“El peregrino”
- Tomo I -
CARTA DECIMOSÉPTIMA
desde B A G D A D
En la antigua Babilonia
Situación de Babilonia.
El relato continúa de este modo: [Babilonia] se halla en medio de una llanura bastante extensa y homogénea; aproximadamente a un buen cuarto de milla del Éufrates, que la atraviesa en ese sitio hacia poniente. Allí, aún se puede ver hoy, bastante elevado, un amasijo de edificios en ruinas de una prodigiosa mezcla de diversos materiales; pero bien sea porque los construyeran de esa manera desde un primer momento, tal y como yo creo, o bien porque esos restos se hayan confundido y mezclado unos con otros a lo largo del tiempo; al haberse reducido todo eso hoy a un conglomerado de materiales que se asemeja a una vasta montaña en la que no queda nada en pie, poco se puede sacar en consecuencia.
Descripción de la Torre de Babel
La torre de Babel es de planta cuadrada, en forma de pirámide con cuatro caras que responden a las cuatro partes del mundo; pero, si no me equivoco, a causa de lo desordenado de sus ruinas, da la impresión de que fuera más larga de norte a sur que de este a oeste. Creo que su circunvalación es, tal y como yo la he medido, de unos mil ciento treinta y cuatro pasos de los míos que, a mi parecer podrían corresponder a un buen cuarto de legua. Sus proporciones, su base y su arquitectura se parecen a esa pirámide que Estrabón1 llamaba “el sepulcro de Belus”, y esa debe ser aparentemente la que se menciona en las Sagradas Escrituras con el nombre de Torre de Nembrotto2 o Nemrod en Babilonia, o Babel, tal y como se conoce hoy este lugar
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Heródoto3, autor muy antiguo, describe minuciosamente la forma y estructura de esta gran obra, en donde dice que había ocho torres, una encima de otra, de estructura maciza y que cada una de ellas tenía sus escaleras por el exterior para poder subir y bajar por allí, además de otras muchas peculiaridades que se pueden encontrar en su obra. Estrabón ya no menciona las escaleras, ni los otros ornamentos que embellecerían parte del edificio porque, como él comenta, Jerjes ya habría arruinado la mayor parte de la torre, y al gran Alejandro [Alejandro el Magno], que habría querido reconstruirla magníficamente, le sobrevino la muerte antes de ver cumplidos sus deseos. Es digno de mención el que desde la base de esta montaña hacia adelante no se vea otra cosa que ruinas, algo que nos da la idea de que aquí hubo en otros tiempos una gran ciudad, y que no pudo ser otra que aquella famosa Babilonia; además de que todo lo que se puede descubrir a cincuenta o sesenta pasos más lejos de esta mole, no son más que los restos de algunos cimientos aquí y allá, y que, sin duda alguna, en pasadas épocas fueron edificios. El paisaje que se puede apreciar alrededor, fuera del recinto de estos vestigios, es muy llano y parece imposible que aquí hayan existido jamás construcciones importantes, ya que, aparte de esta gruesa mole de ladrillos, todo lo que se ve está tan apelotonado y destruido que apenas se puede creer que hayan podido edificar en estos lugares esta grandiosa y soberbia ciudad de Babilonia; una ciudad con unos edificios tan bien cimentados, sólidos y de considerables dimensiones.
1Libro 16. 2Génesis. 10 y 11. 3Libro I.
La antigua Babel no es más que un amasijo de ruinas.
De hecho, también convendría reflexionar sobre cómo el tiempo puede cambiarlo todo y echar abajo las obras de los mortales; visto que no hace más de cuatro mil años que se erigió esta ciudad. Incluso yo me extraño de que se pueda ver todavía cómo subsiste lo poco que queda, si tenemos en cuenta lo que nos dice Diodoro Sículo, uno de los autores de la antigüedad, que ya en su época no quedaba prácticamente nada de los edificios. La altura de esta especie de montaña formada de ruinas no es igual por todas partes; es más elevada por unos sitios que por otros; pero en comparación, el punto más alto del Palacio de Nápoles es mucho más bajo que esta especie de monte. Este amasijo enorme, considerado desde sus distintos costados, a simple vista no tiene formas regulares y solo se aprecia un revoltijo informe; algo común a todas las construcciones arruinadas por el paso del tiempo o por los hombres. Se pueden apreciar puntos más altos y más bajos; escarpados en algunos lugares y quebrados e imposibles de subir a ellos en otros; algo más allá hay sitios más accesibles y con una pendiente más fácil de remontar. También se ven vestigios de torrenteras de arriba abajo causadas por las lluvias. Incluso cuando se está dentro y por la parte baja se aprecian restos de diversas alturas; en fin, que esto no es más que una inmensa montaña caótica en la que es imposible reconocer si hubo alguna vez una escalera para subir allí, o algunas puertas por las que acceder; de lo que se puede deducir que las escaleras habrían estado en la parte externa del edificio y rodeándolo, y que al ser las partes menos sólidas de la construcción, fueron las primeras en derrumbarse, de suerte que ya no se puede apreciar la más mínima señal de su existencia.
