viernes, 21 de agosto de 2026

VIAJES DE PIETRO DELLA VALLE, “El peregrino” desde B A G D A D


 VIAJES DE PIETRO DELLA VALLE 

“El peregrino” 

- Tomo I - 

CARTA DECIMOSÉPTIMA 

desde  B A G D A D 


 En la antigua Babilonia 

Situación de Babilonia. 

El relato continúa de este modo: [Babilonia] se halla en medio de una llanura bastante extensa y homogénea; aproximadamente a un buen cuarto de milla del Éufrates, que la atraviesa en ese sitio hacia poniente. Allí, aún se puede ver hoy, bastante elevado, un amasijo de edificios en ruinas de una prodigiosa mezcla de diversos materiales; pero bien sea porque los construyeran de esa manera desde un primer momento, tal y como yo creo, o bien porque esos restos se hayan confundido y mezclado unos con otros a lo largo del tiempo; al haberse reducido todo eso hoy a un conglomerado de materiales que se asemeja a una vasta montaña en la que no queda nada en pie, poco se puede sacar en consecuencia. 


Descripción de la Torre de Babel


La torre de Babel es de planta cuadrada, en forma de pirámide con cuatro caras que responden a las cuatro partes del mundo; pero, si no me equivoco, a causa de lo desordenado de sus ruinas, da la impresión de que fuera más larga de norte a sur que de este a oeste. Creo que su circunvalación es, tal y como yo la he medido, de unos mil ciento treinta y cuatro pasos de los míos que, a mi parecer podrían corresponder a un buen cuarto de legua. Sus proporciones, su base y su arquitectura se parecen a esa pirámide que Estrabón1 llamaba “el sepulcro de Belus”, y esa debe ser aparentemente la que se menciona en las Sagradas Escrituras con el nombre de Torre de Nembrotto2 o Nemrod en Babilonia, o Babel, tal y como se conoce hoy este lugar


Heródoto3, autor muy antiguo, describe minuciosamente la forma y estructura de esta gran obra, en donde dice que había ocho torres, una encima de otra, de estructura maciza y que cada una de ellas tenía sus escaleras por el exterior para poder subir y bajar por allí, además de otras muchas peculiaridades que se pueden encontrar en su obra. Estrabón ya no menciona las escaleras, ni los otros ornamentos que embellecerían parte del edificio  porque, como él comenta, Jerjes ya habría arruinado la mayor parte de la torre, y al gran Alejandro [Alejandro el Magno], que habría querido reconstruirla magníficamente, le sobrevino la muerte antes de ver cumplidos sus deseos.  Es digno de mención el que desde la base de esta montaña hacia adelante no se vea otra cosa que ruinas, algo que nos da la idea de que aquí hubo en otros tiempos una gran ciudad, y que no pudo ser otra que aquella famosa Babilonia; además de que todo lo que se puede descubrir a cincuenta o sesenta pasos más lejos de esta mole, no son más que los restos de algunos cimientos aquí y allá, y que, sin duda alguna, en pasadas épocas fueron edificios. El paisaje que se puede apreciar alrededor, fuera del recinto de estos vestigios, es muy llano y parece imposible que aquí hayan existido jamás construcciones importantes, ya que, aparte de esta gruesa mole de ladrillos, todo lo que se ve está tan apelotonado y destruido que apenas se puede creer que hayan podido edificar en estos lugares esta grandiosa y soberbia ciudad de Babilonia; una ciudad con unos edificios tan bien cimentados, sólidos y de considerables dimensiones. 


1Libro 16. 2Génesis. 10 y 11. 3Libro I. 


La antigua Babel no es más que un amasijo de ruinas. 



De hecho, también convendría reflexionar sobre cómo el tiempo puede cambiarlo todo y echar abajo las obras de los mortales; visto que no hace más de cuatro mil años que se erigió esta ciudad. Incluso yo me extraño de que se pueda ver todavía cómo subsiste lo poco que queda, si tenemos en cuenta lo que nos dice Diodoro Sículo, uno de los autores de la antigüedad, que ya en su época no quedaba prácticamente nada de los edificios. La altura de esta especie de montaña formada de ruinas no es igual por todas partes; es más elevada por unos sitios que por otros; pero en comparación, el punto más alto del Palacio de Nápoles es mucho más bajo que esta especie de monte. Este amasijo enorme, considerado desde sus distintos costados, a simple vista no tiene formas regulares y solo se aprecia un revoltijo informe; algo común a todas las construcciones arruinadas por el paso del tiempo o por los hombres. Se pueden apreciar puntos más altos y más bajos; escarpados en algunos lugares y quebrados e imposibles de subir a ellos en otros; algo más allá hay sitios más accesibles y con una pendiente más fácil de remontar. También se ven vestigios de torrenteras de arriba abajo causadas por las lluvias. Incluso cuando se está dentro y por la parte baja se aprecian restos de diversas alturas; en fin, que esto no es más que una inmensa montaña caótica en la que es imposible reconocer si hubo alguna vez una escalera para subir allí, o algunas puertas por las que acceder; de lo que se puede deducir que las escaleras habrían estado en la parte externa del edificio y rodeándolo, y que al ser las partes menos sólidas de la construcción, fueron las primeras en derrumbarse, de suerte que ya no se puede apreciar la más mínima señal de su existencia.



En el interior de este recinto, cuando uno se pasea por la parte superior, se pueden ver una especie de cuevas o cavidades, pero tan deterioradas que es imposible saber lo que fueran en otro tiempo; y hay quienes dudan de si fueron construidas a la vez que esta gran obra, o posteriormente excavadas por los campesinos para servirles de refugio; algo, esto último, que me parece bastante probable. 




Superstición de algunos mahometanos.

Circunstancias de sus fabulaciones.


