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sábado, 15 de agosto de 2026

Las Historias de Herodoto: La descripción de Babilonia

BABILONIA. Plano según la descripción de Heródoto. Grabado anónimo. 1732.


Imagen generada por IA del aspecto que podría tener Babilonia en el siglo VI a. C., con las jardines en primer término y el zigurat.


Antecedentes historiográficos anteriores a Herodoto:


TRADUCCIÓN
Adaptada de Al-Rawi (1985) y Beaulieu (2000)
(Columna 1)
Nabopolassar, el Rey de la Justicia, el Pastor llamado por Marduk, el creado por Ninmenna (Reina de reinas), aquel a quien Nabu y Tashmetu extienden su mano, el Príncipe amado de Ninshiku.
Cuando era joven, aunque hijo de un don nadie, buscaba constantemente los templos de Nabu y Marduk, mis patronos. Mi mente estaba absorta en el establecimiento de sus órdenes y la realización completa de sus ritos. Mi atención se dirigía a la justicia y la equidad. Shazu, el señor que comprende los corazones de los dioses del cielo y del inframundo, que observa constantemente las acciones de la humanidad, percibió mis pensamientos internos y me elevó, a mí, el cliente anónimo entre el pueblo, a un alto estatus en mi país natal. Me llamó a la soberanía sobre la tierra y el pueblo. Hizo que un espíritu protector y benevolente caminara a mi lado. Hizo que todo lo que emprendía tuviera éxito. Hizo que Nergal, el más fuerte de los dioses, marchara a mi lado; masacró a mis enemigos, los derribó. El asirio gobernaba Akkad debido a la ira divina y oprimía a los habitantes con su pesado yugo.


(Columna 2)
Pero yo, el débil, el impotente, el que constantemente busca al Señor de señores, los saqué de Akkad e hice que (los babilonios) se liberaran de su yugo con el poderoso poder de Nabu y Marduk, mis protectores.
En ese momento, Nabopolasar, Rey de Babilonia, que complace a Nabu y Marduk, yo, por Imgur-Enlil—la gran muralla de fortificación de Babilonia; el marcador de frontera original de la antigüedad; la sólida frontera tan antigua como el tiempo mismo; el elevado pico de la montaña que rivaliza con los cielos; el poderoso escudo que cierra la entrada a las tierras hostiles; el amplio recinto de los Igigi; el espacioso patio de los Anunnaki; la escalera del cielo; la escalera al inframundo; la estación de Lugalirra y Meslamtae; el santuario al aire libre de Ishtar la Gran Dama; el lugar del bastón arrojadizo de Dagan el Héroe; el recinto del campamento del Guerrero Ninurta; el templo de la protección divina de Anu y Enlil; el santuario ingeniosamente diseñado por Ea, el Señor de Eridu; el terreno de fortificación de los grandes dioses; cuyos cimientos los Igigi y los Anunnaki habían establecido en el júbilo de sus corazones; que habían llevado hábilmente y elevado a su cima; que se había debilitado y derrumbado por el paso del tiempo; cuyos muros habían sido derribados por la lluvia y el diluvio; cuyos cimientos se habían amontonado y acumulado en un montón de ruinas—reuní a las tropas de Enlil, Shamash y Marduk. Les hice usar la azada y les impuse la cesta de reclutamiento. Desde la orilla del canal Arhtu, en la parte baja cerca de la puerta Urash, quité sus escombros acumulados, inspeccioné y examiné sus antiguos cimientos y coloqué su mampostería en el lugar original. Establecí su base en el borde del inframundo. Rodeé la orilla este con un poderoso cinturón montañoso.

(Columna 3)
Nabopolasar, el humilde, el sumiso, el devoto de Nabu y Marduk, el Pastor que complace a Papnunanki, el que inspecciona los antiguos cimientos de Babilonia, el que descubre ladrillos (inscritos) del pasado, el que implementa la obra sobre los cimientos originales y eternos, el que empuña la azada de los Igigi, el que lleva la canasta conscripta de los Anunnaki, el constructor de Imgur-Enlil para Marduk mi señor, yo, para que absolutamente ningún rey futuro elimine mis palabras bien elegidas, para que ninguna palabra sea hecha para reemplazar mi discurso, juré el juramento de Marduk, mi señor, y de Shamash, mi dios:
¡Ay de mí si mis declaraciones no son ciertas, sino falsas!
En aquel tiempo encontré la estatua real de uno de mis predecesores que había reconstruido aquella muralla y, en un lugar seguro, en los grandes cimientos, junto con mi propia estatua, la coloqué para siempre.
Cualquier rey, en cualquier momento, sea hijo o nieto que me suceda, y cuyo nombre Marduk invoque para soberan sobre el reino, no se preocupe por actos de poder y fuerza. Busque los santuarios de Nabu y Marduk y deje que ellos aniquilen a sus enemigos. El Señor Marduk examina las declaraciones y examina el corazón. Quien sea leal a Bel, sus cimientos perdurarán. Quien sea leal al hijo de Bel perdurará para siempre. Cuando la muralla se deteriore y usted se ocupe de su deterioro, de la misma manera que encontré la inscripción de un rey que me precedió y no alteró su ubicación, encuentre mi propia inscripción y colóquela junto a la suya. Por orden del Gran Señor Marduk, cuya orden no es revocada, que su honor se establezca para siempre.





Heródoto.

