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martes, 28 de julio de 2026

La ilustración en Babel: contenido y razones.








Diez claves de la Ilustración
A través de la ciencia, las humanidades y el enciclopedismo, la intención de los ilustrados era reformar la sociedad y neutralizar los excesos irracionales del dogma religioso.

Un ejemplo de gran difusión cultural en la historia de Occidente fue la Ilustración, que tuvo un decisivo impacto en países como Francia, Alemania e Inglaterra y contribuyó a desencadenar la Revolución Francesa en 1789. Sin duda, dicho fenómeno estuvo ligado al Renacimiento. Ambos procesos ilustrados están enlazados entre sí por la revolución científica que inicia su andadura con Copérnico y la publicación de su De revolutionibus orbium coelestium en 1543 –el año mismo de su muerte–, en el que expone su teoría heliocéntrica del sistema solar. Debemos remarcar que la revolución científica tuvo lugar no solo en el campo de la física y la astronomía, sino también en disciplinas como la biología, la anatomía humana o la química.




Además, esta sirvió de acicate para que muchos intelectuales, especialmente los franceses, ya en el siglo XVIII, cultivasen la ciencia, las humanidades y el enciclopedismo con la intención de reformar la sociedad y neutralizar los excesos irracionales del dogma religioso, tan preponderante por entonces. Con el paso de la sociedad mercantil a la industrial, el objeto libro –especialmente de ensayo– adquiere especial importancia como artículo de consumo, convirtiéndose en un signo de distinción.


Los enciclopedistas habían comprobado cómo el modelo burgués, emparentado con el progreso tecnológico y científico, servía de base a sociedades más tolerantes y abiertas, frente al paradigma de las monarquías tradicionales. La diversidad de opiniones y puntos de vista, por otra parte, se tornó más habitual en sociedades democratizadas –como las de Países Bajos y Gran Bretaña durante el siglo XVII–, en las que el poder político era repartido más ampliamente entre diferentes miembros del cuerpo social.

El término «Ilustración» viene del latín illustrāre, «instruir», «dar luz al entendimiento». En alemán vino a llamarse Aufklärung y en inglés Enlightenment, dos conceptos asociados al acto de «alumbrar» o «iluminar» la realidad.

A continuación, diez claves de la Ilustración y cómo estos principios transformaron el mundo.



Educación

Por un lado, está el enciclopedismo y el fomento de la educación entre las masas. Esta sería una herramienta fundamental en el ideario ilustrado para lograr el cambio social. La idea era fomentar el pensamiento racional y acabar así con la superstición religiosa y la intolerancia.

Tolerancia
Una de las ventajas de erradicar la superstición era fomentar la tolerancia para acabar con la violencia dogmático-religiosa. El valor de la tolerancia ha resultado fundamental también en los últimos tiempos. De hecho, en las tres últimas décadas ha sido difundido ampliamente en Occidente por medios de comunicación e instituciones diversas, cobrando un enorme protagonismo en el discurso ideológico.

Racionalismo
Como hemos visto, el poder transformador de la ciencia fue emulado por los ilustrados, siendo el racionalismo el baluarte fundamental de este movimiento. La idea consistía en otorgar protagonismo a la conciencia humana, al puro pensamiento, frente al sentimiento o el instinto. El cálculo y examen racional de la realidad serviría para obtener una representación más fidedigna y justa del mundo.

El enciclopedismo fue una herramienta del ideario ilustrado para lograr el cambio social


Empirismo
La Ilustración animaría a cultivar el dato, a valorar el hecho, lo que en inglés llamaríamos facts. El reconocimiento del hecho como factor fundamental estaba relacionado con el método científico y la proliferación del experimento como estrategia probatoria de una determinada teoría o hipótesis.

Nihilismo
Como todo movimiento social, la Ilustración tuvo también efectos menos positivos. Al igual que la revolución científica, un epifenómeno del racionalismo científico fue lo que el sociólogo Max Weber llamó el «desencantamiento del mundo». Por vía del racionalismo, el mundo acabó por convertirse en un lugar prosaico, lo que tuvo como consecuencia última la difusión del nihilismo: un no creer en nada que se encuentre más allá o por encima de la experiencia cotidiana.

Fe en el progreso
La Ilustración y la posterior Revolución Francesa dotaron a Occidente de una enorme fe en el progreso, en que ciertos cambios positivos y liberadores eran posibles. Aunque esta fe ha dominado la cultura occidental desde entonces, ha habido momentos en los que el referido progreso ha sido puesto en duda. Esto ocurrió con el estallido de la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, y también en la actualidad, cuando vemos que las generaciones jóvenes cuentan con un nivel de vida muy inferior al de sus predecesores.


Democracia
Como supo ver Kant, nunca tendremos acceso a la «cosa en sí». A esto se debe que este movimiento social haya fomentado el parlamentarismo: el debate que llevará a diferentes facciones políticas a alcanzar el mejor acuerdo y las mejores decisiones políticas para la totalidad de la sociedad. Sin duda, los valores democráticos han sido otro baluarte del pensamiento ilustrado.

Capitalismo
La Ilustración sirvió, además, para dar a luz una revolución liberal-capitalista. Esta, generalmente, ha ido de la mano de un modelo democrático de hacer política, aunque el capitalismo ha contado también con sus excesos. Autores como Adorno y Horkheimer, de la Escuela de Frankfurt, han señalado la banalización e instrumentalización de la cultura que este modelo económico ha promovido. Podemos decir que, en muchos casos, el capitalismo ha dado rienda suelta al más despiadado utilitarismo (tanto de cosas, como de fenómenos y personas).

Individualismo
El individualismo es un fenómeno típicamente moderno y capitalista. Este está emparentado con el subjetivismo: la mirada individual cobra, así, una nueva importancia. También el concepto de propiedad está vinculado a este subjetivismo que podríamos definir como «mirada privada» o experiencia exclusiva e intransferible. Aunque el individualismo cuenta con sus ventajas, algunos podrían afirmar que el principio individualista quizás haya llegado demasiado lejos en los tiempos que corren, dando a luz una falta de solidaridad con respecto a otros y sus necesidades.