No obstante, los mahometanos se imaginan, por un acto de fe, que esas cavernas Dios las destinó para que sirvieran de lugar de suplicio a Harût y a Marût que fueron, según dicen, dos ángeles a los que Dios envió desde el Cielo para observar o hacer justicia por los crímenes de los hombres y que no se comportaron correctamente en el cumplimiento de esta misión. Hasta Belonio lo menciona también como una de las cuestiones contenidas en el Alcorán y sus glosas, y aquí muchos de sus sabios doctores así me lo han confirmado de viva voz. Me han contado que estos ángeles caídos en desgracia, en lugar de dedicarse aquí abajo a hacer lo que debían, se enamoraron de una hermosa mujer que acudió a ellos solicitando justicia contra su marido; pero los ángeles le dijeron que solo lo harían si aceptaba calmar los ardores de ambos, incitándola así al adulterio. Ella les prometió que les daría su consentimiento a cambio de que le enseñaran cierta fórmula mágica con la que al pronunciarla los ángeles podían subir y descender del Cielo a voluntad. La mujer, una vez bien aprendida esa portentosa oración, la pronunció, y en el acto fue transportada hasta el Cielo, dejando en la tierra a esos pobres ángeles a los que había engañado y que por haber pretendido cometer un pecado así nunca más pudieron ascender al Cielo. Harût y Marût decidieron voluntariamente expiar su pecado y rogaron a Dios que les permitiera cumplir su condena en este mundo, por lo que Dios les castigó a morar en una de estas grutas de las que os he hablado, colgados de los párpados y las cejas hasta el día del Juicio final. No voy a perder más tiempo en este galimatías de fabulaciones y extravagancias, así que volvamos a las ruinas de esta famosa Torre. 


Materiales de la Torre de Babel.


Cuando se contempla esta mole de escombros por todas partes, uno puede darse cuenta de que Nemrod construyó la Torre de Babel únicamente a base de grandes adobes y ladrillos, algo de lo que me percaté y anoté como una curiosidad después de hacer que excavaran en algunos lugares con unos picos. Da la impresión de que estos adobes eran de tierra sin cocer, sin pasar por el fuego de un horno, y tan solo secados al sol, muy ardiente en estos contornos, tal vez de la misma forma en que los españoles fabrican esos muretes de tierra que llaman tapiales1. Además, para unir unos adobes con otros aquí no emplean ni cal, ni mortero con arena, sino barro y paja solamente, y en los lugares que sirven de junturas se pueden ver mezclados con ese barro trozos de cañas o paja dura, hasta formar gruesas cubiertas que dan así mayor firmeza a la obra. También he observado que de vez en cuando en algunos lugares, sobre todo en los que se necesita una mayor fortaleza, hay muchos otros ladrillos del mismo tamaño y grosor, pero más sólidos, cocidos en horno, y unidos con un buen mortero o con asfalto. No obstante, son más abundantes los adobes cocidos al sol, que los ladrillos.



Mi curiosidad me ha llevado a recoger unos cuantos pedazos de adobes y ladrillos, así como del asfalto y los trozos de cañas con que lo mezclan. Me llevaré todo esto a enseñárselo Italia a para los anticuarios interesados en estas cosas, porque me parece que estas piezas tan antiguas son dignas de admiración. En nuestros días no se hace mención de la manera de construir en este país con el asfalto, en lugar de con cal y hormigón; algo que si se puede leer, no solo en el compendio de las “Historias filípicas” de Trogus2 escrito por Justino, cuando habla de los edificios de la reina Semíramis3; sino 

1Pared o trozo de pared que se hace con tierra amasada. (Diccionario de la RAE). 24-05-2024. 

2 Cneo Pompeyo Trogo (s. I a.C.) Su principal obra, llamada Historiae Philippicae (Historias Filípicas) está estructurada en cuarenta y cuatro libros, y se llama así en honor al fundador del Imperio macedonio, Filipo II, que es el tema central de la narración. La obra habla de las partes del mundo que fueron conquistadas por Alejandro Magno y sus sucesores, con pasajes etnográficos y geográficos aclaratorios. Trogo comienza su trabajo hablando del legendario Nino, fundador de Nínive. 

3Semíramis (identificada por algunos como la reina asiria Sammuramat), según leyendas griegas, fue esposa del mítico rey Ninus de Asiria y luego reina gobernante por 42 años, al fallecer el rey Ninus tras 52 años de reinado, hacia el 2189 a. C.  Sammuramat o Semíramis fue mencionada por Heródoto, y el historiador posterior Diodoro Sículo elaboró toda una leyenda sobre ella, según la cual había nacido de la diosa Derceto, y tras casarse con Ninus (el legendario fundador de Nínive y del Imperio asirio) y enviudar, habría reinado por muchos años durante los cuales habría construido Babilonia. 



incluso en las Sagradas Escrituras, en el capítulo XI del Génesis, en donde se describe esta prodigiosa Torre y la ciudad que está junto a ella, cuya construcción la atribuye a Nemrod1; aunque los autores profanos apuntan a que fue un templo dedicado al dios Belus o Bel2 (Ba’al).


 


Esta es la razón por la que Bellarmino cree, con bastante razón, tal y como lo ha escrito en su Cronología (publicada hace pocos años, que vi por primera vez en Constantinopla en manos de un Padre Jesuita) que Belus y Nemrod son una misma persona; aunque Estrabón, al igual que Heródoto y otros autores paganos, a esta misma pirámide3, que los cristianos han llamado Torre de Babel o de Nemrod, la denominan el sepulcro de Belus. 


El Señor della Valle hace dibujar a su pintor esas ruinas.


Me ha parecido interesante pedir a mi pintor que me hiciera un dibujo del plano y el alzado de esta torre de Babel, tal y como se puede ver hoy en día. Además, sobre el mismo dibujo la ha esbozado desde dos de los lugares cuya vista es más agradable; también ha bosquejado los cuatro lados para poder pintarlos con más detalle en varios cuadros más adelante. En mi opinión, no cabe duda de que ésta sea la antigua Babel y la Torre de Nemrod; ya que además de por su situación, porque así la conocen y llaman en el presente la gente del país; vulgarmente llamada Babel en árabe, pronunciando la última sílaba como cerrando los dientes, lo que hace que suene un poco rara; o si se escribe con una Y griega, como hacen los latinos, y se añade al final la doble vocal con su terminación en nominativo, de todo ello resultará la palabra Babelon, o Babylon, tal y como estos la llaman. 

La ciudad de Hella.


Aún disponíamos de varias horas de día después de haber visto y recorrido Babel, así que dado que nos hallábamos próximos a una ciudad llamada Hella4 (desconocida para el autor del Breviario Geográfico y puede que para muchos otros a lo que he podido saber), una de las ciudades más importantes de la Provincia de Babilonia, resolvimos ir allí, algo que de todos modos habríamos hecho, aunque hubiese estado más alejada, para alojarnos y pasar en ella la noche. 


1Aunque la Biblia no lo menciona directamente, desde tiempos antiguos la tradición ha considerado a Nemrod como el constructor de la Torre de Babel. Dado que la torre fue edificada en su territorio y durante su reinado, se asume que fue bajo su dirección que la construcción se inició (Génesis 10, 10-124). Pero también hay otras fuentes, asimismo extrabíblicas, que señalan lo contrario, alegando que Nemrod no se encontraba en la región de Sinar cuando la construcción comenzó.