Padre de la Historia








Las fascinantes historias sobre el mundo persa de Heródoto


https://www.rtve.es/play/audios/locos-por-los-clasicos/herodoto-fascinantes-historias-mundo-persa/6270467/

En el siglo de oro de Atenas, el siglo de Pericles, el V a.C., uno de los momentos estelares de la humanidad, un hombre, Heródoto de Halicarnaso recorre el mundo conocido y lo escribe con un ambicioso objetivo: perpetuar la historia del mundo. Como escribe Kapuncinsky: “Nadie lo había intentado antes. Es el primero a quien se le ocurre esta idea. Mientras intenta recopilar el material para su obra magna e interroga a los testimonios se da cuenta de que cada uno recuerda una cosa y de un modo diferente. Además descubre un aspecto importante y a la vez pérfido y tramposo de nuestra memoria: la gente recuerda sólo lo que quiere recordar y no lo que ocurrió en realidad. El pasado no existe. Sólo hay infinidad de versiones". Heródoto lo hace contando infinidad de relatos, de historias divertidas, con enseñanzas y máximas para la vida.



En el libro I de su “Historia” nos cuenta los imperios de Lidia y Persia: Giges, Creso, Ciro, la conquista de Babilonia, y todo ello con música de Bob Dylan, The eagles y Albert Ketelby.


Para Cicerón era el padre de la Historia y Borges dijo de él que era el “padre de la prosa”.



Con anterioridad al siglo V a.C., los conocimientos y recuerdos del pasado eran muy vagos y consistían en meros sucesos trasmitidos oralmente. Heródoto, comenzó a escribir sobre la gente y los hechos que tuvo oportunidad de vivir y, cuando eran del pasado, los aceptaba si se los relataban personas de su confianza; fue así como se comenzó a hablar de Historia. Por esa razón se le considera «el padre de la Historia».

Antes de que él comenzara a escribir, el poeta griego Homero había escrito la Ilíada y la Odisea. Y, aunque la Ilíada ha resultado en algunos aspectos histórica, está llena de ficción, con dioses que juegan entre sí y con el mundo, hombres descendientes de ellos que peleaban entre sí; era imposible saber qué era mito y qué realidad.
Página de dedicatoria en las “Historias”, traducida al latín por Lorenzo Valla, Venecia, 1494.



En honor a la verdad debemos señalar que Hecateo de Mileto, (500 años a. C.), escribió un libro llamado Viajes por el mundo, que el mismo Heródoto señala le sirvió de fuente de datos. Hecateo, en dicho libro, describía la tierra conocida y analizaba racionalmente los mitos del pasado griego y sus tradiciones, que le parecían contradictorias y hasta ridículas. Pero se considera que fue Heródoto quién en sus primeros escritos titulados Historia o Los nueve libros de la historia, hizo la primera descripción del mundo antiguo más o menos confiable y, a su vez, es la primera escritura en prosa griega que se ha conservado con un estilo caracterizado por la simplicidad y el arcaísmo. Hoy lo señalamos como lenguaje claro y sencillo. Aristóteles señalaba su forma de escribir como ordenada y concatenada. La obra de Heródoto está escrita en rollos de papiro y la compuso en dialecto y escritura jónicos.


El mundo según Heródoto”, mapa de 1897


Heródoto, para realizar sus escritos de historia, aplicó la siguiente metodología. En primer lugar, utilizó la transmisión del conocimiento oral que diferentes personas en diversos lugares le relataron y que luego tuvo oportunidad de conocer en sus viajes. Fue así como escribió sobre el Egipto Antiguo y sobre la guerra entre los persas y los griegos ya que las vivió. Por otro lado, además, usó documentación de muchas personas (informes, cartas, diarios, etc.), existente al respecto y que le parecía creíble y seria. Finalmente, él consideraba que lo más importante en sus escritos era el valor que le dio al hombre como autor de las guerras y hazañas, dejando de lado a los dioses. Con eso insistía que era el hombre el que hacía la Historia y le hizo ver al pueblo griego que el hombre merecía respeto y admiración por sus hechos.




Los críticos señalan que él especulaba y fantaseaba mucho, algo que a veces él advierte en sus manuscritos, como cuando señala que no ha podido verificar un informe o porque tenía dudas de la veracidad de algún comunicado, ya que en esos tiempos la gente creía que los dioses participaban en todas las acciones humanas. Sin embargo, dejó un legado de conocimientos de las costumbres y formas de ser no solo de Grecia, sino de Egipto, Babilonia, Tracia, Italia y otros lugares que visitó. Como daba importancia a la geografía, se le considera geógrafo, aparte de historiador.

Se conoce muy poco de su vida, precisamente, porque escribió muy poco sobre ella y, además, no había narradores. Nació en el año 484 a. C. en la ciudad jonia de Halicarnaso (en la Turquía actual), de familia noble, tuvo diferentes maestros que despertaron su curiosidad por viajar y conocer. (Falleció en el 425 a. C.) Vivió solamente 59 años. Fue acusado por levantarse en armas contra el tirano Ligdanis de su ciudad y desterrado. Esto dio lugar al inicio de sus viajes por toda Grecia y sus islas, en especial Sicilia. Posteriormente, viajó a Egipto y Mesopotamia, y a diferentes lugares del mar Caspio, donde estudió a los misteriosos escitas (de ojos azules y cabellos de fuego).

Se radico en Turios y ahí publicó sus primeros libros de Historias, estos gustaron de inmediato y fueron divulgadas en toda Grecia, en especial en Atenas, donde Aristóteles las popularizó. Plutarco, años después. hablaba de sus historias y Cicerón fue quién lo calificó como padre de la Historia. La palabra «Historia» es del dialecto jónico y significaba «la investigación que hacía un perito para verificar hechos en una disputa», Heródoto conservó ese sentido, solo que lo aplicó a la investigación de los hechos humanos en el tiempo.