Relativismo
Si Kant fue el padre de la epistemología que niega el acceso a la verdad última o en sí, su discípulo, el antropólogo Franz Boas, fue el difusor del relativismo cultural, según el cual, no solo el individuo cuenta con una «mirada privada», sino que cada cultura, pueblo o nación atesoran una realidad propia. Aunque este principio lo emplease Boas como herramienta liberadora, cuenta también con su contrapartida, puesto que una sociedad compuesta de miradas excesivamente diversas puede llevar a la falta de entendimiento mutuo y a situaciones de tensión destructiva.





Iluminación parpadeante

Atacada por la izquierda y la derecha, la Ilustración sólo puede salvarse mediante el uso de su mayor legado: la crítica permanente.


La Ilustración está pasando por un momento oscuro. Los teóricos críticos de la raza de ambos lados del Atlántico están siguiendo a los filósofos Emmanuel Eze y Charles W Mills al responsabilizar a la Ilustración del racismo moderno.





En
La era del imperio (2021), el sociólogo británico Kehinde Andrews dice que es hora de dejar de reverenciar ‘a los hombres blancos muertos’ como Kant, Locke y Voltaire. El año pasado, la Universidad de Edimburgo, que es ampliamente considerada como la que tuvo un papel histórico ‘enorme’ en la promulgación de teorías científicas racistas, emprendió un proceso excoriante de autoexamen, publicando una Race Review que reconocía que los principales pensadores de la Ilustración escocesa fueron responsables de propagar ‘algunas de las ideas más dañinas de la historia de la humanidad’, incluyendo la idea de que las sociedades humanas existen en una ‘escalera’ jerárquica, de ‘salvaje’ a ‘civilizada’, con los europeos en la cima. 

El Revisar (Revisión de raza e historia)destacó el papel de David Hume, quien, en una notoria nota a pie de página de la versión de 1753 de su ensayo ‘Sobre personajes nacionales’ (1748), afirmó que las razas no blancas son ‘naturalmente inferiores a los blancos’. La universidad admite que todavía tiene legados por un total de muchos millones de libras de donantes vinculados a la trata de esclavos y otras conquistas coloniales. Al mismo tiempo, la ciudad está envuelta en una larga disputa sobre qué hacer con una estatua de Henry Dundas, a quien la mayoría de los historiadores consideran responsable de retrasar el progreso de la abolición en el Parlamento del Reino Unido.

Censurada por la izquierda por su lavado filosófico del Imperio, la Ilustración está aún más bajo fuego de la derecha populista que ve el largo brazo de su influencia en los cimientos de nuestras instituciones políticas establecidas y la arquitectura tradicional de democracia representativa y experiencia profesional: aquellos que defienden los valores de la Ilustración corren el riesgo de ser castigados como miembros de una ‘élite liberal complaciente’. Escribiendo en El Observador En 2025, Will Hutton lamentó el hecho de que, en una era de autocracia populista, lo que alguna vez fueron bienes dados por sentados – ‘justicia, rendición de cuentas, equidad social, progreso científico, orden internacional ’ – se hayan asociado con una ‘clase brahmán – que son el nuevo enemigo civilizacional ’ Los ataques a este nuevo enemigo están alimentados, escribió Hutton, por ‘la necesidad de venganza contra los abanderados de los valores de la Ilustración’ Los críticos de derecha de la Ilustración cuentan con el apoyo de los expertos en tecnología de Silicon Valley. De hecho, la llamada ‘Ilustración Oscura’ iniciada por el desarrollador de software de extrema derecha Curtis Yarvin, defendida por personas como JD Vance y Peter Thiel, busca borrar los valores ilustrados de igualdad y democracia.


Es famoso que el lingüista y psicólogo Steven Pinker se haya apresurado a defender la Ilustración, subtitulando su artículo de 2018
libro sobre el tema: ‘El caso de la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso’.Estos valores fundamentales, dice Pinker, han conducido a mejoras mensurables en la salud humana, la prosperidad y la paz. Aunque es bueno ver a comentaristas prominentes defender hechos acordados y la búsqueda de conocimiento, especialmente en un momento en que la erudición, la política y los medios de comunicación están siendo erosionados por la posverdad, las teorías de conspiración y la desconfianza hacia los expertos, no puedo alinearme de todo corazón con esta tendencia de las grandes bestias. En medio de flagrantes desigualdades económicas, colapso climático y pobreza generalizada en el Sur Global, la fe de Pinker en el progreso civilizacional parece, cuanto menos, optimista. Además, creo que hay algo de cierto en la crítica izquierdista a la Ilustración como intrínsecamente o circunstancialmente racista. Si no abordamos las complejidades de la Ilustración, ésta seguirá siendo utilizada como arma por las guerras culturalesy con fines polémicos extremistas. Los izquierdistas pueden cancelar, en masa, el recordatorio de la Ilustración sobre la necesidad de rigor intelectual y compromiso con la verdad, mientras que los conservadores pueden usarlo como una defensa contundente de Occidente que margina la vital campaña por la justicia social.


Yo
Como consecuencia de este ataque del movimiento de pinza, el legado de la Ilustración es existencialmente vulnerable. Me preocupa profundamente como alguien cuya carrera entera se ha basado en tratar de comprender y analizar el mundo que me rodea – especialmente un mundo que todavía intenta confinar a las mujeres pensantes a los reinos de la emoción y ‘la experiencia personal’.

Creo que los valores de la Ilustración son esenciales, pero que hemos olvidado en gran medida cómo defenderlos: debemos confiar en hechos compartidos, probados experimentalmente; una esfera pública donde pueda tener lugar un debate abierto; y la creencia de que el debate debe basarse en argumentos razonados. Además, debemos valorar los valores más políticos de la tolerancia, la libertad, los derechos humanos y el bien común. Los defensores de la inteligencia artificial tienen la temeridad de afirmar que los grandes modelos de lenguaje están marcando el comienzo de una ‘segunda Ilustración’ (una afirmación que tuvo eco acrítico en un papel publicado por el Foro Económico Mundial el año pasado) cuando lo que en realidad estamos viendo es la destrucción del legado de la Ilustración bajo la falsa bandera de su nombre. Como argumentó el historiador David Bell en El New York Times En 2025, la IA en realidad está ‘derramando valores de la Ilustración’ simplemente reforzando ‘lo que ya creemos saber’ En El Guardián, El periodista y consultor de riesgo geopolítico Joseph de Weck advirtió que ‘la IA nos está llevando de regreso a la Edad Oscura’, haciéndonos perezosos y obstaculizando el pensamiento independiente.