 2Belus o Bel o Ba’al: En la religión mesopotámica se les aplicó como epíteto a varios dioses. Los autores griegos lo trasliteraron como Belo, incorporándolo a su mitología, y pasó al latín con la forma Belus. 

3Sic. 4La actual Hilla. 


 VIAJES DE PIETRO DELLA VALLE A ORIENTE EN EL S XVII – Hacia la Torre de Babel




VIAJES DE PIETRO DELLA VALLE 
“El peregrino” 
- Tomo I 
- CARTA DECIMOSÉPTIMA desde  B A G D A D 


“… Pero ahora ya ha llegado el momento en que deje a un lado estos penosos sucesos y que salga un poco de Bagdad para hablaros de los lugares próximos a esta ciudad. Hacía tiempo que tenía pensado darme un paseo a lo largo del Éufrates, a unos dos jornadas de aquí, para cumplir mi deseo de ver Babel; la auténtica Babilonia y el sitio en el que se hallaba en otra época la Torre de Nembrot, de la que me han contado que aún se pueden ver sus ruinas muy abundantes. Me han dicho que casi nadie se acerca a este lugar porque todo el mundo rumorea que en todos estos parajes no hay más que robos y asesinatos a causa de las correrías que llevan a cabo algunos árabes; vasallos o siervos de un tal Mubárek, jefe absoluto de los desiertos de Babilonia y de la Arabia próxima al mar en el Golfo Pérsico. 


Adulación de un sultán para con el Rey de Persia.

Este Mubárek no mantiene ninguna relación con el Turco1 y solo se preocupa por los intereses del Rey de Persia, por ser un hombre que puede causar grandes daños en la región que domina, ya que él puede sustraer cuando quiera las aguas de un río que nace y pasa por tierras de Persia, para recorrer después más extensamente por sus dominios; de manera que si cortara ese curso de agua todo se volvería estéril. Por eso, aunque Mubárek se considere sultán, que lo es, y también un príncipe libre, quizá por esa misma razón, reconozca al Rey de Persia como su Señor, haciendo grabar según me han dicho su imagen junto a la suya en las monedas que acuña. Algo que, en mi opinión, lo hace más por adulación que por obligación. 

Este Mubárek siempre está en guerra con el Gobernador de Babilonia. 

Este mismo personaje hace todo el daño que puede a los turcos, bien a causa de la guerra entre estos y el Persa2, o quizá por algunas disputas que mantiene con el Bajá de Bagdad, y no hay día que pase sin que se oiga hablar por estos lugares de otra cosa que no sea sobre pillajes, escaramuzas y combates entre unos y otros. Incluso se murmura que tal vez este Bajá, presto a partir en campaña con unos siete mil hombres, vaya a atacar las fronteras del Estado persa o vuelva sus armas contra Mubárek, que hace unos meses derrotó a uno de los hijos de este Bajá, enviado en calidad de Gobernador de Basora, de donde los turcos salieron muy maltratados. Estos rumores fueron la causa de que yo hubiera demorado siempre mi visita a Babel, porque todos imaginaban que uno se podría encontrar por esos 

1Cuando habla de “el Turco” se refiere a las autoridades de la Puerta Otomana que entonces gobernaban en esa zona. 
2Se refiere al Rey de Persia. | 


caminos a cientos de árabes, y yo no quería contratar una compañía de genízaros que me sirvieran de escolta. Pero cuando comencé a oír que las escaramuzas eran menos frecuentes resolví llegarme hasta allí. Emprendí camino el diecinueve de noviembre [de 1616] llevándome a mi pintor y a cinco animosos soldados pertenecientes al servicio de Alessandri Veneciano; únicos francos que me autorizaron como compañía, además de a Ibrahim de Alepo y a dos soldados turcos que dependían de nuestro amigo el renegado maltés.

El Señor della Valle va a ver la Torre de Babel.
Recibe muy amablemente la compañía de una señorita en este viaje

Yo no quería ir por el camino más corto, el que va por el desierto que queda a mano derecha; sino que, para mayor seguridad, tomé el que sigue la ribera del Éufrates más próxima a Bagdad, por aquello de recorrer el río por una ruta más larga, y además ir por lugares en donde de vez en cuando se encuentran alquerías y pueblos habitados. Traje conmigo, aparte de caballos y mulas, tres camellos para transportar las tiendas de campaña y los lechos, la batería de cocina, provisiones, canastos y cuanto se puede necesitar en un viaje. Pero lo más valioso que me llevé fue a una señorita muy noble de la que os hablaré más ampliamente, y que quiso acompañarme sin importarle todos los esfuerzos y peligros que podrían presentarse en estos caminos; y por no dejarla aparte, por una suerte de pereza, y conociendo los deseos que su curiosidad le habían inspirado de hacer este paseo, quise proporcionarle esa satisfacción, marchando todo el tiempo a su lado. Nuestros camelleros iban bien armados y además llevábamos junto a ellos a tres arqueros muy diestros y resueltos; así que con esta escolta me pareció que podíamos hacer este viaje sin temor. 

La primera noche nos alojamos en una alquería propiedad de mi amigo el turco, en donde fuimos muy bien recibidos por sus gentes, y adonde volvimos a parar la noche siguiente, después de pasar el día en el pueblo de Ruzuanía, un caserío bastante grande que al no estar rodeado de murallas y tener sus casas dispersas por aquí y por allá, un poco como sucede en Nocera, cerca de Nápoles, podría merecer también debido a su extensión el título de ciudad, pero que en tierras del turco, a todo lo que no disponga de un recinto bien amurallado solo le dan el nombre de burgo o aldea. Y al decir esto, no os imaginéis que hablo de unos cuantos habitantes, porque a veces, estas aldeas o burgos están muy poblados y guarnecidos de muchos y variados productos, aunque las casas sean modestas al estar construidas con adobes y tengan el aspecto de una miserable choza si se las compara con las de nuestras tierras.

El famoso renegado Cicala.

El Señor de este populoso burgo en donde nos alojamos la segunda noche, es Mahmud Pachá, el que fuera dos veces Pachá de Bagdad, y que durante su gobierno adquirió numerosos bienes en esta provincia. Lleva el apodo de Cigal Ogli, es decir hijo de Cicala1, ese famoso renegado que fue durante mucho tiempo Capitán del mar y Gran Almirante del Gran Señor Turco sobre todas las mares de Levante. 

El Señor della Valle y toda su gente se preparan para defenderse. 
Generosidad de esta damisela que le acompañaba. 

