta su triunfo final en una actuación delante del rey, después de una vida de contratos miserables en teatros de provincia.

Ilustración: Internet Archive.

Ramón de Mesonero Romanos – Escenas matritenses (1845)
Ramón de Mesonero Romanos – Escenas matritenses (1845)

Publicadas bajo el pseudónimo de «El Curioso Parlante» en diversas publicaciones periódicas entre 1832 y 1842, las Escenas matritenses consagraron a Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882) como cronista de la villa de Madrid. Híbridos de cuento y de artículo costumbrista, las Escenas matritenses constituyen un vasto fresco de la sociedad española en general y madrileña en particular en aquella década. Uno de los primeros artículos, publicado en abril de 1832 en la revista Cartas españolas, se titula Los Cómicos en Cuaresma. En esta crónica, Mesonero cuenta cómo, durante la Cuaresma, periodo en el que las representaciones teatrales están obligadas a interrumpirse, se realizan las negociaciones entre compañías, autores y directores y se seleccionan actores para organizar la siguiente temporada artística. Seis años más tarde, en 1838, en el Semanario pintoresco español, Mesonero vuelve a evocar los teatros en El Teatro por fuera, donde ofrece una minuciosa descripción de los espectadores y su comportamiento durante una función teatral, así como de la distribución de los asistentes en los distintos espacios de la sala, según su posición social…

Ilustración: Google Libros.

Ramón de Mesonero Romanos – Los Cómicos en Cuaresma (1845)
Ramón de Mesonero Romanos – Los Cómicos en Cuaresma (1845)

«Hervía ésta en corrillos en el punto en que la pisamos. Hombres de todas edades, trajes y cataduras, corrían, se agitaban, se reunían, se separaban, hablaban a voces, hablaban en secreto, y de esta mezcla, de esta actividad, resultaba un espectáculo singular: aquí un grupo de cuatro, vestido, cuál con pantalón de verano, casaquilla gris y gorrita francesa, cuál con su gran capa color de corteza y sombrero calañés, trataban de formar una compañía bajo la bandera de uno de levita blanca, a quien todos agasajaban y perseguían; más allá se disolvía estrepitosamente otra; de un lado se cerraba un ajuste, y ambos contrayentes corrían a firmarlo al inmediato café de Venecia; del otro se armaba una disputa entre dos interlocutores sobre su mérito respectivo. Formando el primer término de este cuadro y entre la acera de la calle del Prado y los árboles de la plazuela, se dejaban ver en numeroso grupo los individuos de las compañías de la corte, manifestando en sus modales y en su vestido el buen tono y la elegancia. Hablaban de sus teatros, de sus empresas, encarecían sus protecciones, despreciaban sus sueldos, se lamentaban de la decadencia del arte, animábanse contra la boga de la ópera, contaban las intrigas de bastidor y cuchicheaban en voz baja los que ya habían firmado. Por vía de sainete se reían de los pobres advenedizos, y con cuestiones malignas o alabanzas exageradas contribuían a mantenerlos en su petulancia y disputas eternas, y en acabando éstas, las hacían volver a empezar.» (Los Cómicos en Cuaresma)

Ilustración: Google Libros.

Ramón de Mesonero Romanos – El Teatro por fuera (1845)
Ramón de Mesonero Romanos – El Teatro por fuera (1845)

«Durante el entreacto , el abonado sube a visitar los palcos , y como bola de cubilete entra y sale de una en otra casilla , y ora le vemos en un palco bajo hablando en francés , y afectando la seriedad diplomática entre dos longanísimos estranjeros, ora en un principal, siendo la causa de la bulliciosa alegría de una colección de beldades que se disputan sus respuestas, sus miradas, y son exactamente del mismo parecer sobre el merito de la pieza.
No menos interesante y animada otra sección del auditorio sienta por lo regular en las filas céntricas ; esta es la sección de os intelijentes , y se compone, como quien nada dice, de los autores dramáticos , los escritores folletinistas, y tal cual actor en descanso que aquella noche no le tocó figurar. Esta sección es bulliciosa de suyo , comunicable y expansiva ; sus decisiones son absolutas y sin apelación ; pronúncianse excàtedra ; comisión de aplausos la llaman unos, sociedad de seguros la dicen otros ; pero los unos y los otros esperan con atención las muestras inequívocas de su sentencia , y aplauden si aplauden, y silban por simpatía cuando escuchan a la intelijencia silbar.
Los demás compartimentos de la planta baja son ocupados en simétrica variedad por aquella parte del respetable público, que en el Diccionario moderno solemos llamar las masas: en cuya confección entran indistintamente los drogueros de calle de Postas , y el honrado ropero de la calle Mayor ; el empleado vetusto, y el imberbe meritorio, el inesperto provincial, y el pacifico artesano ; todos los cuales vienen al teatro los domingos y fiestas de guardar a divertirse con la mejor fé del mundo, y a pillar de paso, si pueden, una leccioncita moral, y la diversión que encuentra no es nada menos que tres ajusticiados y un tormento ; y la moral que suelen beber, la que se destila de un suicidio o un par de adulterios.»

Ilustración: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Honoré de Balzac – Josépha Mirah y la baronesa Hulot, en La Cousine Bette, ilustración de Tony Johannot (1837)
Honoré de Balzac – Josépha Mirah y la baronesa Hulot, en La Cousine Bette, ilustración de Tony Johannot (1837)

Resulta curioso que La Comédie humaine (La Comedia humana, audiolibro en francés), el gran fresco narrativo de la sociedad francesa publicado por Honoré de Balzac (1799-1850) entre 1829 y 1850, no contenga ninguna novela dedicada a un actor o una actriz. En realidad, entraba en los proyectos de Balzac escribir dos novelas sobre el teatro, pero su muerte prematura a los 51 años le impediría llevarlos a cabo. No obstante, la pasión del escritor por el teatro y el arte lírico aparece en filigrana a lo largo de toda la Comedia humana : referencias a grandes actores de su tiempo (Talma, Mademoiselle Mars, La Malibran…), escenas ambientadas en teatros, actrices, actores o dramaturgos entre los protagonistas… Sería imposible enumerar aquí todas las referencias al teatro y a los actores que aparecen en los más de noventa títulos que conforman la serie. Entre los personajes relacionados con el teatro – extraídos de los 4000 a 6000 que habitan las páginas de esta obra monumental – destacan algunas figuras entrañables, algunas de ellas protagonizan o son evocadas en varias novelas.

Ilustración: Internet Archive.

Honoré de Balzac – Sarrasine, ilustración de Alcide Théophile Robaudi (1897)
Honoré de Balzac – Sarrasine, ilustración de Alcide Théophile Robaudi (1897)
  • Cantantes de ópera como la etérea y andrógina Zambinella, que vuelve loco al escultor Sarrasine (texto en español, audiolibro en francés, 1830) o, al contrario, la voluptuosa Clara Tinti, cuyos encantos harán tambalear el casto amor de Emilio Memmi por Massimilla Doni (texto en español, 1837). Otra cantante, Josépha Mirah, tiene un papel importante en La Cousine Bette (La Prima Bela, audiolibro en francés, 1846-1847): más allá de su condición de cortesana, objeto de rivalidad amorosa entre dos de los protagonistas, Balzac insiste en la nobleza, tanto personal como artística, de Josépha, encarnación personificada de todas las artes.
  • Una larga galería de actrices, más cortesanas que actrices, cuyo atractivo radica más en su aspecto físico y sus faldas demasiado cortas que en su propio talento, y que anuncian una figura recurrente en la novela realista del siglo XIX. Dos de ellas, Coralie y Florine, tienen papeles más consistentes. Protagonista de Un grand homme de province à Paris (Un grande hombre de provincias en París, audiolibro en francés, 1839), la segunda parte de Illusions perdues (Ilusiones perdidas), Coralie empezó su trágica carrera al ser prostituida por su madre a los quince años. Más tarde, actriz famosa, abandona al rico amante que la mantiene, con la esperanza que su celebridad teatral le permita salir de la prostitución y vivir libremente con el hombre al que ama, un pobre aspirante a escritor. Pero sin contar con el rencor del amante abandonado… La trayectoria de Florine es más larga y feliz: también acabará dejando a los amantes poderosos para irse a vivir con el dramaturgo Raoul Nathan al que ama y con el que se casará. Florine aparece o es mencionada en una quincena de novelas de La Comédie humaine (Illusions perdues, Une fille d’Ève (Una hija de Eva, audiolibro en francés, 1838-1839)…) , y, a lo largo de los episodios, vamos teniendo noticias de su carrera teatral: actriz desde los trece años, logrará el éxito gracias a una pieza de su amante, después de pasar con muchos altibajos profesionales.
  • El dramaturgo y novelista Raoul Nathan, amante de Florine, aparece en nueve novelas, y llega a ser uno de los personajes literarios más en boga en París en 1829. Pero, hijo de un anticuario judío, nunca podrá pretender a acceder a las altas esferas de la sociedad.
  • El famoso y ficticio actor Robert Médal, brevemente mencionado en Le Cousin Pons (El Primo Pons, audiolibro en francés, 1847), debía ser el protagonista de Le Théâtre comme il est (El Teatro como es), una de las novelas sobre el teatro que Balzac no llegó a escribir.

Ilustración: Hathitrust.

Honoré de Balzac – Coralie, en Un grand homme de province à París, ilustración de Eugène Lampsonius (1851-1853)
Honoré de Balzac – Coralie, en Un grand homme de province à París, ilustración de Eugène Lampsonius (1851-1853)

«El arte de espresar los sentimientos, esa sublime ficción, no había triunfado aun de su naturaleza. Ruborizábase de dar al público lo que solo debía pertenecer al amor. Tenia, además, una debilidad propia de las verdaderas mujeres. A pesar de conocer que estaba llamada a reinar como soberana en la escena, necesitaba aplausos.
Incapaz de presentarse resuelta y serena ante un público con quien no simpatizaba, temblaba siempre que salía a la escena, y entonces la frialdad del público podía helarla. Esta terrible emoción era causa de que viese cada nuevo papel que se le repartía, un nuevo estreno. Los aplausos producían en ella una especie de embriaguez, inútil a su amor propio, pero indispensable a su valor: un murmullo de desaprobación o el silencio de un público distraído la privaban de sus recursos; un público numeroso, atento, miradas entusiastas o benévolas, la electrizaban: poníase entonces en comunicación con las nobles cualidades de todas aquellas almas, y hallaba en sí la fuerza suficiente para conmoverlas y arrebatarlas.
Este doble efecto revelaba claramente la naturaleza nerviosa y la constitución del genio, descubriendo también la delicadeza y la ternura de esta pobre niña.
Luciano conocía al fin los tesoros que el corazón de la actriz encerraba, no menos que la sencillez de su querida. Incapaz de usar de las falsedades e intrigas propias de las cómicas, no podía defenderse contra las rivalidades y tramas de bastidores a que se entregaba Florina, joven tan peligrosa y tan depravada, como sencilla y generosa su amiga. Los papeles buscaban a Coralia; era ella demasiado orgullosa para rogará los autores y someterse a sus deshonrosas condiciones, o para entregarse al primer periodista que la amenazase con su amor y con su pluma. El talento, tan raro ya en el arte estraordinario del cómico, no es más que un elemento de triunfo, y aun suele ser perjudicial, si no va acompañado de cierto genio de intriga de que carecía enteramente Coralia.»

Ilustración: Gallica.

Louis Léopold Boilly - La Entrada del teatro (1819)
Louis Léopold Boilly – La Entrada del teatro (1819)

Ilustración: Wikimedia Commons.

George Sand – Le Démon du foyer, ilustración de Rousseau (1852)
George Sand – Le Démon du foyer, ilustración de Rousseau (1852)

El teatro de marionetas de Nohant no fue únicamente un divertimento familiar para George Sand (pseudónimo de Amantine Aurore Lucile Dupin, 1804-1876) y los suyos. Fue en realidad un laboratorio de experimentación creativa alrededor de una disciplina sobre la cual la autora escribía en 1851: «esta nueva manera de trabajar me ha calentado tan bien la cabeza – a mi pesar – que ya no sueño con otra cosa que con el teatro, y todas mis ideas adoptan esta forma». Autora de treinta y una piezas, llegó a estrenar veintidós de ellas, aunque con escaso éxito de público: gran pedagoga, Sand pensaba que la representación teatral podía tener un papel considerable en la educación del gran público y escribía sus obras para ser vistas por los más humildes. No obstante, el público que iba al teatro en esta época no era un público popular ; las piezas de Sand no convencieron y la autora tuvo dificultades para encontrar compañías dispuestas a arriesgarse con ella. Un ejemplo podría ser Le Démon du foyer (El Demonio del hogar, 1852) comedia en dos actos protagonizada por un compositor italiano y sus tres hijas, dos de ellas cantantes… ¡y rivales! Esta exaltación de los sentimientos familiares obtuvo una buena acogida por parte del gran público, pero fue destrozada por la crítica…

Ilustración: Internet Archive.

Jules Sand – Rose et Blanche (1831)
Jules Sand – Rose et Blanche (1831)

Ya evocamos, en el primer capítulo de este trabajo, la novela La Marquise (La Marquesa, audiolibro en francés, 1832), obra que parece haber sido el origen de una larga serie de versiones en las que vemos a actores intentar desacreditarse a los ojos de una mujer enamorada de los nobles protagonistas que suele interpretar. Pero el teatro, hablado o cantado, constituye la materia prima de algunas de sus obras narrativas más importantes.

  • Escrita en colaboración con su amante Jules Sandeau (1811-1883) y publicada bajo el pseudónimo colectivo de Jules Sand, Rose et Blanche, ou La Comédienne et la Religieuse (Rosa y Blanca, o La Comedianta y la Religiosa, 1831) anticipa las grandes figuras de la obra de George Sand: heroínas determinadas frente a hombres débiles, materialistas e incapaces de controlar sus instintos, artistas pintorescos, eclesiásticos libertinos hipócritas o inquietantes inquisidores, personajes andróginos… Novela de peripecias sentimentales, Rose et Blanche es, como indica el subtítulo, la historia de dos jóvenes, una novicia que oculta un doloroso secreto en lo más hondo de su inconsciente y una comedianta humillada por sus compañeros y a punto de ser prostituida por su madre, dos amigas víctimas de dos libertinos ociosos e irresponsables…

Ilustración: Gallica.

George Sand – Pauline, ilustración de Tony Johannot y Maurice Sand (1869)
George Sand – Pauline, ilustración de Tony Johannot y Maurice Sand (1869)
  • Con Pauline (audiolibro en francés, 1841) y su amiga la comedianta Laurence, George Sand imagina de nuevo a dos amigas a las que todo debiera separar y muestra cómo la relación entre ellas, que pudo resistir a los prejuicios sociales, acabará rompiéndose a causa de las ansias de vida mundana y los celos. El azar de un viaje por carretera lleva por equivocación a Laurence, una famosa actriz, a reencontrarse con su amiga Pauline, obligada a permanecer en la casa familiar a cuidar de su madre enferma…

Ilustración: Gallica.

  • Ambientadas en el siglo XVIII, Consuelo (Tomo 1, Tomo 2, Tomo 3, texto en español, audiolibro en francés, 1843) y su secuela La Comtesse de Rudolstadt (La Condesa de Rudolstadt, audiolibro en francés, 1843) constituyen una de las obras maestras de George Sand. Consuelo es una cantante española, alumna el famoso compositor Nicola Porpora (1686-1768). Para ayudarla a olvidar la traición de su amante y huir de las asiduidades de un rico admirador, su maestro la envía al castillo de Rudolstadt, en Bohemia, para ser profesora de canto. El Conde de Rudolstadt, enigmático personaje que aparece y desaparece en el castillo, se enamora perdidamente de Consuelo, la cual no tarda en corresponderle en sus sentimientos… Grandes salas europeas de ópera, ocultismo y sociedades secretas en vísperas de la Revolución francesa, una novela de aventuras apasionante en la que la republicana George Sand aborda las grandes ideas políticas y sociales del siglo de las Luces.
George Sand – Consuelo, ilustración de Maurice Sand (1852-1856)
George Sand – Consuelo, ilustración de Maurice Sand (1852-1856)

«El maestro con solemnidad, y en ademán de triunfo, extendió la pierna y el brazo, semejante a Paris al adjudicar la manzana, no a la mas bella, sino a la mas sabia.
– ¿Consuelo? ¿La española? exclamaron a una voz las jóvenes coristas, al principio perplejas de sorpresa, hasta que bien pronto una carcajada universal, homérica, hizo cubrir de indignación y cólera la majestuosa frente del maestro.
La niña Consuelo, que nada había oído de este diálogo, ni nada visto, tan absorta estaba en su trabajo, permaneció algunos momentos insensible a toda esta algarabía, hasta que, echando de ver que era objeto de la general atención, dejó caer sus manos sobre las rodillas y su cuaderno de las rodillas al suelo, continuando como petrificada, y no sin asustarse, y habiéndose levantado, volvió la cabeza para ver si detrás había algún objeto raro o personaje ridículo que motivase aquella estrepitosa algazara.
– Consuelo, Consuelo, le dijo el maestro cogiéndola de la mano, y sin explicarle nada ; ven aquí, hija mía, y cántame la Salve de Pergolesi que estudias hace quince días, y que la Clorinda no ha logrado aprender en un año.
Consuelo sin responder ni mostrar temor, ni orgullo, ni encogimiento, siguió al maestro de canto hasta el órgano, y el último volvió a sentarse dando con aire de satisfacción el tono a su joven discípula. Entonces Consuelo con sencillez y soltura hizo resonar las profundas bóvedas de la catedral con los puros acentos de la mas hermosa voz cantando el Salve Regina, sin olvidar una nota, ni aventurar un sonido que no fuese exacto, lleno, sostenido o quebrado a propósito, y observando con docilidad las advertencias que el sabio maestro le había hecho. Puede decirse que realizó con sus poderosas facultades las intenciones inteligentes del excelente profesor, logrando a pesar de la inexperiencia y frivolidad infantil lo que la costumbre y el entusiasmo no inspiran a un cantor consumado. Cantó admirablemente.»

Ilustración: Gallica.

George Sand – La Comtesse de Rudolstadt, ilustración de Tony Johannot y Maurice Sand (1852-1856)
George Sand – La Comtesse de Rudolstadt, ilustración de Tony Johannot y Maurice Sand (1852-1856)

Ilustración: Gallica.

George Sand – Lucrezia Floriani, ilustración de Maurice Sand (1852-1856)
George Sand – Lucrezia Floriani, ilustración de Maurice Sand (1852-1856)
  • Con Lucrezia Floriani (1847), Sand ofrece deliberadamente una narración con una intriga totalmente desprovista de sorpresas para oponerse a la moda de las novelas trufadas de peripecias y sobresaltos, convencida de que si los lectores se acostumbraban a este tipo de literatura, ya nada les podría interesar. En esta novela, nada de asesinatos y traiciones, simplemente dos amantes, a quienes todo debería separar, se aman y se desgarran en una pasión exclusiva y agónica: el príncipe Karol de Roswald, joven sensible, casto y conservador y Lucrezia Floriani, famosa actriz, con una reputación de mujer frívola y madre soltera, aunque de carácter generoso y de un gran espíritu.

Ilustración: Gallica.

  • La intriga de Le Château des Désertes (El Castillo de Les Désertes, audiolibro en francés, 1851) no sigue la de Lucrezia Floriani, a pesar de que sus protagonistas principales sean los propios hijos de Lucrezia, Celio, Beatrice, Stella y Salvator, ya adultos y a su vez cantantes y actores. El personaje central es Adorno Salentini, un joven escultor. Huyendo de una amante a la que quiere dejar, Adorno se refugia en el misterioso castillo de un pueblo llamado Les Désertes (Las Desiertas) en el que los habitantes ocupan sus veladas interpretando teatro y ópera. Escrita en 1847 y nacida de los experimentos teatrales de Nohant, Le Château des Désertes le permite a Sand exponer sus novedosas ideas sobre el teatro, en particular sobre la improvisación y la necesidad de aligerar los decorados y respetar la autenticidad de los vestuarios.
George Sand – Le Château des Désertes, ilustración de Maurice Sand (1852-1856)
George Sand – Le Château des Désertes, ilustración de Maurice Sand (1852-1856)

«La primera actividad consistió en ordenar el teatro y de asearlo, de reunir, sacudir y etiquetar los trajes abandonados con las prisas, en la noche anterior, encima de las butacas. Los hombres barrían, quitaban el polvo, ventilaban, reparaban los desperfectos ocasionados en el decorado, ponían aceite en los herrajes, etc. Las mujeres se encargaban de los vestuarios ; todo se hizo con una exactitud y una rapidez prodigiosas, al poner cada uno de nosotros toda nuestra energía y alegría. Una vez hecho todo, el marqués reunió a sus protegidos alrededor de la gran mesa que ocupaba el centro del parterre, y nos concertamos. Se entregaron los manuscritos de Don Juan para estudiarlos, se añadieron personajes y escenas que habían sido eliminados el día anterior ; y nos consultamos sobre el reparto de los papeles. Celio volvió al de Don Juan, preguntó si algunas escenas podían ser cantadas. Beatrice y su hermano pequeño solicitaron improvisar unos pasos de baile en el tercer acto. Todo fue concedido. Se permitía probarlo todo ; pero, a medida que se iban decidiendo las cosas, se apuntaba en el manuscrito, para que la función no fuese perturbada.»

Ilustración: Gallica.

  • Adriani (1854) es el nombre de artista de D’Argères, famoso cantante de ópera que ha elegido retirarse de los escenarios y vivir en el anonimato. En su retiro, conoce a Laure de Monteluz, una joven viuda a quien la muerte de su esposo ha hundido en la locura y vive aislada del mundo. El amor por la música y el rechazo de los compromisos mundanos, dos sentimientos que Laure y D’Argères comparten, pronto se convertirán en un amor recíproco que deberá imponerse a los prejuicios sociales y las dificultades económicas… Interesante novela en la que Sand plantea la difícil cuestión, a mediados del siglo XIX, de la independencia de las mujeres y de su poder de decisión propia.
  • Poco conocida, publicada por entregas en 1869 en la Revue des deux mondes, Pierre qui roule (Parte 1, Parte 2, Parte 3, Parte 4, Parte 5, Parte 6, Piedra rodante) es la «novela cómica» de George Sand. Con el pretexto de seguir las peripecias de Laurence, joven estudiante en derecho que abandona sus estudios para seguir una compañía de teatro itinerante por amor por la actriz Impéria, la escritora ofrece un vivo retrato de los comediantes de provincias, navegando siempre entre realidad e ilusión, marginados de la sociedad, pero tan entrañables… Pierre qui roule constituye también un interesante testimonio sobre el trabajo de los actores y del director teatral.
Charles Dickens en una lectura pública (S. XIX)
Charles Dickens en una lectura pública (S. XIX)

Otro autor a quien el teatro siempre fascinó fue el inglés Charles Dickens (1812-1870). Desde el teatro en miniatura construido por un familiar y que despertó la imaginación del joven Charles, entonces empleado en una fábrica de betún para calzado, hasta su pasión con la joven actriz Ellen Terman (1839-1914) con la que vivirá una relación clandestina hasta su muerte en 1870, la vida de Dickens ha sido marcada por esta disciplina, llegando incluso, en la década de 1850, a dirigir y producir obras en las que solía actuar, junto con actores profesionales y amigos, recaudando fondos que se destinaban en parte a obras caritativas. Por otra parte, Dickens realizó varias giras en teatros de Gran Bretaña y Estados Unidos para ofrecer lecturas públicas de sus propias obras. Dotado de un gran talento para esta actividad, Dickens supo cautivar a su público con su sentido de la puesta en escena y sus aptitudes para adoptar varias voces según los personajes que interpretara. Estos espectáculos fueron tan populares que el público recibía al artista con ovaciones, flores, e incluso el fetichismo propio de los fans de las estrellas de rock…

Ilustración: Wikimedia Commons.

La cola para comprar entradas para una lectura pública de Charles Dickens, en el Steinway Hall de Nueva York en 1867
La cola para comprar entradas para una lectura pública de Charles Dickens, en el Steinway Hall de Nueva York en 1867

Ilustración: Wikimedia Commons.

Alfred Jingle, ilustración de Fred Barnard (S. XIX)
Alfred Jingle, ilustración de Fred Barnard (S. XIX)

Curiosamente, la pasión por el teatro de Dickens no se ha plasmado en una infinidad de referencias en sus novelas. Hemos hablado anteriormente de los saltimbanquis y los titiriteros de La Tienda de antigüedades como muestra de su interés por los artistas callejeros y en su primera novela, The Posthumous Papers of the Pickwick Club (Los Papeles póstumos del Club Pickwick, audiolibro en inglés, 1836-1837), Dickens introduce a un personaje pintoresco llamado Alfred Jingle. Acompañante de Samuel Pickwick, actor y charlatán, Jingle tiene el talento de contar unas anécdotas incongruas con una retórica reducida a su mínima expresión. Sin moral alguna – no por maldad sino por una malformación congénita, la «carencia del servicio a los otros» – sus dotes para el mimo y el disfraz le permiten engañar fácilmente a sus víctimas.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Charles Dickens – Nicholas Nickleby, ilustración de Fred Barnard (1875?)
Charles Dickens – Nicholas Nickleby, ilustración de Fred Barnard (1875?)

Es con los capítulos que dedica a la compañía de Mr. Crummles, en Nicholas Nickleby – título completo: The Life and Adventures of Nicholas Nickleby, containing a Faithful Account of the Fortunes, Misfortunes, Uprisings, Downfallings and Complete Career of the Nickleby Family – (La Vida y aventuras de Nicholas Nickleby, con una narración fidedigna de las fortunas, infortunas, elevaciones, caídas y la carrera completa de la familia Nickleby, audiolibro en inglés, 1838-1839)), que Dickens expresa su conocimiento de la vida de una compañía itinerante de teatro. Recordemos el contexto… De camino hacia Portsmouth, Nicholas y el pequeño Smike, al que ha salvado de la cruel paliza proporcionada por el director de la espantosa escuela Dotheboys Hall, conocen al Sr. Vincent Crummles, director de la pintoresca compañía que lleva su nombre, que los contrata para diversos trabajitos, como la preparación de carteles. Poco a poco, los dos protagonistas se ensayan en las tablas y actúan en Romeo y Julieta… Pero, al cabo de un tiempo, Nicholas, molesto por la condición de marginados de los actores, situación que no le conviene a la reputación de su hermana, abandona la compañía, y, siempre acompañado de Smike, se dirige hacia nuevas aventuras. Otra curiosidad teatral en esta novela: los sueños nocturnos que hace Mrs Nickleby (la madre de Nicholas) de Shakespeare, vestido de un traje con dos borlas, «exactamente como era en la vida real».