La razón corre el peligro de ser demonizada como herramienta opresiva del hombre blanco

La evidencia sugiere que estamos pasando por un rápido de-iluminación. La circulación de periódicos, la capacidad de atención y la confianza en formas de conocimiento consensuadas están en caída libre. La desinformación, la información errónea y los deepfakes están ganando terreno. Si dejamos de lado los aspectos valiosos del proyecto de la Ilustración, nos abrimos a un mundo de tonterías de IA, pronunciamientos ‘de mi verdad’, sentimientos tambaleantes y poder desenfrenado.


Mi malestar ante esta lamentable situación me ha provocado a regresar y repensar la Ilustración y lo que tiene para ofrecer. Pero, en lugar de recuperarlo irreflexivamente como una misión, quiero analizar y sopesar sus méritos, discernir con matices lo que todavía es adecuado para nuestros tiempos. Quiero preguntar si es posible rescatar el poder de reunión de la Ilustración y si vale la pena defender lo que las fuerzas combinadas de izquierda y derecha se están uniendo para atacar. ¿Las deficiencias de la Ilustración son percebes en un barco antiguo o parte integral de su diseño?

Irónicamente, al criticar a la Ilustración, la izquierda posmoderna ha deconstruido la base de sus propios sistemas de creencias, y ahora los intelectuales liberales ya no saben qué defender fuera de las demandas de afirmación o de la afirmación del derecho individual a ser quien uno quiere ser. En medio de espirales de pureza intolerantes, la razón corre el peligro de ser demonizada como herramienta opresiva del hombre blanco, y escritores y pensadores como Kate Clanchy o Slavoj Žižek son cancelados en lugar de ser abordados. Pero ¿qué es más peligroso: aferrarse a un conjunto de valores de la Ilustración que podrían ser defectuosos o abrir las compuertas a un mundo de posverdad en el que cualquier agenda autoritaria bien podría tener influencia? Creo que es posible conservar los estándares intelectuales y ser políticamente radical al mismo tiempo.Porque hay otro lado de la Ilustración que no surge en las guerras culturales y que es el opuesto de la complacencia centrista: a saber, la humildad intelectual y el desafío político.

TLa dificultad con cualquier discusión sobre la Ilustración es que no está claro qué significa realmente la palabra. En términos generales, fue un proyecto filosófico que surgió del establecimiento del método científico en el siglo XVII y Siglos XVIII: Francis Bacon y su círculo habían sido pioneros en el rechazo de la alquimia, el misticismo y la superstición en favor del estudio empírico del mundo físico, y esto se convirtió en la base del positivismo filosófico. Si visitaste la exposición de la Galería Nacional dedicada a José Wright de Derby, es posible que lo hayas visto Un experimento con un pájaro en la bomba de aire (1768) – un homenaje a la filosofía natural que ofrece marcados contrastes de oscuridad y luz para dramatizar el impacto del descubrimiento científico.














En la Francia del siglo XVIII surgió un grupo de pensadores conocido como filosofos. Liderado por Voltaire, Jean Le Rond d'Alembert, Denis Diderot y Montesquieu defendieron la búsqueda secular del conocimiento. A lo largo de 20 ani, Diderot y d'Alembert produjeron 28 volúmenes Enciclopedia, un ‘diccionario sistemático’ que se transmitirá a las generaciones futuras para el mejoramiento de la humanidad. Voltaire defendió la primacía de la lógica matemática. Y Montesquieu abogó por la división del poder dentro del gobierno para garantizar que ningún grupo pudiera ejercer la tiranía. La Ilustración también fue perseguida en Escocia por figuras como Adán Smith, David Hume, James Hutton y Thomas Reid, y en Alemania por Moses Mendelssohn, Gottfried Wilhelm Leibniz y Immanuel Kant, que buscó unir la racionalidad humana y una exploración del mundo A nuestro alrededor.


Lo que estos pensadores tenían en común era la creencia en el poder de la razón para liberarnos de las costumbres heredadas y de la sabiduría recibida. El
Enciclopedia definió el filosofo como alguien que, ‘pisoteando los prejuicios, la tradición, el consentimiento universal, la autoridad, en una palabra, todo lo que esclaviza a la mayoría de las mentes, se atreve a pensar por sí mismo’. En 1784, un periódico berlinés invitó a los lectores a responder a la pregunta ‘¿Qué es la Ilustración?’ Kant envió un ensayo, definiéndolo como ‘la liberación del hombre de su inmadurez autoincurrida’, que identificó como ‘la incapacidad de usar la propia comprensión sin la guía de otro’

Algunos historiadores no sólo acusan a la Ilustración de hipocresía, sino que creen que el racismo está en sus huesos

Este rechazo del dogma es inspirador. Pero la Ilustración era diversa, incluso movimiento contradictorio, razón por la cual ahora puede ser utilizado como balón político por quienes ocupan posiciones muy diferentes (ver también liberalismo). ‘Realmente no estoy del todo convencida de que existiera la Ilustración’, me dijo la historiadora Dorinda Outram, autora de varios libros sobre la Ilustración. El filosofos declaran que ‘están produciendo categorías universales que se aplican a todos los seres humanos, como la humanidad universal’, pero luego ‘excluyen repetidamente a las personas de estar bajo la égida de esas categorías universales’, como ‘los negros, las mujeres y los pobres’. En Una reivindicación de los derechos de la mujer (1792), María Wollstonecraft criticó a la Ilustración por afirmar la universalidad y al mismo tiempo excluir a las mujeres del ámbito de la racionalidad. ‘Ella realmente lo toma, lo sacude y dice, mira, todo esto es maravilloso, pero no es real a menos que incluyas a todos,’ dijo Outram. Los críticos de la Ilustración no necesariamente rechazan el universalismo como ideal, pero señalan que el compromiso con el universalismo fue selectivo.

