En el interior de este recinto, cuando uno se pasea por la parte superior, se pueden ver una especie de cuevas o cavidades, pero tan deterioradas que es imposible saber lo que fueran en otro tiempo; y hay quienes dudan de si fueron construidas a la vez que esta gran obra, o posteriormente excavadas por los campesinos para servirles de refugio; algo, esto último, que me parece bastante probable.
Superstición de algunos mahometanos.
Circunstancias de sus fabulaciones.
No obstante, los mahometanos se imaginan, por un acto de fe, que esas cavernas Dios las destinó para que sirvieran de lugar de suplicio a Harût y a Marût que fueron, según dicen, dos ángeles a los que Dios envió desde el Cielo para observar o hacer justicia por los crímenes de los hombres y que no se comportaron correctamente en el cumplimiento de esta misión. Hasta Belonio lo menciona también como una de las cuestiones contenidas en el Alcorán y sus glosas, y aquí muchos de sus sabios doctores así me lo han confirmado de viva voz. Me han contado que estos ángeles caídos en desgracia, en lugar de dedicarse aquí abajo a hacer lo que debían, se enamoraron de una hermosa mujer que acudió a ellos solicitando justicia contra su marido; pero los ángeles le dijeron que solo lo harían si aceptaba calmar los ardores de ambos, incitándola así al adulterio. Ella les prometió que les daría su consentimiento a cambio de que le enseñaran cierta fórmula mágica con la que al pronunciarla los ángeles podían subir y descender del Cielo a voluntad. La mujer, una vez bien aprendida esa portentosa oración, la pronunció, y en el acto fue transportada hasta el Cielo, dejando en la tierra a esos pobres ángeles a los que había engañado y que por haber pretendido cometer un pecado así nunca más pudieron ascender al Cielo. Harût y Marût decidieron voluntariamente expiar su pecado y rogaron a Dios que les permitiera cumplir su condena en este mundo, por lo que Dios les castigó a morar en una de estas grutas de las que os he hablado, colgados de los párpados y las cejas hasta el día del Juicio final. No voy a perder más tiempo en este galimatías de fabulaciones y extravagancias, así que volvamos a las ruinas de esta famosa Torre.
Materiales de la Torre de Babel.
Cuando se contempla esta mole de escombros por todas partes, uno puede darse cuenta de que Nemrod construyó la Torre de Babel únicamente a base de grandes adobes y ladrillos, algo de lo que me percaté y anoté como una curiosidad después de hacer que excavaran en algunos lugares con unos picos. Da la impresión de que estos adobes eran de tierra sin cocer, sin pasar por el fuego de un horno, y tan solo secados al sol, muy ardiente en estos contornos, tal vez de la misma forma en que los españoles fabrican esos muretes de tierra que llaman tapiales1. Además, para unir unos adobes con otros aquí no emplean ni cal, ni mortero con arena, sino barro y paja solamente, y en los lugares que sirven de junturas se pueden ver mezclados con ese barro trozos de cañas o paja dura, hasta formar gruesas cubiertas que dan así mayor firmeza a la obra. También he observado que de vez en cuando en algunos lugares, sobre todo en los que se necesita una mayor fortaleza, hay muchos otros ladrillos del mismo tamaño y grosor, pero más sólidos, cocidos en horno, y unidos con un buen mortero o con asfalto. No obstante, son más abundantes los adobes cocidos al sol, que los ladrillos.
Mi curiosidad me ha llevado a recoger unos cuantos pedazos de adobes y ladrillos, así como del asfalto y los trozos de cañas con que lo mezclan. Me llevaré todo esto a enseñárselo Italia a para los anticuarios interesados en estas cosas, porque me parece que estas piezas tan antiguas son dignas de admiración. En nuestros días no se hace mención de la manera de construir en este país con el asfalto, en lugar de con cal y hormigón; algo que si se puede leer, no solo en el compendio de las “Historias filípicas” de Trogus2 escrito por Justino, cuando habla de los edificios de la reina Semíramis3; sino
1Pared o trozo de pared que se hace con tierra amasada. (Diccionario de la RAE). 24-05-2024.
2 Cneo Pompeyo Trogo (s. I a.C.) Su principal obra, llamada Historiae Philippicae (Historias Filípicas) está estructurada en cuarenta y cuatro libros, y se llama así en honor al fundador del Imperio macedonio, Filipo II, que es el tema central de la narración. La obra habla de las partes del mundo que fueron conquistadas por Alejandro Magno y sus sucesores, con pasajes etnográficos y geográficos aclaratorios. Trogo comienza su trabajo hablando del legendario Nino, fundador de Nínive.