Esta ciudad, Mahmudía2, ha tomado su nombre del de su Señor Mahmud; aunque otros la llaman Yedîda, que significa “La nueva”, por haber sido construida no hace mucho tiempo. Al tercer día, después de dejar atrás Zeobia, un poblachón en ruinas, llegamos al borde del Éufrates y siguiendo su curso, a mano izquierda, comenzamos la marcha hacia el mediodía, siguiendo hasta ese momento hacia poniente. Poco después creímos que íbamos a tener que echar mano de nuestras armas al descubrir a lo lejos a ocho o diez hombres a caballo, armados de arcabuces, arcos y flechas, y vimos que venían directamente hacia nosotros con un talante de lo más resuelto. Nosotros no perdimos el tiempo porque en este fastidioso país uno no puede entretenerse en mirar. Descabalgamos todos rápidamente para estar prestos a recibir al enemigo; los que llevaban arcabuces de rodete, prepararon los suyos, después de recoger nuestras casacas y grandes turbantes, y tomar todas las medidas para proteger a la dama que nos acompañaba. Pero ella, con el valor de un guerrero, sin prestar demasiada importancia a todo esto, algo que me complació sobre manera, no pareció intimidada ante una situación en la que cualquiera de nuestras damas lo habría estado; muy al contrario, se puso a mirar atentamente lo que andábamos haciendo desde detrás de unas grandes matas de arbustos en donde la habíamos colocado, y guardando celosamente todo el equipaje que le habíamos encomendado. 

El Señor della Valle y los otros se reconocen como amigos.


Agrupamos detrás de nosotros a todos los animales, los de montura y de tiro, haciendo que marcharan bien juntos. Nosotros, con las armas prestas, nos dispusimos a hacer frente a esos jinetes que venían sin desviarse un punto hacia nosotros. Cuando estuvieron algo más cerca, y habiendo dado la orden de disparar uno tras otro, para no confundirnos; nuestros arcabuceros cargaron sus armas, y nuestros arqueros árabes tensaron los arcos con una rodilla en tierra y dispuestos a disparar; lo que sin duda habríamos hecho si estos jinetes al vernos en esta disposición no hubieran dado el alto y no se acercaran más por miedo a recibir nuestra primera descarga. No sé si se detuvieron por temor, o porque lo juzgaron más correcto, o cualquier otra razón que desconozco. Nosotros, como vimos que se paraban, nos fuimos acercando; les hablamos, y al fin, los turcos que venían con nosotros les 


1Scipione Cicala ( Mesina , 1545-1552 – Diyarbakir , 1605 ) fue un corsario , líder y navegante otomano de origen italiano. Perteneciente a una noble y antigua familia virreinal. En turco se le conoce como Cığalazade Yusuf Sinan Paşa o Cağaloğlu Yusuf Sinan Kapudan Paşa . Asumió importantes cargos militares y políticos en el Imperio Otomano.  



reconocieron como soldados turcos de Bagdad. De modo que nuestra cólera se tornó en amabilidad. Hablamos con más franqueza y nos interesamos ambos por las novedades que hubiera en las travesías. Entonces nos dijeron que al ver la ropa que llevaba mi pintor y nuestros camelleros nos habían tomado por árabes de la soldadesca de Mubárek, debido a que estos suelen llevar también camellos cuando salen en campaña, y que ellos creyeron que tendrían que luchar contra nosotros. 



Caravasares edificados por los Príncipes.
Previsiones que han de tomar quienes viajen por estas tierras. 
La gente delicada lo pasará mal por estas tierras.

Terminada nuestra escaramuza, tal y como os he dicho, nos despedimos con saludos y testimonios de amistad. Reanudamos la marcha y al ponerse el sol llegamos cerca del Éufrates hasta un caravasar, o fonda pública, el de Museijéb; construido en un lugar desértico para comodidad de los viajeros. Este jan está circundado de unas sólidas murallas defensivas para seguridad de los que allí se alojan. Creo que ya os he descrito en alguna otra ocasión cómo son estos caravasares de Turquía; solo disponen de unas habitaciones vacías y sin muebles; otros, la mayor parte, ni siquiera tienen habitaciones, sino unos pórticos en donde ponerse a cubierto. Por los caminos, en todos los lugares de paso por el campo, no se paga nada por el alojamiento, porque estos caravasares son construidos gracias a la financiación del Príncipe para descanso de los viajeros; o bien son edificados por particulares como una suerte de donativo o limosna piadosa. En las ciudades, bastante raras por estos predios, también hay muchos lugares en los que no se paga por el alojamiento más que una mínima gratificación por la llave de un cuarto, para quien necesite abrirlo y cerrarlo. En algunas casas particulares se paga el alojamiento, pero también cuesta muy poco. Sin embargo, por aquí conviene llevar siempre comida y un lecho para dormir, porque en realidad, aunque ofrezcáis más dinero del conveniente, nunca obtendréis mejor trato de los hosteleros y experimentaréis, os guste o no, que aquí sucede lo mismo que en nuestras posadas. ¿Deciros el por qué se gobiernan de este modo? Creo que la única razón es que hacen lo que es habitual en el país; aunque para mí, creo que es a causa de que los turcos están acostumbrados a unas comidas muy malas y viven con muy poco; de ese modo cada cual obtiene su ventaja, porque si los viajeros son pobres se contentan con llevar justo para sobrevivir unos cuantos bizcochos y algunos dátiles, o cualquier otro tentempié de poco valor; no buscan otro lecho que el que les da la tierra, ni otro abrigo o cobertura que el de su propia ropa. Si son ricos, no se tratan mucho mejor, puesto que solo comen una sopa de arroz con un poco de carne bastante mala, y eso, cuando la pueden encontrar, porque a falta de carne ponen algo de mantequilla y para beber llevan un poco de cahvé (café) y de tabaco para fumar, a guisa de entretenimiento. Para dormir llevan como mucho un par de gruesos cobertores bien guarnecidos y guateados, y para reposar la cabeza, algunos llevan una almohadilla. Todo lo dicho, junto con los utensilios de cocina y las tiendas de campaña conforman un importante conjunto de fardos, que la gente honorable está obligada a llevar consigo; así que, si un posadero tuviera que dar todos esos servicios tendría muy buenas razones para no dejar abierta la posada durante todo el año, al tener que proporcionar todas esas cosas a los viajeros. 