Algunos historiadores no sólo acusan a la Ilustración de hipocresía, sino que creen que el racismo está en sus huesos. Angela Saini es una periodista científica que ha escrito sobre los orígenes de la ciencia racial. ‘Soy un gran admirador de la Ilustración’, me dijo. ‘Nos dio gran parte del mundo tal como lo conocemos hoy,’ en términos de ‘racionalidad y método científico’. Sin embargo, el sistema de clasificación biológica de Carl Linnaeus, uno de los principales artefactos de la ciencia de la Ilustración, divide a las personas por el color de la piel, lo cual es ‘increíblemente arbitrario’, me dijo Saini: él ‘esencialmente está taxonomizando a los humanos de la misma manera que está elaborando taxonomías del mundo natural’ Voltaire creía que los diferentes grupos étnicos tenían orígenes fundamentalmente diferentes – una teoría conocido como poligenismo– y que la era de la razón había llegado a la madurez sólo en Europa occidental. ‘La humanidad,’ escribió Kant en 1802, ‘tiene su mayor grado de perfección en la raza blanca.’

La defensa estándar de las figuras de la Ilustración, dijo Kehinde Andrews a una Universidad Abierta seminario, es que ‘sí, eran racistas, pero eso es independiente de su filosofía moral… entonces, ¿por qué tiraríamos al bebé junto con el agua de la bañera?’ Esa es la forma equivocada de pensarlo, dijo Andrews, ya que pensadores de la Ilustración como Locke, Jean-Jacques Rousseau y Kant ‘todos tenían estas creencias de que Europa era superior, que la blancura era mejor, que los negros eran inferiores’, y que esto ‘no es una coincidencia’, en realidad es la ‘premisa de dónde vienen’.

Saini señala que estas actitudes racistas también fueron producto de su tiempo y fueron económica y políticamente convenientes: las preciadas nociones de la Ilustración de ‘libertad e igualdad y razón y secularismo’ se forjaron junto con ‘estas ideas acerca de que algunas personas eran inferiores a otras’. Las jerarquías que fueron descritas como ‘naturales’ eran ‘interesadas’, explicó Saini, porque no sólo justificaban la expansión colonial sino que también ‘reforzaban el orden social’.

La Ilustración fue invocada por revueltas contra la esclavitud, como en Haití a principios del Siglo XIX


No obstante, la experiencia de la colonización mitigó las actitudes racistas a medida que los occidentales entraron en contacto con culturas que evidentemente eran intelectual y culturalmente sofisticadas. Por ejemplo, ‘se interesan cada vez más por China,’ me dijo Outram, y ‘la confrontación allí claramente no es entre razón e irracionalidad. Es simplemente un tipo diferente de razón.’ La Ilustración era inconsistente porque cambiaba con el tiempo. ‘Es algo muy diferente al principio del
Siglo XVIIIpor lo que es al final,’ Outram dijo, ‘cuando el enfoque está en un nuevo tipo de humanitarismo’ y nuevas formas de ‘altruismo’, como ‘la fundación filantrópica de estaciones de botes salvavidas’, que se inspira en la idea de que ‘la gente saldrá voluntariamente en condiciones peligrosas para tratar de rescatar a personas con las que no tiene vínculos, que son completos desconocidos.’

Como argumentó el historiador Jonathan Israel en Ilustración radical (2001), en contraste con las imágenes negativas de élites pálidas, masculinas y ricas con vínculos directos o indirectos con la esclavitud, destacados pensadores de la Ilustración como Diderot y Nicolas de Condorcet eran de hecho abolicionistas apasionados: Diderot Contribuido Algunos argumentos estridentemente antiesclavistas a la Historia de las Indias (1770), una polémica contra el dominio colonial, y lamentó el tratamiento de ‘los negros’ en el Enciclopedia (aunque al mismo tiempo los describe como de ‘poca inteligencia’), escribiendo que ‘los hemos reducido, no diría a las condiciones de los esclavos, sino a las de las bestias de carga; ¡y somos razonables! ¡Y nosotros somos cristianos!’ Condorcet escribió en 1795 que las ganancias de la ‘Era de los Descubrimientos’ no contaban para nada a menos que los europeos ‘reconocieran que los hombres de otros climas, iguales y hermanos por voluntad de la naturaleza, nunca se habían formado para alimentar el orgullo y la avaricia de unas pocas naciones privilegiadas’. La Ilustración fue invocada por revueltas antiesclavistas posteriores, como en Haití a la vuelta de la esquina Siglo XIX, y por pensadores anticoloniales posteriores como WEB Du Bois, quien se basó en su afirmación de una humanidad común y de la emancipación a través de la razón.


Hablé con Richard Whatmore, historiador y autor de
El fin de la Ilustración: imperio, comercio, crisis (2023), quien citó a Voltaire escribiendo en 1764 que ‘La discordia es el gran mal de la humanidad; y la tolerancia es el único remedio para ella.’ Para Whatmore, la Ilustración es ‘cualquier estrategia que impida que estallen guerras de religión’ En el Siglo XVIII,‘La diversidad significa estar en desacuerdo sin querer aplastar a tus rivales. Tan pronto como quieras condenarte al ostracismo y al exilio, ese será el fin de la Ilustración. Eso es fanatismo.’ Lo difícil, dijo, ‘es vivir con personas que piensan de manera completamente diferente a como lo haces tú’ Whatmore cree que la Ilustración terminó con la Revolución Francesa y su deseo de crear ‘una comunidad exclusiva’, que él compara con ‘nuestras guerras culturales’. Tan pronto como caes en una guerra cultural ‘eso demuestra que has perdido ante una mente del siglo XVIII’. Whatmore identifica esta tendencia tanto en la derecha trumpiana como en la izquierda identitaria. Oponerse a los prejuicios pero cancelar a quienes no están de acuerdo contigo es –podría decirse– una forma particularmente moderna de hipocresía.