La obra de Heródoto se divide en tres partes de tres libros cada una. En la primera, narra el origen y crecimiento del Imperio Persa y la amenaza que significaba para los griegos. En la segunda, narra acontecimientos que dieron lugar a enfrentamientos de los persas con los griegos de los pueblos asiáticos del mediterráneo. En la tercera, relata la invasión del rey Darío a Grecia, que termina con la batalla de Maratón y, en la última, parte la invasión de Jerjes y los triunfos de los griegos en Salamina, Platea y Micala, con lo que lograron la expulsión de los persas. En realidad, su obra se refiere a la vida de los principales pueblos del Mediterráneo oriental y a los conflictos existentes entre griegos y los persas. Además, relató la vida de Darío el Grande, Ciro II el Grande, Creso, Cambises II y muchos otros más. Realizó una auténtica investigación de las causas de esas guerras, sus circunstancias y los pueblos que participaron. Sin embargo, repetimos, él se sentía muy orgulloso señalar que lo principal de su obra es el valor que le dio al «hombre» como autor de grandes hazañas y hacedor de Historia.

Heródoto es considerado el primer prosista occidental de gran calidad literaria e incluso se dice que fue el primer antropólogo. Posiblemente impresionó su impronta narrativa y personal de la historia, y porque trató con la mayor seriedad los aspectos sociales del hombre de todos los lugares, no solo de sus compatriotas griegos. Además, describió y analizó las costumbres, formas de gobierno y las leyes de muchos pueblos que visitó, como las de los lidios, egipcios, asirios y otros más.

Se aprecia que quien creó la palabra «Historia» fue Heródoto, pues él fue el primero en emplearla dándole el sentido de «investigación», para salvar del olvido las gestas de los hombres de su época y anteriores a ella, la cual guardaba la memoria de los principales hechos de ese siglo y de las figuras humanas descollantes y no solo de los héroes que era lo que se acostumbraba; aunque, por supuesto, el valor de los espartanos en el paso de las Termópilas, luchando contra las persas que querían destruir Grecia, quedó inmortalizado en sus escritos.

Lo que más atención atrae de su lectura es que él relata las diferentes costumbres que existían en ese tiempo de pueblo a pueblo y no solo eso, sino las instituciones y leyes que crearon, así como formas de gobierno que difieren entre los pueblos y los monumentos que han construido, como las pirámides de Egipto; algo grandioso, por cierto, él relataba que era este era el único pueblo que se circuncidaba y sus sacerdotes se rapaban el pelo de la cabeza.

Un hecho muy interesante es que él, en lugar de criticar las religiones de los pueblos que visitó, respetaba mucho eso. Así, pudo apreciar infinitas religiones según cada pueblo y aprendió a respetar sus creencias. Él no solo relató las cosas maravillosas que hace el hombre, sino que también se dio cuenta de que todas las religiones hacían ver la fugacidad de la existencia humana. Por esa razón, escribió su Historia como una manera de inmortalizar al hombre.


Notas

Aymard, A. (1981). «La historia de Grecia». En: Oriente y Grecia Antigua. Madrid: España. Ediciones Destino, S.L. Vol. II; 572-573.
Grimberg, C. W. (1985). Grecia. Madrid: España. Ediciones Daimón, Manuel Tamayo.
Heródoto. (1963). Los Nueve Libros de la Historia. México, D.F.: México. W. M. Jackson Inc. Editores. Vol. XXII. Libro Primero, 4-86.
Heródoto. (1971). Los Nueve Libros de la Historia. México, D.F.: México. Editorial Porrúa.
O ‘Gorman, E. (1971). Introducción a los Nueve Libros de la Historia de Heródoto. México D.F.: México. Editorial. Porrúa.
Mora Forero, J. (1992). El pensamiento histórico. Santafé de Bogotá: Corporación Universitaria Antonio Nariño. Tercera Edición 13-36.

Russell, B. (1975). Los historiadores griegos. México, D.F.: México. Editorial Siglo XXI.



Herodoto de Halicarnaso: «Historias»

Herodoto: "Historias"

Portada del libro en piel granate con estampaciones en oro. Primero de los dos tomos que reproducen fielmente la edición ilustrada de Jean de Bonnot, editada en París. Edición numerada, ejemplar 1806. Editora de los Amigos del Círculo del Bibliófilo, Barcelona, 1983.

Herodoto de Halicarnaso es el padre de la historia; sus relatos tienen la misma importancia en la cultura de la humanidad que La Iliada y la Odisea de Homero. Y sus escritos sobre las guerras médicas tienen el valor de recoger el testimonio en primera persona de los sujetos que las vivieron; viajero y hombre de acción, Herodoto nació sobre el año 484  a.C en Halicarnaso y murió en Thurium con ochenta años.  Halicarnaso era una ciudad turca de Asia Menor colonia griega sometida a los persas. Pertenecía a una rica familia que se traslada a Samos donde inicia sus Historias en dialecto jonio. Participó en la lucha contra los tiranos con anterioridad en Halicarnaso. Viajó a: Tracia, Macedonia, Sicilia, Persia, Egipto…, siendo este último su más importante viaje.

Fue Herodoto el primero en describir los lugares que pretendía historiar, viajó en busca de datos concretos, procuró profundizar en las costumbres de los pueblos y trató de dar una explicación a los acontecimientos que relataba; fue precursor de los grandes historiadores como Tucídides y Jenofonte. Sus Historias fueron compuestas en distintas épocas.

Ilustración del primer tomo.

Ilustración del primer tomo.

Ilustración desplegable del primer tomo.

Ilustración desplegable del primer tomo.

Babilonia, según la descripción dada por Heródoto. Grabado anónimo de 1732.