Ilustración: Wikimedia Commons.

Charles Dickens – Nicholas Nickleby, ilustración de Fred Barnard (1875?)
Charles Dickens – Nicholas Nickleby, ilustración de Fred Barnard (1875?)

«- Pero ¿qué? amigo mío, ¿no encontraríais cualquiera otra profesión, a que se acomodara mejor un joven de vuestro mérito y que le procurara el medio de ver el mundo de una manera mas ventajosa?
– No, contestó Nicolás moviendo tristemente la cabeza.
– Entonces, yo soy quien os va a indicar una, añadió el maestro Crummles, levantando la voz con aire de resolución.
– ¿Cuál es esa profesión?
– El teatro.
– ¡El teatro! exclamó Nicolás.
– Si, el arte teatral: yo profeso el arte teatral, mi mujer profesa el arte teatral, mis hijos profesan el arte teatral; un perro que tenia, ya murió el animalito, entró en él desde el destete, y hasta el caballo de mi carricoche hace su papel en el Tamerlan. Por lo que hace a vos, si queréis, os ajustaré a vos y a vuestro compañero. No tenéis mas que decir una palabra y ya está hecho, que después de todo, no me vendría mal el refuerzo de la compañía.
– Pero, señor Cruminles, contestó Nicolás abrumado por el peso de proposición tan súbita, yo no entiendo una palabra de teatro, ni he desempeñado mas papeles que los de las comedias pueriles que representábamos en el colegio.
– ¿Qué importa eso? Hay algo de la comedia elegante en vuestras maneras, algo de tragedia apasionada en vuestros ojos, algo de farsa jocosa en vuestra risa franca. Así, pues, estad seguro de que seriáis aplaudido como si no hubierais hecho otra cosa que representar desde que vinisteis al mundo.»

Ilustración: Wikimedia Commons.

Henry Cockton - The Life and Adventures of Valentine Vox, the Ventriloquist, ilustración de Thomas Onwhyn (1841)
Henry Cockton – The Life and Adventures of Valentine Vox, the Ventriloquist, ilustración de Thomas Onwhyn (1841)

Publicada por entregas en 1839 y alabada por Charles Dickens, la novela The Life and Adventures of Valentine Vox, the Ventriloquist (La Vida y aventuras de Valentine Vox, el ventrílocuo) conoció un éxito popular inmediato, en parte debido a las ilustraciones de Thomas Onwhyn (1811-1886), y permitió a su autor, el inglés Henry Cockton (1807-1853), seguir con una carrera literaria, aunque sin llegar nunca a suscitar tanto entusiasmo como con esta ópera prima. Llenas de humor y picaresca, las aventuras de este ventrílocuo con dotes casi sobrenaturales poco tienen que ver con la vida de los artistas itinerantes, dado que Valentine Vox es más un estafador y un bromista que un artista de teatro. Pero más allá de las aventuras cómicas de Vox, la novela ofrece un interesante retrato social de las calles londinenses de la época, además de una mordaz denuncia de las deplorables condiciones en las que los asilos mantenían a los enfermos mentales.

Ilustración: Internet Archive.


Apariciones y desapariciones: cuando lo fantástico y la intriga se inmiscuyen en la vida teatral

Hemos visto hasta ahora que las novelas ambientadas en el mundo del teatro tenían como principal componente la necesidad de ofrecer una visión social o psicológica de la vida de los actores. No obstante, podemos aislar unas cuantas obras en las que la vida teatral es un pretexto para construir una intriga fantástica o policíaca.

Théophile Gautier – Deux Acteurs pour un rôle (1841)
Théophile Gautier – Deux Acteurs pour un rôle (1841)

Publicado por primera vez en 1841 en la revista Le Musée des familles antes de ser incorporado a diversos volúmenes de cuentos, Deux Acteurs pour un rôle (Dos Actores para un papel, audiolibro en francés) es un relato fantástico de Théophile Gautier (1811-1872). Un actor vienés, Henrich, recibe todas las noches los aplausos del público en el papel del Demonio. Durante una representación, un personaje desconocido interrumpe la función para contestar la interpretación de Henrich y demuestra cómo tiene que ser una auténtica risa diabólica…

Ilustración: Internet Archive.

«Solamente un hombre sentado en la mesa contigua no parecía tomar parte del entusiasmo general; con la cabeza echada hacia atrás, tamborileaba distraídamente, con los dedos, en su sombrero, una marcha militar y, de vez en cuando, lanzaba una especie de ¡uf! singularmente dubitativo.
El aspecto de aquel hombre era de lo más extraño, aunque estuviera considerado como un honrado burgués de Viena, que gozaba de una considerable fortuna; sus ojos grises tenían tonos verdes y lanzaban reflejos fosfóricos como los de los gatos. Cuando sus labios pálidos y finos se despegaban, dejaban ver dos hileras de dientes muy blancos, muy afilados y muy separados, de un aspecto de lo más caníbal y más feroz que se pueda imaginar; sus uñas largas, brillantes y arqueadas, tenían una vaga apariencia de pezuñas; pero aquella fisonomía sólo aparecía a rapidísimas ráfagas; ante alguien que le mirara fijamente, su cara recobraba inmediatamente la apariencia burguesa y bonachona de un tendero vienés retirado del comercio, y se asombraría si hubiera podido sospechar maldad y brujería en un rostro tan vulgar y tan anodino.
Interiormente Henrich estaba impresionado por la frialdad de aquel hombre; su desdeñoso silencio despojaba de valor los elogios con que sus ruidosos compañeros le abrumaban. Aquel silencio era el de un viejo y experimentado conocedor, que no se deja llevar por las apariencias y que ha visto cosas mejores en sus tiempos.
Atmayer, el más joven del grupo, el más ardiente entusiasta de Henrich, no pudo soportar aquella cara fría y, dirigiéndose al hombre singular, como tomándole por testigo de una afirmación que iba a hacer, le preguntó:
– ¿No es verdad, señor, que ningún actor ha interpretado mejor el papel de Mefistófeles que mi amigo aquí presente?
– ¡Hum! – dijo el desconocido haciendo brillar sus pupilas glaucas y crujir sus afilados dientes -, el señor Henrich es un muchacho de talento y al que estimo mucho; pero, para interpretar el papel del diablo, todavía le falta mucho.
Y, levantándose de repente:
– ¿Ha visto usted alguna vez al diablo, señor Henrich?»

Léon Gozlan, fotografía de los talleres Nadar (S. XIX)
Léon Gozlan, fotografía de los talleres Nadar (S. XIX)

Secretario de Honoré de Balzac, prolífico novelista, Léon Gozlan (1803-1866) da el tono con el macabro argumento de Les Nuits du Père Lachaise (1846), que fue traducida al español en varias ocasiones y bajo distintos títulos: Lady Glenmour, o Una noche en el cementerio (1846), Secretos de un cementerio – publicado por entregas en el diario La España entre el 16 de abril de 1850 y el 1 de junio de 1850 – o La Verdad de un epitafio (1854)). Precedida de un extraño prólogo ambientado en el cementerio parisino del Père Lachaise durante una noche de banquete, la novela cuenta la doble rivalidad amorosa entre Lord Glenmour y el conde de Madoc, ambos enamorados de Lady Glenmour y de Mousseline, frívola actriz de gran parecido físico con la digna lady. Entre las peripecias de esta novela que fue el más grande éxito de Gozlan, Lord Glenmour, para proteger a su esposa del seductor conde, la esconde en un suntuoso panteón en el cementerio del Père Lachaise mientras lucha contra Madoc a la puerta del mismo, en un duelo cuya conclusión podría dejar a la pobre lady sepultada viva…
En 1853, Gozlan también publicó una novela de costumbres sobre actores titulada La Comédie et les comédiens (La Comedia y los comediantes).

Ilustración: Gallica.

Wilkie Collins – No Name, ilustración de J.E. Millais y A.W. Cooper (1895)
Wilkie Collins – No Name, ilustración de J.E. Millais y A.W. Cooper (1895)

No Name (Sin nombre, audiolibro en inglés, 1862) es una novela del escritor Wilkie Collins (1824-1889), uno de los padres del thriller a la inglesa. A través del destino de dos hermanas privadas de su herencia al descubrirse que sus padres no estaban casados cuando nacieron, Collins denuncia la absurdidad de la ley que se aplicaba a los hijos ilegítimos y construye una intriga palpitante. La familia Vanstone vive feliz en su mansión del Somerset. La hija pequeña, Magdalen, de dieciocho años, tiene dotes teatrales y está a punto de empezar una carrera artística. Pero la muerte repentina de sus dos padres precipita a Magdalen y su hermana Norah a la ruina: no pueden heredar la fortuna familiar porque sus padres solo estuvieron casados unos pocos meses. De gran voluntad, Magdalen está determinada a hacer cualquier cosa para recuperar sus bienes y desenmascarar a unos herederos bien nacidos, pero poco escrupulosos. Su talento para la interpretación le será de gran ayuda…

Ilustración: Internet Archive.

Wilkie Collins – No Name, ilustración de J.E. Millais y A.W. Cooper (1895)
Wilkie Collins – No Name, ilustración de J.E. Millais y A.W. Cooper (1895)

«Suavemente, Magdalen cerró con llave la puerta de su habitación, bajó la persiana y comenzó de inmediato los preparativos para el peligroso experimento del día.
La misma aguda percepción de los peligros que debía evitar y de las dificultades que debía superar que la había llevado a dejar la parte más extravagante de su disfraz en el baúl de Birmingham, la hizo plenamente consciente de la gran diferencia entre un disfraz que se lleva a la luz del gas para entretener a un público y un disfraz adoptado a la luz del día para engañar a los ojos inquisidores de dos desconocidos. La primera pieza de ropa que se puso fue un viejo vestido suyo (hecho del material llamado «alpaca») de color marrón oscuro con un bonito estampado de pequeñas estrellas blancas. El único adorno del vestido era un doble volante alrededor del bajo, adorno que no desdecía en absoluto del atavío apropiado para una señora de edad. El modo de disfrazar la cabeza y el rostro fue el siguiente objeto de su atención. Se puso la peluca gris y la arregló con la destreza conseguida con la práctica constante, pegó cuidadosamente en su sitio las cejas falsas (bastante amplias y más oscuras que la peluca) con la goma que había llevado consigo con ese fin y se pintó la cara con materiales de uso corriente en el teatro para trocar la blancura de su cutis transparente en el color apagado, levemente opaco de una mujer enferma. A continuación procedió a hacerse las arrugas y marcas propias de la edad, y ahí se presentaron los primeros obstáculos. El artificio que tenía éxito a la luz de gas fallaba estrepitosamente de día; la dificultad de disimular el evidente carácter artificial de las marcas era casi insuperable. Volvió al baúl, sacó de él dos velos y, poniéndose su anticuado sombrero, probó el efecto que causaban uno y otro. Uno de los velos (de encaje negro) era demasiado grueso para llevarlo en verano sobre el rostro sin dar pie a comentarios. El otro, una sencilla red, permitía ver las facciones con la vaguedad suficiente para pintarse ciertas arrugas expresivas (muchas menos de las que estaba acostumbrada a utilizar cuando interpretaba el personaje) en la frente y en las comisuras de la boca. Pero el obstáculo así vencido no hacía más que crear una nueva dificultad: la de mantener el velo bajado mientras hablaba con otras personas sin ninguna razón obvia para hacerlo. Unos instantes de reflexión y una mirada casual a la pequeña paleta de cerámica donde extendía las pinturas para caracterizarse sugirió a su rápida inventiva una excusa visible para llevar el velo. Lentamente se desfiguró enrojeciendo artificialmente el interior de los párpados de modo que parecieran afectados por una inflamación que ningún ser humano salvo un médico —y eso examinándola de cerca— habría dicho que era falsa. Magdalen se puso en pie de un salto y contempló triunfalmente el reflejo de su horrible transformación en el espejo. ¿A quién podía parecerle extraño que llevara el velo bajado y que pidiera permiso a la señora Lecount para sentarse de espaldas a la luz?»

Ilustración: Internet Archive.

Pierre Alexis de Ponson du Terrail – L’Héritage du comédien (1864)
Pierre Alexis de Ponson du Terrail – L’Héritage du comédien (1864)

Un misterioso castillo en Alemania, un espectro con la apariencia de un enano blanco, un famoso actor que, después de morir, sigue apareciéndosele a su hijo depravado con el fin de traerle a mejores sentimientos y permitirle heredar de su fortuna, una misteriosa condesa sedienta de venganza… Todos estos ingredientes – ¡y más! – componen la novela corta L’Héritage du comédien (La Herencia del comediante, 1864) de Pierre Alexis de Ponson du Terrail (1829-1871). Ponson du Terrail fue uno de los maestros del folletín popular de aventuras en el siglo XIX y es el padre de un personaje entrañable, Rocambole, ex-delincuente reconvertido en justiciero cuyo nombre es el origen del adjetivo «rocambolesco». En L’Héritage du comédien, que se publicó en 1864 en la revista dirigida por Ponson du Terrail, Les Coulisses du monde, antes de salir en volumen, las aventuras rocambolescas y fantásticas no faltarán para llegar a un desenlace muy racional y razonable. Ponson du Terrail es también autor de Pas-de-Chance (1866), una novela de intriga y aventuras cuyo punto de partida es un intercambio de recién nacidos. El protagonista, hijo de una familia noble, vivirá muchas peripecias – entre las cuales estará compartir la existencia de una tropa de saltimbanquis – antes de poder recuperar su verdadera identidad…

Ilustración: Gallica.

Hermana de María Malibran, Pauline Viardot (1821-1910) fue también una cantante famosa. Amante de Turguénev, mantuvo con él una larga relación. Retrato por Charles Lallemand, según una fotografía de Numa Blanc (1863)
Hermana de María Malibran, Pauline Viardot (1821-1910) fue también una cantante famosa. Amante de Turguénev, mantuvo con él una larga relación. Retrato por Charles Lallemand, según una fotografía de Numa Blanc (1863)

Escrito en París en 1882 y publicado en San Petersburgo el año siguiente, Clara Milich (texto en inglés y en francés ; audiolibro en francés) es un relato fantástico de Iván Turguénev (1818-1883). El joven Iákov Arátov, que nunca ha tenido una relación sentimental con una mujer, asiste a un concierto de una joven cantante rusa, una mujer muy frágil que lo mira de una manera fascinante. Unos días más tarde, Iákov descubre que Clara se ha suicidado y este acto desesperado despertará en él un sentimiento amoroso post mortem que, al mismo tiempo, destrozará e iluminará su propia vida…

Ilustración: Gallica.

Irene Adler, tarjeta de propaganda de marcas de cigarillos (S. XX)
Irene Adler, tarjeta de propaganda de marcas de cigarillos (S. XX)

Sherlock Holmes, el famoso detective imaginado por Arthur Conan Doyle (1859-1930), reconoce haber fracasado en cuatro investigaciones: tres por culpa de hombres, y una por culpa de una mujer. Esta mujer es Irene Adler, cantante de ópera, protagonista del relato titulado A Scandal in Bohemia (Escándalo en Bohemia, audiolibro en inglés, 1891). El rey de Bohemia, a punto de casarse con la hija del rey de Escandinavia, pide ayuda a Sherlock Holmes para recuperar una fotografía comprometedora en la que aparece con la cantante. Pero no cuenta con la voluntad de la artista: Irene Adler, uno de los personajes femeninos con más personalidad en la obra de Conan Doyle, no está dispuesta a ceder la fotografía y no dudará en recurrir a su talento para contrarrestar los planes del detective. Una curiosidad: no hemos podido encontrar retratos de Irene Adler en las ediciones ilustradas antiguas de A Scandal in Bohemia. Existen dos dibujos (dibujo 1, dibujo 2) del ilustrador estadounidense Charles Dana Gibson (1867-1944) sobre los cuales se conjetura que podrían adaptarse perfectamente a la figura de la cantante, pero los ilustradores habituales de la obra de Doyle, en particular Sidney Paget, no se dignaron a representar este personaje tan importante. ¿Será porque no convenía darle demasiado protagonismo a la mujer que puso en jaque al gran detective?

Ilustración: New York Public Library Digital Collection.

Arthur Conan Doyle – A Scandal in Bohemia, ilustración de Sidney Paget (1891)
Arthur Conan Doyle – A Scandal in Bohemia, ilustración de Sidney Paget (1891)

«- Estoy a punto de casarme.
– Eso he oído.
– Con Clotilde Lothman von Saxe-Meningen, segunda hija del rey de Escandinavia. Quizá conozca usted los estrictos principios de su familia. Ella misma es el colmo de la delicadeza. Cualquier sombra de duda sobre mi conducta pondría fin al compromiso.
– ¿Y qué dice Irene Adler?
– Amenaza con enviarles la fotografía. Y lo hará. Sé que lo hará. Usted no la conoce, pero tiene un carácter de acero. Posee el rostro de la más bella de las mujeres y la mentalidad del más decidido de los hombres. No hay nada que no esté dispuesta a hacer con tal de evitar que yo me case con otra mujer… nada.
– ¿Estáis seguro de que no la ha enviado aún?
– Estoy seguro.
– ¿Por qué?
– Porque ha dicho que la enviará el día en que se haga público el compromiso. Lo cual será el lunes próximo.
– Oh, entonces aún nos quedan tres días —dijo Holmes, bostezando—. Es una gran suerte, ya que de momento tengo que ocuparme de uno o dos asuntos de importancia. Por supuesto, vuestra majestad se quedará en Londres por ahora…»

Ilustración: Wikimedia Commons.

Arthur Conan Doyle – An Actor’s Duel (1894)
Arthur Conan Doyle – An Actor’s Duel (1894)

En 1884, Arthur Conan Doyle había publicado The Tragedians (o An Actor’s Duel) (Un duelo de actores, 1884), un cuento en el que dos actores rivales acaban saldando sus cuentas en el escenario, durante la escena de duelo entre Hamlet y Laertes.

Ilustración: The Arthur Conan Doyle Encyclopedia.

George Du Maurier – Trilby, ilustración por el autor (1895)
George Du Maurier – Trilby, ilustración por el autor (1895)

Ambientada en la París bohemia de finales del siglo XIX, Trilby (audiolibro en inglés, 1894) fue una de las novelas más populares de su tiempo, hasta tal punto que el nombre del protagonista, Svengali, todavía se utiliza en inglés para calificar a un hombre que abusa de su poder de dominación sobre una mujer a la que protege y que inspiró el nombre de un determinado sombrero – el trilby – llevado en el escenario por la protagonista en una de las primeras adaptaciones teatrales de la novela. Trilby es una joven irlandesa que sobrevive en París haciendo de modelo para los pintores y trabajando en una lavandería. Su amusia (incapacidad para reconocer tonos o ritmos musicales) interesa a Svengali, malvado músico e hipnotista. Gracias al poder de la hipnosis, Svengali convierte a Trilby en una diva, cuyo talento solo se manifiesta cuando está en trance… Si el antisemitismo presente en la novela – muy propio de la época – puede incomodar al lector del siglo XXI, Trilby no deja de ser un clásico de la literatura gótica que fue adaptado al cine numerosas veces ; John Barrymore interpretó el papel del malvado Svengali en 1931, en una versión que podemos ver en Internet Archive. El autor de Trilby, George Du Maurier (1834-1896) fue un famoso ilustrador satírico franco-británico. Al degradarse su vista hacia 1890, Du Maurier se dedicó a la escritura y publicó tres novelas. George Du Maurier es el abuelo de la escritora Daphne Du Maurier, autora de Rebeca, La Posada Jamaica y Los Pájaros, tres novelas adaptadas por Alfred Hitchcock

Ilustración: Internet Archive.

H.-G. Wells
H.-G. Wells

De triste, The Obliterated Man (The Sad Story Of A Dramatic Critic) (El Hombre borrado (La Triste Historia de un crítico de teatro), 1895) sólo tiene el título. De tono humorístico, este cuento de Herbert George Wells (1866-1946) plantea no obstante un grave problema. Después de asistir a varias representaciones de teatro, el joven Egbert Craddock Cummins, periodista recién contratado como crítico teatral, empieza a notar las dolencias de un extraño síndrome: aquejado del virus del teatro, pierde el control de su propio cuerpo y empieza a comportarse como un actor en escena, tomando poses melodramáticas y hablando de manera grandilocuente. No obstante, más allá de las escenas cómicas generadas por la infección teatral del pobre Egbert, el autor de La Guerra de los mundos y El Hombre invisible sugiere interesantes reflexiones de orden psicológico sobre la manera en que actuamos en la vida real para expresar u ocultar nuestros sentimientos. Por otro lado, la contaminación de la que es víctima Egbert corresponde exactamente a lo que esperaban transmitir a su público artistas como Stanislavski, Craig o Artaud en su labor de renovación del arte teatral.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Gaston Leroux – Le Fantôme de l’Opéra, ilustración de André Castaigne (1911)
Gaston Leroux – Le Fantôme de l’Opéra, ilustración de André Castaigne (1911)

Gaston Leroux (1868-1927) es una figura conocida por los lectores de Tesoros Digitales, ya que evocamos en diversas ocasiones sus novela de intriga policíaca con un toque de fantástico (ver ¿Locos o genios? Los científicos en la literatura y Rulaman, Vamireh, Odjigh, Poh-Hlaik, Oo-oo: miradas literarias sobre la humanidad (y la fauna!) primitiva). Parcialmente inspirada de Trilby, de George Du Maurier, y de hechos reales, adaptada un sinfín de veces en la televisión y el cine, además del cómic o la comedia musical y el ballet, Le Fantôme de l’Opéra (El Fantasma de la Ópera, audiolibro en francés, audiolibro en español, 1910) es una de sus novelas más famosas. Unos sucesos extraños y macabros se producen en la Ópera Garnier de París, pronto reivindicados por un misterioso personaje, ¿hombre o fantasma?, que se hace llamar «El Fantasma de la Ópera». Al mismo tiempo, Christine, una joven cantante huérfana, es contratada para interpretar el papel de Magdalena en Fausto. Durante las noches, recibe la visita de un ángel de la música que le inspira su fabulosa manera de cantar… Amor, fantástico, suspense, son los ingredientes de una novela que se ha convertido en un clásico de la literatura universal.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Gaston Leroux – Le Fantôme de l’Opéra, ilustración de André Castaigne (1911)
Gaston Leroux – Le Fantôme de l’Opéra, ilustración de André Castaigne (1911)

«Luego, hubo un enorme suspiro seguido de un grito de horror de Christine, y oímos la voz de Erik.
– ¡Te pido perdón por enseñarte un rostro como éste! ¡Mira en qué estado me encuentro! ¡Es culpa del otro! ¿Por qué habrá llamado? ¿Acaso pregunto a los que pasan qué hora es? No volverá a preguntar la hora a nadie. Es culpa de la sirena…
De nuevo un suspiro más profundo, más amplio, salido de lo más hondo del abismo de un alma.
– ¿Por qué has gritado, Christine?
– Porque sufro, Erik.
– Creí que te había asustado…
– Erik, aflójeme estas ataduras… ¿no soy acaso tu prisionera?
– Volverás a desear la muerte…
– Me ha dado usted tiempo hasta mañana por la noche, a las once, Erik…
Los pasos seguían arrastrándose por el suelo.
– Después de todo, ya que debemos morir juntos…, y que tengo tanta prisa como tú…, sí, yo también estoy cansado de esta vida, ¿entiendes?… ¡Espera, no te muevas; voy a desatarte!… No tienes más que decir una palabra: ¡no!, y todo se habrá acabado, para todo el mundo… ¡Tienes razón…, tienes toda la razón! ¿Para qué esperar hasta mañana por la noche a las once?… ¡Ah, sí, porque habría sido mucho más bonito!… He tenido siempre la enfermedad del decorado… de lo grandioso… ¡qué infantil!… No hay que pensar más que en uno mismo, en la vida…, en la propia muerte…, el resto es superfluo… ¿Ves lo mojado que estoy?… ¡Ah, querida, es que hice mal en salir!… Hace un tiempo de perros… Además, Christine, creo que tengo alucinaciones… Sabes, el que llamaba hace un rato donde la sirena, vete saber si suena en el fondo del lago, pues bien, se parecía… Así, vuélvete… ¿Estás contenta? ¡Ya estás libre!… ¡Dios mío, tus muñecas, Christine! ¿Les he hecho daño? Dime… Esto sólo merece la muerte… A propósito de muerte, ¡debo cantarle su misa!»

Ilustración: Wikimedia Commons.

Gilbert Keith Chesterton – The Man in the Passage, ilustración de William Hatherell (1913)
Gilbert Keith Chesterton – The Man in the Passage, ilustración de William Hatherell (1913)

El Padre Brown es un sacerdote detective creado por el escritor inglés Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), del cual hemos evocado ya la pasión por las marionetas. Detrás de modales tímidos y humildes, un poco torpe y ridículo, el Padre Brown – que protagonizó más de cincuenta aventuras – oculta una inteligencia superior, un profundo conocimiento de la naturaleza humana y una facultades de deducción que le permiten elucidar los casos criminales más complejos. Uno de ellos, The Man of the Passage (El Hombre en el pasaje, audiolibro en inglés, 1913), es el asesinato de una hermosa actriz, brutalmente apuñalada… The Flying Stars (Las Estrellas errantes, audiolibro en inglés, 1911) es otra aventura en la que el intuitivo padre Brown tendrá que averiguar quién ha robado unos diamantes durante una función teatral familiar y navideña.