TLa tolerancia –aplicada tanto a las personas como a las opiniones– es una virtud escurridiza. Puedo ver ambos lados del debate entre universalismo y particularidad. Así que desconfío del cálido abrazo San Pablo se extiende a los judíos, invitándolos al redil cristiano y al mismo tiempo borrando los límites de la identidad judía, y también al falso republicanismo de Francia, donde los miembros de la comunidad musulmana cuestionan las afirmaciones de igualdad de condiciones entre los grupos religiosos. Pero sí suscribo un universalismo genuinamente igualitario que prioriza la capacidad de desacuerdo pacífico por sobre las estrechas demandas de reconocimiento por parte de identitarios o nacionalistas.

El universalismo fue objeto de acalorados debates entre los miembros de la Ilustración judía, incluido Moses Mendelssohn, quien –al igual que Kant– contribuyó con un ensayo a la convocatoria de ensayos de la revista Berlin. Mendelssohn estaba a favor de la asimilación judía, pero la preservación de la identidad judía seguía siendo un tema delicado – llegando a un punto crítico con el Holocausto nazi y la conclusión generalizada de que el experimento asimilacionista ‘’ había fracasado. Tal vez no sea sorprendente que muchos de los historiadores más destacados de la Ilustración fueran eruditos judíos de la posguerra, entre ellos Peter Gay, quien miró hacia la Ilustración para proporcionar un modelo de cómo evitar el fascismo. El filósofo alemán Jürgen Habermas También ha argumentado en contra del etnocentrismo y a favor de una solución universal moralidad que trasciende la particularidad nacional o cultural.

Los curadores, editores de libros y académicos tienen cierto poder, pero no se los compara con las corporaciones tecnológicas, los multimillonarios y los hombres fuertes políticos


Los críticos del universalismo de la Ilustración tienen razón al descubrir la dinámica de poder que con demasiada frecuencia subyace a las afirmaciones de ‘objetividad’. Pero el punto clave para mí es que la mayoría de los ataques a los valores de la Ilustración no tienen en cuenta la disparidad de poder realmente en juego: el hecho de que la llamada ‘élite liberal’ está en realidad en tímida retirada. La derecha populista que apunta a los ‘medios de comunicación tradicionales’, expertos, profesionales y especialmente a la camarilla exclusiva apócrifa llamada ‘illuminati’ está apuntando esencialmente a remanentes en conflicto o demonios fantasmas. Mientras tanto, la izquierda centra su atención en los ‘guardianes’ culturales cuya influencia también es ficticia o está en decadencia. En comparación con los miembros más oprimidos de la sociedad, los curadores, editores de libros y académicos titulares tienen cierto poder pero, en comparación con las corporaciones tecnológicas,multimillonarios y hombres fuertes políticos que los están socavando despiadadamente y todo lo que representan, en realidad no lo hacen.

Cuando Eleanor Roosevelt redactó la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948 y tuvo mucho cuidado de incluir representantes de otros países y culturas, incluido el filósofo y diplomático chino PC Chang.Chang era pluralista y apoyaba la Declaración, pero seguía existiendo un desafío particularista: a saber, que la Declaración enfatiza los derechos y libertades individuales mientras que, según la tradición confuciana, el yo se define por vínculos comunitarios. Debemos recordar desafíos como estos, pero no debemos permitir que contribuyan a la destrucción de aquellas instituciones universalistas que se construyeron sobre los fundamentos filosóficos de la Ilustración. Actualmente, todo el orden internacional se encuentra al borde del abismo, amenazado por líderes neototalitarios y socavado a su vez por sus antiguos aliados de izquierda por estar centrado en Occidente y ser excluyente. Los dejamos perecer bajo nuestro propio riesgo, ya que son estas instituciones las que apoyan a los menos poderosos y exigen cuentas a las verdaderas élites.

RLa razón es la brújula a la que recurro en mi trabajo y en mis interacciones con los demás – especialmente cuando hay un conflicto que resolver. Pero también debemos reconocer sus limitaciones: a veces deja de lado de forma impasible cualidades como el hábito, la disonancia cognitiva y la experiencia inefable. Una insistencia excesiva en la racionalidad puede parecer arrogancia si no se controla internamente, y una consecuencia desafortunada del ataque a los expertos es que pueden volverse más dogmáticos en defensa propia. En el Dialéctica de la Ilustración(1947), Theodor Adorno y Max Horkheimer argumentaron que la rígida insistencia de la Ilustración en la razón conducía inevitablemente al totalitarismo. Creían que la supresión de sistemas de valores alternativos como la religión o la tradición era un ‘desencanto’ que siempre estaba respaldado por la amenaza de la violencia. ‘La tierra completamente iluminada,’ escribieron, ‘irradia desastre triunfante.’ Outram cree que Adorno y Horkheimer pusieron el dedo en algo importante: ‘la forma en que los valores de la Ilustración y el pensamiento de la Ilustración muy probablemente se inclinarían hacia sus opuestos’

La razón de la Ilustración siempre ha tenido sus críticos. Rousseau creía que corrompía la naturaleza humana inocente. Michel Foucault No me gustó su tendencia a estigmatizar a aquellos que no encajan en la definición de la sociedad de lo ‘razonable’: vagabundos, criminales y enfermos mentales. El filósofo Juan Graypiensa que su fe en el progreso es quijotesca. Saini me dijo que, como periodista, se centra en el objetivo final de cambiar la opinión de la gente para bien, y simplemente afirmar lo que es ‘razonable’ como verdad evidente no siempre es la mejor manera de lograrlo. ‘Si estoy tratando de convencer a alguien que duda en tomar una vacuna para que la tome, no funciona golpearlo en la cabeza con esta idea de que las vacunas son seguras y los científicos lo han demostrado’, dijo. Después de todo, sus miedos a menudo ‘provienen de un lugar racional. Podría ser un miedo a perder autonomía corporal, un miedo genuino a sufrir lesiones por vacunas o dudas sembradas por alguna información que han leído’ Categorizar la posición equivocada de alguien como irracional tiende a atrincherarlo aún más en ella ‘porque siente que está bajo ataque’