Los babilonios, médicos callejeros

"Una costumbre muy acertada que rige entre los babilonios es ésta: sacan a los enfermos a la plaza (pues resulta que no tienen médicos). Así, los transeuntes –si alguno de ellos ha sufrido un mal semejante al que padece el enfermo o si ha visto afectado de él a otra persona– se acercan al enfermo y le dan consejos sobre su enfermedad [...] y no les está permitido pasar junto a un enfermo sin preguntarle qué mal le aqueja". Libro I

Jardines colgantes de Babilonia. Ilustración del tomo I

Jardines colgantes de Babilonia. Ilustración del tomo I

Estas «Historias» de Herodoto se las debemos a la traducción íntegra del padre Bartolomé Pou, mallorquín que nació en Algaida en 1727 y que, parece, fue revisada por el historiador y arqueólogo José María Quadrado, natural de Ciudadela (Menorca), nacido en 1819.
Para comprobar la importancia y lo que abarcan los nueve libros que componen las «Historias» de Herodoto, preparada por los gramáticos alejandrinos que dedicaron cada uno de ellos a una musa, es útil conocer la sinopsis de esta obra capital: el primer libro trata, entre otros asuntos, de cómo Ciro sometió a los medos y persas y cómo conquistó Asia anterior, Babilonia y otros pueblos (dedicado a Clío, musa de la Historia); el segundo libro, vastísimo tratado sobre Egipto (dedicado a Euterpe, musa de la música); el tercer libro, trata de la sumisión de Egipto por parte de Cambises, hijo de Ciro. Muerte de Cambises y subida al trono de Darío: reorganización del imperio (dedicado a Talía, musa de la comedia)…
La singularidad de las costumbres de los distintos pueblos forma la parte anecdótica que nos aproxima al día a día de gentes diferentes en todos los planos de organización social, métodos de caza, descripción de animales, religión. Sobre animales exóticos como los cocodrilos que encontró en su viaje a Egipto, tras su descripción detallada, nos narra lo siguiente sobre su captura: «Átase al anzuelo un cebo, que no es menos que un lomo de tocino; arrójase en seguida al río, y se está el pescador en la orilla con un lechoncito vivo, al cual obliga a gruñir mortificándolo. Al oír la voz del cerdo, el cocodrilo se dirige hacia ella, y topando con el cebo lo engulle. Al instante tiran de él los de la orilla, y sacado apenas a la playa, se le emplastan los ojos con lodo, prevención con lo que es fácil y hacedero el domarlo, y sin la cual harta fatiga costara la empresa…».   Simple ejemplo este de lo ameno y divertido de esta compleja obra clásica.

La descripción de Babilonia y la tópica de lo exótico en Las Historias de Herodoto

Dr. Mariano Nava Contreras Universidad de Los Andes, Dpto. de Lenguas y Literaturas Clásicas

Nota: Este trabajo forma parte del Grupo de Investigaciones de Lenguas y Literaturas Clásicas (ZD-CLA-H-94, CDCHT-ULA, Venezuela) y el Proyecto “Argumenta Dramatica” (BFF2002-00084, DGICYT, España).

Los párrafos dedicados por Herodoto a la descripción de la ciudad de Babilonia constituyen un extenso fragmento susceptible de múltiples lecturas, lo que permite igualmente un acercamiento a partir de múltiples ópticas. En efecto, las descripciones presentes al final del libro I de las Historias, referidas no solamente a la naturaleza física, sino también a los usos y costumbres de los babilonios y a los caracteres del país, pueden ser inscritas en la antigua tradición griega de los relatos de viajes.

Este género, situado a medio camino entre la cosmografía y el relato popular de aventuras, gozó desde siempre de una gran popularidad entre los griegos. Muchos de estos relatos, de alta divulgación en el mundo antiguo, se conservan hasta nuestros días, proporcionándonos valiosas noticias acerca de sus autores y de su carácter mismo como género narrativo. Ya sabemos de antiquísimos viajes míticos emprendidos por héroes como Jasón, Teseo o Heracles, que atestiguan la presencia del periplo por regiones desconocidas y exóticas como motivo constante y recurrente en la mitología antigua. Ulises mismo encarna la figura del héroe transterrado, que sólo puede volver a su patria después de haber conocido "las ciudades y el genio de innúmeras gentes” 1 .
Los relatos de viajes, pues, siempre han merodeado las difusas fronteras del mito, la ficción, la antropología y la cosmografía. Conocemos por estos relatos a otros viajeros, como Hecateo de Adbera, autor de una conocida Periégesis, u otros aún más tardíos como Ctesias de Cnido, médico griego que vivió en la corte persa en los años finales del s. V a.C., autor de un relato Sobre la India (Indiká); a Escílax de Carianda, almirante griego al que se le atribuye el relato de un periplo por las costas del océano Índico y el golfo Pérsico hacia finales del s. IV a.C.; a Hanón, navegante cartaginés que llegó hasta las costas occidentales del África; a Agatárquides, filósofo peripatético oriundo también de Cnido, que escribió en el s. II a.C. un relato Sobre el mar Eritreo; a Arriano de Nicomedia, que escribió un Periplo del Mar Negro ya en tiempos del emperador Adriano; a Dionisio el Periegeta, autor por las mismas fechas de una curiosa Descripción del mundo habitado en verso; o a Marciano de Heraclea, autor de una Descripción del Mar exterior, oriental y occidental, que data del s. II 2 . Los relatos de viajes y las descripciones de lugares lejanos y maravillosos constituyen, pues, todo un género literario que se extiende a lo largo de la tradición occidental, hasta las mismas cartas de Colón y la Crónica de Indias, y aún después, a los Viajes de Gulliver y las odiseas espaciales de nuestros tiempos.

Las Historias de Herodoto son un hito de este género, y en ellas, especialmente, la descripción de Babilonia. Así, los parágrafos 178 a 187 del libro I nos describen una ciudad rica y poderosa, “adornada como ninguna otra conocemos” 3 , asentada sobre una planta cuadrangular y situada en medio de una gran llanura, atravesada medio a medio por el río Éufrates, que era rápido y navegable. La ciudad estaba protegida por un foso “profundo y ancho” y una doble muralla que la ceñía “como una coraza” (qèrhx) 4 ; ambos sectores, divididos por el río, estaban compuestos por casas de unos tres a cuatro pisos ordenadas en calles transversales y paralelas a la corriente. En el centro de cada sector se alzaban, en el uno el palacio real, y en el otro el templo de Bel Marduk 5 , con sus puertas de bronce y rodeado a su vez de un muro grande y sólido. En cuyo centro se alzaba a su vez la célebre torre, que en realidad eran ocho torres superpuestas, en la última de las cuales se hallaba la capilla consagrada al dios. Al interior de la capilla había una cama y una mesa de oro que utilizaba una mujer distinta cada noche, escogida de entre las del país para unirse con el dios.