Ilustración: Hathitrust.

Gilbert Keith Chesterton – The Man in the Passage, ilustración de William Hatherell (1913)
Gilbert Keith Chesterton – The Man in the Passage, ilustración de William Hatherell (1913)

«Antes de que el padre Brown hubiese podido darse la vuelta con sus pesadas botas, Seymour lo estaba revolviendo todo para buscar el arma. Y antes de que pudiera encontrar el arma o cualquier otra cosa, se oyó cómo unos pasos presurosos avanzaban por el pavimento exterior, y el rostro cuadrado de Cutler apareció en la puerta. Aún sostenía grotescamente en sus manos un ramo de lirios del valle.
– ¿Qué ha ocurrido? —gritó—. ¿Quién es esa criatura del pasaje?. ¿Es alguno de sus trucos?.
– ¿De mis trucos? —siseó su pálido rival, e hizo un amago de abalanzarse hacia él.
En el instante en que todo esto ocurría, el padre Brown caminó hasta el final del pasaje, miró hacia abajo y se acercó presuroso a lo que había visto.
Los otros dos hombres dejaron su disputa y salieron detrás de él. Cutler gritó:
– ¿Qué está usted haciendo?. ¿Quién es usted?.
– Me llamo Brown – dijo el sacerdote con tristeza, mientras se inclinaba sobre algo y se volvía a levantar -. Miss Rome me mandó llamar, y yo vine tan rápido como pude, pero he llegado demasiado tarde.
Los tres hombres miraron hacia abajo y en uno de ellos al menos la vida murió con la última luz del anochecer. Esa luz corría a lo largo del pasaje como un sendero dorado: en el medio yacía Aurore Rome, lustrosa en su vestido verde y oro, con el rostro muerto mirando hacia arriba. Su vestido estaba revuelto como si hubiese ofrecido resistencia, dejando el hombro derecho desnudo, pero la herida de la que manaba abundante sangre estaba en la otra parte. La daga de bronce yacía, plana y brillante, a unos metros de ella.»

Ilustración: Hathitrust.

Ernest Bramah – The Eyes of Max Carrados (1923)
Ernest Bramah – The Eyes of Max Carrados (1923)

Max Carrados es otro detective atípico. Creado por el prolífico autor inglés Ernest Bramah (1868-1942) – autor de numerosos relatos de humor, ciencia-ficción, fantásticos o policíacos -, Max Carrados es un rico heredero que vive retirado en su mansión, coleccionando antigüedades y dedicándose a su pasión, las monedas antiguas. Ciego a consecuencia de un accidente, ha sabido agudizar sus otros sentidos, lo cual le permite ayudar a su viejo amigo, el detective privado Louis Carlyle, a elucidar casos particularmente difíciles. Uno de estos casos es The Missing Actress Sensation (La Sensación de la actriz desaparecida, 1913), que llevará a Max Carrados y investigar sobre una desaparición en el mundo del teatro. The Last Exploit of Harry the Actor (La Última Hazaña de Harry el actor, audiolibro en inglés, 1914) no tiene nada que ver con el teatro: Harry el actor es un famoso estafador que Carrados tendrá que desenmascarar…

Ilustración: Lilly Library Publications Online.

Honoré Daumier - Melodrama (1856-1860)
Honoré Daumier – Melodrama (1856-1860)

Ilustración: Wikimedia Commons.


Jacques Arago – Mémoires d’un petit banc de l’Opéra (1844)
Jacques Arago – Mémoires d’un petit banc de l’Opéra (1844)

Conocimos a Jacques Arago (1790-1855) y su extraordinario viaje de exploración al Nuevo Continente siendo ciego en el dossier de Tesoros Digitales dedicado a la diversidad funcional en la literatura. Este entrañable personaje, a parte de los relatos de sus viajes, escribió mucho teatro de vodevil, así como ensayos de temáticas sociales diversas. A parte de su producción como dramaturgo, Arago publicó dos tratados sobre los teatros de París: Foyers et coulisses : panorama des théâtres de Paris (Vestíbulos y bambalinas: panorama de los teatros de París, 1852) y Physiologie des foyers de tous les théâtres de Paris (Fisiología de los foyers de todos los teatros de París, 1841). Pero es con Mémoires d’un petit banc de l’Opéra (Memorias de un pequeño banco de la Ópera, 1844) que Arago demuestra su talento para desarrollar un tema bajo un enfoque totalmente inaudito. Este pequeño banco de madera, bastante indiscreto, conoce una multitud de anécdotas históricas. Rama de un majestuoso roble, ha observado las ceremonias de los druidas celtas. Más tarde, la rama fue esculpida y sirvió de trono para los reyes de Francia. Después de siglos de buenos servicios, el trono fue retirado, no teniendo ya demasiada utilidad por causas revolucionarias, y transformado en un modesto banco, el cual fue a parar detrás de las bambalinas de la Ópera de París… Ligeras y eruditas, estas memorias de un pequeño banco que se sabía tanto la crónica histórica como los cotilleos del mundo teatral tuvieron mucho éxito – crítico y público – cuando se publicaron.

Ilustración: Google Libros.

Alexandre Dumas – Olympe de Clèves, ilustración de Jules Désandré (1907)
Alexandre Dumas – Olympe de Clèves, ilustración de Jules Désandré (1907)

Hemos evocado, en la primera parte de este trabajo, las obras de tono biográfico que Alexandre Dumas dedicó a Molière, Edmund Kean y Étienne Mélingue. Olympe de Clèves, la actriz que da su nombre a una de las novelas menos conocidas de Dumas, publicada por entregas en 1851-1852, es un personaje ficticio. No obstante, esta historia de amor contrariado por las rivalidades sentimentales y los vaivenes de la política cortesana alrededor del rey Luis XV es la biografía novelada – y embellecida con un romance – de un actor de principios del siglo XVIII. Nacido en Toulouse hacia el año 1702, Banières cursó estudios eclesiásticos que abandonó para alistarse en un regimiento de dragones. Disponiendo de tiempo libre, empezó a escribir obras dramáticas y, poco a poco, a medida que aumentaba su pasión por el teatro, debutó como actor en Toulouse y acabó en París, en el escenario de la Comédie française. Pero su carrera artística no duró: los dragones descubrieron que estaba actuando en París en lugar de cumplir con sus deberes militares y fue fusilado como desertor en 1729. La tragedia de Banières fue que se había beneficiado de un permiso para ir a París, y que el permiso no había expirado aún. Pero Banières había extraviado la carta… A partir de esta historia, Dumas construyó el personaje apasionado de Bannière, cuyo amor por Olympe de Clèves e impulsividad le llevarán a la muerte…

Ilustración: Internet Archive.

Geraldine Endsor Jewsbury
Geraldine Endsor Jewsbury

Geraldine Endsor Jewsbury (1812-1880) fue una novelista y crítica literaria inglesa. Las novelas de esta autora que nunca se casó están marcadas por una clara voluntad de cuestionar la idealización del papel de la mujer como esposa y madre y de fomentar el trabajo de las mujeres como forma de elevación espiritual. Su segunda novela, The Half Sisters: A Tale (Las Hermanastras: un relato, 1854), ilustra las ideas de Jewsbury sobre la condición femenina, oponiendo los destinos de dos hermanastras, la convencional y modélica Alice, a pesar de estar infelizmente casada, y la emancipada Bianca, que trabaja como actriz para poder mantener a su madre enferma…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Henry Monnier – Troupe ambulante (1830)
Henry Monnier – Troupe ambulante (1830)

Amigo de Charles Baudelaire, Victor Hugo y Théophile Gautier, Théodore de Banville (1823-1891) fue una de las figuras literarias más importantes de la mitad del siglo XIX, poeta, autor de numerosos cuentos. Apasionado y erudito del teatro, fue, además de un prolífico dramaturgo, un entusiasta crítico teatral, y ofreció una crónica detallada de la producción dramática de sus contemporáneos. Esta pasión también se refleja en su obra narrativa, en la que encontramos varios cuentos protagonizados por actores. Les Pauvres Saltimbanques (Los Pobres Saltimbanquis, 1853) y La Vie d’une comédienne (La Vida de una comedianta, 1855) son dos cuentos que encabezan volúmenes homónimos en los que encontramos diversos escritos (algunos repetidos en los dos tomos) sobre el teatro: críticas, reminiscencias históricas, relatos… En el primero, Banville evoca el triste destino de una compañía de artistas callejeros que, a pesar de que sus proezas suscitan el entusiasmo del público, no logran recaudar la más mínima moneda para sobrevivir. Sólo una pobre actriz, un autor miserable y un artista errante se apiadarán de ellos y les darán algo con lo que pagarse una cena. La Vie d’une comédienne es la narración de la vida trágica de la comedianta Minette, víctima en su infancia de los malos tratos de sus padres, saltimbanquis alcohólicos y, una vez adulta, de la traición de su amante. Encontrará fugaces momentos de consuelo leyendo los cuentos de hadas de Madame D’Aulnoy, pero no le permitirán escapar a su cruel destino… Une loge d’actrice (Un camerino de actriz, 1883) es un cuento muy corto en la que una famosa actriz le da a su amante celoso una impactante lección de vida. Le Malade guéri (El Enfermo curado, audiolibro en francés, 1885) es un tenor que, para preservar su do de pecho, se obliga a seguir un régimen draconiano…

Ilustración: Gallica.

Philibert Rouvière
Philibert Rouvière

Philibert Rouvière (1809-1865) no fue un actor tan famoso como Talma, Frédérick Lemaître o Mounet-Sully. No obstante, la crítica concuerda en que fue uno de los comediantes que más simpatía se ganó por parte de los artistas y autores de su tiempo. Retratado en 1866 por Édouard Manet en el papel de Hamlet, Rouvière fue el objeto de una completísima biografía escrita en 1855 por Charles Baudelaire (1821-1867), que también le dedicó un homenaje a su muerte en 1865. Escritor emblemático del realismo decimonónico, Champfleury (pseudónimo de Jules François Félix Husson, 1821-1889) publicó en 1854 un relato titulado Le Comédien Trianon (El Comediante Trianon) en el que evoca las impresiones que le habían suscitado la interpretación de un actor llamado Trianon, alter ego de Rouvière. Champfleury volvió a recordar diversas anécdotas sobre Rouvière en unas notas íntimas, en las que nos descubre que el actor también fue un delicado pintor. (Se puede ver una reproducción del cuadro de Rouvière representando dos gatos y evocado en estas notas en el precioso y famoso libro de Champfleury sobre los mininos.)

Ilustración: Gallica.

Édouard Manet – L’Acteur tragique, ou Rouvière dans Hamlet (1866)
Édouard Manet – L’Acteur tragique, ou Rouvière dans Hamlet (1866)

Ilustración: The Athenaeum.

Alphonse Karr
Alphonse Karr

«Aquí tiene, señorita, lo que he imaginado ; por favor no me rechace, me hundiría en la desesperación. Le ofrezco mi amor y lo que poseo ; porque, se lo repito, me haré rico ; le ofrezco el amor al contado ; la fortuna a plazo, de la siguiente manera: firmaré un papel en blanco, validaré esta firma de todas las maneras posibles, y lo depositaré a sus pies. Cuando haya hecho fortuna, completará el blanco de la manera que le guste, y tendré la felicidad de reconocer dignamente lo que me parece más valioso que la corona del rey de Francia.» Esta es la temeraria promesa hecha por el joven Bouret a la actriz Mademoiselle Gaussin, en el cuento Bouret et Gaussin (Bouret y Gaussin, audiolibro en francés, 1856). ¿Cuál será la reacción de la famosa comedianta? Este divertido cuento es obra del novelista y periodista Alphonse Karr (1808-1890), conocido por sus historias humorísticas.

Illustration: Gallica.

Edmond de Goncourt – Les Frères Zemganno (1921)
Edmond de Goncourt – Les Frères Zemganno (1921)

Los hermanos Edmond (1822-1896) y Jules (1830-1870) de Goncourt, figuras ineludibles del naturalismo francés, descubrieron el teatro en su infancia, y nunca dejaron de sentir atracción por esta disciplina. Publicaron en prensa numerosas críticas teatrales, ofreciendo una crónica de las obras que se estrenaban en los años 1852 y 1853, y dando especial protagonismo a los géneros más populares como el vodevil o la pantomima. Su consagración como novelistas les llevó a adaptar sus propias obras – escritas conjuntamente – para la escena. El artista, su psicología y su lugar en la sociedad moderna, figura superior pero marginada por su vida supuestamente artificial y libre, es un tema de predilección de los hermanos Goncourt. En este sentido, su obra está habitada por una multitud de actores, comediantes y saltimbanquis (por ejemplo, Les Frères Zemganno (Los Hermanos Zemganno, 1879), la novela que escribió Edmond después de la muerte de Jules, sobre dos artistas de circo), y destaca particularmente su interés por la figura de la actriz-cortesana, tan propia de la novela del siglo XIX, sobre la que Edmond escribió en 1886 el artículo La Courtisane au théâtre (La Cortesana en el teatro, audiolibro en francés). También publicaron alguna biografía (Sophie Arnould, d’après sa correspondance et ses mémoires inédits (Sophie Arnould, según su correspondencia y sus memorias inéditas, 1859)).

Ilustración: Wikisource.

Sophie Arnould, aquí retratada por Jean-Baptiste Greuze (1773), fue una famosa actriz del siglo XVIII
Sophie Arnould, aquí retratada por Jean-Baptiste Greuze (1773), fue una famosa actriz del siglo XVIII

Ilustración: The Athenaeum.

Edmond y Jules de Goncourt – Armande, ilustración de Marold (1892)
Edmond y Jules de Goncourt – Armande, ilustración de Marold (1892)

En 1852, los hermanos Goncourt publican la novela corta Les Actrices (Las Actrices), que posteriormente titularían Armande, sobre la vida de una actriz de Burdeos que «sube» a París en busca del éxito. Publicado en 1856, el volumen titulado Une voiture de masques (Un coche de máscaras) reúne veintidós cuentos, varios de ellos protagonizados por actores:

  • Une première amoureuse (Un estreno amoroso), los consejos de una joven actriz de provincias a una amiga deseosa de entrar en el Conservatorio. Talento y belleza, éxito e influencia, oportunismo, son algunos de los ingredientes que componían la existencia de las actrices en el siglo XIX.
  • Un poëte (Un poeta) trata de la relación entre una actriz y su admirador.
  • Calinot es un pintor bohemio, cuya vida es más propia de la de un comediante. Este cuento les permite a los hermanos Goncourt evocar a los personajes de la Comedia del Arte.
  • Un comédien nomade (Un comediante nómada) es la evocación de la vida miserable de los actores ambulantes «dando siempre la espalda al éxito, siempre alegres y dispuestos, siempre desbordando de alegres historias, la caja de Pandora debajo del brazo, la caja abierta, la esperanza en el fondo!»

Ilustración: Gallica.

En 1860, los Goncourt vuelven a evocar el mundo teatral con la novela Charles Demailly (Carlos Demailly), pero bajo un nuevo enfoque: el de la prensa y la crítica de las que depende el éxito de los dramaturgos y sus piezas. A este argumento central, añaden las andanzas conyugales tormentosas de una pareja formada por una actriz y un escritor, entre los que progresivamente la fascinación y la admiración dan paso al conflicto y la rivalidad. La novela fue adaptada al teatro en 1892 por Paul Alexis (1847-1901) y Oscar Méténier (1849-1913)

Una escena de la adaptación teatral de «Charles Demailly», 1892
Una escena de la adaptación teatral de «Charles Demailly», 1892

«El periodiquillo era un arma poderosa; improvisaba fortunas, reputaciones, influencias y casi personalidades robustas. […] Eran precisas varias condiciones: fortuna y circunstancias favorables, mucho ingenio y mucha independencia, para lle­gar ¿á qué? á una notoriedad anónima. Los periodiquillos de aquel tiempo, reduciéndose á los pa­rroquianos de los cafés, de los establecimientos públicos y de los gabinetes de lectura, tenían un círculo de acción estrecho, no llegando apenas al público; eran desconocidos entre las familias y no se les permitía la entrada en los hogares. […] El perio­diquillo halagó, explotándola una de las pasiones más viles de la burguesía: dio un arma y una voz á su impaciencia y á su odio, latente, vergonzoso, profundo y vivaz contra los privilegios del talento. La consoló en sus envidias y la reforzó en sus instintos y en sus prejuicios contra la nue­va aristocracia sin casta: la aristocracia de la imaginación. Elementos nuevos, ingresados en la vida literaria durante los diez últimos años, contribuían tam­bién á la fortuna del periodiquillo. Una raza nue­va de ingenios, sin ascendientes y sin bagaje, sin patria en el pasado y libre de toda tradición, ha­bía conseguido notoriedad pública. Encaramados todos en la merecida fama de un precioso libro de uno de sus compañeros, el «Viaje alrededor de una moneda de cinco francos», la bohemia, ese pue­blo menesteroso fustigado y reducido por la necesidad, no entraba en el arte como había entrado la generación precedente; la mayor parte de los hombres de 1830 eran de familias acomodadas: la bohemia, en cambio, necesitaba un medio para satisfacer las exigencias de la vida, mientras per­seguía sus ambiciones; y sus apetitos acogotaban sus creencias. Condenados á la miseria por el escaso rendimiento que ofrecen las obras literarias, los bohemios tuvieron que sucumbir fatalmente á la prensa periódica, la cual encontró en ellos, hombres formados, un ejército dispuesto, uno de esos terribles ejércitos mal vestidos y peor alimen­tados, que se baten por la sopa. La hiel deborada, el pan duro y escaso, las acritudes, los arañazos y salpicaduras de los éxitos que los atropellaban sin reparar ni una vez en ellos, la querida sin abrigo, el hogar sin lumbre, el libro sin editor, las papeletas del Monte de Piedad, las deudas mezquinas y abrumadoras, todo clamando venganza y en es­pera de un dinero que no venía, infundió en la bohemia los odios feroces de un proletariado y hubo en el movimiento que la impulsó hacia El Escándalo algo de un pueblo que se lanza furioso al asalto de una sociedad, como un eco del grito de la jornada del 16 de Abril en 1848: ¡Abajo los guantes! Todo favorecía la fortuna del periodiquillo y logró ser cuanto se propuso: un éxito, una moda, un gobierno y un negocio.»

Ilustración: Gallica.

Edmond de Goncourt – La Faustin, ilustración de Paul Thiriat (1912)
Edmond de Goncourt – La Faustin, ilustración de Paul Thiriat (1912)

A pesar de haber tenido una acogida crítica más bien fría, La Faustin (1881) es considerada como la obra maestra de Edmond de Goncourt y autores como Paul Verlaine, Joris-Karl Huysmans u Oscar Wilde alabaron esta novela sobre la dualidad y el sentimiento de alienación provocado por los papeles que tiene que interpretar una actriz. Desgarrada por los conflictos personales en torno a su vida amorosa, amenazada por el carácter ficticio de sus papeles, Juliette Faustin no consigue ser ella misma, ni independizarse de los personajes. Resulta especialmente interesante el análisis de Goncourt sobre el fenómeno de posesión que se apodera de los actores al interpretar personajes y los lleva a una pérdida de vitalidad e identidad propias…

Ilustración: Gallica.

Edmond de Goncourt – La Faustin, ilustración de Paul Thiriat (1912)
Edmond de Goncourt – La Faustin, ilustración de Paul Thiriat (1912)

«Más que en su espíritu, la actriz notaba como esta operación se realizaba dentro de su persona. Dejaba de ser ella misma, en medio del íntimo y secreto goce que siente el actor a interpretar a otro que a sí mismo. Una mujer nueva, creada por la labor de su cerebro, entraba en su piel, la cazaba, cogía su vida. […] «A partir del día en el que me dan el papel, vivimos juntos. Incluso podría añadir que me posee y me habita. Me coge probablemente más de lo que le doy. Me ocurre casi siempre que adopto, en mi casa o en cualquier sitio, el tono, la fisionomía, el aspecto general que le quiero dar, y eso, de manera inconsciente. […] En tal caso, soy dos. Es todo el secreto de mi trabajo. Pienso y vivo el papel.»»

Ilustración: Gallica.

Edmond About – Gorgeon, ilustración en la revista Caras y Caretas (1923)
Edmond About – Gorgeon, ilustración en la revista Caras y Caretas (1923)

Escritor, periodista, crítico de arte, Edmond About (1828-1885) nunca llegó a ocupar su asiento en la Academia francesa: elegido en enero de 1884, murió a los pocos meses, antes de la ceremonia de su presentación en la prestigiosa institución. Su popularidad se debe a sus cuentos y novelas originales en los que el humor nunca falta. Publicado en el volumen titulado Les Mariages de Paris (Los Matrimonios de París, 1856), Gorgeon (texto en español, audiolibro en francés) es un agridulce cuento con final trágico sobre la relación tormentosa entre un famoso actor y su joven y guapa esposa Pauline, también actriz. A pesar del amor que sienten uno por otro, Gorgeon pronto se siente sumergido por los celos, sentimiento provocado por los cotilleos tan en boga en los círculos teatrales y el creciente número de admiradores de Pauline. Poco a poco la situación se degrada… Más allá de la intriga sentimental que, hasta el final, deja al lector con la esperanza de una reconciliación y un happy end, Gorgeon nos revela que en 1850 como en 2019, los cotilleos sobre la vida privada de los actores apasionaban al público…

Ilustración: Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España.

Louis Carrogis Carmontel – Retrato de Charles Pinot Duclos (S. XVIII)
Louis Carrogis Carmontel – Retrato de Charles Pinot Duclos (S. XVIII)

Publicada anónimamente en 1857 en la revista Household Words editada por Charles Dickens, A Fair Penitent (Una penitente honrada) es un cuento moral atribuido a Wilkie Collins e inspirado en un hecho real: la conversión a carmelita de la actriz francesa del siglo XVIII, Mademoiselle Gautier. La Confession de Mademoiselle Gautier (La Confesión de la Señorita Gautier) en la que la actriz confiesa su vida de vicio y lujuria, se publicó por primera vez en 1806 en las obras completas de un historiador llamado Charles Pinot Duclos (1704-1772), después de ser encontrada en los documentos dejados por el erudito a su muerte. Collins recoge las informaciones proporcionadas por Duclos y nos resume la confesión de Mademoiselle Gautier, terminando con una reflexión moral en la que carga contra la hipocresía de la sociedad y la moral cristiana que en lugar de ayudarla cuando lo necesitó, la hundieron aún más en la desgracia. Arsène Houssaye también publicó, en 1860, su propia versión de la confesión de Mademoiselle Gautier.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Louis Lemercier de Neuville - L’Habit bleu d'azur du marquis Turlurette (1860)
Louis Lemercier de Neuville – L’Habit bleu d’azur du marquis Turlurette (1860)

L’Habit bleu d’azur du marquis Turlurette (El Traje azul del marqués Turlurette, 1860) es un cuento moral destinado a la juventud de Louis Lemercier de Neuville (1830-1918) (ver el capítulo anterior sobre marionetas). El traje azul, que esconde un misterio detrás de su forro, es el verdadero protagonista de este cuento, pasando, de un capítulo a otro, sobre los hombros de distintos propietarios que nunca saben apreciarlo en su justo valor. Entre ellos, se encuentra el vanidoso comediante Petitpeton, más preocupado de su imagen que de la pieza que tiene que interpretar…

Ilustración: Gallica.

Cartel publicitario de la edición ilustrada por Gustave Doré de «Le Capitaine Fracasse» de Théophile Gautier (1868)
Cartel publicitario de la edición ilustrada por Gustave Doré de «Le Capitaine Fracasse» de Théophile Gautier (1868)

Ilustración: Gallica.

Théophile Gautier – Le Capitaine Fracasse, ilustración de Gustave Doré (1866)
Théophile Gautier – Le Capitaine Fracasse, ilustración de Gustave Doré (1866)

Pastiche del Roman comique de Scarron y con claras reminiscencias de Los Prometidos (1821), la novela del italiano Alessandro Manzoni, Le Capitaine Fracasse (audiolibro en francés, 1863) es sin duda la obra de Théophile Gautier (1811-1872) que más huellas ha dejado en el imaginario popular. Adaptada un sinfín de veces para el cine y la televisión, pero también al teatro, la ópera o el cómic, este clásico del género de capa y espada está protagonizada por el barón de Sigognac, último descendiente arruinado de una antigua familia de la aristocracia gascona. Una noche de invierno, alberga a una compañía teatral y se enamora perdidamente de una actriz, la bella Isabelle. Cuando los comediantes reanudan su viaje, Sigognac decide acompañarlos. Compartirá con ellos peripecias y miserias y hasta subirá al escenario, para sustituir al actor que interpretaba al Capitán Matamoros, muerto de frío en una tormenta de nieve, adoptando el pseudónimo artístico de Capitán Fracassa. Pero Sigognac e Isabelle tendrán que afrontar un peligro más grave que el frío y la miseria: el duque de Vallombreuse, también enamorado de la joven, y dispuesto a todo para casarse con ella… Aventuras, amor, duelos, raptos, y por supuesto un final feliz en el que el azar tiene mucho protagonismo. En España, la novela se tradujo en 1877 bajo el título de El Capitán Estruendo.

Ilustración: Gallica.

Théophile Gautier – Le Capitaine Fracasse, ilustración de Gustave Doré (1866)
Théophile Gautier – Le Capitaine Fracasse, ilustración de Gustave Doré (1866)

«Para ser novicio, Sigognac no lo hacía del todo mal, y se conocía que se formaría rápidamente. Tenía buena voz, firme memoria, era bastante instruido y poseía suficiente imaginación para añadir a su papel esas réplicas que nacen de la ocasión y dan mayor animación a las escenas. Los garrotazos que acompañaban la pantomima le incomodaban en extremo y excitaban su coraje, aunque se los diesen con rodetes de tela pintada llenos de estopa ; sus camaradas, que sabían su calidad, los economizaban lo más posible, y sin embargo el buen Sigognac se irritaba a pesar suyo, hacía terribles gestos, fruncía horrorosamente las cejas y lanzaba torvas miradas.»