3Semíramis (identificada por algunos como la reina asiria Sammuramat), según leyendas griegas, fue esposa del mítico rey Ninus de Asiria y luego reina gobernante por 42 años, al fallecer el rey Ninus tras 52 años de reinado, hacia el 2189 a. C. Sammuramat o Semíramis fue mencionada por Heródoto, y el historiador posterior Diodoro Sículo elaboró toda una leyenda sobre ella, según la cual había nacido de la diosa Derceto, y tras casarse con Ninus (el legendario fundador de Nínive y del Imperio asirio) y enviudar, habría reinado por muchos años durante los cuales habría construido Babilonia.
incluso en las Sagradas Escrituras, en el capítulo XI del Génesis, en donde se describe esta prodigiosa Torre y la ciudad que está junto a ella, cuya construcción la atribuye a Nemrod1; aunque los autores profanos apuntan a que fue un templo dedicado al dios Belus o Bel2 (Ba’al).
Esta es la razón por la que Bellarmino cree, con bastante razón, tal y como lo ha escrito en su Cronología (publicada hace pocos años, que vi por primera vez en Constantinopla en manos de un Padre Jesuita) que Belus y Nemrod son una misma persona; aunque Estrabón, al igual que Heródoto y otros autores paganos, a esta misma pirámide3, que los cristianos han llamado Torre de Babel o de Nemrod, la denominan el sepulcro de Belus.
El Señor della Valle hace dibujar a su pintor esas ruinas.
Me ha parecido interesante pedir a mi pintor que me hiciera un dibujo del plano y el alzado de esta torre de Babel, tal y como se puede ver hoy en día. Además, sobre el mismo dibujo la ha esbozado desde dos de los lugares cuya vista es más agradable; también ha bosquejado los cuatro lados para poder pintarlos con más detalle en varios cuadros más adelante. En mi opinión, no cabe duda de que ésta sea la antigua Babel y la Torre de Nemrod; ya que además de por su situación, porque así la conocen y llaman en el presente la gente del país; vulgarmente llamada Babel en árabe, pronunciando la última sílaba como cerrando los dientes, lo que hace que suene un poco rara; o si se escribe con una Y griega, como hacen los latinos, y se añade al final la doble vocal con su terminación en nominativo, de todo ello resultará la palabra Babelon, o Babylon, tal y como estos la llaman.
La ciudad de Hella.
Aún disponíamos de varias horas de día después de haber visto y recorrido Babel, así que dado que nos hallábamos próximos a una ciudad llamada Hella4 (desconocida para el autor del Breviario Geográfico y puede que para muchos otros a lo que he podido saber), una de las ciudades más importantes de la Provincia de Babilonia, resolvimos ir allí, algo que de todos modos habríamos hecho, aunque hubiese estado más alejada, para alojarnos y pasar en ella la noche.
1Aunque la Biblia no lo menciona directamente, desde tiempos antiguos la tradición ha considerado a Nemrod como el constructor de la Torre de Babel. Dado que la torre fue edificada en su territorio y durante su reinado, se asume que fue bajo su dirección que la construcción se inició (Génesis 10, 10-124). Pero también hay otras fuentes, asimismo extrabíblicas, que señalan lo contrario, alegando que Nemrod no se encontraba en la región de Sinar cuando la construcción comenzó.
2Belus o Bel o Ba’al: En la religión mesopotámica se les aplicó como epíteto a varios dioses. Los autores griegos lo trasliteraron como Belo, incorporándolo a su mitología, y pasó al latín con la forma Belus.
3Sic. 4La actual Hilla.
VIAJES DE PIETRO DELLA VALLE A ORIENTE EN EL S XVII – Hacia la Torre de Babel
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| Pietro della Valle pasó doce años, desde 1614 hasta 1626, viajando por Oriente. Las detalladas cartas de su viaje, que tenían por objetivo informar a sus compatriotas sobre tierras poco conocidas, fueron publicadas en tres volúmenes en 1650, 1658 y 1663. |
El coleccionista de libros, lingüista y ávido corresponsal italiano, Pietro della Valle, es uno de los viajeros de Oriente Medio más importantes y menos conocido del siglo XVII. A pesar de su activa contribución al conocimiento en el Occidente sobre el mundo islámico y su romántica historia personal, ha sido relativamente ignorado, en gran parte porque nunca ha habido una edición clásica, de fácil acceso, ni en inglés ni en italiano de sus voluminosas cartas. Sus escritos, que relatan sus viajes desde Turquía a Egipto, el Levante, Persia y la costa occidental de la India, contienen más de un millón de palabras.
l gran valor de della Valle radica en sus vivas y detalladas descripciones, así como en su incesante curiosidad: realmente le interesaba todo. Siempre que le era posible, comparaba lo que veía con relatos precedentes, tanto de escritores clásicos como de viajeros como el naturalista francés Pierre Belon (1517-1564), y con información recabada de textos turcos, persas y árabes a los que tenía acceso.