 También había una estatua de Zeus sentado, junto a una mesa y un altar sacrifical, todo ello en oro. La corriente del río, por lo demás, estaba controlada por un complejo sistema de diques y canales que era “digno de admiración” (¥xion qèmatoj) 6 , lo que protegía a la ciudad de crecidas e inundaciones. A través del río había un puente cuyas tablas podían ser retiradas a conveniencia, mientras la corriente era surcada por barcos que transportaban la variedad de productos que producía el país. Estos barcos no eran de madera, sino de cuero, lo que a Herodoto parecía “la maravilla mayor entre las cosas de allí” 7 .

Si bien la mayoría de los autores coinciden hoy en que Herodoto efectivamente conoció de propia vista la ciudad 8 , es evidente que su descripción está salpicada por todas partes de elementos retóricos propios de la tópica de la mirabilia, lo maravilloso. Para Aristóteles “lo maravilloso es placentero” 9 , por ello en su Retórica incluye al maravillarse entre los placeres 10 . Lo maravilloso en tanto que topos está por otra parte íntimamente relacionado con el problema de la verosimilitud, e„kÒj, de modo que lo maravilloso debe ser, al menos en parte, imposible, ¢dÚnaton 11 . Las adýnata constituyen uno de los recursos retóricos y poéticos más utilizados en la Antigüedad. Herodoto menciona varias veces el término qaàma (qèma en su dialecto jonio) para referirse a ciertos aspectos resaltantes de la descripción de Babilonia. Los trabajos de la hidráulica babilónica, por ejemplo, le parecen “dignos de admiración”, ¥xion qèmatoj.
Para Hartog, lo thôma, con su componente de singularidad, de extrema belleza o excesiva rareza, con su carácter de “cosa digna de memoria”, constituye un verdadero topos del discurso etnográfico 12 . La retórica de lo maravilloso se presenta entonces emparentada con la tópica de lo exótico, de manera que en la descripción de Babilonia entra en juego otro de los componentes fundamentales del relato etnográfico: el extrañamiento, la conciencia del otro, lo que algunos teóricos ahora quieren llamar “la alteridad”. La intención de Herodoto al componer sus Historias es, precisamente, acercarse al bárbaro, al otro, con extrañeza, con admiración, pero también, hay que decirlo, con reserva 13 . No puede ser de otro modo desde que el acercamiento al objeto estudiado implica a la vez el retiro de la perspectiva. Así, el saber geográfico pasa en Herodoto por una fundamental prueba: nombrar el espacio extraño.


Para Campos Daroca, la descripción herodotea es un intento de conjugar armónicamente la graficidad del mapa, inventado un siglo atrás por Anaximandro de Mileto, con la literatura de los periplos 14 . De esta manera, el paisaje herodoteo se asienta sobre una red de coordenadas que basa su lógica en un sistema patémico. Su mirada recorre una geografía condicionada por “categorías previas” heredadas de un saber preexistente y condicionante 15 . Los accidentes de esta geografía son, cómo no, físicos, pero también emocionales y afectivos. Hay temor y cautela, pero también el maravillarse, lo nota Aristóteles, implica deseo y placer por aprender 16 . Todo se mezcla en una amalgama de sentimientos encontrados. La descripción se vuelve mapa acústico y, en ese sentido, se adapta para transmitir la extrañeza. Por eso Babilonia está adornada como ninguna otra ciudad conocida 17 . La novedad necesariamente se traduce, en la descripción geográfica, en exotismo.
El exotismo de los pueblos orientales es motivo literario de vieja data, y a su vez se relaciona estrechamente con otro género fundamental en la reflexión de los griegos acerca del otro: la utopía. La nostalgia y la añoranza de un pasado feliz en el que el hombre vivía en plácida paz, justicia y abundancia parece una constante en todas las culturas. Extraña paradoja, la meditación acerca del no-lugar constituye también el espacio ideal donde alojar todo lo que es extraño a la cultura helénica. Por eso la utopía está tan cerca del relato de viajes. 



A ambos les gusta frecuentar el sinuoso camino que linda la ficción y la realidad. Los griegos inventaron la utopía y le dieron nombre, pero nunca lo supieron. Lens Tuero y Campos Daroca han indagado en los caracteres y variedades del género utópico en la Antigüedad (lo que han llamado la “tópica utópica”), y han llegado a la conclusión de que hay que esperar a Moro para que, con elementos ya presentes en la tradición griega, dé carta de nacimiento a un género a la vez antiguo y moderno 18 .

Babilonia, como constructo ficcional, como artificio poético y descriptivo, puede inscribirse también en la larga tradición de las utopías griegas. No es difícil distinguir los elementos de esta descripción que se encuentran atestiguados, textual o alegóricamente, en otros textos griegos legítimamente reconocidos como parte de la tradición utópica. Así, la llanura en medio de la que se levanta Babilonia produce, gracias al aprovechamiento del río, múltiples productos agrícolas, lo que hace que sea extremadamente rica, al igual que el país de los tracios en Ilíada XIII 1-7, y la isla de Pieria y el país de los Cíclopes de Odisea V 54-74 y IX 105-141. La feracidad del territorio es uno de los lugares comunes de la utopía que puede ser advertido ya desde el mito de la Edad de Oro 19 y la tradición bíblica misma. Muy rica es también la ciudad de Panara, situada también en medio de una llanura en la isla de Pangea, tal y como la describe Evémero de Mesene según Diodoro de Sicilia 20 . En realidad, el motivo de la fertilidad no es sino uno de los aspectos del topos de la riqueza de los lugares utópicos. La ciudad utópica es, a la par que poderosa, extraordinariamente rica 21 . De este modo aparece una profusión de objetos de oro en el Templo de Bel Marduk babilónico, al igual que en el palacio de Alcínoo descrito en Odisea VII 28-135, cuyas puertas también son de bronce. 