Ilustración: Gallica.

Adaptación de 1929 de Le Capitaine Fracasse, dirigida por Alberto Cavalcanti y Henry Wulschleger.
Conrad Beckmann - La Invitación nocturna (1890)
Conrad Beckmann – La Invitación nocturna (1890)

Ilustración: Wikimedia Commons.

John Wilkes Booth en 1865
John Wilkes Booth en 1865

Nacido en una familia de actores, John Wilkes Booth (1838-1865) fue un actor estadounidense que obtuvo cierta popularidad en el teatro de Richmond en Virginia. No obstante, la historia no ha recordado su nombre por sus proezas artísticas, sino por haber sido el hombre cuyas simpatías sudistas llevaron a asesinar al presidente Abraham Lincoln, en el teatro Ford de Washington, el 14 de abril de 1865. La inesperada presencia de este personaje histórico en este trabajo se debe a que fue el protagonista – involuntario – de una curiosa anécdota literaria. Charles-Edmond Chojecki (1822-1899) fue un escritor y periodista polaco. Se exilió a Francia en 1844 donde se codeó con la intelligentsia cultural de la época y escribió – en francés – buena parte de su obra literaria. Un día le contó al novelista Victor Cherbuliez (1829-1899) la trama de un relato que se le había ocurrido a raíz del atentado perpetrado contra Lincoln por John Wilkes Booth y le cedió la idea, teniendo demasiado trabajo en aquel momento para sacarla adelante. Cherbuliez la aprovechó y publicó Le Bel Edwards (Eduardo el guapo, audiolibro en francés) en la revista La Revue des deux mondes en julio de 1879. Pero mientras tanto, Chojecki se había olvidado de su conversación con Cherbuliez y había escrito el relato que tenía en mente. La casualidad quiso que lo tuviera a punto al mismo tiempo que su amigo publicó Le Bel Edwards, y en agosto de 1879, Chojecki publicaba, en la Revue alsacienne, su propia versión, que tituló Rose Fleury (Parte 1, parte 2, audiolibro en francés), acompañándola de una carta introductoria en la que explica a los lectores que no deben ver ningún plagio entre estas dos versiones de una misma historia. ¿Qué tendrá que ver John Wilkes Booth en estas dos historias ambientadas en el mundo teatral parisino? Invitaremos a nuestros lectores a que lo descubran leyendo la versión española de Le Bel Edwards.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Victor Hugo - Angelo, tyran de Padoue (1835)
Victor Hugo – Angelo, tyran de Padoue (1835)

Figura ineludible, por no decir dominante, del romanticismo francés, Victor Hugo (1802-1885) se dedicó casi exclusivamente al teatro durante trece años, entre 1830 y 1843. Su primer gran estreno, el de la pieza Hernani (1830), fue el objeto de una violenta batalla (en todos los sentidos del término) entre los defensores del romanticismo y sus detractores, anticipando una larga sucesión de decepciones por la falta de éxito público de sus obras dramáticas y las dificultades materiales. En 1843, el fracaso de su obra Les Burgraves y la muerte prematura de su hija Léopoldine hunden al poeta en una profunda depresión que le llevará a abandonar la escritura teatral. Varios actores aparecen en la obra teatral de Hugo, que mantuvo durante cincuenta años una relación sentimental adúltera con la actriz Juliette Drouet (1806-1883). Por ejemplo, en el drama Marion de Lorme (adaptación para ópera, texto en español, 1831), inspirado en la vida de la cortesana Marion Delorme, en la época del rey Luis XIII. O en Angelo, tyran de Padoue (Angelo, tirano de Pádua, 1835), otro drama histórico ambientado en Italia en una época remota, en el que la actriz y amante del rey Tisbe tiene un papel clave.

Ilustración: Gallica.

Victor Hugo – L’Homme qui rit, ilustración de Georges Antoine Rochegrosse (1869)
Victor Hugo – L’Homme qui rit, ilustración de Georges Antoine Rochegrosse (1869)

Hemos presentado, en las entregas de Tesoros Digitales sobre Londres y sobre diversidad funcional, una novela poco conocida de Victor Hugo, L’Homme qui rit (El Hombre que ríe – a veces publicado con el título demasiado explícito de De orden del rey -, audiolibro en francés, 1869) y nuestros lectores ya conocen este gran fresco histórico, político, filosófico y poético de la aristocracia británica de los siglos XVII y XVIII doblada de una fantástica novela de intriga. Recordemos la escena de la impactante función teatral en la que Gwynplaine, con su sonrisa mutilada, y la ciega Dea crean sensación ante el público londinense.

Ilustración: Internet Archive.

Victor Hugo – L’Homme qui rit, ilustración de Georges Antoine Rochegrosse (1869)
Victor Hugo – L’Homme qui rit, ilustración de Georges Antoine Rochegrosse (1869)

«Ursus había retocado mucho ese entremés. Su osezno se titulaba Caos vencido.
He aquí en qué consistía:
Un efecto nocturno. En el momento en que se corría el telón la multitud reunida delante de la Green-Box sólo veía oscuridad. En esa oscuridad se movían en estado de reptil tres formas confusas: un lobo, un oso y un hombre. El lobo era el lobo, el oso era Ursus y el hombre era Gwynplaine. El lobo y el oso representaban las fuerzas feroces de la naturaleza, los deseos inconscientes, la oscuridad salvaje, y los dos se abalanzaban sobre Gwynplaine; eran el caos que atacaba al hombre. No se distinguía la figura de ninguno de ellos. Gwynplaine forcejeaba cubierto con un sudario y la espesa cabellera caída le ocultaba el rostro. Además, todo estaba en tinieblas. El oso gruñía, el lobo rechinaba los dientes y el hombre gritaba. El hombre llevaba la peor parte, los dos animales lo agobiaban, pedía ayuda y lanzaba un llamamiento profundo a lo desconocido. Jadeaba. Se presenciaba la agonía del esbozo de hombre, todavía apenas diferente de los animales. El espectáculo era lúgubre y los espectadores miraban con el aliento entrecortado. Un minuto más y las fieras triunfarían; el caos reabsorbería al hombre. Lucha, gritos, aullidos, y de pronto el silencio. Luego un canto en la sombra. Había pasado una ráfaga y se oía una voz. Unas músicas misteriosas flotaban acompañando a aquel canto de lo invisible, y súbitamente, sin que se supiera de dónde ni cómo, surgía una blancura. Esa blancura era una luz, esa luz era una mujer y esa mujer era el espíritu. Dea, tranquila, cándida, bella, formidable de serenidad y de dulzura, aparecía en el centro de un nimbo, como una silueta de claridad en la aurora. La voz era ella, una voz ligera, profunda, inefable. De invisible hecha visible en el alba, cantaba. Se creía oír una canción de ángel o un himno de pájaro. Ante esa aparición el hombre, erguido en un sobresalto de deslumbramiento, descargaba sus dos puños sobre los dos animales aterrados.
Entonces la visión, deslizándose de una manera difícil de comprender y en consecuencia tanto más admirada, cantaba estos versos, de una pureza española suficiente para los marineros ingleses que escuchaban:
«¡Ora! ¡Llora!
De Palabra
Nace razón,
Da luze el son.»
Luego Dea miraba hacia abajo como si viese a sus pies un abismo y añadía:
«Noche quítate de allí
el alba canta hallali.»
A medida que ella cantaba el hombre se levantaba cada vez más y el que había estado tendido en el suelo se hallaba ahora arrodillado, con las manos alzadas hacia la visión y las rodillas hincadas en los dos animales inmóviles y como fulminados. Ella continuaba, vuelta hacia él:
«Es menester a cielos ir
y tú que llorabas reír.»
Y, acercándose con una majestuosidad de astro, añadía:
«Gebra barzón!
Dexa, monstro,
a tu negro
caparazón.»
Y le ponía la mano en la frente.
Entonces se oía otra voz, más profunda y por consiguiente más dulce todavía, una voz triste y embelesada, de una gravedad tierna y feroz, y era el canto humano que respondía al canto sideral. Gwynplaine, arrodillado en la oscuridad sobre el oso y el lobo vencidos, con la cabeza bajo la mano de Dea, cantaba:
«¡O ven! ama!
Eres alma,
soy corazón.»
Y bruscamente, en la sombra, un rayo de luz golpeaba a Gwynplaine en pleno rostro.
En esas tinieblas se veía al monstruo claramente.»

Ilustración: Internet Archive.

Charles Baudelaire – Le Spleen de Paris (1917)
Charles Baudelaire – Le Spleen de Paris (1917)

Publicado de manera póstuma en 1869 y conocido como Petits Poèmes en prose (Pequeños Poemas en prosa), Le Spleen de Paris (El Spleen de París, audiolibro en francés) reúne cincuenta poemas en prosa de Charles Baudelaire (1821-1867) que ya habían sido publicados en diversas revistas. Dos de estos poemas evocan conmovedoras figuras de comediantes: el saltimbanqui de Le Vieux Saltimbanque (El Viejo Saltimbanqui), anciano miserable y olvidado de todos en medio de una feria de verano en la que todo es alegría, y Fancioulle, en Une mort héroïque (Una muerte heroica), un bufón que se atrevió a conspirar contra su amo el príncipe. Al descubrirse el complot, se anuncia que el bufón dará una representación para el príncipe y la corte. ¿Será perdonado o al contrario, ésta será su última función?

Ilustración: Internet Archive.

Honoré Daumier – Saltimbanques (S. XIX)
Honoré Daumier – Saltimbanques (S. XIX)

«Al extremo, al último extremo de la fila de barracas, como si, vergonzoso, se hubiera él mismo desterrado de todos aquellos esplendores, vi a un pobre saltimbanqui, encorvado, caduco, decrépito, a la ruina de un hombre, recostado en un poste de su choza; choza más miserable que la del salvaje embrutecido, harto bien iluminada todavía en su desolación por dos cabos de vela corridos y humeantes.
Por dondequiera, gozo, lucro, liviandad; por dondequiera, certidumbre del pan de mañana; por dondequiera, explosión frenética de la vitalidad. Aquí, miseria absoluta, miseria embozada, para colmo de horror, en harapos cómicos, en contraste traído, más que por el arte, por la necesidad. ¡No se reía aquel desgraciado! No lloraba, no bailaba, no gesticulaba, no gritaba, no cantaba ninguna canción, alegre ni lamentable, ni imploraba tampoco. Estaba mudo, inmóvil; había renunciado, abdicado… Su destino estaba cumplido.» (El Viejo Saltimbanqui)

Ilustración: Gallica.

John Watson Nicol – El Bufón de la Corte (1895)
John Watson Nicol – El Bufón de la Corte (1895)

«Fanciullo fue aquella noche una perfecta idealización, que era imposible no suponer viva, posible, real. El bufón iba, venía, reía, lloraba, entraba en convulsión, con una indestructible aureola en derredor de la cabeza, aureola invisible para todos, pero visible para mí, que unía en extraña amalgama los rayos del arte con la gloria del martirio. Fanciullo introducía, por no sé qué gracia especial suya, lo divino y lo sobrenatural, hasta en las bufonadas más extravagantes. Tiembla mi pluma, y lágrimas de emoción siempre presente se me suben a los ojos cuando intento describiros aquella inolvidable velada. Demostrábame Fanciullo, de manera perentoria, irrefutable, que la embriaguez del arte es más apta que otra cualquiera para velar los terrores del abismo; que el genio puede representar la comedia al borde de la tumba con una alegría que no le deje ver la tumba, perdido como está en un paraíso que excluye toda idea de tumba y destrucción.
Todo aquel público, por estragado y frívolo que fuese, pronto sintió el omnipotente dominio del artista. Nadie soñó ya en muerte, luto o suplicio.» (Una muerte heroica)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Antera Baus (1797-1855), aquí retratada por Vicente Camarón en 1829, fue una actriz de nacimiento. Nacida en una familia de actores, subió a las tablas a los once años y llegó a ser «primera dama» de los teatros de Madrid
Antera Baus (1797-1855), aquí retratada por Vicente Camarón en 1829, fue una actriz de nacimiento. Nacida en una familia de actores, subió a las tablas a los once años y llegó a ser «primera dama» de los teatros de Madrid

La Actriz de nacimiento es un artículo de Luis Rivera y Rodríguez (1826-1872), autor dramático, escritor satírico y fundador, con Manuel de Palacio, de la revista madrileña Gil Blas. Publicado en 1871 en el volumen titulado Las Españolas pintadas por los Españoles, este artículo costumbrista narra cómo la actriz de nacimiento, es decir la que ha nacido en una familia de actores, está naturalmente destinada a ser actriz toda su vida. No importa si tiene talento o éxito, ha nacido en el teatro y está hecha para el teatro, al que se dedicará desde su más tierna infancia…

Ilustración: Biblioteca Digital Hispánica.

Émile Zola – La Curée, ilustración de ilustración de Pierre-Georges Jeanniot (1894)
Émile Zola – La Curée, ilustración de ilustración de Pierre-Georges Jeanniot (1894)

Segundo volumen de la saga de los Rougon-Macquart, el gran fresco novelesco sobre la sociedad del siglo XIX de Émile Zola (1840-1902), La Curée (La Jauría, audiolibro en francés, 1871) describe la sociedad libertina e inmoral en París durante el Segundo Imperio (1852-1870), una sociedad a punto de derrumbarse. El protagonista principal es Aristide Rougon, llamado Saccard, especulador inmobiliario sin escrúpulos que logra acumular una fortuna enorme en poco tiempo. Viudo, sus segundas nupcias con Renée Béraud du Châtel son un matrimonio de conveniencia – él para apropiarse de la fortuna de su mujer ; ella para escapar a la vergüenza de un embarazo siendo soltera -, y ambos mantienen su independencia. Hasta que Renée se enamora de Maxime, hijo de Saccard y de su primera esposa, y, tal Fedra del siglo XIX, vive con él una relación casi incestuosa. La Curée presenta un aspecto interesante del teatro, su percepción por parte del espectador y cómo influye en sus sentimientos más íntimos. En una primera escena, Zola nos enseña como Renée, asistiendo con Maxime a una representación de Fedra, se identifica con la heroína y se ve sumergida por la vergüenza de su pecado y el miedo de ser descubierta por su marido. Más adelante, durante un baile organizado en casa de los Saccard, son los propios Renée y Maxime los que se convierten en actores para una función teatral y el personaje que interpreta le permite a Renée operar una catarsis y purificar sus pasiones…

Ilustración: Gallica.

Émile Zola – La Curée, ilustración de Pierre-Georges Jeanniot (1894)
Émile Zola – La Curée, ilustración de Pierre-Georges Jeanniot (1894)

«Pero Renée, cuando habló el anciano, ya no miró, ya no escuchó. La araña la cegaba, un calor sofocante le llegaba de todas aquellas caras pálidas tendidas hacia el escenario. El monólogo continuaba, interminable. Ella estaba en el invernadero, bajo el follaje ardiente, y soñaba que su marido entraba, la sorprendía en brazos de su hijo. Sufría horriblemente, perdía el conocimiento, cuando el postrer estertor de Fedra, arrepentida y moribunda entre las convulsiones del veneno, le hizo abrir los ojos. El telón caía. ¿Tendría fuerzas para envenenarse, un día? ¡Qué mezquino y vergonzoso era su drama, comparado con la epopeya antigua! Y mientras Maxime le anudaba bajo la barbilla su salida de teatro, oía aún retumbar a sus espaldas la ruda voz de la Ristori, a la cual respondía el murmullo complaciente de Enone.»

Ilustración: Gallica.

Cartel para la adaptación teatral de «Nana» (1904)
Cartel para la adaptación teatral de «Nana» (1904)

Ambientada en París entre 1867 y 1870, Nana (texto en español, audiolibro en francés, 1880) es la novena entrega de los Rougon-Macquart y aborda el doloroso tema de la prostitución femenina. Con un hijo nacido cuando tenía dieciséis años, Nana sobrevive prostituyéndose. Su ascenso social se produce cuando interpreta el papel de Venus en un teatro. No sabe ni hablar ni cantar, pero el escueto traje que desvela sus encantos le atrae todas las simpatías masculinas y de miserable prostituta se ve elevada al papel de mundana mantenida por una sucesión de amantes. Hasta que todo empieza a derrumbarse…

Ilustración: Gallica.

Émile Zola – Nana, ilustración de G. Bellenger (1882)
Émile Zola – Nana, ilustración de G. Bellenger (1882)

«En aquel momento las nubes del fondo se apartaron y Venus apareció.
Nana, muy alta y muy desarrollada para sus dieciocho años, envuelta en su túnica blanca de diosa, con sus largos cabellos rubios sueltos sobre los hombros, descendió hasta las candilejas con el mayor aplomo y sonriendo al público. Empezó su famosa aria: Cuando Venus ronda de noche…
Al segundo verso, los espectadores se miraban entre sí. ¿Era aquello una broma, algún capricho de Bordenave? Nunca se había oído una voz tan desafinada, tan sin la menor escuela. Su director supo muy bien lo que decía: «Canta como una grulla». Y ni siquiera sabía estar en escena: echaba las manos hacia delante, en un balanceo de todo el cuerpo, que todos encontraron falso y sin gracia. Ya se oían algunos gruñidos de burla en el patio y entre los abonados, y se silbaba, cuando una voz de polluelo a punto de salir del cascarón lanzó con convicción desde las butacas de patio:
– ¡Muy bien!
Toda la sala le miró. Era el querubín, el colegial escapado, con sus bonitos ojos encandilados y su rostro encendido al ver a Nana. Cuando vio que todo el mundo se volvía hacia él, se avergonzó, por haber hablado en voz alta y sin querer. Daguenet, su vecino, lo examinaba con una sonrisa; el público reía, como desanimado y sin pensar ya en silbar, y entre tanto los jóvenes de guantes blancos, entusiasmados también por el garbo de Nana, se embobaban y aplaudían.
– ¡Así! ¡Muy bien! ¡Bravo!
Nana, mientras, al ver reír a la sala, también rio. La alegría fue en aumento. Y si bien se miraba, aquella hermosa joven tenía gracia. Riendo, se le marcaba un encantador hoyuelo en la barbilla. Ella esperaba sin embarazo, muy segura, ganándose a continuación y fácilmente al público, como si le dijese con un guiño picaresco que si bien no tenía talento, eso no importaba, porque tenía otra cosa. Y luego de dirigirse al director de orquesta con un significativo gesto que parecía decir: «Vamos allá, buen hombre» empezó a cantar el segundo cuplé: A medianoche Venus pasa.»

Ilustración: Gallica.

Jean-Louis Forain - Bailarina y admirador tras la escena (1903)
Jean-Louis Forain – Bailarina y admirador tras la escena (1903)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Alphonse Daudet - Fromont jeune et Risler aîné, ilustración de Georges Roux (1894)
Alphonse Daudet – Fromont jeune et Risler aîné, ilustración de Georges Roux (1894)

Autor de diecisiete obras de teatro, Alphonse Daudet (1840-1897) fue también un exitoso novelista y cuentista francés, inmortalizado por sus obras ambientadas en su Provenza natal. Más allá de su faceta de escritor regional, Daudet fue un maravilloso retratista de la sociedad parisina de la mitad del siglo XIX. Su volumen de crónicas y recuerdos teatrales Entre les frises et la rampe : petites études de la vie théâtrale (Entre bambalinas y candilejas: pequeños estudios de la vida teatral, 1894) nos da una idea de su talento como crítico. Publicada en 1874 Fromont jeune et Risler aîné (Fromont y Risler: la razón social, costumbres parisienses, audiolibro en francés) fue la primera novela de costumbres de Daudet y la que le trajo la fama. Esta novela social y sentimental sobre los destinos cruzados de los dueños de una manufacturera de papel en París hacia 1874 – destinos que se verán alterados por el matrimonio de uno de ellos con una mujer maquiavélica y ambiciosa – tiene entre sus protagonistas principales a un actor que lleva quince años en paro y viviendo de los trabajos de costura de sus esposa e hija: orgulloso de su talento, está convencido de que los directores no lo contratan por envidia o mala voluntad… Ideada en un principio para ser una obra dramática, Fromont jeune et Risler aîné fue finalmente una novela que se transpuso posteriormente al teatro. En España, encontramos dos adaptaciones teatrales distintas: La Razón social (1903) y Alsina y Ripoll (1906).

Ilustración: Gallica.

Alphonse Daudet – La Fédor, ilustración de Fabrès (1897)
Alphonse Daudet – La Fédor, ilustración de Fabrès (1897)

Esencialmente conocido por sus cuentos sobre el trágico desenlace de la guerra franco-prusiana, el volumen de los Contes du lundi (Cuentos del lunes, 1873) reúne una cuarentena de cuentos y relatos de Daudet. La segunda parte, titulada Tableaux parisiens (Cuadros parisinos), ofrece un conmovedor boceto realista de la vida en París. Un soir de première (Una noche de estreno, audiolibro en francés) pertenece a esta segunda parte y nos describe los nervios de un autor dramático cuya última obra está a punto de ser interpretada por primera vez en un escenario. A los nervios seguirán la decepción y la tristeza de no haber sido aplaudido como esperaba. Una situación sin duda de inspiración autobiográfica: dos piezas de Daudet, estrenadas el año anterior, en 1872, recibieron una acogida muy fría y pasaron varios años antes de que el provenzal volviera a escribir para la escena. La Fédor : pages de la vie (La Fédor : páginas de la vida, audiolibro en francés, 1897) es una novela corta en la que Daudet realiza un análisis introspectivo de los remordimientos de un hombre felizmente casado al enterarse del fallecimiento de La Fédor, una famosa actriz que había sido su amante años atrás, y al descubrir la pasión insospechada que le había inspirado a esta mujer.

Ilustración: Gallica.

Hector Malot – Sans famille, ilustración de Émile Bayard (1883)
Hector Malot – Sans famille, ilustración de Émile Bayard (1883)

Prolífico autor de cerca de sesenta novelas, Hector Malot (1830-1907) fue un escritor muy popular en su tiempo y hasta los años 1930. Sus obras, muchas de ellas publicadas por entregas en la prensa, constituyen un fresco panorámico de la sociedad francesa en la segunda mitad del siglo XIX. Adaptada un sinfín de veces para el cine, la televisión o el cómic, Sans famille (Sin familia, audiolibro en francés, 1878) es una novela iniciática destinada a un público juvenil. Cuenta las aventuras de un pequeño huérfano, Rémy, vendido por sus padres adoptivos a un anciano saltimbanqui, Vitalis. El artista recorre las carreteras acompañado de un mono y tres perros con los que da espectáculos en los pueblos. Pronto, Rémy se convierte en un miembro más de la tropa… La novela titulada La Fille de la comédienne (La Hija de la comedianta, 1875) poco tiene que ver con el teatro: la comedianta que inspira el título sólo aparece al principio, a punto de morir, para anunciar a un antiguo amante, un rico marqués, que tuvieron una hija juntos, ahora recluida en un convento, y que, ella muerta, será él el que deberá hacerse cargo de la joven…

Ilustración: Gallica.

Charles Monselet – Les Tréteaux, frontispicio de Félix Bracquemond (1859)
Charles Monselet – Les Tréteaux, frontispicio de Félix Bracquemond (1859)

La Franc-Maçonnerie des femmes (La Masonería de las mujeres, 1856), seguida de Les Mystères du boulevard des Invalides (Los Misterios del bulevar de los Inválidos, 1873), es una sorprendente novela de intriga policíaca con un toque de romance en la que una famosa cantante parisina usa de su poder en una poderosa organización femenina, especie de policía secreta dirigida por y para las mujeres, para vengarse del amante que la ha abandonado. Hoy olvidado, el autor de esta novela, Charles Monselet (1825-1888), fue un escritor polifacético, novelista, dramaturgo, poeta,… También periodista, fue uno de los primeros en Francia en introducir críticas gastronómicas en la prensa. Epicúreo, sus obras suelen estar llenas de buen humor y vitalidad. No es el caso de los dos cuentos La Mort d’un comédien (La Muerte de un comediante, 1876) y La Fin d’un comédien (El Fin de un comediante, 1888), dos cuentos negros protagonizados por actores. El primero muestra a un moribundo obsesionado, hasta el último suspiro, por lo que ocupó toda su vida: el teatro y sus papeles. En cuanto al comediante del segundo título, unas inversiones fallidas y una progresiva pérdida de memoria le han obligado a renunciar a la escena, después de décadas de éxito, y a ganarse la vida como hostelero… Más alegres son Les Tréteaux (Los Caballetes, 1859). Este libro reúne sainetes satíricos en los que Monselet se mete, con humor y originalidad, con sus contemporáneos hombres de letras: los Dumas padre e hijo, los Goncourt, Arsène Houssaye o Théophile Gautier

Ilustración: New York Public Library Digital Gallery.

Édouard Cadol
Édouard Cadol

Protegido de George Sand, Édouard Cadol (1831-1898) fue un consagrado dramaturgo de la segunda mitad del siglo XIX y un respetado miembro del comité de selección de obras de la Comédie française. En margen de su actividad teatral, Cadol publicó novelas y cuentos, que se pueden integrar en la corriente naturalista. Rose, splendeurs et misères de la vie théâtrale (Rose, esplendores y miserias de la vida teatral, 1873) es una de sus novelas en la que, después de Zola y antes de Huysmans, Cadol revisita el tema del ascenso y posterior caída de una actriz. Monsieur « Ugène » (1888) es un conmovedor cuento de Édouard Cadol. El protagonista que da su apodo al título es un actor parisino que, a pesar de ser el artista estrella de su teatro, gana lo justo para subsistir… Una noche, su vecina, madre soltera vencida por la miseria y el deshonor, se suicida, dejando sola a una niña de dos años. Monsieur « Ugène » no se resigna a enviar a la pequeña a un orfanato y decide adoptarla…

Ilustración: Gallica.