Además de registrar lo que hallaba, mostraba un sano escepticismo con respecto a lo que se enteraba de segunda fuente, señalando: "Me han dicho esto, pero no hay forma de saber si es cierto o no", o "intenté averiguar más acerca de esto, pero no encontré a nadie que pudiera darme información completamente fiable".
Coleccionaba libros, plantas e información de todo tipo, e incluso se hacía acompañar por un dibujante para registrar sus viajes. Lo que él deseaba era dar a sus compatriotas una idea clara de las tierras de Oriente, tanto para fines mercantiles como por motivos diplomáticos, aunque sus propios intereses eran en gran parte intelectuales. Desafortunadamente, ninguno de los numerosos bosquejos y pinturas que él menciona logró sobrevivir.
Della Valle nació en 1586, en el seno de una rica familia aristocrática romana. Cuando tenía alrededor de 25 años, se incorporó a una expedición naval española para combatir a los corsarios en la costa del norte de África. Después de eso, por un desengaño amoroso, se trasladó a Nápoles, donde estando deprimido al punto de pensar en suicidarse, su amigo cercano y médico Mario Schipano le aconsejó viajar.
Por eso decidió hacer una peregrinación a Jerusalén. Para darle más sentido a su viaje, della Valle planeó enviar cartas detalladas a su amigo, quien, según él escribe, "extraería un relato claro y bien estructurado de todo mi peregrinaje". Eso, justamente, fue lo que no hizo Schipano; sin embargo, della Valle cumplió su parte del trato, y mucho más. Regresó a casa después de doce años de aventuras, e il Pellegrino ("el peregrino"), como solían llamarlo, publicó un volumen de sus cartas durante su vida, mientras que otros dos fueron publicados de manera póstuma.

Della Valle se embarcó rumbo a Tierra Santa en junio de 1614, navegando desde Venecia hasta Constantinopla (actualmente Estambul). En la capital otomana se propuso no solamente visitar monumentos sino también presenciar eventos, que abarcaban desde las festividades bayram que marcan el fin del Ramadán, con elementos tales como columpios y ajalaat, una versión temprana de la rueda de la fortuna, hasta los desfiles militares celebrados cuando el sultán Ahmad I y sus tropas partieron a combatir al sha Abbas i de Persia. Luego, para comprender mejor lo que vería en sus viajes, permaneció en Constantinopla durante un año, donde estudió turco, árabe, persa y, para fines académicos, hebreo.
"Para mi disgusto" escribió en febrero de 1615, "mi profesor de lengua turca... me ha abandonado por más de dos meses debido a que ha estado ocupado en sus propios asuntos, pero ahora ha regresado para darme lecciones, por lo que estoy muy contento, estudiando como loco y con buenos resultados".
En Constantinopla, della Valle también empezó a tratar de adquirir textos, tanto para Schipano, un calificado estudioso del árabe, como para sí mismo, los que a la larga conformaron el núcleo de una magnífica biblioteca.
Se embarcó rumbo a Alejandría (Egipto) en septiembre de 1615. En una carta enviada desde El Cairo, fechada el 25 de enero de 1616, della Valle describe los lugares que ha visitado, destacando la belleza de la arquitectura mameluca, en especial de las tumbas de al-'Arafa, la famosa Ciudad de los muertos. Como era natural, visitó las pirámides y exploró exhaustivamente los pasadizos interiores de la Gran Pirámide.
Della Valle tenía sumo interés en adquirir una momia intacta para llevar consigo a Italia. No era fácil encontrar ejemplares ya que los saqueadores solían despojarlas de sus joyas y desenterrarlas, pues se creía que el polvo resultante, denominado mummia, tenía propiedades medicinales. Como era típicio, della Valle quería ver exactamente cómo desenterraban a las momias e incluso solía descender a los fosos. Sus relatos sobre esta actividad, al igual que las descripciones de los hallazgos, son fascinantes.
Era típico de della Valle que prestara atención a las actividades de la vida cotidiana, así como a los grandes lugares turísticos. Señaló que algunas de las casas tenían en sus muros pinturas e inscripciones que indicaban que el dueño había realizado la Hajj (peregrinación a La Meca). Con el interés por la ropa habitual en los italianos, no solo describió la vestimenta de las clases más altas, sino también las jellabas de color azul utilizada por los campesinos de ambos sexos (una túnica de mangas anchas, muy larga, similar a la thobe que aún usan ciertos grupos beduinos establecidos de la región de Belén) y las diversas maneras de enrollar un turbante.