La historia de Eva comiendo la manzana expresa miedo al conocimiento y al caos que trae consigo, pero descubrimos que el caos en realidad proviene de la ignorancia

Saini también advierte contra descartar el giro populista en nuestra política como totalmente irracional. ‘Ha habido una especie de bloqueo en la política durante mucho tiempo, donde la gente sentía que no estaba pasando nada; no importaba a quién eligieran.’ Cuando los candidatos populistas prometen un cambio radical ‘es muy atractivo para la gente’, dijo. ‘Eso no significa necesariamente que se estén alejando de la razón. Simplemente significa que están frustrados.’ Outram también destaca la importancia de mantener una visión pluralista de lo que significan la razón y el conocimiento. ‘El ataque a la experiencia es, de hecho, una lucha entre diferentes formas de conocimiento… Soy una experta, ’ ella reconoce, ‘así que tengo algo en juego,’ pero la experiencia que ‘pasar por la Escuela de Historia de Cambridge te da es tan válida como el conocimiento tácito de, digamos, los cerveceros de cerveza.’

Para Outram, promover la moralidad es una prioridad más urgente que defender la razón, porque ‘la irracionalidad, la desinformación y la información errónea se utilizan al servicio de la crueldad… Si le mientes a alguien, demuestras que no lo respetas.’ Mentir – por parte de gobiernos o corporaciones, digamos –, se lleva a cabo invariablemente ‘en defensa de proyectos que son moralmente indefendibles, de lo contrario no habría que mentir sobre ellos’ Es el valor posterior de la Ilustración del cuidado de los demás – articulado por Adam Smith y Edmund Burke– que Outram cree que deberíamos recordar ahora: ‘la idea de que estamos vinculados a todos los demás seres humanos por simpatía y empatía,’ que ‘no podemos ver sufrir a otras personas sin sentir dolor nosotros mismos.’ (Esto recuerda la conmovedora declaración de Kant, hecha en el contexto de la defensa de un internacionalismo cosmopolita, de que ‘una violación de derechos en una parte del mundo se siente en todas partes’.) La moralidad es lo que impide que la razón sucumba a la hipocresía.

Por supuesto, la acumulación de conocimientos no conduce automáticamente al progreso humano. Pero hay una narrativa alternativa, contraria a la Ilustración, que difícilmente es preferible: la narrativa de Pandora abriendo su caja o Eva comiendo la manzana. Estas historias expresan un miedo al conocimiento y al caos que éste trae consigo, pero descubrimos que el caos en realidad proviene de la ignorancia. Debemos mantener la humildad epistemológica, pero también debemos mantener nuestra orientación cognitiva a medida que la realidad que nos rodea se disuelve en memes generados por la Casa Blanca, publicidad clickbait y basura de IA.



YoEn contraste con la reputación de la Ilustración de ser una organización altruista, sus defensores buscaban sobre todo promover una crítica que fuera a la vez modesta e inquieta. En Una investigación sobre el entendimiento humano(1748), Hume escribió que si aquellos que son ‘dogmáticos en sus opiniones’ pudieran llegar a ser ‘sensibles a las extrañas debilidades del entendimiento humano, incluso en su estado más perfecto’, esta comprensión ‘naturalmente los inspiraría con más modestia y reserva’ y ‘disminuiría su opinión cariñosa de sí mismos y su prejuicio contra los antagonistas’. La modestia intelectual estaba íntimamente ligada a la tolerancia hacia los demás: ya que ‘todos estamos formados de fragilidad y error,’ Voltaire escribió, ‘perdonemos recíprocamente la locura de los demás – esa es la primera ley de la naturaleza’. Kant enfatizó los límites ineludibles del conocimiento humano. No soy el primero en señalar que nuestra propia era de creciente ignorancia se caracteriza, irónicamente, por personas que se aferran con severidad a lo que creen saber.

Al igual que Kant, Foucault también preguntó ‘¿Qué es la Ilustración?’ – el título de un ensayo de 1984. Lo definió como ‘la reactivación permanente de una actitud–, es decir, de un ethos filosófico que podría describirse como una crítica permanente de nuestra era histórica’. Vista desde esta perspectiva, la Ilustración sentó las bases de las ciencias sociales: la convicción de que nuestra ‘era histórica’ es infinitamente legible. Ésta es mi definición favorita de la Ilustración: un compromiso con ‘la crítica permanente’: de nuestro mundo, y también –crucialmente– de nosotros mismos. Es el mejor remedio tanto para la manipulación como para el autoengaño.

En nuestra era de binarios, el hecho de que la Ilustración contenga multitudes es realmente útil

Ni la izquierda identitaria ni la derecha que ondea banderas son actualmente muy buenas en la autocrítica. La izquierda es demasiado moralista y demasiado apegada a una ilusión de ‘equilibrio’ como para reconocer su propia agenda ideológica. En cuanto al radicalismo político, el estrecho enfoque de la izquierda en la identidad le impide examinar el panorama general y la dinámica del poder socioeconómico, y la nostalgia teñida de rosa de la derecha por la grandeza occidental la lleva a defender el status quo. Ninguna de las partes está remotamente ‘iluminada’. Necesitamos ser humildes y cuestionarnos a nosotros mismos, sin duda, pero eso no debería impedirnos decir la verdad al poder y desafiar a las élites financieras y tecnológicas. Con los hermanos tecnológicos reclamando una nueva Ilustración (cuando, en realidad, es la misma vieja guardia blanca, masculina y anglófona con ropa nueva),Hay aún más necesidad de reforzar lo bueno de nuestra herencia intelectual.


La Ilustración puede haber sido un proyecto mixto y paradójico, pero su actitud crítica estaba ligada a la intención revolucionaria: sentar las bases intelectuales de un mundo mejor. Debemos salvar al bebé de la Ilustración de su agua turbia recordando su propia enseñanza del discernimiento; abogando por la racionalidad como una ambición más que como algo absoluto; y sobre todo rechazando los intentos de vincular la experiencia, el capital cultural y los altos estándares intelectuales con el poder y el privilegio en un momento en que están tan gravemente en peligro.