Joris-Karl Huysmans – Marthe, histoire d’une fille, ilustración de Jean-Louis Forain (1879)
Joris-Karl Huysmans – Marthe, histoire d’une fille, ilustración de Jean-Louis Forain (1879)

Primera novela de Joris-Karl Huysmans (1848-1907), Marthe, histoire d’une fille (Marthe, historia de una prostituta, audiolibro en francés, 1876) se publicó en Bruselas por miedo a la censura: muy virulenta en aquellos tiempos en Francia, le había valido al escritor Jean Richepin una pena de un año de cárcel por publicar un libro sobre un tema parecido, el destino de una mujer que la hipocresía y la codicia de la sociedad obligan a prostituirse desde muy joven para poder subsistir. Introducida en Francia en contrabando, Marthe, histoire d’une fille llegó a diversas personalidades literarias parisinas, entre las cuales se encontraban los hermanos Goncourt y sobre todo, el papa del realismo, Émile Zola, que le ofreció su protección al joven Huysmans. Después de producir varios cuentos y novelas naturalistas, Huysmans rompió en 1884 con este movimiento, se acercó al decadentismo y se convirtió en una figura inclasificable del panorama literario de este fin de siglo. Marthe, histoire d’une fille cuenta los destinos entrelazados de Marthe, joven prostituta, de Ginginet, antiguo actor convertido en viejo borracho, y el poeta Leo. Ginginet hace de Marthe la vedette del cabaret de Bobino. Sin talento alguno, abandona la escena para vivir un romance con Leo. Pero el poeta, decepcionado por la falta de cultura de Marthe, la abandona a una vida de prostitución y miseria…

Ilustración: Gallica.

Félicien Rops - Dans les coulisses (ca. 1878)
Félicien Rops – Dans les coulisses (ca. 1878)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Jeanne Thilda - Les Cauchemars d’une comédienne, ilustración de Henriot (1878)
Jeanne Thilda – Les Cauchemars d’une comédienne, ilustración de Henriot (1878)

El desenlace del cuento Les Cauchemars d’une comédienne (Las Pesadillas de una actriz, 1878) probablemente molestará al lector del siglo XXI, más aún cuando sepa que lo escribió una mujer, la escritora belga Jeanne Thilda (pseudónimo de Mathilde Kindt, 1833-1886)… Una famosa y adulada actriz no siente ningún tipo de atracción por un periodista, el cual tampoco le manifiesta ningún interés. No obstante, todas las noches, la actriz sueña con él, y sus pesadillas están llenas de sensualidad. Decidida a acabar con esta obsesión, invita al periodista a visitarla una tarde a su casa…

Ilustración: Wikisource.

Se suele asociar el nombre de Lafcadio Hearn (1850-1904) al Japón, dado que este escritor irlandés instalado en la Isla del Sol Naciente en 1890, casado con una japonesa, y nacionalizado japonés, dedicó buena parte de su producción literaria para dar a conocer al mundo occidental las costumbres y leyendas de su país de adopción. Se sabe menos que Hearn, antes de viajar a Japón, vivió más de diez años en Nueva Orleans y un año en la Martinica y que publicó numerosas obras sobre la cultura criolla: novelas, cuentos tradicionales, libros de cocina… Les Coulisses: souvenirs of a Strakosch Opera Night (Las Bambalinas, recuerdos de una noche de ópera de Strakosch, 1879) no es un cuento tradicional criollo, sino una ensoñación poética nacida mientras asistía a una función de una ópera de Maurice Strakosch (1825-1887) en el French (o Creole) Opera House de Nueva Orleans. En este texto, Hearn compara el mundo que hay detrás del telón del teatro, los decorados, la mezcla de trajes de diversas épocas, la música y los aplausos, etc… a una inmersión en un cuento de hadas.

French Opera House de La Nueva Orleans (ca. 1910)
French Opera House de La Nueva Orleans (ca. 1910)

Ilustración: Wikimedia Commons.

François Coppée
François Coppée

Poeta de los más humildes, de la nostalgia y la tristeza, François Coppée (1842-1908) fue también un prolífico dramaturgo, novelista y cuentista, muy popular en su tiempo. Trabajó en la biblioteca del Senado y fue, de 1878 a 1884 – año en el que fue elegido en la Academia francesa – el archivero de la Comédie française. Ambientados en el mundo del teatro parisino, los cuentos L’Enfant de la balle (La Hija del teatro, 1880) y Les Pommes cuites (Las Manzanas asadas, audiolibro en francés, 1890) son dos historias muy tristes. L’Enfant de la balle es un cuento en versos en el que Coppée relata el nacimiento y la tierna infancia de una niña nacida en un teatro, hija de actores. Mascota de la compañía, la pequeña crece feliz, rodeada de artistas hasta que la eligen para interpretar el papel de una huérfana en un melodrama popular. Tiene talento, y la pieza es todo un éxito, pero… Les Pommes cuites son las que prepara una anciana frutera en un puesto callejero. Un día, una famosa actriz, encaprichada por comer estas manzanas asadas, recuerdos de su juventud humilde, y un autor dramático tan escandaloso como celebrado, se cruzan delante del puesto de la frutera. Es el punto de partida de una cruel historia de ambición en la que la víctima no es la que el lector esperará…

Ilustración: Gallica.

Arsène Houssaye – Le Violon voilé (1883)
Arsène Houssaye – Le Violon voilé (1883)

Tanto el argumento como el desenlace del cuento Le Violon voilé (El Violín velado, audiolibro en francés, 1883) de Arsène Houssaye (1814-1896) tienen claras similitudes con Les Pommes cuites de François Coppée, publicado siete años después: una actriz ambiciosa y frívola y un músico ingenuo y perdidamente enamorado de la actriz son los protagonistas de esta trágica historia. En 1896, Houssaye publicó otro cuento, Le Jeu des fantômes (El Juego de los fantasmas, audiolibro en francés), en el que recuerda como, junto con sus amigos de bohemia Théophile Gautier y Gérard de Nerval, tuvieron como vecina a Mademoiselle Clemencia, una joven y hermosa actriz del teatro del Odéon, destinada a una muerte precoz y misteriosa. Al poco tiempo de ser enterrada, Clemencia empezó a aparecer en las escaleras del inmueble…

Ilustración: Internet Archive.

Hemos evocado, en los capítulos anteriores, el vínculo estrecho entre el teatro y la obra de Antón Chéjov (1860-1904). Obviamente, entre los seiscientos cuarenta y nueve cuentos y relatos publicados por el ruso, varios se ambientan en el mundo teatral o están protagonizados por actores y ofrecen un instructivo caleidoscopio sobre el lugar del teatro y los actores en la sociedad rusa a finales del siglo XIX.

Leonid Solomatkin – El Ensayo (1867)
Leonid Solomatkin – El Ensayo (1867)
  • Трагик (El Trágico, 1883) cuenta la historia del entusiasmo de la joven Macha, hija del jefe de la policía, por el teatro y una compañía de actores, entusiasmo que la llevará a huir de la casa paterna para casarse en secreto con el actor trágico Fenoguenov, hombre sin escrúpulos más interesado por la fortuna del padre que por la hija…

Ilustración: The Athenaeum.

  • На кладбище (En el cemeterio, 1884), como El Trágico, es una historia de promesas incumplidas por parte de un actor. Pero esta vez, la víctima es un hombre: en un cementerio, un grupo de hombres se dedica a comentar cómo vivieron y murieron los inquilinos del lugar. Otro hombre llega, en busca de la tumba del actor Múshkin, y les cuenta cómo el actor le incitó a abandonar a sus padres, prometiéndole mil cosas que nunca cumplió…
Leonid Solomatkin – El Descanso de los actores (1869)
Leonid Solomatkin – El Descanso de los actores (1869)

Ilustración: The Athenaeum.

  • Страдальцы (Los Mártires, 1886) es también una historia de agonía, pero algo simulada: una joven y adulada actriz – víctima de una crisis de autoestima – se convence de que está enferma e interpreta, de manera inconsciente, para un marido y una corte de admiradores preocupadísimos, el papel de una mujer agonizando…
  • El Dramaturgo (1886) es la satírica visita de un dramaturgo a su médico por problemas digestivos. Cuando el médico le pide que le describa como transcurren sus jornadas, para averiguar si el estrés es el culpable de la enfermedad, aparece que la rutina cotidiana del dramaturgo está puntuada de vasitos de vodka… En cuanto a su trabajo, consiste en buscar piezas alemanas o francesas, hacerlas traducir por un puñado de rublos, y él les da el toque final, cambiando los nombres y lugares por nombres rusos. Muy duro…
Leonid Solomatkin – Los Actores ambulantes (1871)
Leonid Solomatkin – Los Actores ambulantes (1871)
  • Панихида (Réquiem, 1886). El tendero de un pueblecito, hombre simple y basto, recuerda a su hija, niña que creció demasiado rápido, con la que tuvo pocas relaciones afectivas, pero a la que repudió brutalmente cuando le anunció que marchaba a Moscú para ser actriz…

Ilustración: The Athenaeum.

  • Скучная история (Una historia aburrida, 1889) es la de Nikolái Stepánovich, 62 años, estimado profesor de universidad, que, llegado a la vejez y sintiendo el declive de su salud, está aburrido de todo y de todos, en particular de su esposa y su hija. La única persona que despierta interés en él es Katia, su ahijada. Nunca se interesó demasiado por ella durante su infancia, y menos aún compartió su pasión por el teatro que la llevó a pisar las tablas ; además, la vida liberada de Katia la margina de la buena sociedad. No obstante, es a su lado donde el anciano mejor se encuentra…
  • После театра (Después del teatro, texto en inglés, 1892), Nadia, dieciséis años, aún impresionada por la pieza romántica a la que acaba de asistir, empieza a escribir a sus dos pretendientes para ponerlos a prueba.
Leonid Solomatkin – Pulcinella (1882)
Leonid Solomatkin – Pulcinella (1882)
  • Душечка (La Querida, texto en inglés, 1899). Olga Plemiannikova es una joven tranquila con una enorme necesidad de amar. Se sucederán en su vida varios hombres con los que formará parejas inseparables, ella acoplándose a las necesidades y los pensamientos de sus esposos. Estos matrimonios serenos, sin nubes, se verán truncados por las muertes prematuras de los maridos. El primero de ellos es Ivan Kukin, mánager del teatro vecino, con dificultades financieras.

Ilustración: The Athenaeum.

Nikolai Vasilevich Nevrev – El Actor Pavel Mochalov con sus admiradores (1888)
Nikolai Vasilevich Nevrev – El Actor Pavel Mochalov con sus admiradores (1888)

«Al día siguiente se sentaron a la mesa del jefe de policía el empresario Limonadov, el actor cómico Vodolasov y el trágico Fenoguenov. Los demás, excusándose cada uno como Dios les dio a entender, no acudieron.
La comida fue aburridísima. Limonadov, desde el primer plato hasta los postres, estuvo hablando de su estimación al jefe de policía y a todas las autoridades. De sobremesa, Vodolasov lució sus facultades cómicas imitando a los comerciantes borrachos y a los armenios, y Fenoguenov, un ucranio de elevada estatura, ojos negros y frente severa, recitó el monólogo de Hamlet. Luego, el empresario contó, con lágrimas en los ojos, su entrevista con el anciano gobernador de la provincia, el general Kaniuchin.
El jefe de policía escuchaba, se aburría y se sonreía bonachonamente. Estaba contento, a pesar de que Limonadov olía mal y Fenoguenov llevaba un frac prestado, que le venía ancho, y unas botas muy viejas. Placíanle a su hija, la divertían, y él no necesitaba más. Macha, por su parte, miraba a los artistas llena de admiración, sin quitarles ojo. ¡En su vida había visto hombres de tanto talento, tan extraordinarios! Por la noche fue de nuevo al teatro con su padre.
Una semana después, los artistas volvieron a comer en casa del funcionario policíaco. Y las invitaciones, ora a comer, ora a cenar, fueron menudeando, hasta llegar a ser casi diarias. La afición de Macha al arte teatral subió de punto, y no había función a la que no asistiese la joven.» (El Trágico)

Ilustración: The Athenaeum.

Boris Mikhailovich Kustodiev – El Palco (1909)
Boris Mikhailovich Kustodiev – El Palco (1909)

«Lamento no haber tenido tiempo ni ganas de observar el origen y el desarrollo de una pasión que se apoderó por completo de Katia a la edad de catorce o quince años. Me refiero a su desmesurado amor por el teatro. Cuando dejaba el internado para pasar con nosotros las vacaciones, de nada hablaba con tanto placer y entusiasmo como de las obras dramáticas y de los actores. Sus continuos comentarios sobre el teatro nos fatigaban. Mi mujer y mis hijos no la escuchaban. Yo era el único que no tenía el valor de negarle mi atención. Cuando sentía la necesidad de compartir sus propios entusiasmos, entraba en mi despacho y me decía con voz suplicante:
– ¡Nikolái Stepánich, permítame que le hable del teatro!
Yo le mostraba el reloj y le decía:
– Te concedo media hora. Adelante.
Más tarde empezó a llevar a casa docenas de retratos de actrices y de actores, a los que adoraba; luego se aventuró a participar en varios espectáculos de aficionados y, por último, cuando concluyó los estudios, me anunció que había nacido para ser actriz.
Nunca compartí su devoción por el teatro. En mi opinión, si una obra es buena, no es necesario que los actores se esmeren para que produzca el efecto deseado: basta con que se limiten a leerla. Y, si es mala, ninguna actuación la salvará.» (Una historia aburrida)

Ilustración: The Athenaeum.

Boris Mikhailovich Kustodiev - El Palco (1912)
Boris Mikhailovich Kustodiev – El Palco (1912)

Ilustración: The Athenaeum.

Philippe Chaperon – Cabotinage, ilustración de Oswaldo Tofani (1883)
Philippe Chaperon – Cabotinage, ilustración de Oswaldo Tofani (1883)

Cabotinage (1883) es un cuento ligero de adulterio y engaños amorosos, protagonizado por un matrimonio de burgueses, un actor y un contable… Se publicó en el volumen Nouvelles parisiennes (Relatos parisinos) del escritor y dramaturgo Philippe Chaperon (1853-1938).

Ilustración: Gallica.

Leonetto Cappiello – Caricatura de Catulle Mendès (S. XX)
Leonetto Cappiello – Caricatura de Catulle Mendès (S. XX)

Novelista, dramaturgo, libretista, Catulle Mendès (1841-1909) fue también un fecundo cuentista. Uno de sus volúmenes de cuentos más conocidos, Monstres parisiens (Monstruos parisinos, 1882) ofrece los retratos de una treintena de caracteres tan excesivamente humanos que resultan monstruosos. Entre estos personajes que hoy en día llamaríamos tóxicos, varios pertenecen al mundo del teatro: Narcisse Dangerville, Marthe Caro, Léo, en Le Mari de Léo (El Marido de Leo), Le Directeur de théâtre (El Director de teatro), Félix Gargassou… Un ejemplo de estos monstruos parisinos es La Mère d’acteur (La Madre de actor): Mendès inicia su retrato presentándonosla como una madre-coraje que lo ha sacrificado todo para que su hijo, joven y delicado andrógino de diecisiete años, entre en el Conservatorio para ser actor. Poco a poco, el cuadro idílico se transforma en pesadilla y la anciana desvela la cara oculta de sus ambiciones para su Emmelin: el objetivo es que el joven seduzca a alguna poderosa marquesa y se convierta en su protegido y para alcanzarlo, la madre está dispuesta a ahuyentar a todas las mujeres sin dinero susceptibles de ser amadas por Emmelin… A pesar de sus oscuros fines, la anciana no logra ser antipática, tan convencida de que lo hace todo para conseguir lo mejor para su hijo y dispuesta a borrarse de su vida, una vez haya podido colocarlo en una situación segura y estable.

Ilustración: Gallica.

Catulle Mendès – Le Comédien, ilustración de Fernand Besnier (1884)
Catulle Mendès – Le Comédien, ilustración de Fernand Besnier (1884)

Le Comédien (El Comediante, 1888) pertenece a otro volumen de cuentos, libertinos, titulado Pour lire au bain (Para leer en la bañera). La sensualidad en este cuento radica en las descripciones que hace Mendès de las emociones de las espectadoras cuando ven a actuar al comediante. Pero él permanece impasible, insensible a los encantos de todas…

Ilustración: Gallica.

«Cuando entra en escena, – señor de satén blanco en el que se encienden oros, caballero vestido de un paño casi negro – un estremecimiento de bienestar y de deseo sube de un vestido a otro desde las primeras filas hasta las galerías superiores, por culpa de su delgadez tan esbelta como robusta, de sus ojos morenos en los que nada un sueño, de sus labios similares a los de una mujer, y de sus hermosas manos, un poco largas, a las que mira cuando habla. En los palcos, los abanicos de las mundanas se aceleran, refrescando los enrojecimientos, los banquitos caen del tic-tac nervioso de los botines ; el desfallecimiento de las burguesas gordas, en el balcón, infla la seda de las blusas, a punto de reventar como un globo demasiado lleno de gas ; y, allá arriba, las pequeñas obreras huelen besos imaginarios en el azúcar ácido de las mandarinas. No parece percatarse de la conmoción que provoca. Ni una mirada que entiende, ni un gesto que agradece. Triunfa, como sin saberlo ; al orgullo de ser victorioso, añade el orgullo de despreciar su victoria. Está tranquilo, con un poco de frialdad. Incluso, para que ninguna espectadora pueda interpretar a su favor los arrebatos apasionados del papel, es con una voz muy calmada, sin temblor, que dice: «Le adoro» a la enamorada de la pieza, mirando sus hermosas y largas manos, siempre.»

Jean Béraud – Le Monologue (1882)
Jean Béraud – Le Monologue (1882)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Georges Ohnet – Lise Fleuron, edición española (1884)
Georges Ohnet – Lise Fleuron, edición española (1884)

En 1883 y 1884, se publicaron, con pocos meses de diferencia, dos novelas que fueron extremadamente populares (ambas alcanzaron más de cien ediciones) y presentan dos figuras de actrices muy similares, dos mujeres nacidas en familias muy humildes que el destino llevará a pisar las tablas. Tanto Criquette, del dramaturgo, libretista y novelista Ludovic Halévy (1834-1908), como Lise Fleuron (texto en español, 1884), del escritor de novelas populares Georges Ohnet (1848-1918), son heroínas melodramáticas de trayectoria irreprochable, que saben esquivar las trampas de aquel mundo de lujuria y perdición que es el teatro. Si la crítica fue bastante clemente con Criquette, agradeciendo a Ludovic Halévy no haber caído en un realismo sórdido a lo Zola, destrozó a Ohnet y su Lise Fleuron de manera unánime. Una curiosidad de las que tanto nos gusta encontrar en Tesoros Digitales: en la revista La Caricature que dirigía, el ilustrador y satirista Albert Robida (1848-1926) resumió las dos novelas de forma gráfica, ofreciendo a sus lectores dos aleluyas sobre las vidas de Santa Criquette y Santa Lise Fleuron…

Ilustración: Biblioteca Digital Hispánica.

Fuente de las ilustraciones (por orden de presentación): Gallica, Gallica.

Louis-Léopold Boilly – El Efecto del melodrama (1830)
Louis-Léopold Boilly – El Efecto del melodrama (1830)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Madame Pasca (pseudónimo de Alice Marie Angèle Pasquier, 1833-1914), aquí retratada en 1874 por Léon Bonnat, fue una actriz del repertorio dramático
Madame Pasca (pseudónimo de Alice Marie Angèle Pasquier, 1833-1914), aquí retratada en 1874 por Léon Bonnat, fue una actriz del repertorio dramático

El teatro no ocupa un lugar preponderante en la obra de Guy de Maupassant (1850-1893). Su abundante producción literaria – seis novelas, más de mil crónicas, cuentos o relatos, y cinco piezas teatrales – se concentró entre 1880 y 1890, fecha a partir de la cual Maupassant abandonó la escritura, hundiéndose progresivamente en la depresión, la paranoia y las consecuencias mentales y físicas de la sífilis. Entre sus crónicas periodísticas, encontramos varios textos sobre el teatro: consideraciones sobre la actualidad de la escena, reflexiones sobre la escritura o el arte de actuar…: Madame Pasca (1880), L’Homme de lettres (El Hombre de letras, 1882), Les Femmes de théâtre (Las Mujeres de teatro, 1882), Les Masques (Las Máscaras, 1883).

Ilustración: Wikimedia Commons.

Guy de Maupassant – Les Bijoux, ilustración de Lucien Métivet (1905)
Guy de Maupassant – Les Bijoux, ilustración de Lucien Métivet (1905)

En diversos cuentos de Maupassant, el teatro es un elemento recurrente del telón de fondo de sus argumentos, contribuyendo a crear este ambiente urbano tan propio de la época. Muy frecuentemente, los protagonistas acaban la velada en algún teatro parisino, pero sin que esta actividad interfiera con su vida o el desarrollo de la intriga. En realidad, encontramos pocos actores entre los protagonistas de los cuentos de Maupassant. La Toux (La Tos, audiolibro en francés, 1883) es el título de un cuento un poco escabroso, en el que una actriz, en la cama con un nuevo amante, produce un molesto y vergonzoso ruido: «de repente un dolor interior, punzante, viajero, la recorrió. Éste comenzó en la cavidad del estómago y empezó a moverse hacia… hacia… hacia la parte inferior del pecho… con un discreto ruido intestinal como de trueno.» ¡Obviamente, Maupassant no podía titular su cuento como «Flatulencia»!
Monsieur Lantin, pequeño empleado de un ministerio, y su esposa forman el matrimonio feliz protagonista de Les Bijoux (Las Joyas, audiolibro en francés, 1884). Madame Lantin es una esposa perfecta. Sólo tiene dos defectos: su pasión por el teatro y por las joyas de pacotilla. Pero como no le impone a su marido que le acompañe al teatro, la vida sigue su curso sin nubes. Hasta que un día, Madame Lantin se resfría al volver de la Ópera y muere repentinamente. El viudo hará entonces un sorprendente descubrimiento…

Ilustración: Internet Archive.

Durante un paseo en la Costa Azul, el narrador de Julie Romain (texto en español, audiolibro en francés, 1886) descubre una hermosa villa y descubre que en ella vive Julie Romain, una antigua actriz cuyos amores escandalizaron el mundo décadas antes. Sin pensárselo, el narrador llama a la puerta y pide audiencia a la comedianta retirada… Un hermoso cuento sobre el paso del tiempo y la nostalgia de los amores de la juventud.

«También me retiré yo para no volverles a ver, porque comprendí que aún debía durar mucho tiempo aquel espectáculo que evocaba todo el pasado, todo aquel pasado de amor que hacía palpitar todavía el corazón de la anciana actriz y de la antigua enamorada.»

Ilustración: Internet Archive.

Jean Béraud – Le Théâtre des Variétés (entre 1875 y 1890)
Jean Béraud – Le Théâtre des Variétés (entre 1875 y 1890)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Félix Galipaux en 1894-1895
Félix Galipaux en 1894-1895

Félix Galipaux (1860-1931) fue un dramaturgo, novelista, actor, humorista y violinista francés. Además de piezas teatrales – comedias, sainetes, fantasías, monólogos – Galipaux publicó varias obras sobre el teatro: desde la saga familiar de los Luguet, dinastía de comediantes desde el siglo XVIII, hasta una divertida novela, La Tournée Ludovic: journal d’un comique voyageur (La Gira Ludovic: diario de un cómico viajante, 1914), en la que recrea las desventuras de una compañía teatral durante una gira. Pero son las Galipettes (Volteretas, 1887) su obra narrativa más famosa: este conjunto de cuentos y anécdotas sobre el mundo del teatro tuvo tanto éxito que Galipaux lo completó con otros cinco volúmenes (Encore des galipettes (Más volteretas), Toujours des galipettes (Siempre volteretas), Rien que des galipettes (Sólo volteretas), Plus que jamais des galipettes (Más que nunca volteretas, 1911), Re-Galipettes, histoires de théâtre (Re-Volteretas, historias de teatro)). No se conoce el origen de la palabra galipette: se cree que es una palabra de un dialecto del oeste de Francia. El caso es que Galipaux, nativo de Burdeos, popularizó la galipette, tan parecida a su propio apellido y la palabra pasó al francés.

Ilustración: Gallica.

Galipettes et Galipaux (189?)
Galipettes et Galipaux (189?)

Ilustración: Flora.

Paul Bourget – Mensonges, ilustración de Felician Myrbach-Rheinfeld (1896)
Paul Bourget – Mensonges, ilustración de Felician Myrbach-Rheinfeld (1896)

Deseoso de alejarse del naturalismo, el novelista y ensayista Paul Bourget (1852-1935) empezó su carrera literaria con unas novelas de análisis psicológico que sedujeron a los lectores mundanos de los años 1880, antes de especializarse en novelas filosóficas en las que, a través de minuciosos estudios psicológicos, sociales y políticos, explora las múltiples facetas de los grandes problemas de su tiempo. Mensonges (Mentiras, 1887) es una de sus primeras obras, en la que Bourget retrata la crueldad de los círculos mundanos. El protagonista de esta novela psicológica, René Vinci, es un joven autor al que el éxito de uno de sus sainetes propulsa, de un día para otro y sin preparación alguna, a los salones del París mundano, donde conocerá a Suzanne de Moraines, mujer cínica que ha organizado su vida entre un marido enamorado e ingenuo y un amante anciano y rico y no duda en hacer de René su amante, por puro entretenimiento…

Ilustración: Gallica.