El Señor della Valle se hace con buenas provisiones

En lo que se refiere a nosotros, los francos, que deseamos tener lechos cómodos, ropa de cama y lencería variada, así como otras comodidades; comer como en nuestra casa buenos pollos, huevos frescos, frutas de la estación, y otras mil fruslerías más; necesitamos prever todo este cargamento y gastar mucho más dinero que ellos, y a este efecto, en cada parada que hay que hacer envío a un hombre por delante unos cuantos días antes de mi llegada para que vaya a buscar víveres en uno o dos lugares a la redonda cuando es necesario y para hacer una mejor compra, pues de este modo se consigue un trato más honesto y un precio razonable. Os podría decir incluso, sin pecar por ellos de exagerado, que yo me he acostumbrado de tal forma a vivir a la sombra de una tienda de campaña y al servicio que me presta mi gente, que a pesar de algunas incomodidades de las jornadas, unas veces excesivamente calurosas, y otras en extremo frías, yo me encuentro servido con más satisfacción y cortesía que la se podría hallar en algunos de nuestros hospedajes de Italia, en donde uno se enfrenta a unos criados con vestidos tan sucios como lo son su poca gracia y mal humor; una gente que sirve esas repugnantes ollas podridas oliendo a grasa rancia, y que ponen mala cara simplemente con que se les mire; eso sin mencionar que tanto la cocina como las camas son inmundas y horrorosas, y que es imposible dormir allí ni siquiera un poco a causa del ruido que hacen a todas horas los muleros y sus mulas, los viajeros y demás gente de paso; eso sin hablar de la incomodidad y miserable condición de estar sujetos, tanto para acostarse, como para partir, no cuando uno lo desee, sino al capricho de los demás; además de que los gastos en ese tipo de hospedaje son mucho mayores. Para no perderme demasiado en estas disquisiciones vuelvo de nuevo a nuestro relato para contaros únicamente que tras la última acampada en el caravasar de Museijèb, partimos al amanecer del día siguiente, y ya cerca del mediodía vimos de lejos y dejamos a la izquierda un burgo en el que había una mezquita muy venerada por los turcos y otras sectas mahometanas debido a que cierto personaje llamado Abul Casûm, pariente de Ali, y cuyo lugar lleva ese nombre, está enterrado en esa mezquita. 

El Señor della Valle llega a las ruinas de la antigua Babilonia

Llegamos por la tarde, a buena hora para encontrar alojamiento en un caravasar u hostelería cercana a una fortaleza desierta y abandonada, llamada Birser-jan [Caravasar de Birser]; desde donde salimos bien avanzado el día, el veintitrés de noviembre [de 1616], llegando justo poco antes del mediodía ante lo que queda de la antigua ciudad de Babilonia y su famosa torre de Babel. Allí plantamos nuestro pabellón para estar más cómodos, poder cenar a nuestro gusto, y quedarnos allí tanto tiempo como fuera necesario para visitar con tranquilidad esas ruinas y tomar nota de todos sus detalles. He recorrido estos vestigios por todas partes; he trepado hasta lo más alto, caminado por su interior, revisado cada rincón cuidadosamente, y ahora voy a pasar a relataros todo cuanto pude apreciar allí…” 





– Usos y costumbres de las damas babilónicas 

«… Mi esposa llevará la ropa que a mí me plazca, aparte de que también tendrá que cambiar de atuendo para adaptarse a los diversos modos de vestir de los países por donde viajemos. Hasta el momento solo se viste a la siríaca, como las otras mujeres de su misma nación, cuya ropa se diferencia muy poco de la de las damas turcas, excepto en el tocado, que aquí en Bagdad lo llevan más bajo y la mayoría con velos negros; velos que en un bonito rostro no quedan nada mal; este tocado lo acompañan, al igual que las beduinas, con una banda de delicada seda, como el tafetán, pero a rayas y damasquinada con dibujos ajedrezados de varios colores y de variadas formas bastante armoniosas. Todos estos atavíos alrededor de la cara y de la garganta se parecen a las tocas de nuestras religiosas, o de las viudas españolas; pero por detrás, esa misma seda cae a lo ancho y a lo largo terminando en punta, y llegando casi hasta el suelo; un velo que llevan con tal elegancia que les presta un gran empaque e incluso les dan un toque de coquetería. Las túnicas que usan la mayoría también son un poco diferentes de las de las damas turcas; ya que estas babilónicas las llevan a la antigua usanza debido a que la última moda de la Corte del Soberano aquí les llega muy tarde, y aunque mucha de su ropa sea blanca y de algodón o de lino, en los días solemnes o en celebraciones especiales se ponen otras túnicas de color hechas de seda y con unas mangas mucho más anchas y largas. Los colores de estas túnicas y de otros ropajes son variados; aunque los que más abundan son el color crema, el amarillo, el verde y otro irisado bastante bonito, de un rojo oscuro y un azul turquesa, que lo combinan en este orden: si la túnica es color crema, el corpiño será verde, la saya amarilla y los bajos de otro color…»

Los cristianos, faltos de instrucción, imitan a los mahometanos. Aquí, la escasez de sacerdotes y el poco edificante ejemplo que dan por sus malos hábitos los pocos que se encuentran, hace que la gente viva inmersa en una profunda ignorancia en todo lo que concierne a la fe cristiana, y que sepan más de la Ley de Mahoma por su frecuente contacto con ella y su práctica obligada entre los turcos y otras gentes del país, cayendo fácilmente en supersticiones a causa de su incultura al creer que no hay ningún mal en ello. Credulidades que he presenciado muchas veces y que por mi celo religioso me he visto obligado a reprender a algunos cristianos que iban de buena fe a besar por respeto las tumbas de algunos moros charlatanes, considerados falsamente como santos, sin otro motivo que el haber visto hacer lo mismo a los mahometanos que les elogiaban como a personas de una gran santidad, atribuyéndoles incluso el don de hacer milagros. También he escuchado con frecuencia a estos cristianos abusar, jurando por el Profeta, que no es otro que Mahoma, y por la verdad de Ali, invocar en su ayuda a Solimán Pac y hacer mil y una tonterías más practicadas por los mahometanos, de los que las aprenden conversando con ellos. Al encontrarse la religión cristiana en un estado tan lamentable entre las gentes de este país, ¿qué podría hacer yo con mis conocimientos para enseñársela e instruir mejor a mi esposa? ¿Acaso es de extrañar que ella no tenga más que unas nociones básicas que pudo aprender de pequeña en el lugar en el que nació? ¿o las imperfectas enseñanzas que sus padres le hayan podido proporcionar después? Estoy convencido que, gracias a una particular providencia de Dios, es una fortuna para ella el hecho de no estar versada en estas materias, porque así será más fácil que aprenda los preceptos necesarios que yo pueda enseñarla, o mejor quizá lo que hagan algunos de nuestros religiosos, a los que encomendaré que cuiden de su instrucción en cuanto sea posible, así como de las ceremonias de nuestro matrimonio. No se hallará en su alma dificultad alguna que haya que combatir para borrar ciertas malas impresiones que haya podido causar, ya que, como os he dicho, ella es pura inocencia, y bien sea por su propia voluntad, o por una amorosa complacencia hacia mí, me ha mostrado mucha inclinación hacia la comunión Latina, sobre la que yo la he hablado a todas horas y espero que con el tiempo sea una buena Romana, tanto por sus sentimientos piadosos, como por los lazos de la carne y de la sangre.