Della Valle describió su peregrinaje a Jerusalén, donde pasó la Pascua y donde, a pesar de ser muy devoto, mostró cierta reserva con respecto a algunas de las celebraciones. Posteriormente viajó hacia el norte, a Damasco, donde se alegró muchísimo al encontrar varios manuscritos samaritanos poco comunes, entre ellos uno que contenía notas explicativas en árabe. Le escribió a Schipano desde Alepo para darle la buena noticia y buscar la mejor manera para que su colección fuera puesta a disposición del público para su fin principal: la difusión del conocimiento.
Desde Siria, Della Valle decidió viajar a Persia por la vía de Bagdad, pues sentía mucha curiosidad por conocer al sha Abbas, quien mantenía conversaciones diplomáticas con los gobernantes europeos en materia de comercio y sobre cómo contener las ambiciones imperiales de los otomanos. Con su energía acostumbrada, explicó cómo mandó fabricar maletas especiales para poder transportar fácilmente su equipo de cocina en camello y proteger el contenido en caso de que éstas se cayeran. Además, mandó fabricar contenedores especiales para "darle al agua un aroma y sabor muy agradable, e incluso mantenerla fresca". Todo debía tener el aspecto "más elegante" posible. Finalmente, el 16 de septiembre de 1616, se rapó la cabeza, se puso un turbante, y se vistió a sí mismo y a su comitiva "a la manera siria para no ser reconocido", y emprendió el viaje.
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| Es posible que della Valle y su comitiva se hayan alojado en un kan como este durante sus viajes de una ciudad a otra. |
En Iraq, della Valle describe de manera extensa la forma de vida de los beduinos, señalando que las mujeres no se cubren el rostro. También estaba fascinado por los tatuajes de los beduinos y, aparentemente, se hizo uno, lo que en esa época era algo bastante atrevido para un caballero romano. De hecho, a él le gustaba vestir como la gente local, tanto por comodidad como para experimentar diferentes modas. No obstante, se molestó mucho cuando le robaron su fina ropa interior italiana, aunque se sintió aliviado al saber que los ladrones no se habían llevado sus libros ni sus manuscritos.
Della Valle quedó muy impresionado con los guías del desierto. "Tienen una imagen mental de cada lugar, de las fuentes de agua, de los numerosos caminos, tanto largos como cortos", escribió. "De noche observan las estrellas, pero de día se guían por las marcas de la tierra, teniendo en cuenta si el terreno sube o baja, el color, los tipos de plantas que crecen en el lugar y (esto realmente me maravilló) el olor, para poder encontrar fácilmente cualquier camino que ellos desean". Pero lo que era aún más notable es que los guías siempre llevaban a la caravana directamente a los pozos cuando se les necesitaba, a pesar de que estos no tenían parapetos y eran completamente invisibles desde cierta distancia.
Él atravesó el territorio del poderoso y famoso emir Fayyad, quien, para sorpresa y agrado de della Valle, tenía tal control de sus dominios que las caravanas podrían cruzar el desierto de manera razonablemente segura. Al describirlo al emir y sus tierras, della Valle agrega: "...este emir afirma poder demostrar su descendencia ininterrumpida a partir de Noé, una afirmación que me resulta difícil de creer, pero que de ser cierta, sería una nobleza sin igual en el mundo. Desde luego, soy de la opinión que si hay una nación que puede presumir de una nobleza de linaje verdadera y antigua durante un largo periodo de años, esa es sin duda la de los árabes, a pesar de la dura vida que llevan en el desierto, primero porque viven libres, lo cual es un factor muy importante (esta es la única razón por la que no quieren someterse a la vida de la ciudad), y segundo, porque desde comienzos de la humanidad, ellos no se han mezclado con ninguna otra nación: siempre se han casado entre ellos, no solo entre iguales, sino casi siempre con quienes tienen su misma sangre".
Como era costumbre cuando viajaba, della Valle visitó todos los sitios arqueológicos que pudo. Describió, por ejemplo, las ruinas de "Isrijeh" y "al-Taijbeh" (Isriyah y al-Taybah), situadas en el desierto en el camino de Alepo a Bagdad, y lo que él creyó que era la Torre de Babel. Su tendencia a comparar lugares con sitios de Italia que pudieran ser familiares a Schipano y a sus lectores potenciales puede parecer un poco provinciana; sin embargo, comparaciones tales como "más grandes que la Piazza Navona" de Roma o "ruinas más altas que el palacio más alto de Nápoles" dan una idea útil del tamaño de monumentos que ya no existen.
En Ur y Ctesifonte, della Valle señala que recogió trozos de baldosas, ladrillos y muestras de bitumen, para sorpresa de la gente de la zona, "quienes no entendían nuestro gusto por tales curiosidades". También señala que Bagdad obviamente no era la antigua Babilonia, como se solía creer, "pues se podía ver claramente, a partir de... la arquitectura, las inscripciones árabes presentes en diversos lugares, talladas o moldeadas en estuco... que esta era moderna y, sin la más mínima duda, musulmana..." Agrega, además, que esperaba que su árabe pronto fuera lo suficientemente bueno para poder comparar lo que le habían contado con los relatos árabes.