Paul Bourget – Mensonges, ilustración de Felician Myrbach-Rheinfeld (1896)
Paul Bourget – Mensonges, ilustración de Felician Myrbach-Rheinfeld (1896)

«La Condesa fue la primera en felicitar a Renato.
– Todas esas señoras se van a disputar el gusto de recibiros.
La confirmación de estas galanterías vino a seguida con las exclamaciones que hasta él llegaron, confundidas con el roce de los trajes, el ruido de las sillas y los saludos que de una a otra parte se cruzaban.
– Aquél es el autor… ¡Tan joven!… ¿Le conoce usted?… Es guapo mozo… ¿Por qué llevará el pelo tan largo?… Pues a mí me agradan esas cabezas de artista… ¿Quién le ha presentado?… Claudio Larcher… ¡Pobre Larcher, cómo anda detrás de Colette!… Salvaney y él van matarse el mejor día… ¿Se queda usted a la cena?
Ruborizado con tanto elogio, se encontró casi por fuerza separado de la Condesa por una mujer alta y seca, de cincuenta egos próximamente, viuda de un señor Sermoises, que vino a ser «mi pobre Sermoises» desde su fallecimiento, como antes había sido la fábula de los cafés por la conducta de su esposa. De la ligereza pasó ella a la literatura literatura reflexiva y piadosa, y como por la Condesa supo que Renato era sobrino de un sacerdote, se creyó en el deber de decirle:
– ¡Qué poesía divina y qué gracia! Wateau escribiendo. Nos venga usted, caballero, de esos pretenciosos analistas que parece que hacen sus libros con un escalpelo y sobre una mesa de mal augurio…
– ¡Señora! – contestaba el autor anonadado con semejante fraseología.
– Que yo lo vea a usted en casa: recibo los miércoles de cinco a siete. Me permito pensar que preferirá usted la sociedad de mi salón a la que se reúne aquí. Esta Condesa, excelente persona, es extranjera, ¿sabe usted? Encontrará usted allí a los señores del Instituto, que tienen la bondad de consultarme sus trabajos. Yo misma he escrito algunas poesías; poca cosa, algo a la memoria de mi pobre Sermoises, que he titulado sencillamente «Lirio de la tumba». Ya me dirá usted su opinión con toda franqueza.»
En esto llega otra señora de unos cuarenta años, todavía elegante de facha y figura, y la de antes hace su presentación en regla:
– La señora de Hurault: el señor Vincy. ¿Verdad, amiga mía, que es delicioso? Wateau escribiendo.
– Debe usted ser apasionado de Musset, caballero – dice la recién venida, mujer de un autor que usaba el seudónimo de Florac, desgraciado en sus trabajos, a pesar de ser hombre de mundo, y de las intrigas de la señora, que siempre llevaba a su mesa algún crítico o personaje relacionado con un crítico, algún empresario de teatro o pariente de empresario.
– ¿Quién a mi edad no le adora? – contestó el joven.
– Ya lo decía yo al escuchar esos bonitos versos, que me han hecho el efecto de una música oída en alguna parte.
Mas reflexionando que tras un poeta puede ocultarse un gacetillero, intentó enmendar su cruel epigrama de envidiosa con una invitación.
– Tendré sumo gusto en verle a usted por casa los jueves de cinco a siete, y mi marido, que no ha venido esta noche, se alegrará mucho de conocer usted.»

Ilustración: Gallica.

Albert Le Roy
Albert Le Roy

Autor de varias novelas que tuvieron cierto éxito en su tiempo, Albert Le Roy (1856-1905) es sobre todo recordado por su carrera política en el partido radical socialista. Concejal, diputado, fue un ardiente defensor del laicismo y de la separación de la Iglesia y el Estado. Entre su producción literaria, encontramos la novela Le Comédien (El Comediante, 1888), estudio psicológico de un actor torturado por su doble seducción como hombre y como actor, y dividido entre el amor profundo de una compañera de teatro y el amor compuesto de curiosidad y depravación pasajera de una señora de la alta sociedad… Le Roy es también autor de un ensayo publicado en 1904 sobre los albores del teatro romántico.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Robert Blemmell Schnebbelie - The Exterior of Drury Lane Theatre (1821)
Robert Blemmell Schnebbelie – The Exterior of Drury Lane Theatre (1821)

La obra de George Gissing (1857-1903) no es muy conocida en España. No obstante, este autor inglés de veintitrés novelas, más de cien cuentos, además de relatos de viajes y ensayos, es uno de los representantes más importantes de la literatura victoriana. A veces considerado como el Zola inglés, Gissing produjo una obra realista, muy pesimista, pero en la que destacan sus inquietudes de humanista en un siglo cada vez más materialista: el poder de la educación, los derechos de las mujeres, el pacifismo. Con The Nether World (El Mundo inferior, audiolibro en inglés, 1889), considerada una de sus mejores novelas, Gissing, a través de las historias entrecruzadas de varias familias pobres de los suburbios londinenses, denuncia la falta de reformas sociales y la necesidad de renovación de ciertos barrios insalubres. Entre los personajes de esta novela agobiante de tristeza, los hay que son gente buena, honrada, e incluso con aspiraciones estéticas, pero que la miseria y la desesperanza condenan a una existencia de supervivencia. Clara Hewett es una joven que se ha alejado de su familia con el propósito de ser actriz para escapar de la pobreza. Se incorpora a una compañía itinerante y su talento no tarda en ser demostrado. Pero su futuro es brutalmente arruinado por otra actriz envidiosa que le arroja ácido a la cara, dejándola desfigurada…

Ilustración: Victoria and Albert Museum.

Oscar Wilde – Le Portrait de Dorian Gray, ilustración de Fernand Siméon (1920)
Oscar Wilde – Le Portrait de Dorian Gray, ilustración de Fernand Siméon (1920)

No insultaremos a nuestros lectores presentándoles la obra maestra de Oscar Wilde (1854-1900) The Picture of Dorian Gray (El Retrato de Dorian Gray, audiolibro en inglés, 1890. Sólo recordaremos a la figura de Sybil Vane, la actriz que interpreta tan maravillosamente los personajes de Shakespeare que Dorian, fascinado, se enamora de ella. Amor correspondido que lleva a Sybil a perder su talento. Dorian, decepcionado, la abandona brutalmente. Al volver a su casa esa noche, observa, en su diabólico retrato, una expresión de crueldad que nunca le había visto. El día siguiente, descubre que Sybil se ha suicidado…

Ilustración: Gallica.

Oscar Wilde – Le Portrait de Dorian Gray, ilustración de Fernand Siméon (1920)
Oscar Wilde – Le Portrait de Dorian Gray, ilustración de Fernand Siméon (1920)

«En realidad no hay mucho que contar — exclamó Dorian mientras los tres ocupaban sus sitios en torno a la reducida mesa redonda —. Ayer, sencillamente, después de dejarte; Harry, me vestí, cené en el pequeño restaurante italiano de Rupert Street que tú me hiciste conocer, y a las ocho estaba en el teatro. Sibyl interpretaba a Rosalinda. Por supuesto, el decorado era horroroso y el actor que hacía de Orlando absurdo. ¡Sibyl, en cambio! ¡Tendrías que haberla visto! Cuando apareció vestida de muchacho estaba absolutamente maravillosa. Llevaba un jubón de terciopelo color musgo con mangas de color canela, calzas marrones, un precioso sombrerito verde con una pluma de halcón sujeta por una joya, y un gabán con capucha forrado de rojo mate. Nunca me había parecido tan exquisita. Tenía la gracia delicada de esa figurilla de Tanagra que tienes en tu estudio, Basil. Los cabellos rodeándole la cara como hojas oscuras en torno a una pálida rosa. En cuanto a su interpretación…, bueno, vais a verla esta noche. Es, ni más ni menos, una artista nata. Me quedé completamente embobado en mi palco cochambroso. Me olvidé de que estaba en Londres y en el siglo XIX. Me había ido con mi amada a un bosque que nadie había visto nunca. Cuando terminó la representación, pasé entre bastidores y hablé con ella. Mientras estábamos sentados uno al lado del otro, apareció de repente en sus ojos una mirada que yo no había visto nunca. Mis labios se movieron hacia los suyos. Nos besamos. No soy capaz de describiros lo que sentí en aquel momento. Me pareció que la vida entera se concentraba en un punto perfecto de alegría color rosa. Sibyl se puso a temblar de pies a cabeza, estremeciéndose como un narciso blanco. Luego se arrodilló y me besó las manos. Comprendo que no debería contaros todo esto, pero no puedo evitarlo. Por supuesto, nuestro compromiso es un secreto total. Sibyl ni siquiera se lo ha dicho a su madre. No sé lo que dirán mis tutores. Lord Radley montará sin duda en cólera. Me da igual. Seré mayor de edad en menos de un año, y entonces podré hacer lo que quiera. ¿No es cierto que he hecho bien sacando a mi amor de la poesía y encontrando a mi esposa en las obras de Shakespeare? Labios a los que Shakespeare enseñó a hablar han susurrado su secreto en mi oído. Me han rodeado los brazos de Rosalinda y he besado a Julieta en la boca.»

Ilustración: Gallica.

George Goodwin Kilburne – The Final Bow (ca. 1924)

George Goodwin Kilburne – The Final Bow (ca. 1924)

Figura predominante de la literatura trasatlántica, el estadounidense (naturalizado británico un año antes de morir) Henry James (1843-1916) fue el prolífico autor de dos biografías, veintidós novelas, ciento doce cuentos y decenas de ensayos y relatos de viajes. La escritura de teatro le acompañó durante toda su carrera, pero la falta de éxito de sus piezas (tanto originales como adaptaciones escénicas de sus novelas) le llevó a renunciar, en 1892, a esta disciplina. Publicada en 1890, la novela The Tragic Muse (La Musa trágica, audiolibro en inglés) coincide con esta última fase de desilusión teatral. En ella, James sigue los destinos de dos protagonistas que aspiran a dedicarse a carreras artísticas: Nick Dormer, dividido entre su vocación como pintor y la carrera política a la que le destina su familia, y Miriam Rooth, una actriz dispuesta a todos los esfuerzos para lograr el éxito, tanto público como artístico. Testimonio de la fascinación del autor por el teatro, el personaje de Miriam es una de sus composiciones más logradas, admirable por su voluntad y su energía inquebrantables, pero sin ser una heroína perfecta. Ella tiene sus defectos y comete errores que James no intenta ocultar o minimizar…

Ilustración: Wikimedia Commons.

«Por interesado que él siempre hubiera estado en la profesión de la que ella era potencial gala, esta idea lo sobresaltó con su novedad e incluso le prestó a Miriam Rooth, sobre la marcha, un carácter formidable, verdaderamente terrible. Sherringham comprendió abruptamente que una mujer cuya única existencia consistiera en «hacer creer» (en hacer creer que poseía todas y cada una de las características que uno quisiera, que sirvieran para algún propósito, produjeran cierto efecto) y cuya identidad residiera sólo en la sucesión de sus encarnaciones, de tal forma que careciera de interioridad espiritual, como lo expresó concisamente para sus adentros, y viviera en un vendaval de exhibición, de representación… una mujer semejante sería una especie de monstruo, en quien por necesidad no habría nada que apreciar con cariño, porque no habría nada que asir duraderamente. Sintió por un momento que había sido muy ingenuo al no haber realizado antes este análisis del carácter de las actrices. El propio rostro de la muchacha se lo mostraba ahora vívidamente: el descubrimiento de que sin lugar a dudas carecía de un semblante propio; sólo tenía el semblante de cada ocasión, una procesión, una variedad (posiblemente capaz de hacerse interminable) de movimientos interpretativos. Ella siempre estaba probándolos, ensayándolos para su diversión o provecho, saltando de uno a otro e incrementando su gama; y ésta sería sin duda cada vez más su ocupación, conforme adquiriera soltura y confianza. La expresión facial que más se acercaba a ser verdaderamente de ella, por así decirlo, era la que más se acercaba a la inexpresividad total: un aire inane cuando se olvidaba de sí misma, al contemplar algo. Entonces su mirada se mostraba grave y su boca más bien vulgar; si bien era acaso justamente cuando los hermosos rasgos de su cabeza más decían.»

Frank Holl – Retrato de William Schwenck Gilbert (1886)
Frank Holl – Retrato de William Schwenck Gilbert (1886)

Evocamos, en la primera parte de este trabajo, la figura del dramaturgo, libretista, poeta e ilustrador William Schwenck Gilbert (1836-1911), conocido por las óperas que escribió en colaboración con el compositor Arthur Seymour Sullivan (1842-1900). A principio de su carrera literaria, Gilbert publicó, en diversas revistas, varios escritos, cuentos, sainetes o ensayos, sobre el teatro. Estos textos se reunieron en 1890 en el volumen titulado Foggerty’s Fairy and other tales (Cuento de hadas de Foggerty, y otros cuentos): A Stage Play (Una obra de teatro), Actors, Authors and Audiences (Actores, Autores y Tribunales), Unappreciated Shakespeare (Shakespeare no apreciado), Comedy and Tragedy (Comedia y tragedia). Algunos de estos textos fueron adaptados para la escena.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Anatole France – Thaïs, ilustración de Martin van Maële (1901)
Anatole France – Thaïs, ilustración de Martin van Maële (1901)

Evocamos más arriba el interés de Anatole France por las hagiografías poéticas de Hroswitha de Gandersheim. Sin duda inspirado por el Paphnutius de la canonesa sajona, France publica en 1891 la novela Thaïs (texto en español, audiolibro en francés), sobre las vidas de Santa Thais y San Pafnucio. Thais era una cortesana y actriz egipcia, Pafnucio, un monje cenobita que había tenido una juventud disoluta. Después de años de vida monacal, el ermitaño tiene una visión que le ordena sacar a Thais de su existencia libertina. Después de muchas peripecias, la pecadora acaba retirándose en un monasterio, pero Pafnucio no conseguirá, a pesar de sus oraciones y una vida de asceta, apagar la pasión devoradora que Thais había despertado en su corazón… Además de la famosa ópera homónima (1894) de Jules Massenet (1842-1912), en la cual encontramos la maravillosa Meditación de Thais, la novela de Anatole France inspiró, en la década de 1910, varias películas. Resulta curioso ver la versión de 1917, dirigida por Anton Giulio Bragaglia (1890-1960), único ejemplo que nos ha llegado del futurismo (movimiento de vanguardia artística nacido en Italia en 1910) en el cine.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Anatole France – Thaïs, ilustración de Georges Rochegrosse (1909)
Anatole France – Thaïs, ilustración de Georges Rochegrosse (1909)

«Así, al recordar un día, según su piadosa costumbre, las horas que había vivido lejos de Dios; el examinar sus culpas una a una; para concebir exactamente su deformidad, se le vino a la memoria una comedianta de gran belleza, llamada Thaïs, que vio en otro tiempo en el teatro de Alejandría. Aquella mujer se mostraba en los juegos y no temía entregarse a las danzas cuyos movimientos, acompasados con habilidad excesiva, recordaban los de las más horribles pasiones. También simulaba alguna de esas actitudes vergonzosas que las fábulas de los paganos prestan a Venus, a Leda y a Pasifae. Así abrasaba en el fuego de la lujuria a todos los espectadores, y cuando arrogantes jóvenes o ricos ancianos acudían, impulsados por el amor, a depositar flores en el umbral de su casa, ella los acogía y se les entregaba; de manera que al perder su alma, daba motivo de que se perdieran muchas almas.»

Ilustración: Wikimedia Commons.

Anton Giulio Bragaglia Thaïs (1917)
Jean Veber - Thaïs, cubierta del libreto de la ópera de Jules Massenet (1894)
Jean Veber – Thaïs, cubierta del libreto de la ópera de Jules Massenet (1894)

Ilustración: Gallica.

Primera novela escrita por Anatole France – aunque no fue la primera en ser publicada – Les Désirs de Jean Servien (Los Deseos de Jean Servien, audiolibro en francés, 1882) ofrece el minucioso estudio psicológico de un joven romántico de origen humilde, siempre perdido en sus ensoñaciones de una vida de ocio y elegantes trajes, en lugar de vivir la verdadera vida y de ayudar a su padre en conseguirle una buena situación. Un día asiste a una representación de Cinna y se enamora perdidamente de Gabrielle, la actriz principal…
Poco conocida, Histoire comique (Historia cómica, audiolibro en francés, 1903) es una novela pesimista sobre una historia de amor contrariado, ambientada en el parisino teatro del Odéon. France narra el destino de Félicie Nanteuil, joven y prometedora actriz, habitada por el fantasma del amante que se suicidó por ella. Más allá de su trama sentimental, Histoire comique es una valiosa recreación del mundo teatral en aquellos años de la Belle Époque con unos personajes secundarios pintorescos como, por ejemplo, el médico del teatro, anciano humanista que chochea un poco…

Ilustración: Gallica.

Jean-Louis Forain – Le Café-concert, la salida de los artistas (189?)
Jean-Louis Forain – Le Café-concert, la salida de los artistas (189?)

Dramaturgo, novelista, poeta, Jean Richepin (1849-1926) se dio a conocer al gran público por su volumen La Chanson des gueux (La Canción de los miserables, 1876), conjunto de poemas que le valió un mes de cárcel, por atentar contra la moral pública. Deliberadamente compuestos para molestar a la burguesía bien pensante y escritos en un lenguaje popular, con palabras de argot, estos poemas constituyen un vibrante homenaje a los más humildes de la sociedad: mendigos, vagabundos… En 1893, con La Miseloque : choses et gens de théâtre (La Miseloque: cosas y gentes de teatro), Richepin vuelve a dar voz a los olvidados y a los pobres, pero este volumen de cuentos en prosa se centra únicamente en el mundo de la escena: artistas de café-concert, bailarinas antaño famosas y hoy obesas, comediantes mediocres pero convencidos de su talento, tenores de provincias, niños prodigio, apuntadores cascarrabias, conserjes de teatro entregados en cuerpo y alma al bien de la compañía… Richepin no intenta ocultarnos sus defectos, pero sabe revelar en ellos la pizca de humanidad que no dejará indiferente al lector… La palabra «miseloque» es una palabra de argot que significa la comedia, el teatro.

Ilustración: Gallica.

Edgar Degas - Le Café-concert des Ambassadeurs (1876-1877)
Edgar Degas – Le Café-concert des Ambassadeurs (1876-1877)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Viñeta humorística de la revista El Fandango (1891)

Viñeta humorística de la revista El Fandango (1891)

Dos personajes humildes son los protagonistas de los cuentos de Emilia Pardo Bazán (1851-1921) Comedia (1895) e Irracional (1901). Lorenza, la joven niñera ingenua del trágico relato Comedia, lleva al niño que cuida a jugar en un parque, muy cerca de un teatro. Durante el descanso entre los ensayos, los actores se le acercan, atraídos por la belleza del pequeño. Uno de los comediantes se interesa más por Lorenza y, cada día, acude al parque para hablar con ella. Poco a poco, la pobre e ignorante Lorenza se deja engañar por los apasionados discursos que el actor toma prestados del repertorio clásico para seducirla… En cuanto a Cleto Páramo, el protagonista de Irracional, es un joven cuyo tío, cura de un pueblo, envía a estudiar Derecho en Madrid, colocando en él muchas esperanzas de éxito y muchas expectativas para el pueblo, cuando Cleto, ya diplomado, pueda defender a sus vecinos… Pero en lugar de estudiar, Cleto se dedica al teatro, ingresando en una pequeña compañía estudiantil. A la muerte del cura, Cleto, sin recursos, se ve condenado a buscarse la vida en la capital. Y como lo que le gusta es el teatro, intenta, por todos los medios, encontrar trabajo en una compañía. No solo lo encontrará sino que se convertirá en un artista muy demandado. Pero por un tipo de papeles que nunca hubiera imaginado interpretar…

Ilustración: Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España.

Jacek Malczewski – Retrato de Władyslaw Stanisław Reymont (1905)
Jacek Malczewski – Retrato de Władyslaw Stanisław Reymont (1905)

Premio Nobel de literatura en 1924, Władyslaw Stanisław Reymont (1867-1925) fue uno de los máximos representantes de la Joven Polonia, nombre dado al período en el que el modernismo polaco conoció su mayor desarrollo. Estudió sastrería – el único titulo académico que tendría – pero abandonó el oficio antes siquiera de haberlo ejercido para seguir una compañía itinerante de teatro. Pero poco dotado como actor, Reymont tuvo que abandonar la escena para ganarse la vida en otras disciplinas ; fue guardavía e incluso médium en París y Londres con un espiritista alemán antes de que sus relatos empezaran a interesar a los editores, a principios de los años 1890, lo cual le permitió vivir de su escritura. Es autor de una treintena de obras narrativas, reportajes, novelas, cuentos… Autodidacta, sin la posibilidad de leer en otros idiomas, Reymont entendió que lo suyo no iba a ser la teoría literaria sino que debía especializarse en la representación del mundo que conocía. Y así destacó con sus novelas realistas sobre el mundo rural (Chłopi (Los Campesinos, 1904-1909)), la revolución industrial (Ziemia Obiecana (La Tierra prometida, 1899)) o la vida en los teatros de provincias… La novela Lili (1899) cuenta la triste historia de amor de una joven pura y delicada nacida en el pervertido mundo de los actores. En Komediantka (La Comedianta, texto en inglés, 1896), que seguirá el año siguiente Fermenty (Fermentos, 1897), Reymont intenta traducir las aspiraciones secretas de una mujer polaca demasiado moderna para su tiempo. Janka, veintidós años, es la hija del guardavía de una pequeña estación perdida en medio de los bosques y no se resigna a casarse con Grzesikiewicz, que está loco por ella pero al que ella no ama. Al asistir a una representación teatral en la ciudad vecina, Janka se convence de que su vocación está en el teatro y, a pesar de las amenazas de su padre, huye de casa hacia Varsovia en busca de un teatro en el que lograr la gloria. Pero el mundo de los actores no es tan idílico como le parecía en su visión falseada por las ilusiones y Janka se ve expuesta a la envidia y a la ambición sin escrúpulos de sus compañeros de escenario…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Jules Clarétie – Brichanteau comédien, ilustración de Paul Destez (1913)
Jules Clarétie – Brichanteau comédien, ilustración de Paul Destez (1913)

Novelista, dramaturgo, crítico de teatro y cronista de la vida parisina, Jules Clarétie (1840-1913) fue un autor longevo (su carrera literaria se extiende desde 1860 hasta su muerte) y muy prolífico. Miembro de la Academia francesa desde 1888, fue, entre 1885 y 1913, el administrador general de la Comédie française, que abrió a autores contemporáneos como Octave Mirbeau, Georges Rodenbach o Paul Hervieu. De su estrecha vinculación con el mundo teatral durante aquellos años, nacieron varias obras en las que los actores y la escena ocupan el protagonismo. Dedicada a los artistas de la Comédie française, la novela Brichanteau comédien (Brichanteau comediante, 1896) se puede leer como un conjunto de historias cuyo denominador común es su protagonista Brichanteau, arquetipo del actor de segunda o tercera fila, de talento más que discreto pero tan vanidoso como una estrella de la escena. En 1902, Clarétie volverá a dar la palabra a Brichanteau, ahora anciano retirado al que unos periodistas desean entrevistar. Con este Brichanteau célèbre (Brichanteau famoso), Clarétie aprovecha para evocar las grandes figuras teatrales de la época. Paralelamente, el mismo año 1902, el administrador de la Comédie française publicó Profils de théâtre (Perfiles de teatro), un conjunto de críticas y biografías sobre actores famosos, pasados y presentes.

Ilustración: Gallica.

Jules Clarétie – La Maison vide (1897-1898)
Jules Clarétie – La Maison vide (1897-1898)

Cerca de dos décadas antes, en 1878, Clarétie había publicado dos novelas en las que encontramos interesantes personajes de actores. La Maison vide (La Casa vacía) tiene todos los ingredientes del melodrama: un adulterio que no lo es, una carta anónima, la venganza del marido ofendido y sus posteriores remordimientos… Una historia dramática con un final feliz en la que quien mueve los hilos es una actriz celosa…

Ilustración: Gallica.

Jules Claretie – Le Troisième Dessous (1900)
Jules Claretie – Le Troisième Dessous (1900)

Publicada el mismo año que La Maison vide, Le Troisième Dessous (El Tercer Sótano, 1878) es otro melodrama, pero esta vez Clarétie eligió actrices y actores para protagonizar esta novela ambientada en un ficticio Théâtre du boulevard en París. Hijo de una pareja de actores, Henri Roquevert se enamora de una alumna del Conservatorio, Hélène Gervais, sin saber que Hélène es la hija que ha tenido su propia madre antes de casarse con el comediante Roquevert… Más allá de sus recovecos sentimentales, la novela ofrece un minucioso retrato del mundo teatral. « Le Troisième Dessous » es una expresión francesa que hace referencia a la estructura de la Ópera de París, que posee tres niveles de sótanos en los que se albergan la maquinaria y los accesorios. Cuando una pieza no tenía el éxito público, se decía que había caído en el « troisième dessous », o sea que no podía caer más bajo. También se cree que este tercer sótano era el mejor sitio para esconder a los actores deseosos de escapar de los abucheos del público…

Ilustración: Gallica.

