Hombre de contextura firme y enérgica, como el personaje que inspiró, Bell era en el fondo un hombre bondadoso y trabajador que no dejaba de atender a un paciente porque no pudiera pagarle y que luchó por dignificar la profesión de las enfermeras, mal pagadas y mal consideradas por entonces. La policía recurría a él con frecuencia para esclarecer misterios delictivos, ya que se había autoespecializado en análisis forense y en lo que hoy llamaríamos «investigación en la escena del crimen».
de AA.VV. (Escritor), Joan Andreano (Traductor), Carmen Gómez Aragón (Traductor), Gemma Deza (Traductor)
El método de Sherlock Holmes
y su coincidencia con la investigación científica
https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-16162022000200053
Pasajes de las novelas y cuentos de Holmes, las coincidencias entre el método de Holmes y el de la investigación científica: la importancia de la observación, de la recolección de datos, del método inductivo, del raciocinio, de la reflexión metódica y de la relación causa-efecto. Señala también algunos de los principales problemas que surgen en la investigación y que ésta es mucho más que un conjunto de pasos, que una vez aprendidos, se aplican mecánicamente.
Sherlock Holmes
y el paradigma indiciario
Al calor de las relecturas fílmicas (en cine y televisión) de Sherlock Holmes y su acompañante Watson, el mundo del libro replica con sus armas, la letra impresa. En Francia al menos acaban de aparecer tres volúmenes de desigual pretensión que abordan este asunto, y a ellos dedica su pluma nada menos que Elizabeth Roudinesco en las páginas de Le Monde. No es este un tema habitual en el blog, pero sus ecos no les dejarán indiferentes, así que vayamos a lo que nos dice esta estudiosa de la historia y el psicoanálisis:
En un ensayo magistral de 1979, Crisi della Ragione (que contenía el texto “Indicios. Raíces de un paradigma indiciario“), Carlo Ginzburg señaló que hacia finales del siglo XIX el campo de las humanidades y de la literatura habían visto emerger un modelo de pensamiento según el cual la sociedad humana está dividida entre la búsqueda racional y la atracción por lo oculto, entre mente lógica y delirio paranoico.
Y para definir lo que él llamaba el “paradigma indiciario” – es decir, una cosa confusa y perturbadora- le asociaba tres nombres: Giovanni Morelli (1816-1891), inventor de un método susceptible de distinguir entre una obra de arte y una imitación, y por tanto identificar a los falsificadores; Sigmund Freud, fundador de una ciencia del inconsciente que concede a elementos insignificantes un valor determinante (lapsus, actos fallidos, sueños, etc.); y Sherlock Holmes, famoso detective, maestro en el arte de resolver un enigma mediante la simple observación de algunos rastros (ceniza, pelo, hilo de tela, polvo, restos de piel …)
Si bien es correcto decir que todo el fin de siglo aparece rodeado por la irrupción de un determinado discurso narrativo, basado tanto en su sumisión al positivismo como en la fascinación por los signos de la anormalidad, no es habitual constatar que un personaje de ficción, Sherlock Holmes, pueda ser tan real que casi olvidemos el nombre de su creador: Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930), escritor victoriano, nacido en Edimburgo, discípulo de Poe, médico comprometido en Sudáfrica contra los Boers, rebelde y visionario, que abrazó apasionadamente la causa del espiritismo y la de su madre, a quien obedeció en todo.
Es inspirándose en ese asunto de la oscura dualidad que Emmanuel Le Bret (Conan Doyle contre Sherlock Holmes; Editions du Moment) muestra en un ensayo biográfico cómo Conan Doyle se vio obligado, durante su vida, a dar existencia a Sherlock mientras soñaba con ser el equivalente a Walter de Scott o Alejandro Dumas. Sir Arthur le dio ás importancia a sus novelas, sus ensayos y su teatro -un gran trabajo que nadie lee hoy en día- que a la saga del detective, su doble maldito…
Nacido en 1854, Sherlock, soltero empedernido y violinista melancólico, alto y delgado, aficionado al opio, al tabaco y a los combates marciales, parece por primera vez en 1887 en Estudio en escarlata, flanqueado por su biógrafo, el Dr. John Watson , con quien comparte un apartamento en Londres, en el 221b de Baker Street . Sin embargo, en los escritos de Doyle, no pronunciará la frase que le atribuye una película de 1929: “Elemental, mi querido Watson”.
Con los años, y gracias a la Strand Magazine, que le sirve de apoyo, el Sherlock narrado por Watson perfeccionó su método a través de una larga serie de folletines que vendían más de 300.000 copias: El Signo de los Cuatro, Las aventuras de Sherlock Holmes, etc.