Cuando della Valle llegó a Bagdad, el desastre se le vino encima: uno de sus sirvientes italianos mató al otro en un altercado estúpido por la primacía, y della Valle describió en detalle la maniobra que tuvo que realizar para evitar que todo el grupo fuera arrestado. No obstante, fue en Bagdad donde tal vez ocurrió el evento más importante de su vida: Della Valle anunció, casi de la nada, que se había casado con su "amor babilónico", una chica llamada Ma'ani, "palabra árabe que significa 'importancia' o 'inteligencia'...".
Era una historia romántica. Escuchó hablar de Ma'ani en el viaje desde Alepo, y decidió que tenía que conocerla. Un conocido en común los presentó. Los padres de ella lo recibieron con la mayor hospitalidad, y ayudaron a que él y su comitiva se establecieran en un alojamiento adecuado. Antes de siquiera verlo, Ma'ani ya soñaba con él, y en su primer encuentro esta le entregó un membrillo, que era una ofrenda ritual de matrimonio en Grecia y en todo el Levante desde la época clásica. Fue amor a primera vista de ambas partes.
"A pesar de que no es bien visto que los maridos exageren la belleza de sus esposas", escribió della Valle, él no pudo resistir la tentación de describir a Ma'ani en extenso, e incluso de explicar cómo delineaba alargando sus ojos con el kohl. La describió como una mujer de una excelente familia, cristiana, nacida en Mardin (Turquía), de madre armenia y "que tiene por lengua materna el árabe, pero que también habla turco, como suele hacerlo conmigo, ya que todavía solo conozco un poco de árabe...". Continúa diciendo lo mucho que apreciaba su inteligencia y buen humor, además de su intrepidez. Aun cuando fueron atacados por bandidos, ella prefirió quedarse para proteger los abrigos y los fardos de los hombres, en lugar de huir.

Della Valle escribió que Ma'ani se vestía a la manera tradicional siria (a pesar de que le gustaba mucho la idea de la moda italiana) y se cubría la cabeza "como hacían las mujeres beduinas... un efecto similar a los velos de nuestras monjas o de las viudas españolas...". Admitía que había algunas cosas en ella que le parecían un poco bárbaras, como el uso de un aro en la nariz, y dice que la convenció para que se lo sacara, aunque sus hermanas se negaron.
Della Valle concluyó esta extensa misiva, con fecha del 16 al 23 de diciembre de 1616 (muchas de sus cartas fueron escritas en forma de diario, a lo largo de varios días o semanas), con el deseo de que Schipano empezara a editarlas, ya que esperaba que en poco tiempo pudieran sentarse juntos para darle los toques finales, ya que planeaba regresar en breve, tan pronto terminara de visitar Isfahán.
Después de Navidad, la joven pareja partió a Irán. "Me di la tarea de cambiar la vestimenta siria por la persa", escribió della Valle. También encontró a un barbero para que le afeitara la barba que se había dejado crecer durante los 16 meses anteriores. "Quería que me hiciera parecer completamente persa, es decir, con las mejillas y la barbilla afeitada y con bigotes largos...", señaló. Ma'ani quedó "desconsolada" al verlo, y solo se calmó cuando della Valle le explicó que al "viajar por diferentes países, era necesario adaptarse a las costumbres locales".
Tres meses después llegaron a Isfahán, la ciudad que della Valle había ansiado visitar y que el sha Abbas estaba remodelando con la construcción de las grandes mezquitas y monumentos que pueden verse en la actualidad. Describió el lugar y a sus habitantes en detalle; quedó particularmente impresionado por la gran variedad de pueblos y costumbres, especialmente por la comunidad india y por el barrio cristiano de Nueva Julfa. Este había sido establecido por el sha Abbas para los armenios que habían sido deportados por la fuerza de su país, principalmente con la esperanza de que estimularan la economía mediante la manufactura y el comercio. Della Valle describió el terrible sufrimiento que tuvieron que soportar en el camino, aunque las condiciones cuando llegaron a Nueva Julfa fueron en general buenas.
En Isfahán, della Valle conoció a varios personajes interesantes, entre ellas académicos de diversas nacionalidades. Entre estos se encontraba Muhammad Qasim ibn Hajji Muhammad Kashani, más conocido como Susuri, quien posteriormente le envió una copia de su diccionario enciclopédico, el Majma’ al-Furs Susuri, tras terminarlo en 1626. Este diccionario, dedicado al sha Abbas, fue una obra de referencia clásica durante gran parte del siglo XVII. Debe de haber sido de particular interés para della Valle, quien en ese tiempo se encontraba elaborando su propio diccionario turco. A diferencia de varios de sus otros proyectos, este fue terminado y preparado para la prensa, aunque nunca fue publicado. A della Valle también le interesaba la religión; aún perdura una copia de la carta que le envío "Mir Muhammad el Vehabi [al-Wahhabi], un noble de Isfahán", en la que continúan una discusión anterior sobre temas religiosos.