Los muros de oro y las puertas de bronce también aparecen atestiguados en el platónico palacio real y el templo de Poseidón de la ciudad de los Atlantes y el de Hestia, Zeus y Atenea en la de los Magnetes, tal y como los describe el filósofo en Crit. 113b-115a y Ley. 848d-e respectivamente.
Para Aristóteles, Babilonia queda como ejemplo típico de la ciudad desmesuradamente rica y grande 22 . También la ciudad Guerrera descrita por Teopompo de Quíos en el s. IV a.C., según escribe Eliano en su Varia Historia, es rica en oro y plata 23 . Por lo demás, Friedländer nota que asimismo el templo de Yahvé de Salomón estaba también revestido de plata y oro, con lo que el motivo parece recurrente en este tipo de descripciones, al menos las referidas a la región del Mediterráneo oriental y el Asia Menor 24 . Otro tanto habrá que decir respecto de la planta rectangular de la ciudad de Babilonia. La tradición urbanística indoeuropea remite a ciudades de planta más bien circular, tal y como lo demuestran las excavaciones realizadas en Sendschirli, en el centro de Turquía, ciudad hitita con doble muralla exterior concéntrica y doble puerta; en Arslen- Tasch, ciudad asiria del 950 a.C.; en Sirchem en Palestina, e incluso en la ciudad griega de Mantinea, con recinto oval amurallado. Troya II , excavada por Schliemann, Dörfield y Blegen no era más que una especie de círculo de 100 a 120m. de diámetro, y Troya VI , es decir, la Troya homérica, alcanzaba ya los 200m. en cuyo interior se alzaba la iudad palatina, desbordándose extramuros el caserío.
Esta ciudad puede ser fechada entre 1700 y 1200 a.C. Especula al respecto J. M. Muñoz Jiménez, notando que la polis constituye un microcosmos, y todo kosmos ha de ser circular. 



Por otra parte, el círculo simboliza la inmortalidad, pues es la figura perfecta 25 . Del mismo modo, son circulares también las plantas de las ciudades platónicas de Magnesia y Atlántida aludidas anteriormente, esta última, además, protegida, como Babilonia, por murallas y fosos llenos de agua. Herodoto mismo nos cuenta que la ciudad de Ecbatana, capital de la Media, era circular, y estaba rodeada por siete muros concéntricos de diferente color, en cuyo centro se hallaban el palacio real y los tesoros 26 . Sin embargo, la tradición urbanística de los antiguos de igual forma nos remite a ciudades con planta rectangular. Una de ellas fue hallada en las excavaciones de Karanovo, Bulgaria, a cargo de H. Todorova. Allí se descubrió una ciudadela perfectamente cuadrada, fechada en el V milenio a.C., en el período denominado por Gimbutas como el de la Vieja Europa. Se aprecia allí una planta perfectamente cuadrada, orientada según los cuatro puntos cardinales y ceñida por una muralla, en el centro de cuyos lados se abren cuatro puertas.


De estas puertas avanzan dos avenidas principales que se cortan perpendicularmente en el centro de la ciudadela, exactamente a la manera de un castro romano 27 . Mucho más tarde, en el s. V a.C., Hipodamo de Mileto, fue célebre por imponer un diseño racional de planta reticular, que fue adoptada en la reconstrucción de El Pireo, así como, se cree, de otras ciudades del mundo griego como Mileto, Turios y Rodas, arrasadas durante las guerras médicas 28 . Por tanto, la planta rectangular parece haber sido utilizada por los pueblos preindoeuropeos, cuyos primeros y precarios asentamientos urbanos desaparecieron bajo las invasiones de los pueblos arios, los cuales impusieron una concepción circular del desarrollo urbano. Estas ciudades de planta circular encuentran expresión filosófica en las descripciones de utopistas como Platón, si bien estas propuestas deben coexistir con las de otros urbanistas, como Hipodamo de Mileto o Faleas de Calcedón, quienes impulsaron desarrollos más racionales, prácticos y realistas, basados en una concepción reticular. En esta última orientación se inscribe la descripción de Babilonia según Herodoto.
No es poco, finalmente, lo que se puede decir acerca de la descripción de las murallas, cuya construcción es referida por Herodoto con detalle. Las murallas son quizás la edificación más característica de la ciudad antigua. 



Representa acaso su poderío, pero sin duda su inexpugnabilidad. Por ello, la condición de las murallas está altamente relacionada con la calidad de vida de los habitantes de una ciudad. Todavía en Aristóteles no es posible concebir una ciudad sin murallas, y el Filósofo se esfuerza por resaltar su importancia, no sólo defensiva sino también ornamental, escénica. Una ciudad bien amurallada luce segura, estable, tanto para propios como para extraños 29 . Es solamente la ciudad de Kamiros, situada en un estratégico valle cercano a la costa occidental de Rodas, la que adelanta en el s. III a.C. el esquema de la ciudad sin murallas ni ciudadela defensiva, tal y como pretendían que fueran sus ciudades utópicas cínicos y estoicos.
Ello no significó empero más que la excepción de una tradición que se extenderá hasta finales de la Edad Media europea y aún el período colonial americano. Más bien observamos cómo la descripción de las murallas constituye un lugar común de extraordinaria importancia en la descripción de la ciudad utópica. Herodoto describe con detalle los caracteres de esta muralla: la rodea un foso lleno de agua y mide cincuenta “codos reales” de ancho por doscientos de alto, con almenas en la parte superior, entre las cuales hay espacio suficiente para que circule un carro. La franquean cien puertas, todas de bronce. 