En nuestra era de binarios, el hecho de que la Ilustración contenga multitudes es realmente útil. ‘Había mucha pluralidad en la forma de pensar de la gente, incluso en ese momento,’ dijo Saini. ‘Y es por eso que creo que, cuando miramos al pasado, deberíamos dudar en juzgar demasiado, porque nosotros mismos seremos juzgados por las generaciones futuras por la forma en que vivimos ahora.’ Negarse a relegar personas o ideas de la historia a categorías mayoristas de buenas o malas nos permite decir: ‘Conocemos el tipo de mundo que queremos y, si algo es posible, que creo que es la lección de la historia, entonces podemos tomar lo que sabemos que es útil.’ Sobre el resto, Saini concluye: ‘Podemos decir que estuvo bien para ti, no está bien para nosotros. Y está bien.’


La Ilustración ahora: argumentos a favor de la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso.



Pinker, S. (2018). La Ilustración ahora: argumentos a favor de la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. Nueva York, NY: Vikingo.


¿El mundo realmente se está desmoronando? ¿Está obsoleto el ideal del progreso? En esta elegante evaluación de la condición humana en el tercer milenio, el científico cognitivo e intelectual público Steven Pinker nos insta a alejarnos de los titulares sangrientos y las profecías catastróficas que juegan con nuestros prejuicios psicológicos. En lugar de eso, siga los datos: en 75 gráficos asombrosos, Pinker muestra que la vida, la salud, la prosperidad, la seguridad, la paz, el conocimiento y la felicidad están en aumento, no sólo en Occidente, sino en todo el mundo. Este progreso no es el resultado de alguna fuerza cósmica. Es un don de la Ilustración: la convicción de que la razón y la ciencia pueden potenciar el florecimiento humano.

Lejos de ser una esperanza ingenua, la Ilustración, ahora lo sabemos, tiene trabajado. Pero más que nunca necesita una defensa vigorosa. El proyecto de la Ilustración nada contra corrientes de la naturaleza humana —tribalismo, autoritarismo, demonización, pensamiento mágico— que los demagogos están muy dispuestos a explotar. Muchos comentaristas, comprometidos con ideologías políticas, religiosas o románticas, libran una acción de retaguardia contra ello. El resultado es un fatalismo corrosivo y una voluntad de destruir las preciosas instituciones de la democracia liberal y la cooperación global.

Con profundidad intelectual y estilo literario, Pinker defiende la razón, la ciencia y el humanismo: los ideales que necesitamos para enfrentar nuestros problemas y continuar nuestro progreso.












Bibliografía

Chisick, Harvey. Historical Dictionary of the Enlightenment . Scarecrow Press, 2005.

Gottlieb, Anthony. The Dream of Enlightenment. Liveright, 2016.

Hampson, Norman. The Enlightenment. Penguin Books, 1991.

Isaiah Berlin. Age of Enlightenment[The Mentor Philosophers Series]. New American Library, 1963.

Law, Stephen. The Great Philosophers. Quercus, 2009.

Popkin, R H et al. Philosophy Made Simple . Routledge, 1993.

Robertson, Ritchie. The Enlightenment. Harper, 2021.

Yolton, John W. & Rogers, Pat & Porter, Roy & Stafford, Barbara. A Companion to the Enlightenment . Wiley-Blackwell, 1991.




Guerras de la Ilustración: algunas reflexiones sobre la «Ilustración ahora», un año después

https://quillette.com/2019/01/14/enlightenment-wars-some-reflections-on-enlightenment-now-one-year-later/


Como escribió Thomas Paine, “Discutir con alguien que ha renunciado al uso de la razón es como administrar medicinas a los muertos.”



El siglo de las luces


Las mujeres olvidadas de la Ilustración

El Siglo de las Luces fue el gran momento de la razón y de la exaltación del conocimiento, un periodo histórico que sentaría las bases para muchas de las cuestiones que marcan el mundo actual. Sin embargo, cuando se piensa en ese momento, se visualizan grandes pensadores, científicos o escritores: las mujeres eran un invitado invisible en la época, a pesar de que existieron influyentes pensadoras.

Raquel C. Pico


Es probable que lloviera. No cuesta imaginarse así las calles de Santiago de Compostela cuando se intenta recrear el día del invierno de 1773 cuando María Francisca Isla protagonizó un prodigio en un salón ilustrado, ante unos cuantos notables y testigos: estaban convocados para atestiguar que Isla era capaz de dictar a la vez 12 cartas, con toda coherencia y buen estilo. Podía parecer un truco de feria pero, en realidad, se trató de algo muy distinto. Al fin y al cabo, vivió en el llamado «Siglo de las Luces», un periodo de exaltación de saberes. Ella misma era el ejemplo del ideal ilustrado: una mujer muy conectada con la esfera cultural de su entorno y una de las pocas personas que escribió en aquellos años poesía en gallego, aunque su obra acabó ardiendo en el fuego por decisión de la autora antes de morir.


Tres siglos después, la Ilustración sigue manteniendo una cierta aura de fascinación, de un tiempo en el que lo realmente importante era, justamente, la razón. Cuando se piensa en qué estaba ocurriendo y en quienes estaban cambiando de forma profunda cómo se entendía el mundo, se piensa en estadistas, filósofos, revolucionarios o científicos hombres y, casi siempre, de otros países. Sin embargo, la Ilustración tocó a todo Occidente, España incluida, y a todos los habitantes de esos espacios de una manera o de otra. Al fin y al cabo, cuando cambia el mundo, lo hace para todos.

«Hubo muchas Ilustraciones en Europa y en América que comparten elementos pero que también tienen sus perfiles diferenciales», apunta la historiadora Mónica Bolufer, catedrática de Historia Moderna de la Universidad de Valencia e investigadora principal del Proyecto CIRGEN –que aborda la circulación de las ideas ilustradas desde una perspectiva de género–, recordando que la historiografía hace tiempo que ha dejado de enfocar el análisis de ese periodo tomando a los enciclopedistas franceses como un modelo único. «La Ilustración en España –y en América, no olvidemos que cuando hablamos de España en esa época es con su imperio– ocupa un lugar, sin ninguna duda», indica.