Mientras el sha Abbas recorría su reino, della Valle lo seguía. Sus reuniones y conversaciones arrojan luces poco comunes y no oficiales sobre lo que significaba ser agasajado por dicho monarca.
En Qazvin, en el invierno de 1618, el sha Abbas se reunió con un grupo de embajadores extranjeros, y della Valle se propuso recabar toda la información que le fuera posible. Consideraba que los rusos eran muy groseros, pero quedó fascinado con la colección de fanimales traída como regalo por el embajador de la India. A dicha reunión también asistió el anciano embajador de España, don García de Silva y Figueroa, cuyos diarios son un complemento interesante del relato de della Valle.
El grupo se separó, y della Valle, a pesar de estar enfermo, logró regresar con Ma'ani a Isfahán, ciudad a la que llegaron en diciembre. Allí se reunieron con miembros de la familia de Ma'ani, incluidos sus padres, quienes habían venido de visita. Por primera vez, della Valle menciona a Mariuccia, una niña georgiana, de unos ocho años de edad, que había quedado huérfana en tiempos de la conquista persa de Georgia, y a quien Ma'ani había adoptado, quizás en parte por no tener aún un hijo propio.
En junio de 1619, se celebró otro gran cónclave de embajadores, y della Valle hace un relato vívido y a menudo divertido de las festividades, incluidas las organizadas para las damas, de las cuales Ma'ani proporcionó un relato completo. También nos enteramos de cómo el sha deambulaba de noche por la ciudad, visitando cafés y tiendas, entre ellas la de un comerciante de arte italiano que vendía, entre otros objetos, "retratos como los que se venden por una corona en la Piazza Navona..., pero que aquí cuestan diez cequíes y son considerados baratos a ese precio". Una corona (coronato) era una moneda de plata napolitana, mientras que un cequí (un zechinno veneciano) era una moneda de oro que pesaba unos 3.5 gramos, por lo que el margen de ganancia es sustancial.
Durante su estancia en Isfahán, della Valle trató diversos temas, desde los más serios a los más frívolos: su gusto cada vez más marcado por la cocina local y su preocupación por cómo se readaptaría a la comida en casa; las distintas técnicas para almacenar el hielo, y sus planes para exportar a Italia gatos persas, de los cuales tenía una gran cantidad. Sus descripciones están salpicadas de vocablos árabes y persas, especialmente términos técnicos y expresiones propias del dialecto dirigidas a Schipano, las que siguen siendo de interés hasta el día de hoy.
Hay una cosa que, entre muchas otras, es sorprendente en esta época: la eficiencia del sistema de correo en el mundo islámico. Resulta difícil estimar el número exacto de cartas que della Valle le envío a Schipano, dado su hábito de escribir cartas tipo diario, y de a veces comenzar y terminar las secciones con saludos, pero al parecer fueron por lo menos 36. De sus misivas, solo falta una, la que fue extraviada por el mismo Schipano. Por otro lado, cuando della Valle se queja de que ha recibido cartas provenientes de Venecia, Sicilia, Francia, España, Constantinopla, Bagdad e India, pero ninguna de su amigo, es porque Schipano no había enviado cartas en más dos años y no precisamente por un problema del servicio postal.
La familia de Ma'ani quería regresar a Bagdad. El estado de salud de della Valle era malo, ya que se había visto afectado por el crudo invierno de 1620-1621, considerado como el más frío desde 1232, y sus pensamientos también se volcaron a casa. Sin embargo, sus planes se vieron afectados por la política internacional. La guerra entre Persia y Turquía significaba que la ruta a Alepo estaba bloqueada, por lo que él y varios otros europeos quedaron efectivamente atrapados. Más aun, Persia se había unido a los británicos para expulsar a los portugueses de Ormuz, en el extremo sur del golfo arábigo, lo que convirtió a esa ruta en un lugar incierto y peligroso. No obstante, igual emprendieron el viaje.
En su camino se detuvieron en Persépolis, a la cual, como era costumbre, della Valle describió en detalle, aunque no siempre con exactitud, pues andaba con una prisa fuera de lo habitual.
De Persépolis viajaron a Shiraz, y luego se dirigieron a la costa. Estaban de muy buen humor, puesto que Ma'ani al fin había quedado embarazada, cuando les llegaron noticias de que habían comenzado las hostilidades alrededor de Ormuz, desde donde esperaban embarcarse para viajar a Europa por la ruta de la India.
Decidieron esperar en la cercana ciudad de Minab, donde había un grupo de mercaderes ingleses, uno de ellos un antiguo amigo de della Valle, y esperar a ver qué sucedía. Sin embargo, el lugar resultó ser poco saludable. Mariuccia fue la primera en enfermarse, seguida por cada uno de los integrantes del séquito, y el 30 de diciembre murió su amada Ma'ani. Tenía 23 años.