Leonard Merrick
Leonard Merrick

Nacido en Inglaterra, Leonard Miller (1864-1939) empezó unos estudios de Derecho que no pudo acabar, al quedar su padre arruinado. Obligado a emigrar a Sudáfrica con dieciocho años, el joven Miller trabajó en una mina de diamantes antes de ser contratado en una oficina notarial. Regresó a Londres en la década de 1880 y trabajó como actor y representante de actores bajo el pseudónimo de Leonard Merrick, apellido que legalizaría en 1892. Compaginó su trabajo en el teatro con la escritura y produjo, además de piezas teatrales, una docena de novelas y varios volúmenes de cuentos en los que se inspira de sus vivencias en Sudáfrica y en el teatro. Varios de los cuentos contenidos en This Stage of Fools (Esta escena de locos, 1896) o The Man Who Understood Women (El Hombre que entendía a las mujeres, audiolibro en inglés, 1908) están relacionados con el teatro y los actores. En sus dos novelas The Actor-Manager (El Representante de actores, 1898) y The Position of Peggy Harper (La Posición de Peggy Harper, audiolibro en inglés, 1911), Merrick retrata varias figuras de actores y actrices en busca de la fama… Alabado por sus contemporáneos, como H.G. Wells, J.M. Barrie o G.K. Chesterton, Leonard Merrick es un autor olvidado que merecería ser redescubierto, no solo por sus obras sobre el teatro, sino por otros títulos, como su novela de intriga policíaca Mr. Bazalgette’s Agent (La Agente del Sr. Bazalgette, 1888) una de las más antiguas novelas de este tipo en el que el detective es una mujer…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Luis de Val - ¡Huérfana! : (memorias de una saltimbanqui) (1898)
Luis de Val – ¡Huérfana! : (memorias de una saltimbanqui) (1898)

La biografía de Luis de Val (Valencia, 1867- Valencia, 1930) bien podría haber servido para una de sus novelas. Nacido ciego, recobró la vista a los tres años, gracias a una operación. Interrumpió sus estudios universitarios a los diecisiete años para contraer matrimonio y se trasladó a Barcelona, donde empezó a trabajar como colaborador del escritor Rafael del Castillo. El éxito de su primera novela, Celos de esposa (1886), marca el inicio de una prolífica carrera, con más de doscientas novelas por entregas, numerosos cuentos publicados en revistas y algunas obras de teatro. Hacia 1920, aquejado de arteriosclerosis, decide retirarse a Valencia y no escribir más folletines. No obstante, después de la muerte de su esposa, aún escribirá cinco novelas, que los críticos consideran como sus obras maestras, de una gran calidad literaria. Titular de una inmensa fortuna, dueño de un palacete en Barcelona, propietario de caballos y perros, despilfarró en viajes y aventuras tanto como ganó y hasta llegó a dedicarse a criar perros de raza cuando sus ingresos literarios dejaron de ser suficientes. Amigo de Vicente Blasco Ibáñez, «un día, sobre las ruinas de la plaza de Blasco Ibáñez, le reventó súbitamente el corazón. Sesenta y tres años tenía» (Federico Miñana, Notas sobre la vida y la muerte de Luis de Val: el último folletinista, Nuevo Mundo, 31 de octubre de 1930). Entre sus novelas, todas más melodramáticas unas que otras, encontramos numerosas figuras de actores y saltimbanquis: ¡Huérfana! : (memorias de una saltimbanqui) (1898), El Ángel de los pobres o Los Amores de un criollo (1898), El Calvario de los pobres (1899), ¡Sin hogar! o Los Secretos de honor (1903), Los Lazos del corazón (1908), Alma obrera (1914). Desgraciadamente, se encuentra poca información sobre los argumentos de estas novelas de más de dos mil páginas y no podemos presentarlas más detalladamente…

Ilustración: Biblioteca Digital Hispánica.

Eleonora Duse en 1910, retratada por Mario Nunes Vais
Eleonora Duse en 1910, retratada por Mario Nunes Vais

Ambientada en 1882 en una Venecia majestuosa, Il Fuoco (El Fuego, 1900) se inspira en la relación de su autor, Gabriele D’Annunzio (1863-1938), principal representante del decadentismo italiano, con la famosa actriz Eleonora Duse (1858-1924), relación tormentosa hecha de crisis, rupturas y reconciliaciones que duró cerca de diez años. Il Fuoco es el relato de los amores de Stelio Effrena, un joven poeta prometedor, y la Foscarina, aclamada actriz de tragedias, más mayor que él. Atormentada por los celos y por la lástima que se inspira a sí misma, la Foscarina acabará apaciguando sus sentimientos renunciando a su amor por Stelio para dejarlo seguir su camino hacia la gloria. Rompiendo con los cánones del realismo y el naturalismo tan de moda, D’Annunzio ofrece el retrato de un héroe nietzscheano, figura de superhombre triunfador recurrente en su obra…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Aleksandr Kuprín hacia 1910
Aleksandr Kuprín hacia 1910

Después de diez años estudiando en academias militares, de las que salió a los veinte años con el grado de subteniente, y cuatro años más de servicio militar, Aleksandr Kuprín (1870-1938) abandonó el ejército en 1894 y emprendió un viaje al suroeste de Rusia, viaje que duraría cinco años y en el que ejercería una multitud de oficios, desde cazador, pescador, hasta médico, pasando por artista de circo y actor. De este periodo rico en experiencias de todo tipo, Kuprín se inspiraría para sus cuentos y novelas. En Как я был актёром (Cómo me hice actor, texto en francés, 1900), el que es considerado el «Rudyard Kipling ruso» se pone en la piel de un viajero en el sur del país que, habiéndose quedado sin dinero después de robársele la cartera, es contratado como actor secundario en el teatro de verano de una pequeña ciudad… En unas escenas llenas de humor, Kuprín representa el ambiente de los ensayos con unos oscuros actores de provincias cuyo ego desproporcionado no tiene nada que envidiar al de las estrellas de la capital…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Jacques Wely - La Audición (1907)
Jacques Wely – La Audición (1907)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Theodore Dreiser
Theodore Dreiser

Nacido en una familia pobre de inmigrantes en Estados Unidos, Theodore Dreiser (1871-1945) empezó a trabajar muy joven. Ejerció diversos oficios hasta la década de 1890 en la que empezó a colaborar como reportero en periódicos. De sus orígenes humildes conservó siempre una inquietud social, que expresó en sus novelas, alejándose del sueño americano para crear una obras duras y realistas que suscitaron mucha controversia. Su primera novela, Sister Carrie (Nuestra hermana Carrie, audiolibro en inglés, 1900) abordaba de manera tan cruda el problema de la prostitución que el editor prefirió no promocionarla y se vendieron únicamente quinientos ejemplares. Hubo que esperar que su siguiente novela, publicada en 1911, recibiera el apoyo de autores británicos importantes (H.G. Wells, entre ellos) para que Dreiser pudiera dedicarse libremente a denunciar las injusticias sociales de Estados Unidos, siempre generando polémica. Sister Carrie es Caroline Meeber, una joven que huye de su pueblo en busca de una vida mejor. Pero el camino hacia la fama, para una joven aspirante a actriz, pasa por ser la «querida» de algún hombre poderoso… La novela chocó con la puritana moral de los estadounidenses poco acostumbrados a novelas de final tan… inmoral y no bastó que Carrie nunca pudiera apaciguar sus remordimientos de haber logrado la fama y la riqueza después de una vida libertina, sin recibir más castigo que el de su conciencia…

Ilustración: Wikimedia Commons.

George Robert Sims, hacia 1890
George Robert Sims, hacia 1890

Periodista, novelista, dramaturgo, el inglés George Robert Sims (1847-1922) fue también un escritor comprometido con la causa social. Empezó su carrera en 1874 escribiendo artículos humorísticos y satíricos para diversos periódicos pero a final de la década de 1870, se dedicó a denunciar – tanto en artículos de prensa como en sus libros – las lamentables condiciones de vida en los suburbios londinenses y se convirtió en el abogado de los más humildes, reclamando reformas para convertir estos barrios en lugares más salubres y habitables. Por otro lado, en 1880, Sims fundó el Referee Children’s Free Breakfast and Dinner Fund, organismo caritativo para ofrecer comida a los niños más necesitados. En paralelo con su actividad social, Sims fue un dramaturgo prolífico y exitoso, con más de treinta piezas. Su conocimiento del mundo del teatro le llevó a escribir Without the limelight: theatrical life as it is (Sin candilejas: la vida teatral tal y como es, 1900), conjunto de cuentos ambientados en teatros, instantáneas de situaciones típicas: la contratación de un coro por un agente, los nervios de un joven autor en su primer estreno… George Robert Sims acabó su vida en la miseria, habiendo dilapidado su fortuna entre juegos de azar y donativos caritativos.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Virna Sheard – A Maid of Many Moods (1902)
Virna Sheard – A Maid of Many Moods (1902)

A Maid of Many Moods (Una criada de mucho carácter, 1902) es una de las primeras novelas de la escritora canadiense Virna Sheard (1862-1943), escrita para entretener a sus hijos… Ambientada entre Stratford-upon-Avon y el teatro del Globe, es un romance sentimental entre los actores de la tropa de Shakespeare. La protagonista consigue entrar en la compañía haciéndose pasar por un hombre… Extraño objeto literario en el que la autora hace hablar a sus protagonistas en lenguaje de Shakespeare

Ilustración: Internet Archive.

John D. Barry
John D. Barry

John D. Barry (nombre de pluma de John Daniel Barry, 1866-1942) fue un novelista y dramaturgo estadounidense. Fue también crítico de teatro y su conocimiento de las escenas le inspiró la novela A Daughter of Thespis (Una hija de Tespis, 1903), la «mejor novela sobre el teatro jamás escrita», según la crítica de la época… La originalidad de esta novela realista radica en que la protagonista, la hija de Tespis, Evelyn Johnson, es una actriz que no es ni brillante ni ambiciosa, ni especialmente mala. A través de sus aventuras, Barry ofrece un retrato de la vida detrás del telón, sin el engaño y la falsedad del glamour y las candilejas…

Ilustración: Internet Archive.

Juan Valera – Elisa la malagueña, ilustración de Lorenzo Coullaut Valera (1903)
Juan Valera – Elisa la malagueña, ilustración de Lorenzo Coullaut Valera (1903)

De Elisa la malagueña (1903-1905) sólo nos han llegado fragmentos de capítulos y un esquema de lo que iba a ser una novela bastante larga. No obstante, en estos escasos párrafos, reconocemos algunos de los temas de predilección de su autor, Juan Valera (1824-1905): un conflicto amoroso y problemas de conciencia religiosos. El primer capítulo de la novela se publicó en 1903, en la revista Blanco y Negro, acompañado de ilustraciones de bajorrelieves del sobrino del autor, el escultor Lorenzo Coullaut Valera (1876-1932), y con el aviso de que Valera aún no había terminado la novela… Este primer capítulo se presenta como una carta escrita por Elisa, una actriz y bailarina de la Andalucía del siglo III, para despedirse de sus amigos y compañeros de escenario, Dióscoro y Zoe… En 1905, después de la muerte de Juan Valera, los fragmentos existentes de Elisa la malagueña se reunieron y publicaron en las obras completas del autor de Pepita Jiménez (1874).

Ilustración: Internet Archive.

Juan Valera – Elisa la malagueña, ilustración de Lorenzo Coullaut Valera (1903)
Juan Valera – Elisa la malagueña, ilustración de Lorenzo Coullaut Valera (1903)

« Zoe y tú cultivasteis también mi espíritu, sumido hasta entonces en la barbarie. Me hicisteis comprender y admirar el orden, la hermosura y la magnificencia de las cosas todas, que son visibles, y me impulsasteis a fantasear algo de lo invisible y de lo sobrenatural, que sin duda lo ordena, lo concierta y lo penetra todo, animándolo y dándole vida.
Inútil es recordarte que, a los pocos días de haber hecho tú el trato con el maestro Isidoro, por cuya virtud te quedaste conmigo, salimos de Málaga y recorrimos muchas ciudades de España, Italia y Grecia.
En todas éramos bien recibidos y aplaudidos y ganábamos mucho dinero. Tú me enseñaste a recitar bien los versos. Casi llegué a recitarlos mejor que Zoe. Ella al menos así lo declaraba, mostrándose, por su extremado cariño hacia mí, complacida y no celosa.
En Alejandría había llegado yo, según asegurabas tú, a la perfección del arte de la comedianta, y ya hice contigo o representé escenas, casi siempre amorosas, en que ambos fuimos muy aplaudidos.»

Ilustración: Internet Archive.

Lawrence Alma-Tadema - La Entrada de un teatro romano (1866)
Lawrence Alma-Tadema – La Entrada de un teatro romano (1866)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Paul Ginisty - Mémoires et souvenirs de comédiennes, XVIIIe siècle (1914)
Paul Ginisty – Mémoires et souvenirs de comédiennes, XVIIIe siècle (1914)

 Durante diez años, de 1896 a 1906, el escritor y periodista Paul Ginisty (1855-1932) fue el director del teatro del Odéon de París. De esta experiencia y de sus recuerdos como cronista teatral, sacará varios volúmenes, ensayos (Le Mélodrame (El Melodrama, 19?) o Le Théâtre romantique (El Teatro romántico, 1922)), estudios sobre actores (Choses et gens de théâtre (Cosas y gentes de teatro, 1892), Mémoires et souvenirs de comédiennes, XVIIIe siècle (Memorias y recuerdos de actrices, siglo XVIII, 1914) o una sorprendente biografía dedicada a Madame Saqui, famosa bailarina sobre cuerda del siglo XVIII) o recuerdos personales (Souvenirs de journalisme et de théâtre (Recuerdos de periodismo y de teatro, 1930)…

Ilustración: Internet Archive.

Paul Ginisty en 1901
Paul Ginisty en 1901

Ginisty publicó, además de estos textos teóricos, dos novelas sobre el teatro: Lucinde, roman théâtral (Lucinde, novela teatral, 1907), en la que, con el pretexto de seguir los pasos de una deliciosa pequeña actriz, ofrece una sucesión de curiosos cuadros del mundo dramático, y sobre todo, Francine, actrice de drame : roman de la vie théâtrale (Francine, actriz de drama: novela de la vida teatral, 1909). Ambientada en 1848, la novela cuenta la historia de Francine, una actriz que, engañada por una falsa vocación, se cree destinada a los papeles dramáticos, que interpreta con una exageración cómica. De naturaleza romántica y sensible, Francine se cree que los dramas han ocurrido de verdad y no puede retenerse de verter lágrimas sobre sus personajes en plena representación… Más allá de la intriga melodramática, Francine, actrice de drame es una hábil reconstitución de la vida escénica a mediados de siglo XIX, en la que desfilan, con papeles secundarios, famosos comediantes como Frédérick Lemaître o Étienne Mélingue.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Sholem Aleijem en 1907
Sholem Aleijem en 1907

Desgraciadamente, no podremos leer aquí la novela Blonzhende Stern (Estrellas errantes, 1909-1910) de Sholem Aleijem (1859-1916): escrita en yidis, y publicada por entregas en un diario polaco entre 1909 y 1911, esta novela no fue traducida al inglés hasta 1952 y parece que no existe ninguna versión española. Nacido en Ucrania, Sholem Aleijem es a menudo considerado como el «Mark Twain judío» por sus historias humorísticas y las similitudes de sus estilos. Prolífico autor de novelas, cuentos y obras de teatro, Aleijem eligió muy pronto la lengua yidis para escribir y promocionó a otros escritores en este idioma. En 1905, se ve obligado a emigrar para huir de los pogromos y se instalará con su familia en Nueva York, donde morirá de tuberculosis a los cincuenta y siete años. Extremadamente popular, su entierro congregó a más de cien mil personas y fue uno de los más grandiosos de la historia de Nueva York. En su testamento, que se publicó en el New York Times, pidió que su nombre sea recordado siempre con risas, y que, de lo contrario, no sea recordado en absoluto. Estrellas errantes es la historia de Leibel, el hijo de una rica familia de un pueblo judío que se enamora de la hija del jazán. Juntos huyen con una compañía de teatro yidis. Después de muchas peripecias, acabarán encontrando el éxito, por separado, en el Oeste, antes de reencontrarse en Nueva York…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Rafael Barrett en 1908
Rafael Barrett en 1908

De padre inglés y madre española, Rafael Barrett (Rafael Ángel Jorge Julián Barrett y Álvarez de Toledo, 1876-1910) nació en Torrelavega (Cantabria). Su juventud turbulenta (mujeres, casinos, duelos), le llevó a emigrar a Sudamérica en 1903, para escapar de las posibles consecuencias nefastas de un altercado con un alto miembro de la nobleza. Después de un tiempo en Argentina, Barrett se instaló en Paraguay, donde formó una familia y, según sus propias palabras, se volvió «bueno». Sensible a la situación miserable del pueblo paraguayo y con simpatías anarquistas, Barrett fue detenido en 1908 por algunos de sus escritos y desterrado al Matto Grosso brasileño, antes de desplazarse de nuevo a Uruguay. Murió prematuramente a los treinta y cuatro años en Arcachon (Francia) donde los médicos le habían enviado para probar un nuevo tratamiento contra la tuberculosis. Corresponsal en diversos diarios argentinos, paraguayos y uruguayos, Barrett tiene una obra escasa, compuesta esencialmente de relatos y ensayos filosóficos que anticipan el existencialismo, además de alegatos a favor del anarquismo. La Lucha (1910) es un cuento filosófico en el que Rafael Barrett, con el pretexto de una conmovedora función teatral interpretada por un niño, analiza la condición humana…

Ilustración: Fundación Rafael Barrett.

Alphonse Allais - Le Boomerang, ou Rien n’est mal qui finit bien, ilustración de Joseph Hémard (1910)
Alphonse Allais – Le Boomerang, ou Rien n’est mal qui finit bien, ilustración de Joseph Hémard (1910)

Publicada de manera póstuma en 1912, Le Boomerang, ou Rien n’est mal qui finit bien (edición ilustrada, El Bumerán, o Nada mal está lo que bien acaba, audiolibro en francés) es una comedia alocada y satírica del maestro del humor Alphonse Allais (1854-1905), famoso por su pluma mordaz y su humor absurdo. El argumento de esta novela trufada de chistes y juegos de palabras es una apuesta estúpida sobre una encantadora – y tontita – pequeña actriz. El extraño título, completado de una versión absurda del dicho «Tout est bien qui finit bien» («Bien está lo que bien acaba»), se explica por el hecho de que la historia empieza y acaba por un suicidio fallido (de dos personajes diferentes) y que la encantadora tontita, responsable de estas ansias de morir, permitirá que todo acabe bien…

Ilustración: Abebooks.

Kyrle Bellew
Kyrle Bellew

Antes de convertirse en un popular actor de teatro, el inglés Kyrle Bellew (pseudónimo de Harold Kyrle Money Bellew, 1850-1911) tuvo una juventud viajera: se alistó en la marina para huir del matrimonio formado por su padre y su madrastra antes de instalarse en Australia donde se dedicó a buscar oro y comprar tierras. Sus primeros pasos en un escenario los hizo en Melbourne, pero fue realmente a su regreso a Inglaterra, después de la muerte de su padre, cuando empezó una carrera teatral de éxito en Londres, gracias a la influencia del dramaturgo irlandés Dion Boucicault (1822-1890) que le había visto interpretar una de sus obras. Especialista en Shakespeare y en papeles melodramáticos, con un físico que le predestinaba a los papeles románticos, Bellew se convirtió en una estrella de la escena, dando a conocer su talento a lo largo de giras internacionales, en Estados Unidos, India y Australia. Publicados de manera póstuma, los relatos que componen el volumen de Short Stories (Historia cortas, 1912) cuentan distintos episodios de la vida de Bellew, tanto sus aventuras en Australia, como sus inicios en el teatro o las circunstancia de su matrimonio de conveniencia con la actriz francesa Eugénie Marie Seraphié Le Grande. Miembro de la Royal Geographical Society y de la Royal Microscopical Society, Kyrle Bellew también publicó artículos técnicos sobre minería.

Ilustración: New York Public Library Digital Gallery.

Emilio Cotarelo y Mori
Emilio Cotarelo y Mori

Inspirándose en la vida de Enrique Felipe de Guzmán, hijo bastardo del Conde-Duque de Olivares que tardó cerca de treinta años en reconocerlo y ofrecerle los honores debidos a su rango, el historiador literario y miembro de la Real Academia Española Emilio Cotarelo y Mori (1857-1936) escribió El Hijo del Conde-Duque (1912), novela histórica minuciosamente documentada en la que ofreció todo un lujo de detalles y descripciones sobre la sociedad del Siglo de Oro. El teatro – uno de los temas de predilección de Cotarelo, que escribió numerosos tratados sobre esta disciplina además de biografías de actores – está presente en la novela, con la figura del poeta Don Lope de Toral, cuya aventura con la comedianta Armida constituye un episodio importante. El octavo capítulo, titulado Corrales y comediantes, es un completo reportaje sobre el funcionamiento de los corrales de comedias madrileños y la organización de las representaciones teatrales en la ciudad.

Ilustración: Hemeroteca digital, Biblioteca Nacional de España.

Juan Comba – Reconstrucción del Teatro del Príncipe de Madrid a mediados del siglo XVII
Juan Comba – Reconstrucción del Teatro del Príncipe de Madrid a mediados del siglo XVII

«Tal era el aspecto que ofrecía el famoso Mentidero de los representantes á las once de la mañana del Sábado Santo del año 1640, y la causa provenía de que se iban á firmar las listas de las dos compañías de actores destinados á los dos únicos teatros ó corrales (como entonces se llamaban) que poseía la capital de las Españas : el del Príncipe y el de la Cruz.
Para comprender la importancia que este acto revestía es preciso tener en cuenta que él era el regulador de toda la farándula del reino y sus inmensas provincias y colonias.
La villa de Madrid gozaba el antiguo privilegio de formar sus compañías eligiendo entre todos los cómicos españoles aquellos que bien le parecían, embargándolos y forzándolos á venir desde los más lejanos puntos en que se hallasen y obligándoles, con cárceles, destierros y privación de oficio, á sujetarse al partido y categoría que la villa les designase. Por consiguiente, ninguna compañía de provincias debía ni podía formarse sin que antes lo estuviesen las de los teatros madrileños ; y como esto era operación larga y rica en peripecias y sorpresas, ocurría que llegaba el final de la Cuaresma sin haberse conseguido.»

Ilustración: Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España.

El teatro Palladio de Vicenza (ca. 1908)
El teatro Palladio de Vicenza (ca. 1908)

Ilustración: Wikimedia Commons.

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Henri de Régnier – L’Illusion héroïque de Tito Bassi, ilustración de Charles Martin (1926)

Nacido en una familia humilde de Vicenza, Tito Bassi es muy joven cuando pierde a sus padres de una manera tan heroica como ridícula, al intentar salvar el perro de una condesa durante el incendio de su palacio… Recogido por un buen cura, Tito no sueña en otra cosa que en hazañas gloriosas y heroicas. Un día, un gentilhombre anciano, aficionado al teatro, oye a Tito recitando versos y se convence de que el joven está hecho para la tragedia. A falta de poder ser un héroe, Tito Bassi los interpretará en el escenario. El anciano lo adopta y lo prepara para ser actor. El día del estreno de una pieza escrita por el propio anciano, en el famoso teatro Palladio de Vicenza, Tito Bassi se lleva una cruel desilusión: es un actor de tragedia pésimo y lo único que suscita en el público es la hilaridad general. En realidad Tito Bassi sí está hecho para el teatro, pero para la comedia, disciplina sin nobleza que execra pero en la que se distingue… La vida de Tito Bassi transcurrirá marcada por este cruel dilema. Este largo cuento filosófico a la manera del siglo XVIII, en el que está ambientado, es obra de Henri de Régnier (1864-1936), poeta y novelista cercano al simbolismo, y se titula L’Illusion héroïque de Tito Bassi (La Ilusión heroica de Tito Bassi, 1916)

Ilustración: Gallica.

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Henri de Régnier – L’Illusion héroïque de Tito Bassi, ilustración de Charles Martin (1926)

«Lentamente, la cabeza alta, salí de detrás de las bambalinas. Detrás de mi, la ciudad antigua que formaba el decorado del teatro abría su triple perspectiva de palacio. Delante de mí, el vasto hemiciclo de la sala desplegaba sus gradas. Mi entrada hizo callar los cuchicheos. Un gran silencio se instaló, en el que de repente, oí sonar mi propia voz.
Me sorprendió por su debilidad, porque ya no tenía, para sostenerla, la sonoridad de la Rotonda. Para obviar aquel inconveniente, le di toda la amplitud de la que era capaz. Se trataba, de hecho, de reñir a dos senadores que acababan de hablar detrás de mí, y mi tono debía ser el de la ira. Me esforcé todo lo que pude y controlaba mis actitudes y la expresión de mi cara para que coincidiesen con las palabras que tenía que pronunciar, pero mi garganta estaba apretada y mi corazón latía violentamente. Mientras hablaba, di un paso adelante, luego otro, tanto que llegué casi al borde del escenario. Entonces, de un gesto noble y violento, tendí el brazo hacia el público, articulando de una voz vibrante los últimos versos de la diatriba que tenía que declamar.
A aquellos versos y a aquel gesto por los que esperaba merecidos aplausos, un ruido extraño respondió. Asustado, sin duda, por el gesto y el trueno de mi voz, el maldito carlino de la condesa Vallarciero se agitaba furiosamente entre los brazos de su ama con ladridos agudos y quejosos. Esta réplica singular provocó que un murmullo ahogado recorriera el auditorio y se propagara de grada en grada. La sorpresa desagradable que sentí me hizo permanecer en la misma postura y, en vez de retirarme hacia el fondo del escenario, como tendría que haber hecho, me quedé en el mismo sitio, visiblemente desconcertado. Este pequeño incidente y las muestras de alteración que ofrecí bastaron para excitar la hilaridad, más aún cuando el maldito carlino se puso a gemir y a ladrar más fuerte. Algunos espectadores se levantaron para ver mejor lo que ocurría. Siguió cierto desorden que hizo redoblar las risas del público y los ladridos del horrible bicho.»

Ilustración: Gallica.

David Graham Phillips - Susan Lenox: Her Fall and Rise, ilustración de Howard Chandler Christy (1915)
David Graham Phillips – Susan Lenox: Her Fall and Rise, ilustración de Howard Chandler Christy (1915)

Publicada de manera póstuma y por entregas en la revista Hearst’s (la primera entrega tuvo lugar en junio de 1915, el folletín se prolongó durante el año 1916 y terminó en enero de 1917) antes de salir en volumen en 1917, Susan Lenox: Her Fall and Rise (Susan Lenox: su caída y redención) es una novela del periodista y escritor estadounidense David Graham Phillips (1867-1911) y, curiosamente, el argumento tiene similitudes con el de Sister Carrie de Theodore Dreiser, publicado en 1911, año en el que Phillips murió, asesinado por un hombre que le acusaba de haber denigrado a su familia en una de sus novelas. Es la historia de Susan Lenox, hija ilegítima marginada por la sociedad, que pasará por muchas dificultades – un matrimonio desastroso, la prostitución desde sus escalones más bajos hasta convertirse en la amante de un político corrupto – antes de convertirse en una brillante y aclamada actriz. Pero, a diferencia de la Carrie de Dreiser, que usa la prostitución como medio y sólo se arrepentirá al final, la de Susan es una vida de sufrimientos que constituyen el precio que tiene que pagar para llegar a la fama y que fortalecerán su nobleza de espíritu. Susan Lenox fue adaptada al cine en 1931 con Greta Garbo en uno de sus primeros papeles sonoros y un Clark Gable sin bigote. Fue la primera y última película que hicieron los dos monstruos sagrados de Hollywood, que no llegaron a simpatizar durante el rodaje…

Ilustración: HathiTrust.