Constantemente confundido con su héroe, Conan Doyle, exasperado, decide en 1893 matarlo a la edad de 39 años, al borde de las cataratas de Reichenbach en Suiza, en combate singular con su archienemigo, el profesor James Moriarty, la encarnación de las malas artes y apodado el “Napoleón del crimen” (…). Durante diez años, Doyle se siente liberado de su mal interior: “No podría hacerlo revivir, al menos por unos años. Tengo tal sobredosis -como si me hubiera empachado con un paté de foie gras– que la sola mención de su nombre me da náuseas”.
Sin embargo, en 1903, avergonzado de haber hecho triunfar el mal (Moriarty), resucita a su héroe, primero en El sabueso de los Baskerville, que sitúa la acción antes de la muerte de Holmes, y después en una serie de nuevas aventuras. El mundo de habla inglesa suspiró con alivio y la Strand Magazine dobla sus suscripciones. Sir Arthur nunca hará desaparecer a Sherlock. En total, le dedicó cuatro novelas y cincuenta y seis relatos breves (el “canon”), traducidos a ciento diez idiomas. A ello se añaden, ochenta años después de su muerte, doscientas películas, dos millares de pastiches, cientos de novelas, varios museos y la proliferación de institutos holmesianos, repartidos en todo el mundo y dedicados al estudio del “canon” y sus variantes.
Entre ellos, la sociedad holmesiana de Chicago, encabezada por Ely M. Liebow, autor de (…) Dr. Joe Bell: Model for Sherlock Holmes, que retrata al verdadero Dr. Joe Bell, uno de los modelos de Sherlock.
Dominique Meyer-Bolzinger estudia el perfil de los dos sucesores de Sherlock: Hércules Poirot, que acompañó a Agatha Christie durante cincuenta y cinco años (1920-1975), y Jules Maigret, que fue de 1931 a 1972 la sombra de Simenon. Uno y otro, dice, habrían vinculado el “paradigma indiciario” al psicoanálisis, lo que contribuye a una “continuidad psíquica” del modelo holmesiano. La tesis también es compartida por el psicoanalista Patrick Avrane en Sherlock Holmes & Cie. Détectives de l’inconscient (Campagne Première), que compara la posición del psicoanalista a la del detective del alma.
A todos los lectores que sufran de depresión, se recomienda la novela jubilosa de Jean-Marcel Wanders, Le Mystère Sherlock (Buchet-Chastel) …
Sherlock Holmes en Babilonia: y otros relatos de historia matemática
El misterio de Sherlock
Por :Meiringen, Suiza. Los bomberos despejaron el acceso al Hotel Baker Street, aislado del mundo durante tres días por una avalancha, y descubrieron una auténtica tumba. En la cámara frigorífica yacían los cuerpos de diez académicos que habían participado en un simposio sobre Sherlock Holmes. El mejor de ellos iba a ser nombrado para la primera cátedra de estudios holmesianos de la Sorbona.
Otro ejemplo notable de deducción aparece en El carbúnclo azul, donde Holmes deduce la edad aproximada de un desconocido, su personalidad, estado físico, situación financiera y relación con su esposa, todo a partir de la observación de un sombrero.
La historia trata sobre el robo de un caballo de carreras. Al caballo lo cuidaban un peón y un perro. Pero el peón se queda dormido y nadie oye ladrar al perro. Luego se descubre que alguien había puesto opio en el cordero al curry servido al peón en la cena.
Holmes explica que el opio tiene un sabor muy característico y que es muy difícil ponerlo en la comida sin que el comensal lo note. Salvo que la comida sea muy condimentada, como es el caso del cordero al curry servido esa noche. Si la cena servida era justamente la adecuada para rociarla con opio, el culpable debía ser alguien capaz de decidir el menú de los peones.
En cuando al silencio del perro, eso está asociado a uno de los diálogos más famosos de todas las historias se Sherlock Holmes. Cuando un policía le pregunta a Holmes si ha descubierto algún detalle importante, este menciona "el curioso incidente del perro durante la noche". Cuando le señalan que no hubo ningún incidente con el perro, Holmes contesta que, justamente, ese es el curioso incidente.
Si alguien se metió en la caballeriza donde un perro cuidaba al caballo, y el perro no ladró, eso indicaba que el intruso era alguien conocido por el perro. Los detalles de la cena y del silencio del perro le señalan a Holmes el culpable del robo: el entrenador del caballo. El escritor británico Mark Haddon se inspiró en este pasaje para titular su novela El curioso incidente del perro a medianoche, publicada en 2003.
¿Cómo se explica la vigencia de Sherlock Holmes más de un siglo después de su "retiro", en 1915? Tal vez porque, a diferencia de otros héroes de ficción, Holmes no se destaca por su fuerza, su valentía o su atractivo físico. Lo hace por su inteligencia.


