 Como es persona juiciosa no ha opuesto ninguna dificultad a usar nuestras normas de conducta, que practica voluntariamente en ciertos momentos y le parecen más razonables que las de su país; sobre las que no puede negar que son más defectuosas en muchas de las formas que tienen que ver con la galantería y que aquí a veces son un poco vulgares, por no decir bárbaras; como por ejemplo dar órdenes autoritarias, mostrar cierta fiereza en el gesto, hablar como si se estuvieran peleando con un tono que parece querer amedrentar; el no usar ningún tipo de ceremonia en la conversación y cien otras cosas más de esta naturaleza y que el uso del autoritarismo, considerado entre ellos como una muestra de grandeza, para nosotros sería de grosería y de orgullo. En cuanto a su ropa, pues llevará la que a mí me plazca, aparte de que también tendrá que cambiar de atuendo para adaptarse a los diversos modos de vestir de los países por donde viajemos. Hasta el momento, solo se viste a la siríaca, como las otras mujeres de su misma nación; cuya ropa se diferencia muy poco de la de las damas turcas, excepto en el tocado, que aquí en Bagdad lo llevan más bajo y la mayoría con velos negros, que en un bonito rostro no quedan nada mal; este tocado lo acompañan, al igual que las beduinas, con una banda de delicada seda, como el tafetán, pero a rayas y damasquinada con dibujos ajedrezados de varios colores y de variadas formas bastante armoniosas. Todos estos atavíos alrededor de la cara y de la garganta se parecen a las tocas de nuestras religiosas, o de las viudas españolas; pero por detrás, esa misma seda cae a lo ancho y a lo largo terminando en punta, y llegando casi hasta el suelo; un velo que llevan con tal elegancia que les presta un gran empaque e incluso les dan un toque de coquetería. Las túnicas que usan la mayoría también son un poco diferentes de las de las damas turcas; ya que estas babilónicas las llevan a la antigua usanza debido a que la última moda de la Corte del Soberano aquí les llega muy tarde. Y aunque mucha de su ropa sea blanca y de algodón o de lino, en los días solemnes o en celebraciones especiales se ponen otras túnicas de color, hechas de seda y con unas mangas mucho más anchas y largas. Los colores de estas túnicas y de otros ropajes son variados; aunque los que más abundan son el color crema, el amarillo, el verde y otro color irisado bastante bonito, de un rojo oscuro y un azul turquesa, que lo combinan en este orden: si la túnica es color crema, el corpiño será verde, la saya amarilla y los bajos de otro color. Sus aderezos de oro y las joyas con las que se adornan la cabeza, los brazos, los pies e incluso los anillos que llevan en los dedos son muy diferentes a los de las damas turcas; sus formas son muy bonitas pero su calidad es poco estimada por quienes entienden de joyas, ya que en Bagdad no se encuentran alhajas costosas o tal vez no las lleven. En general las que se ven | 




Las mujeres llevan anillos en la nariz. por aquí tienen un valor más que mediocre, tales como algunas turquesas, pequeños rubíes vulgares, esmeraldas, granates y perlas. Mi esposa lleva este tipo de adornos al igual que las demás mujeres conforme a la moda del país; pero de todos, el que menos me gusta es un anillo muy grande y feo en el que se engasta alguna pedrería y que se lo ponen sin ninguna gracia en la nariz; más o menos como las armellas que se colocan en el hocico de los búfalos. Al parecer ésta es una costumbre muy antigua entre los pueblos de Levante y mencionada en las Sagradas Escrituras cuando dicen que en tiempos de Salomón las damas judías la practicaban. Mi mujer, por el amor que me profesa, se ha quitado todos esos anillos de la nariz, pero yo no he conseguido que su hermana ni su prima renuncien a ellos; pues hay que reconocer lo difícil que resulta liberar a la gente de las fantasías de una moda que ha echado tan profundas raíces. Los mantos o los echarpes con los que se cubren las mujeres cuando salen de casa tienen notables diferencias con los de todas las otras que he visto en mil y otros lugares; porque no son de tejidos de lana o de seda, como en Constantinopla, ni telas blancas de lino, como en Siria y en Egipto; aquí, la gente común usa telas ajedrezadas en azul y blanco, parecidas a las de El Cairo, mientras que las personas de más elevada condición las llevan de seda muy fina, delicadas y ligeras, aunque con una mezcla de coloridos debido a los grandes calores que aquí se soportan. Las personas de más alto rango, como yo, solo usan un ligero manto de seda de un solo color, violeta o azul oscuro; esta especie de mantos se asemejan en parte a los que vemos en las pinturas a la Virgen María con los bordes de un color más oscuro.  Pero ya que os he hablado de mi esposa y me he extendido tanto en haceros la descripción de su persona y su manera de vestir, os prometo que ahora os comentaré algo acerca del origen de nuestros amores y nuestro matrimonio…” 


PIETRO della Valle Peregrino de la curiosidad - Por CAROLINE STONE
Pietro della Valle pasó doce años, desde 1614 hasta 1626, viajando por Oriente. Las detalladas cartas de su viaje, que tenían por objetivo informar a sus compatriotas sobre tierras poco conocidas, fueron publicadas en tres volúmenes en 1650, 1658 y 1663.

El coleccionista de libros, lingüista y ávido corresponsal italiano, Pietro della Valle, es uno de los viajeros de Oriente Medio más importantes y menos conocido del siglo XVII. A pesar de su activa contribución al conocimiento en el Occidente sobre el mundo islámico y su romántica historia personal, ha sido relativamente ignorado, en gran parte porque nunca ha habido una edición clásica, de fácil acceso, ni en inglés ni en italiano de sus voluminosas cartas. Sus escritos, que relatan sus viajes desde Turquía a Egipto, el Levante, Persia y la costa occidental de la India, contienen más de un millón de palabras.

El gran valor de della Valle radica en sus vivas y detalladas descripciones, así como en su incesante curiosidad: realmente le interesaba todo. Siempre que le era posible, comparaba lo que veía con relatos precedentes, tanto de escritores clásicos como de viajeros como el naturalista francés Pierre Belon (1517-1564), y con información recabada de textos turcos, persas y árabes a los que tenía acceso. 