También cuenta el historiador la manera como fue hecha esta muralla, como la tierra sacada del foso fue aprovechada para elaborar los ladrillos, los cuales fueron juntados en la construcción usando asfalto como cemento 30 . Platón hace igualmente una descripción detallada de la muralla que protege la ciudad de los Atlantes 31 .


Ésta se levanta después del foso que rodea la isla central, el cual también fue cavado sacando la piedra necesaria para construir el muro. Cuenta finalmente que la muralla que rodeaba el recinto exterior estaba recubierta de cobre, la del medio de estaño y la más interior, que protegía la acrópolis, la recubrieron de oricalco para contribuir al ornato de la ciudad, pues para Platón, como en Aristóteles, la muralla desempeña una función escénica. En el extremo de la utopía está la comedia, ese espacio de la suma trasgresión en que nada es imposible y está permitido burlarse de todo cuanto existe. Aristófanes, en un texto de singular clarividencia que adelanta el fracaso y la pesadilla de las utopías, cuenta cómo Pistétero y Evélpides, dos ancianos atenienses hartos de una ciudad tan conflictiva, deciden huir de ella, y fundar en medio del aire una nueva ciudad habitada por las aves. Poco a poco, “Cucópolis de las Nubes”, la ciudad que han fundado, termina reproduciendo y aumentando los vicios de aquella Atenas de la que pretendía ser antítesis, para convertirse en un aparato político aun más monstruoso que el imperio predecesor 32 .

Un momento importante en la escena de la fundación de la nueva ciudad lo constituye la erección de las murallas. Pistétero ordena así a las aves: “...en primer lugar, os enseño a que haya una sola ciudad de los pájaros, y luego amurallar alrededor con grandes ladrillos toda esta región intermedia entre el cielo y la tierra, como Babilonia” 33 . Más adelante, inmediatamente después de la segunda Parábasis, un mensajero busca a Pistétero para anunciarle que la construcción ha sido terminada, que las aves han construido unas grandes murallas en medio del aire. Miden, lo ha comprobado el mismo mensajero, cien brazas: “PI STÉTERO: ¡Oh Posidón, qué altura! ¿quiénes la han construido tan alta? MENSAJERO: Los pájaros, nadie más; no estaba el egipcio portador de ladrillos, ni el cantero, ni el carpintero; ellos solos lo hicieron, tanto, que me quedé pasmado. De África vinieron treinta mil grullas que se habían tragado piedras para los cimientos; los rascones las tallaron con los picos. Diez mil cigüeñas fabricaban ladrillos y las avefrías y otras aves del río subían agua de abajo al aire. PI ST.: ¿Y quiénes llevaban barro? MENS.: Las garzas con cubos. PI ST.: ¿Y cómo echaban el barro en los cubos? MENS.: Esto, querido, lo discurrieron muy ingeniosamente: las ocas, cogiéndolo como con palas, lo echaban a los cubos con las dos patas” 34 . No cabe duda de que el relato es una parodia del pasaje de Herodoto, aunque también muestra ciertas similitudes con la descripción de las murallas de Atenas mandadas a construir por Temístocles, según Tucídides 35 .




Como quiera que sea, es evidente que el motivo de la descripción de las murallas luce como topos recurrente y central en la descripción de la ciudad utópica, y como tal no podía ser desechado por Aristófanes en esta paródica crítica de la utopía, esta antiutopía que son Las aves. Babilonia, pues, queda como lugar de la desmesura, de la hipérbole, de la maravilla, de todo aquello que los griegos clásicos temían y admiraban. En su descripción se encuentran presentes muchos de los elementos que sirven para configurar una tópica de lo exótico, de lo increíble, de lo extraño, conformando así una “retórica de la alteridad”. Herodoto forma parte de un linaje de “hombres-frontera”, encargados de esbozar los contornos de la identidad griega al borde de su propia realidad 36 . El historiador, que ha visto la ciudad, recoge la tradición babilónica, y traza con ella un mapa que se va poblando de mitos, pero también de clarividencias. El inventario del mundo y el retrato del bárbaro configuran un imaginario que se convierte en camino de ida y vuelta. En su decurso, los paisajes van y vienen enriqueciendo el discurso y la fábula. El lado oscuro de esta estrella es, sin embargo, la incomprensión, la intolerancia y la guerra.



No cabe en este acercamiento profundizar acerca de los mecanismos descriptivos y narrativos usados ​​por Herodoto a la hora de representar el mundo y la cultura de los “bárbaros”. Sin embargo, no podríamos pasar este aspecto sin aludir al clásico trabajo de F. H.ARTOG,El espejo de Herodote. Ensayo sobre la representación del otro,Paris 1980. Por lo demás, una actualizada ponderación de la obra herodotea la ofrece.