En el siglo XVIII, las mujeres también formaron parte activa de este momento clave para el progreso

Las mujeres, por supuesto, también se enfrentaron a ese proceso de cambio. Aunque los libros no hayan dejado tanta constancia, ellas también fueron científicas, revolucionarias, filósofas o escritoras. Olympia de Gouges o Mary Wollstonecraft escribían sus manifiestos sobre los derechos de la mujer y Émilie du Châtelet sus teorías físicas y matemáticas. No son las únicas: con un impacto a un mayor o menor nivel, en el siglo XVIII las mujeres ilustradas también formaron parte activa de este momento clave para el progreso.


«La Ilustración también es la circulación de las ideas», recuerda Bolufer. Así, las traducciones y los salones, las «tertulias» en España, resultaron cruciales para la circulación de los principios ilustrados: en ambos, las mujeres estuvieron presentes. De hecho, el papel de las ilustradas como salonières es incuestionable ya que ellas mismas eran las anfitrionas. Igualmente, formó parte del proceso de propagación, como apunta la historiadora, participar en la lectura, donde el género femenino también formó una parte esencial: «Creció la alfabetización y la lectura; también entre las mujeres, lectoras activas». Existen ya numerosos estudios sobre las bibliotecas de la época y el papel que las mujeres tuvieron en ellas.

También estuvieron muy presentes en el teatro, como actrices y como empresarias. Entonces, este no era solo un entretenimiento –y muy popular–, sino también, como indica José María Martín Valverde en La Tirana (1755-1803). Una actriz en la época de Carlos III, protagonista del debate sobre si los escenarios debían servir para propagar los ideales de la Ilustración. María del Rosario Fernández, La Tirana, una actriz de tragedias muy popular en los teatros madrileños, es un ejemplo de la posición de las mujeres en este sector –también uno de la precaria situación en la que se encontraban–.


Las traducciones y los salones resultaron cruciales para la circulación de los principios ilustrados, y en ambos, las mujeres estuvieron presentes


Incluso géneros literarios muy populares en el momento –como la literatura de viajes– funcionaron como altavoz de ese anhelo de conocer de un modo mucho más amplio el mundo que los rodea. «La circulación de objetos, la cultura material… De alguna forma todo ese consumo trae a Europa y lleva a América o Asia de manera práctica la aculturación, la difusión de ideas acerca de la amplitud del mundo y del papel prominente que Europa se arroga en ese mundo, y ahí también participan las mujeres», apunta Bolufer. Pero ni siquiera ahí termina la lista de elementos clave para el acceso a los principios de la Ilustración. «Tenemos ejemplos conocidos de mujeres españolas que participaron como mecenas», indica la historiadora, señalando que sostenían obras pictóricas, musicales o literarias.


Una de ellas fue la condesa-duquesa de Benavente, María Josefa Alonso Pimentel, duquesa de Osuna por su matrimonio y que bien puede servir como ejemplo de la «noble ilustrada»: una mujer con una amplia fortuna –y propia– que invirtió en apoyar la música, el arte o el teatro. Su palacio madrileño, El Capricho, y sus jardines son un ejemplo de espacio aspiracional según los ideales de la época. Aun así, y como se podría decir de prácticamente todos los nombres de ilustradas que se mencionan en este artículo, la duquesa estuvo lejos de ser una excepción.


De hecho, el quién es quién de la Junta de Damas de Honor y Mérito –una institución fundada a finales de siglo como una versión femenina de las reales sociedades, en las que se había debatido intensamente sobre si deberían o no abrir sus puertas a las mujeres como socias, y alentada por Carlos III– es un censo de otros muchos ejemplos de «damas nobles» ilustradas. La Junta –que la propia Alonso Pimentel dirigió durante varios periodos– fue, en cierto modo, un regalo envenenado puesto que, como explica la biógrafa de la duquesa de Osuna, Paloma Fernández-Quintanilla, tuvieron que hacerse cargo de una serie de proyectos en serios problemas económicos. De todos modos, desde la inclusa o las escuelas patrióticas que regían abordaron cuestiones claves para mejorar la vida cotidiana, desde cómo debía ser la educación de los niños a cómo mantener con vida a los recién nacidos pasando por la suerte y formación de las criadas.


Mucho más allá de los textos revolucionarios de Wollstonecraft o De Gouges, el papel de las mujeres y su educación, de hecho, fueron temas clave en los debates ilustrados. «Tampoco es nuevo del siglo XVIII», puntualiza Bolufer, «la querella de las mujeres es un debate que se remonta siglos y que se intensifica en este siglo». Josefa Amar o Inés Joyes escribieron sus defensas de las mujeres desde diferentes puntos de España, insistiendo en las capacidades intelectuales femeninas y en que debían ser formadas.


Todos esos nombres son cada vez más visibles, porque desde la academia se lleva ya un tiempo investigando quiénes eran ellas y qué papel ocupaban en el ecosistema ilustrado. Por eso, cuando se pregunta quiénes eran las mujeres ilustradas, cada vez es más sencillo responderlo.

Temas imprescindibles

Ilustración

La necesidad de salir de la oscuridad de la ignorancia y el deseo de alcanzar la luz mediante el conocimiento fueron las causas que motivaron el inicio de la Ilustración. Esta iluminación intelectual y de la razón propició que al siglo XVIII se le llamara el Siglo de las Luces. En este periodo de tiempo se precipitan acontecimientos muy relevantes en la historia de Europa. Es el caso de la Revolución francesa, que tendrá su eco en el resto del mundo.


La Ilustración se vivió con mayor intensidad en Francia y Alemania. Voltaire, Montesquieu o Kant son algunos de los nombres más importantes de esta época en la que la burguesía fue la principal impulsora de un nuevo pensamiento. El liberalismo de John Locke, que sostenía que los estados debían de garantizar los derechos naturales del hombre, fue de una importancia capital en el posterior desarrollo constitucional de los estados.