Además de registrar lo que hallaba, mostraba un sano escepticismo con respecto a lo que se enteraba de segunda fuente, señalando: "Me han dicho esto, pero no hay forma de saber si es cierto o no", o "intenté averiguar más acerca de esto, pero no encontré a nadie que pudiera darme información completamente fiable".

Della Valle quedó impactado por las pirámides de Giza al verlas por primera vez en 1615, y dedicó una gran cantidad de tiempo y recursos a explorar la Gran Pirámide por sí mismo. Este grabado pertenece al libro Les Six Voyages (Los seis viajes) de Jean-Baptiste Tavernier, publicado en 1676, seis décadas después de la visita de della Valle.
Della Valle quedó impactado por las pirámides de Giza al verlas por primera vez en 1615, y dedicó una gran cantidad de tiempo y recursos a explorar la Gran Pirámide por sí mismo. Este grabado pertenece al libro Les Six Voyages (Los seis viajes) de Jean-Baptiste Tavernier, publicado en 1676, seis décadas después de la visita de della Valle.

Coleccionaba libros, plantas e información de todo tipo, e incluso se hacía acompañar por un dibujante para registrar sus viajes. Lo que él deseaba era dar a sus compatriotas una idea clara de las tierras de Oriente, tanto para fines mercantiles como por motivos diplomáticos, aunque sus propios intereses eran en gran parte intelectuales. Desafortunadamente, ninguno de los numerosos bosquejos y pinturas que él menciona logró sobrevivir. 

Della Valle nació en 1586, en el seno de una rica familia aristocrática romana. Cuando tenía alrededor de 25 años, se incorporó a una expedición naval española para combatir a los corsarios en la costa del norte de África. Después de eso, por un desengaño amoroso, se trasladó a Nápoles, donde estando deprimido al punto de pensar en suicidarse, su amigo cercano y médico Mario Schipano le aconsejó viajar.

Por eso decidió hacer una peregrinación a Jerusalén. Para darle más sentido a su viaje, della Valle planeó enviar cartas detalladas a su amigo, quien, según él escribe, "extraería un relato claro y bien estructurado de todo mi peregrinaje". Eso, justamente, fue lo que no hizo Schipano; sin embargo, della Valle cumplió su parte del trato, y mucho más. Regresó a casa después de doce años de aventuras, e il Pellegrino ("el peregrino"), como solían llamarlo, publicó un volumen de sus cartas durante su vida, mientras que otros dos fueron publicados de manera póstuma.

Della Valle quedó muy impresionado con sus guías del desierto. "Tienen una imagen mental de cada lugar, de las fuentes de agua, de los numerosos caminos, tanto largos como cortos".

Della Valle se embarcó rumbo a Tierra Santa en junio de 1614, navegando desde Venecia hasta Constantinopla (actualmente Estambul). En la capital otomana se propuso no solamente visitar monumentos sino también presenciar eventos, que abarcaban desde las festividades bayram que marcan el fin del Ramadán, con elementos tales como columpios y ajalaat, una versión temprana de la rueda de la fortuna, hasta los desfiles militares celebrados cuando el sultán Ahmad I y sus tropas partieron a combatir al sha Abbas i de Persia. Luego, para comprender mejor lo que vería en sus viajes, permaneció en Constantinopla durante un año, donde estudió turco, árabe, persa y, para fines académicos, hebreo.

"Para mi disgusto" escribió en febrero de 1615, "mi profesor de lengua turca... me ha abandonado por más de dos meses debido a que ha estado ocupado en sus propios asuntos, pero ahora ha regresado para darme lecciones, por lo que estoy muy contento, estudiando como loco y con buenos resultados".

Della Valle recorrió miles de kilómetros, según muestra este mapa de 1953 tomado del libro Pietro's Pilgrimage: A Journey to India and Back at the Beginning of the Seventeenth Century (El peregrinaje de Pietro: Un viaje de ida y vuelta a la India a comienzos del siglo XVII) de William Blunt. Su primera parada fue Constantinopla (Estambul), donde pasó un año estudiando turco, árabe, persa y hebreo.
Della Valle recorrió miles de kilómetros, según muestra este mapa de 1953 tomado del libro Pietro's Pilgrimage: A Journey to India and Back at the Beginning of the Seventeenth Century (El peregrinaje de Pietro: Un viaje de ida y vuelta a la India a comienzos del siglo XVII) de William Blunt. Su primera parada fue Constantinopla (Estambul), donde pasó un año estudiando turco, árabe, persa y hebreo. 

En Constantinopla, della Valle también empezó a tratar de adquirir textos, tanto para Schipano, un calificado estudioso del árabe, como para sí mismo, los que a la larga conformaron el núcleo de una magnífica biblioteca.

Se embarcó rumbo a Alejandría (Egipto) en septiembre de 1615. En una carta enviada desde El Cairo, fechada el 25 de enero de 1616, della Valle describe los lugares que ha visitado, destacando la belleza de la arquitectura mameluca, en especial de las tumbas de al-'Arafa, la famosa Ciudad de los muertos. Como era natural, visitó las pirámides y exploró exhaustivamente los pasadizos interiores de la Gran Pirámide. 

Della Valle tenía sumo interés en adquirir una momia intacta para llevar consigo a Italia. No era fácil encontrar ejemplares ya que los saqueadores solían despojarlas de sus joyas y desenterrarlas, pues se creía que el polvo resultante, denominado mummia, tenía propiedades medicinales. Como era típicio, della Valle quería ver exactamente cómo desenterraban a las momias e incluso solía descender a los fosos. Sus relatos sobre esta actividad, al igual que las descripciones de los hallazgos, son fascinantes.

El grabado de la Bagdad del siglo XVII junto al río Tigris, obra de Tavernier, quizás se asemeje a lo que Pietro della Valle vio en 1616 cuando se acercaba a la ciudad. Fue allí donde conoció a su "amor babilónico", Ma'ani, con quien posteriormente se casó.
El grabado de la Bagdad del siglo XVII junto al río Tigris, obra de Tavernier, quizás se asemeje a lo que Pietro della Valle vio en 1616 cuando se acercaba a la ciudad. Fue allí donde conoció a su "amor babilónico", Ma'ani, con quien posteriormente se casó.