Cartel de la película «Susan Lenox» (193?)
Cartel de la película «Susan Lenox» (193?)

Ilustración: IMDB.


Cowboys & starlets: el glamour del cine

Con el auge del cine en las primeras décadas del siglo XX, la literatura se apodera de una nueva clase de actores. Sin carne ni huesos, de una belleza perfecta e irreal gracias a los artífices y efectos especiales, el glamour del cine hace su aparición…

Un grupo de actores en el rodaje de una película en Hollywood (1920)
Un grupo de actores en el rodaje de una película en Hollywood (1920)

Ilustración: New York Public Library Digital Gallery.

L. Frank Baum - Aunt Jane's Nieces Out West
L. Frank Baum – Aunt Jane’s Nieces Out West

Aunt Jane’s Nieces (Las Sobrinas de la Tía Jane) es una serie de novelas juveniles publicadas entre 1906 y 1918, por L. Frank Baum (1856-1919), el famoso autor de The Wonderful Wizard of Oz (El Maravilloso Mago de Oz, 1900). Las sobrinas son tres chicas jóvenes de entre quince y diecisiete años que viven numerosas aventuras y peripecias: viajes, secuestros, accidentes… hasta el último episodio en el que se alistan en la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial (ver nuestro capítulo de Tesoros Digitales sobre la narrativa de la Gran Guerra). Aunt Jane’s Nieces Out West (Las Sobrinas de la Tía Jane en el Oeste, audiolibro en inglés, 1914) resulta especialmente interesante porque presenta diversos aspectos sobre el cine de aquella década: la forma en la que se rodaban las películas (un director aprovecha por ejemplo el derribo real y autorizado de un edificio para filmarlo y añadir luego los elementos dramáticos propios de la película: ¡la protagonista queda sepultada bajo los escombros!), la aparición de las primeras starlets, la opinión negativa que se podía tener de esta nueva forma de entretenimiento… De paso por un pueblo pequeño llamado Hollywood, las tres amigas tienen la sorpresa de descubrir que se han convertido en figurantes involuntarias en una película…

Ilustración: HathiTrust.

B.M. Bower – The Phantom Herd, ilustración de Monte Crews (1916)
B.M. Bower – The Phantom Herd, ilustración de Monte Crews (1916)

B.M. Bower (pseudónimo de Bertha Muzzy Sinclair o Sinclair-Cowan, 1871-1940), fue una escritora estadounidense, conocida por sus novelas, cuentos y guiones cinematográficos ambientados en el Viejo Oeste, historias protagonizadas por una familia de vaqueros en el rancho ficticio llamado Flying U Ranch, en las que la autora pone especial esmero en las descripciones de la vida rural, como el cuidado del ganado o el rodeo. Escribió cincuenta y siete novelas, varias de las cuales fueron adaptadas para el cine y Bower también escribió guiones nuevos, siempre ambientados en el Oeste. Su experiencia en los platos de cine le sirvió de material para nuevas novelas en las que imagina cómo equipos de rodaje se instalan en el rancho para filmar… películas del Oeste. Algunas de estas novelas que confrontan el mundo rural con la tecnología y el glamour del cine son Jean of the Lazy A (1915), The Heritage of the Sioux (La Herencia de los Sioux, 1916), The Phantom Herd (El Rebaño fantasma, 1916), y The Quirt (La Cuarta, 1920).

Ilustración: Internet Archive.

B.M. Bower – Jean of the Lazy A (1915)
B.M. Bower – Jean of the Lazy A (1915)

Ilustración: Internet Archive.

Edward Phillips Oppenheim – The Cinema Murder, ilustración de Armand Both (1916)
Edward Phillips Oppenheim – The Cinema Murder, ilustración de Armand Both (1916)

The Cinema Murder (El Crimen del cine, audiolibro en inglés, 1917) es una novela de intriga del escritor inglés Edward Phillips Oppenheim (1866-1946). Phillip Romilly es un pobre profesor de arte y dramaturgo en Londres. Cuando descubre que su novia Beatrice se ha dejado seducir por su propio primo, el rico Douglas, Phillip estrangula a Douglas, tira el cadáver en el canal y usurpa su identidad, iniciando un viaje a Estados Unidos en su lugar. Lo que no sabe es que una actriz y un productor de cine han sido testigos del crimen y van a viajar en el mismo barco… Antes de publicarse en volumen, esta novela había sido publicada en la revista Hearst’s entre diciembre de 1916 y julio de 1917. Fue adaptada al cine en 1920, pero esta película está considerada perdida.

Ilustración: HathiTrust.

Horacio Quiroga – Miss Dorothy Phillips, mi esposa (1919)
Horacio Quiroga – Miss Dorothy Phillips, mi esposa (1919)

Entre 1916 y 1931, Horacio Quiroga (1878-1937) vivió en Buenos Aires, ocupando un cargo en el consulado de Uruguay. Durante esta larga estancia, el autor de Cuentos de la selva se aficionó al cinematógrafo y publicó numerosas críticas en distintos diarios y revistas bonaerenses, como Caras y Caretas, Atlántida, La Nación… Hasta llegó a escribir un guion para un largometraje que nunca se rodó y fue invitado a crear una escuela de cinematografía, proyecto que tampoco prosperó. La pasión de Quiroga por el noveno arte también se plasmó en cuatro cuentos, en los que explora la dualidad de la personalidad de los actores. Si El Puritano (1921), El Espectro (1926) y El Vampiro (1927) tienen un giro más fantástico, Miss Dorothy Phillips, mi esposa (1919) es un relato muy original digno de una adaptación cinematográfica en el que Quiroga mezcla hábilmente sueño, ficción y realidad, empezando por el nombre de Dorothy Phillips, que era una famosa actriz estadounidense cuando se publicó el cuento… Es el diario de Guillermo Grant, oscuro funcionario de un ministerio y alter ego de Quiroga. Después de varios fracasos amorosos, se obsesiona por casarse con una estrella de cine y narra detalladamente por qué y cómo emprende la conquista de la actriz de Hollywood Dorothy Phillips…

Ilustración: Ibero Amerikanisches Institut.

Dorothy Phillips
Dorothy Phillips

«- En el cielo del cine – me ha dicho de despedida – , hay estrellas, asteroides y cometas de larga cola y ninguna sustancia dentro. ¡Ojo, amigo… panamericano! ¿También entre ustedes está de moda este film? Cuando vuelva lo llevaré a comer con mi mujer; quedará encantada de tener un nuevo admirador más. ¿Qué cartas lleva para allá?… No, no; rompa eso. Espere un segundo… Esto sí. No tiene más que presentarse y casarse. ¡Ciao!
Al partir el tren me he quedado pensando en dos cosas: que aquí también el ¡ciao! aligera notablemente las despedidas, y que por poco que tropiece con dos o tres tipos como este demonio escéptico y cordial, sentiré el frío del matrimonio.
Esta sensación particularísima la sufren los solteros comprometidos, cuando en la plena, somnolienta y feliz distracción que les proporciona su libertad, recuerdan bruscamente que al mes siguiente se casan. ¡Ánimo, corazón!»

Ilustración: New York Public Library Digital Gallery.

Emmanuel Bove – Le Meurtre de Suzy Pommier, publicación por entregas en Le Jounal (1932)
Emmanuel Bove – Le Meurtre de Suzy Pommier, publicación por entregas en Le Jounal (1932)

El estreno de la última película de Jean Rivière ha sido un poco movido: algunas escenas demasiado crudas, en particular el asesinato en su bañera de la protagonista por un antiguo amante, han provocado el rechazo del público. Una horas más tarde, Suzy Pommier, la joven actriz que interpretaba el papel principal, es hallada estrangulada en su bañera, en una puesta en escena idéntica a la última escena de la película. El inspector Hector Mancelle investiga… Publicada en 1933, después de una prepublicación por entregas en el diario Le Journal a partir de noviembre de 1932, Le Meurtre de Suzy Pommier (El Asesinato de Suzy Pommier, audiolibro en francés) es una original novela policíaca ambientada en el mundo del cine. La prometedora carrera literaria de Emmanuel Bove (pseudónimo de Emmanuel Bobovnikoff, 1898-1945), nacido en París de un judío ruso y una luxemburguesa, fue truncada por una muerte prematura a los 47 años, a consecuencia de una pleuresía contraída durante su exilio en Argel en los años negros de la ocupación de Francia por la Alemania nazi. Olvidada durante décadas, la obra de Bove se reeditó en los años 1970 y se redescubre hoy en día, desde que se elevó al Dominio Público en 2016.

Ilustración: Gallica.

Pierre Frondaie – Ce que Bodley m’a raconté (1941)
Pierre Frondaie – Ce que Bodley m’a raconté (1941)

Especialmente glamourosa fue la vida de Pierre Frondaie (1884-1948). Escritor, dramaturgo, fue una de las figuras mundanas más relevantes en los años 1920 y 1930. Le llegó el éxito por su novela L’Homme à l’Hispano (El Hombre del Hispano, 1925), historia de intrigas amorosas y financieras en la burguesía de los Años Locos que se convirtió en un best seller traducido a una quincena de idiomas y adaptado al cine. Sus piezas de teatro conquistaron al público y se interpretaron por toda Europa, antes de cruzar el Atlántico para estrenarse en Broadway y Hollywood. Publicada en 1941, Ce que Bodley m’a raconté (Lo que me contó Bodley) es una divertida novela ambientada en Hollywood: descendiente de una ilustre y noble familia inglesa, Lord Gatwick ha tenido que hipotecar su castillo para hacer frente a dificultades financieras cuando un famoso director de cine americano le ofrece un contrato millonario para interpretar a su propio antepasado en una película histórica. Acompañado de Melton, su fiel criado, Lord Gatwick viaja a Hollywood… A través de las aventuras del Lord y de Melton, Frondaie ofrece una multitud de anécdotas mordaces sobre el ambiente del cine estadounidense, en una época de pleno auge…

Ilustración: Gallica.

Un grupo de estrellas en Hollywood (1932)
Un grupo de estrellas en Hollywood (1932)

«- Ya llegan los invitados. Los que no conozcáis, apañaros para reconocerlos. Y, cuidado, ¡son estrellas!
Una «party» en Hollywood se parece a un té en un salón de Los Ángeles, en casa de un productor de petróleo, que una jaula de cacatúas en un museo de ornitología, ufano de sus urogallos disecados. En un minuto, Gatwick y Sam estuvieron rodeados de cotorreos. Veronica Brown, John Haslet, Stuart Doane, Hélen Ward, Lily Plum, Fredy Rigley, y otros, parecieron lanzarse alegremente a un concurso de conversaciones inconexas, un maratón de salto de una cosa a otra: ¿cuántas palabras por minuto? Pero aquello parecía homogéneo porque todos tenían la voz gangosa.
Lily Plum parecía una niña por el frescor de su mirada y una fruta por el de su piel. Pensaba como un biberón y razonaba como una manzana. No obstante, deslumbraba en la pantalla y su «box-office» hacía de ella una reina de Beverley.»

Ilustración: Gallica.

Franz Hützschke - El cine de Schramberg (ca. 1930)
Franz Hützschke – El cine de Schramberg (ca. 1930)

Ilustración: Wikimedia Commons.


Sarah Bernhardt, en «La Tosca» (1887)
Sarah Bernhardt, en «La Tosca» (1887)

Evocamos, en el dossier de Tesoros Digitales sobre la diversidad funcional en la literatura la figura de Francis Jammes (1868-1938), poeta, novelista, dramaturgo y crítico, cuyo recuerdo permanece más vivo en Alemania, Suiza, Estados Unidos o incluso Japón, que en su propio país. Mencionamos entonces que uno de sus temas de predilección, tanto en su poesía como en su narrativa, era la figura de la virgen, la doncella inmaculada y de sentimientos virtuosos. A pesar de su oficio, la pequeña prostituta, pobre, enfermiza y humilde, con la que entabla una casta amistad en el cuento Les Deux Grandes Actrices (Las Dos Grandes Actrices, 1922) no se aleja tanto de esta figura tan pura. En sus paseos por la ciudad, Jammes y su miserable acompañante llegan a un teatro en el que se anuncia una obra interpretada por la gran Sarah Bernhardt y el poeta establece una conmovedora comparación entre estas dos actrices: la famosa, que vende cada lágrima a precio de oro, y la otra, a la que nadie hace caso: «Y nunca la gran comedianta logró, en la más hermosa de sus interpretaciones, aquel genio auténtico del dolor que hacía inclinarse la frente de la pequeña prostituta».

Ilustración: Gallica.

Vicente Blasco Ibáñez junto a un grupo de gauchos en su colonia Nueva Valencia (Argentina)
Vicente Blasco Ibáñez junto a un grupo de gauchos en su colonia Nueva Valencia (Argentina)

A través de los recuerdos de El Comediante Fonseca (1923), es a un exótico viaje por Sudaméricaa lo que nos invita Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928). Actor llegado de España décadas antes, con su compañía recorrió, « del estrecho de Magallanes a la frontera de Texas», las inestables repúblicas recién independizadas, sorteando revoluciones y sufriendo los caprichos de los caciques locales, viajando a lomo de mula o de llama, cuando no era en piraguas o balsas hechas de troncos de madera…. Más allá de las aventuras pintorescas de su protagonista, Blasco Ibáñez ofrece un hermoso retrato de actor en fin de carrera, con la nostalgia de sus éxitos pasados y la añoranza de sus seres más queridos, su esposa y su hija, dos mujeres de armas tomar, cada una en una categoría distinta. En cuanto al teatro, resulta especialmente interesante el hecho de que la compañía del comediante Fonseca viajase en busca de pueblos aislados, huyendo de las grandes ciudades, porque el público de estos pueblos, ávido de distracciones, era más receptivo a los grandes melodramas y menos exigente en cuanto al talento de los actores. La aparición del cinematógrafo, el «teatro mudo» iba a complicar más aún la vida de estos artistas itinerantes…

Ilustración: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

El pueblo presenciando las escenas del cinematógrafo (Buenos Aires, 1906)
El pueblo presenciando las escenas del cinematógrafo (Buenos Aires, 1906)

«Buscábamos, para no morirnos de hambre, poblaciones casi ignoradas, sin pensar si había en ellas teatro o no lo había. Improvisábamos nuestro escenario en corrales de posadas llamadas hoteles, en plazas públicas, hasta en tolderías de indios á medio civilizar. Allí donde existía un grupo humano llegaba la compañía Fonseca, en muía, en carreta, en piragua o a pie. Cuando nos faltaba algo para nuestras decoraciones, lo buscábamos en el almacén de comestibles del lugar. Recuerdo haber empleado en Don Juan Tenorio, como estatua de Doña Inés, un cartel anunciador hecho en los Estados Unidos, que representaba una buena moza, de tamaño natural, montada en una bicicleta. Y tal es el poder del arte, que con esta carencia de medios escénicos lográbamos emocionar a nuestros públicos y hacerles aplaudir. Pero repito que esto ocurría siempre lejos de las ciudades, trabajando «con decoración de selva», como decía uno de nuestros compañeros. Teníamos además un enemigo feroz, que nos acosaba incesantemente y cada año parecía centuplicarse. Lo sentíamos avanzar a nuestra espalda; nos salía al encuentro cerrándonos el paso; nos obligaba a redoblar la marcha para librarnos de su persecución; iba estrechándonos por ambos flancos. Este enemigo era el cinematógrafo. Mientras no existió el maldito invento pudimos los cómicos errantes de América prolongar nuestra vida. En las poblaciones del interior, las gentes necesitadas de entretener sus noches acudían gozosas a nuestros espectáculos, fuesen éstos como fuesen. No había otra cosa. Pero con la generalización del llamado «teatro mudo», todos parecían vernos bajo una nueva luz, dándose cuenta de nuestra pobreza y de nuestras improvisaciones grotescas. Crea, doctor, que por culpa del cinematógrafo pasamos grandes apuros y vergüenzas en el último período de mi carrera.»

Ilustración: Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España.

Cinematógrafo Parque Lezama de Buenos Aires (1909)
Cinematógrafo Parque Lezama de Buenos Aires (1909)

Ilustración: Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España.

Narciso Díaz de Escovar - Añoranzas histriónicas (1925)
Narciso Díaz de Escovar – Añoranzas histriónicas (1925)

Cronista oficial de Málaga, miembro de instituciones como la Academia de Historia, Bellas Artes de San Fernando y Buenas Letras de Sevilla, Narciso Díaz de Escovar (1860-1935) fue un polígrafo español. Entre su abundante producción, destaca especialmente su labor como crítico teatral, dramaturgo y sobre todo como historiador del teatro. Publicó numerosos tratados (por ejemplo, Historia del teatro español : comediantes, escritores, curiosidades escénicas (1924)), además de interesantes volúmenes de anécdotas relacionadas con la historia de las artes escénicas: Siluetas escénicas del pasado : colección de articulos históricos de costumbres, anécdotas, biografías, bibliografías, etc. del teatro español (1914) o Añoranzas histriónicas (1925). También publicó en 1922 una biografía novelada sobre La Bella Calderona: novela histórica.

Ilustración: Biblioteca Digital Hispánica.

Gustaf Gründgens caracterizado como Hamlet en 1936
Gustaf Gründgens caracterizado como Hamlet en 1936

Poco considerada en su vida, la obra literaria de Klaus Mann (1906-1949) fue redescubierta muchos años después de su muerte, y es considerada hoy en día una de las más importantes de la literatura alemana del siglo XX y, en particular, de la literatura de la emigración. Opositor de primera hora al régimen nazi, Mann huyó de Alemania en marzo de 1933 y su escritura se vuelve más comprometida políticamente. Mephisto, Roman einer Karriere (Mefisto, novela de una carrera, 1936), su primera novela publicada en el exilio, es una de estas obras críticas con el Tercer Reich y sobre todo con la actitud de ciertos intelectuales que no dudaron en sacrificar su honor al someterse a la ideología nazi y no perder la oportunidad de alcanzar la gloria. La novela se inspira en la figura del actor y director Gustaf Gründgens (1899-1963), que, después de codearse con la vanguardia literaria y artística de la República de Weimar – y en particular con los hermanos Mann, Klaus y Erika, teniendo una relación con el primero antes de casarse en 1926 con la segunda -, se unió al Tercer Reich y tuvo una brillante carrera tanto teatral como cinematográfica. Klaus Mann nunca le perdonó su oportunismo político y Mephisto, relato del fulgurante ascenso del actor Hendrik Höfgen entre 1926 y 1936, nació de este rencor… Dividido entre la voluntad de ayudar a sus antiguos amigos o denunciar la situación de los campos de concentración, y el miedo de perder a sus protectores nazis, Höfgen, tan cobarde como ambicioso, se da cuenta, al aceptar el papel de Mefistófeles en el Fausto de Goethe, de que él mismo ha firmado un pacto con el Diablo y ha perdido sus valores humanos… En 1966, el hijo adoptivo de Gustaf Gründgens, el director de cine Peter Gorski – que había dirigido a su padre interpretando a Mefistófeles en la adaptación de Fausto – denunció al editor del Mephisto de Mann por vulnerar la imagen de su padre y la novela no se pudo publicar hasta 1981.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Charles Gesmar - Cartel publicitario del artista de music-hall Harry Randall (1926)
Charles Gesmar – Cartel publicitario del artista de music-hall Harry Randall (1926)

Con Le Sosie du président (El Doble del presidente, 1944) nos quedamos en la política, pero en un tono totalmente diferente, el de la comedia y el vodevil. Esta novela de H.J. Magog (pseudónimo de Henri-Georges Jeanne, 1877-1947) cuenta las aventuras de Fred Lovely, actor parisino de music-hall, cuyo sorprendente parecido con Santos Mirador, el presidente del ficticio estado de San Piquillo, le llevará a vivir una aventura inesperada. Durante un viaje incógnito del presidente, Fred Lovely le salva la vida en un ataque de conspiradores. Para agradecerle, Santos Mirador invita al artista a visitarle en su país y a… ¡sustituirle en el poder mientras se toma unos días de vacaciones con su amante!

Ilustración: Gallica.

Una escena de la adaptación de «La Guardia Blanca» (bajo el título de «Los Días de los Turbín») por Konstantín Stanislavki (1926)
Una escena de la adaptación de «La Guardia Blanca» (bajo el título de «Los Días de los Turbín») por Konstantín Stanislavki (1926)

Mijaíl Bulgákov (1891-1940) publicó su novela sobre la Revolución rusa Белая гвардия (La Guardia blanca) en 1924, y en 1926 empezó su adaptación teatral para el Teatro de Arte de Stanislavski. Las relaciones entre Bulgákov y Stanislavski fueron bastante tensas, pues el director vanguardista quería imponer importantes modificaciones al texto. Entre 1929 y 1936, Bulgákov redactó varios borradores de una novela sobre sus inicios y experiencia como dramaturgo. Una enfermedad renal hereditaria le impidió acabar Театральный роман или Записки покойника (La Novela teatral, o Memorias de un difunto), empezada en 1936-1937 y publicada a finales de los años 1960. En esta novela satírica ambientada en Moscú en 1925, Bulgákov se mofa despiadadamente de Stanislavski recreando las circunstancias de la adaptación de La Guardia blanca. Sergei Maksudov es un periodista desconocido. Ha escrito una novela pero está convencido de que nadie la ha leído. No obstante, le piden adaptarla para el teatro y el famoso Ivan Vasilievich se encargará de dirigirla. Cuando Maksudov le presenta su texto a Vasilievich, éste propone unos cambios tan ridículos que el autor se enfada y se desentiende de todo. Más tarde, descubrirá que su pieza ha sido adaptada y le invitan a asistir a los ensayos…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Albert Guillaume - Las Admiradoras (Lucien Guitry en su camerino) (1922)
Albert Guillaume – Las Admiradoras (Lucien Guitry en su camerino) (1922)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Conclusión

A lo largo del siglo XX, numerosos fueron los autores que escribieron sobre los actores y el teatro: Colette (La Vagabonde, 1910), Christopher St. John (pseud. de Christabel Marshall) (The First Actress, 1911), Massimo Bontempelli (Per la storia del teatro danese (texto en español), 192?), J.P. McEvoy y John H. Striebel con la novela y su adaptación al cómic de Dixie Dugan (1929), Clemence Dane y Helen Simpson (Enter Sir John, 1928 ; Re-enter Sir John, 1932), Vladimir Nabokov (Laughter in the Dark, 1932), Agatha Christie (Lord Edgware Dies, 1933 ; The Mirror Crack’d from Side to Side, 1962), W. Somerset Maugham (Theatre, 1937), Maurice Sachs (Au temps du Boeuf sur le toit, 1939), Edith Ngaio Marsh con sus novelas policíacas ambientadas en teatros, Sinclair Lewis (Bethel Merriday, 1940), Jean Cocteau (Les Monstres sacrés, 1940 ; L’Impromptu du Palais Royal, 1962), Mary Noel Streatfeild (Curtain Up, 1944 ; The Painted Garden, 1948), Eugene O’Neill (A Moon for the Misbegotten, 1947), Daphne du Maurier (The Parasites, 1949), Jean Anouilh (La Répétition ou L’Amour puni, 1950 ; La Petite Molière, 1959), Robertson Davies (Tempest-Tost, 1951), Yukio Mishima (Kyōko no Ie, 1959), Henry Farrell (What Ever Happened to Baby Jane?, 1960), Margaret Drabble (The Garrick Year, 1964), Maurice Sendak (Higglety Pigglety Pop! or There Must Be More to Life, 1967), André Brink (Looking on darkness, 1973), Iris Murdoch (The Sea, the Sea, 1978), Norman Mailer (Of Women and Their Elegance, 1980), Angela Carter (Wise Children, 1991), Shashi Tharoor (Show Business, 1991), Philip Roth (The Humbling, 2009), Chuck Palahniuk (Tell-All, 2010), Avraham Yehoshua (The Retrospective, 2013)…
Pero estas obras aún tardarán años, por no decir décadas, en entrar en el Dominio Público…

Esperamos que hayan disfrutado con este largo recorrido por la literatura del teatro y les emplazamos dentro de unos meses, para una nueva entrega de Tesoros Digitales

Robert Schiff - Dignatarios saliendo de la Ópera (1900)
Robert Schiff – Dignatarios saliendo de la Ópera (1900)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Referencias

Las obras e ilustraciones presentadas en este trabajo proceden de los fondos digitales de: Wikisource, Biblioteca Digital Hispánica, Wikimedia Commons, The Gilbert and Sullivan Archive, Internet Archive, Biblioteca Digital Arte Lope, colección Emothe, The Latin Library, Institución Fernando el Católico, Antorcha Biblioteca Virtual, Early English Books online, Gallica, Portail des Bibliothèques Municipales spécialisées de la Ville de Paris, Textos.info, Littératureaudio.com, Book Graphics, Librivox, Project Gutenberg, IMDB, Österreichische Nationalbibliothek, Les silos, maison du livre et de l’affiche, Images d’art, Fine Arts Museums of San Francisco, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Hemeroteca Digital de España, Harry Ransom Center, Red Digital de Colecciones de Museos de España, New York Public Library Digital Gallery, National Portrait Gallery, Milwaukeee Art Museum, Bibliothèque Mazarine, La Nouvelle Revue Française, Photo History, British Museum, Bildindex der Kunst & Architektur, Victoria & Albert Museum, Auraria Library, Ibero Amerikanisches Institut.

Agradecemos a todas estas instituciones su compromiso con la difusión de nuestro patrimonio cultural.

Fuente de las ilustraciones (por orden de presentación): Gallica, Gallica, Gallica, Gallica, Gallica, Gallica, Gallica, Gallica, Gallica, Gallica, Gallica, Gallica, Gallica.

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Dossier elaborado por Christine Sétrin, con la colaboración de Ángel Pozo. Biblioteca Municipal de Vila-real. Febrero 2019.

La máscara y su función escénica

Rafael Pestano Fariña


1998

https://www.academia.edu/64039564/La_m%C3%A1scara_y_su_funci%C3%B3n_esc%C3%A9nica?email_work_card=title


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