Notas
Para una cuidada selección de estos relatos con estudio introductorio,

1 Sobredosis.I3.
2 vid. GRAMOARCÍAMETROORENO, L., y GÓMEZmiSPELOSÍN, F.,Relatos de viajes en la literatura griega antigua,Madrid 1996; acerca de los relatos de viaje como género literario en la antigua Grecia, vid. el trabajo más reciente de GRAMOÓMEZmiSPELOSÍN, J.,El descubrimiento del mundo. Geografía y viajeros en la antigua Grecia,Madrid 2000.
3 En adelante, seguimos la traducción ofrecida por J. Berenguer Amenós, Barcelona 1960.
4 La imagen de la muralla como corazón que ciñe y protege la ciudad, así como al corazón del hombre de los ataques de Satán, está también registrada en la tradición islámica. Vídeo. ABÛ-L-HASANAlabama-NORTEURÎDelawareBAGDAD,Moradas de los corazones,Introducción de Luce López-Baralt, Madrid 1999: 76 n. 50.
5 Que Herodoto llama “Zeus Belo”, ZeÚj B»loj (I181).
6 I185, 15.
7 TÕ dü ¡p£ntwn qîma mšgiston,I194.
8 LUCE, TJ,Los historiadores griegos,Londres 1997: 20; ROUSEL, D.,Los historiadores griegos,París 1973: 32.
9 TÕ dü qaumastÒn ¹dÚ.Poeta.1460a.
10 Retórica.1371b.
11 Retórica.1392a. Eltoposde lo maravilloso es una narrativa constante en la Crónica de Indias, como hemos estudiado en nuestro pequeño trabajo “La transmisión del saber en la descripción de la naturaleza en Plinio el Viejo y la Crónica de Indias” (Mérida, Venezuela 1993). maravilloso y la verosimilitud en la literatura de España y Portugal, vid. SPINA, S.,Introducción a la Poética Clásica,São Paulo 1995: 135. Acerca de la verosimilitud y el concepto aristotélico de e„kÒj, vid. PAGLIALUNGA, E.,Manual de retórica literaria clásica,Mérida (Venezuela) 2001: 112.




12 F. HARTOG,El espejo de Herodote. Ensayo sobre la representación del otro,París 1980: 356 ss., donde el autor dedica un capítulo al estudio de este concepto.
13 SCHÖGL,Herodot,Stüttgart 1998, trad. especialmente Madrid 2000. Acerca de las relaciones entre la cultura oriental (India, Mesopotamia y Persia) y la Grecia antigua, especialmente en relación con la tradición homérica, vid. el ensayo de W. B.URKERT,Da Omero ai Magi,Venecia 2001, trad. especialmente Barcelona 2002. Este trabajo consigna además una importante bibliografía sobre el tema.
14 doAMPOSDAROCA, J.,Experiencias del lenguaje en las “Historias” de Herodoto,Almería 1992: 108 ss.
15 GRAMOÓMEZmiSPELOSÍN, J.,El descubrimiento del mundo. Geografía y viajeros en la antigua Grecia,Madrid 2000: 186 ss.
16 Retórica.1371b.
17 ™kekÒsmhto dü æj oÙdün ¥llo pÒlisma tîn ¹me`j ‡dmen.Historia.I178.
18 LENSTUERO, J. y CAMPOSDAROCA, J.,Utopías del mundo antiguo,Madrid 2000. En lo referente a la Antigüedad grecolatina, el estudio introductorio que ofrece este trabajo supera y resuelve muchos de los planteamientos presentes en el estudio pionero de TRUOSSON, R.,Voyages aux paga la parte nula. Historia literaria del pensamiento utópico,Bruselas 1975, trad. especialmente Barcelona 1995. La bibliografía acerca de la literatura y el El pensamiento utópico es exageradamente dilatado. Al respecto, remitimos a los apéndices bibliográficos en los estudios citados.
19 HES.Trab. y días106-201.
20 Bib. Hist.V41-2.








21 LENSTUERO(“La representación de la Edad de Oro desde Hesíodo hasta Pedro Mártir de Anglería”, G.ARCÍAGRAMOONZÁLEZ, JM y POCIÑAPAGÉREZ, A.,Pervivencia y actualidad de la cultura clásica.Granada 1996: 171-209) hace en este sentido una diferenciación entre la utopía austera (simple, ¡plÒthj) y la compleja (poikil»), que daría mayor preponderancia a la riqueza material. Por lo demás, hemos intentado caracterizar una poética del discurso utópico en nuestro pequeño trabajo“Politeia y utopía.Elementos para una poética de la utopía filosófica en Grecia”, L.ABIANOILUNDAIN, LÓPEZmiIRAy SEOANEPAGARDO,Retórica, política e ideología desde la Antigüedad hasta nuestros días,Salamanca 1997: 229-39.
22 Pol.1265a 14, 1276a 28.
23 III18.<
24 Lo que hace pensar a este autor que la ciudad de los Atlantes encarna el “oriente idealizado” por Platón. Vídeo. FRIEDLÄNDER, PAG.,Platón.
26 I98.
27 F. VILLAR,Los Indoeuropeos y los orígenes de Europa,Madrid 1996: 173 ss.
28 ARIST.Pol.1267b-1269a.
29 Pol.1330b
30 I178.
31 PAGLAT.Crítico.116a.
31. Para la bibliografía acerca del tema remitimos al apéndice ofrecido en este pequeño estudio.

32 Los personajes de la antiutopía aristofánica presentes enLas aveshan sido estudiados en nuestro trabajo “Parodia y antiutopía enLas aves Delaware Aristófanes”, CRESPO, E. y
BARRIOS, M.-J. (Eds.),Actas del X Congreso Español de Estudios Clásicos,Madrid 2000:573-80.
33 ARISTÓFANO.Aves550-2. En adelante, para todas las citas de Las aves,seguimos la traducción de F. Rodríguez Adrados, Madrid 1997. El subrayado es nuestro.
34 vv. 1131-46.
35 TUC.I93.
36 Las expresiones son de F. HARTOG,Le miroir d'Hérodote, op.cit.:331 ss. yMemoria de Ulisse. Récits sur la frontière en Grèce ancienne,París 1996, trad. especialmente Buenos Aires 1999: 14, respectivamente.
Seinswahrheit und Lebenswirklischkeit,1964, trad. esp. Madrid 198NEZ, JM,La ciudad como obra de arte. Las claves del urbanismo en la Antigua Grecia,Madrid 1996.

La torre de Babel, Heródoto y los primeros viajeros europeos por tierras mesopotámicas
Montero Fenollós, Juan-Luis