Della Valle prácticamente no sabía que hacer. Sentía que no podía dejar a Ma'ani en ese lugar, por lo que mandó embalsamarla (algo que, sorprendentemente, las mujeres de la zona sabían hacer muy bien) y la puso en un ataúd sellado para llevarla consigo a Italia, donde pretendía enterrarla. Posteriormente, él muy enfermo, y su séquito continuaron su viaje. Della Valle comenta que no recuerda prácticamente nada del viaje hasta un mes después de la muerte de Ma'ani, cuando llegó a Lar, una ciudad situada casi 300 kilómetros al oeste, y sufrió un colapso. Allí se recuperó lentamente bajo el cuidado de un médico excepcionalmente competente y en compañía de sus amigos eruditos. "En ninguno de los lugares de Asia donde he estado", escribió, "y de hecho en ningún lugar del mundo, he encontrado tantos hombres ilustrados y científicos distinguidos como en Lar".
Unos meses después, della Valle volvió a Shiraz y, por fin, en el invierno de 1623-1624, él junto a Mariuccia, de 12 años de edad, emprendieron el viaje a la India. Las cartas de della Valle hablan principalmente de sus experiencias en Goa, aunque también hay algunos relatos interesantes y poco comunes sobre los reinos menores situados al sur, entre Goa y Calicut. Incluso ahí buscó manuscritos y logró añadir a su colección un libro de hojas de palma y el estilete utilizado para grabarlo, además de una descripción precisa del proceso de producción.
No tuvo muchas oportunidades de viajar por las regiones mogolas de la India, y lo que cuenta añade poco a los relatos mucho más completos de otros viajeros. Sin embargo, mientras estaba en Goa, della Valle siguió intercambiando correspondencia con sus amigos ilustrados de Lar e Isfahán, y trabajó en varios proyectos literarios.
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| El sello de Ma'ani della Valle, el cual aparece en su volumen de conmemoración multilingüe, reproduce la frase en siriaco de su escudo de armas. |
El 4 de noviembre de 1624, della Valle le escribe su última carta a Schipano desde la India, y el 17 de diciembre parte hacia Basora por la ruta de Muscat. Tras parar en Nápoles para visitar a Schipano, finalmente, el 4 de abril de 1626, llega de regreso a Roma. Con su acostumbrado sentido del drama, escribió que entró en su casa por la puerta trasera, "como corresponde a un viudo".
Della Valle pasó el resto de su vida en Roma, participando en diversas actividades intelectuales y musicales, y mantuvo correspondencia con importantes estudiosos orientales, tanto de Oriente como de Occidente. La signora Ma‘ani fue enterrada en la Basílica de Aracoeli, y cuando Mariuccia (a quien Ma'ani había encomendado a della Valle mientras se encontraba en su lecho de muerte) alcanzó una edad apropiada, della Valle se casó con ella. Tuvieron 14 hijos.
El primer volumen de las cartas de della Valle fue publicado en 1650; y después de su muerte, en 1652, cuatro de sus hijos publicaron los dos volúmenes faltantes en 1658 y 1663. Rápidamente fueron traducidos al francés, al alemán y al holandés, y parcialmente al inglés, y terminaron por convertirse, como había deseado il Pellegrino, en una de las principales fuentes de información sobre el mundo musulmán.
















"Déjame decirte que también he buscado el Camus al que tanto elogias, diciendo que si logro traer una copia a Italia, estaría trayendo un tesoro de la lengua árabe. Los turcos me dijeron que en toda Constantinopla hay solo cuatro o cinco de los hombres más educados que tienen un buen conocimiento de este libro, lo cual significa que hay muy pocos ejemplares del mismo. No obstante, no perdí las esperanzas y mandé buscarlo: finalmente encontré una copia escrita en seda persa, con la más bella caligrafía y un texto muy preciso (lo que es poco común entre los libros turcos), bien encuadernado, con una portada muy atractiva, todo en un solo volumen, aunque normalmente viene en cuatro, con ilustraciones de oro y decoraciones similares. Y tanto por su perfección y su reputación, considero que es cierto que este libro le perteneció a Nasuh Pasha, el primer visir, quien lo trajo desde aquellos lugares de Persia donde escriben mucho mejor que acá. Sin embargo, tras su muerte, como te mencioné, este libro... terminó en el Bezistán. Se lo ofrecieron a un mercader de productos usados, el que lo compró; yo, que andaba en busca de este, lo vi en sus manos. ¡Ahora! Para terminar la historia: Lo compré a un buen precio, ya que no costó más de 25 cequíes de oro…. Lo tengo en mi casa, guardado en mi cofre, protegido con una buena envoltura, como se lo merece".


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