Era típico de della Valle que prestara atención a las actividades de la vida cotidiana, así como a los grandes lugares turísticos. Señaló que algunas de las casas tenían en sus muros pinturas e inscripciones que indicaban que el dueño había realizado la Hajj (peregrinación a La Meca). Con el interés por la ropa habitual en los italianos, no solo describió la vestimenta de las clases más altas, sino también las jellabas de color azul utilizada por los campesinos de ambos sexos (una túnica de mangas anchas, muy larga, similar a la thobe que aún usan ciertos grupos beduinos establecidos de la región de Belén) y las diversas maneras de enrollar un turbante.

Della Valle describió su peregrinaje a Jerusalén, donde pasó la Pascua y donde, a pesar de ser muy devoto, mostró cierta reserva con respecto a algunas de las celebraciones. Posteriormente viajó hacia el norte, a Damasco, donde se alegró muchísimo al encontrar varios manuscritos samaritanos poco comunes, entre ellos uno que contenía notas explicativas en árabe. Le escribió a Schipano desde Alepo para darle la buena noticia y buscar la mejor manera para que su colección fuera puesta a disposición del público para su fin principal: la difusión del conocimiento. 

Desde Siria, Della Valle decidió viajar a Persia por la vía de Bagdad, pues sentía mucha curiosidad por conocer al sha Abbas, quien mantenía conversaciones diplomáticas con los gobernantes europeos en materia de comercio y sobre cómo contener las ambiciones imperiales de los otomanos. Con su energía acostumbrada, explicó cómo mandó fabricar maletas especiales para poder transportar fácilmente su equipo de cocina en camello y proteger el contenido en caso de que éstas se cayeran. Además, mandó fabricar contenedores especiales para "darle al agua un aroma y sabor muy agradable, e incluso mantenerla fresca". Todo debía tener el aspecto "más elegante" posible. Finalmente, el 16 de septiembre de 1616, se rapó la cabeza, se puso un turbante, y se vistió a sí mismo y a su comitiva "a la manera siria para no ser reconocido", y emprendió el viaje.

Es posible que della Valle y su comitiva se hayan alojado en un kan como este durante sus viajes de una ciudad a otra.
Es posible que della Valle y su comitiva se hayan alojado en un kan como este durante sus viajes de una ciudad a otra.

En Iraq, della Valle describe de manera extensa la forma de vida de los beduinos, señalando que las mujeres no se cubren el rostro. También estaba fascinado por los tatuajes de los beduinos y, aparentemente, se hizo uno, lo que en esa época era algo bastante atrevido para un caballero romano. De hecho, a él le gustaba vestir como la gente local, tanto por comodidad como para experimentar diferentes modas. No obstante, se molestó mucho cuando le robaron su fina ropa interior italiana, aunque se sintió aliviado al saber que los ladrones no se habían llevado sus libros ni sus manuscritos.

Della Valle quedó muy impresionado con los guías del desierto. "Tienen una imagen mental de cada lugar, de las fuentes de agua, de los numerosos caminos, tanto largos como cortos", escribió. "De noche observan las estrellas, pero de día se guían por las marcas de la tierra, teniendo en cuenta si el terreno sube o baja, el color, los tipos de plantas que crecen en el lugar y (esto realmente me maravilló) el olor, para poder encontrar fácilmente cualquier camino que ellos desean". Pero lo que era aún más notable es que los guías siempre llevaban a la caravana directamente a los pozos cuando se les necesitaba, a pesar de que estos no tenían parapetos y eran completamente invisibles desde cierta distancia.

Él atravesó el territorio del poderoso y famoso emir Fayyad, quien, para sorpresa y agrado de della Valle, tenía tal control de sus dominios que las caravanas podrían cruzar el desierto de manera razonablemente segura. Al describirlo al emir y sus tierras, della Valle agrega: "...este emir afirma poder demostrar su descendencia ininterrumpida a partir de Noé, una afirmación que me resulta difícil de creer, pero que de ser cierta, sería una nobleza sin igual en el mundo. Desde luego, soy de la opinión que si hay una nación que puede presumir de una nobleza de linaje verdadera y antigua durante un largo periodo de años, esa es sin duda la de los árabes, a pesar de la dura vida que llevan en el desierto, primero porque viven libres, lo cual es un factor muy importante (esta es la única razón por la que no quieren someterse a la vida de la ciudad), y segundo, porque desde comienzos de la humanidad, ellos no se han mezclado con ninguna otra nación: siempre se han casado entre ellos, no solo entre iguales, sino casi siempre con quienes tienen su misma sangre".

Isfahán se encontraba sometida a una extensa reconstrucción bajo la mirada del sha Abbas I cuando della Valle la visitó en 1617. Él había deseado por mucho tiempo visitar la ciudad, pero su mayor interés era conocer al mismísimo sha Abbas.
Isfahán se encontraba sometida a una extensa reconstrucción bajo la mirada del sha Abbas I cuando della Valle la visitó en 1617. Él había deseado por mucho tiempo visitar la ciudad, pero su mayor interés era conocer al mismísimo sha Abbas.

Como era costumbre cuando viajaba, della Valle visitó todos los sitios arqueológicos que pudo. Describió, por ejemplo, las ruinas de "Isrijeh" y "al-Taijbeh" (Isriyah y al-Taybah), situadas en el desierto en el camino de Alepo a Bagdad, y lo que él creyó que era la Torre de Babel. Su tendencia a comparar lugares con sitios de Italia que pudieran ser familiares a Schipano y a sus lectores potenciales puede parecer un poco provinciana; sin embargo, comparaciones tales como "más grandes que la Piazza Navona" de Roma o "ruinas más altas que el palacio más alto de Nápoles" dan una idea útil del tamaño de monumentos que ya no existen. 

En Ur y Ctesifonte, della Valle señala que recogió trozos de baldosas, ladrillos y muestras de bitumen, para sorpresa de la gente de la zona, "quienes no entendían nuestro gusto por tales curiosidades". También señala que Bagdad obviamente no era la antigua Babilonia, como se solía creer, "pues se podía ver claramente, a partir de... la arquitectura, las inscripciones árabes presentes en diversos lugares, talladas o moldeadas en estuco... que esta era moderna y, sin la más mínima duda, musulmana..." Agrega, además, que esperaba que su árabe pronto fuera lo suficientemente bueno para poder comparar lo que le habían contado con los relatos árabes.

El tratado de della Valle sobre la cosmología heliocéntrica del astrónomo danés Tycho Brahe, escrito en italiano y persa, incluía el modelo del sistema solar de Brahe. Della Valle escribió el tratado en Goa para un estudioso al que había conocido en Lar (Persia).
El tratado de della Valle sobre la cosmología heliocéntrica del astrónomo danés Tycho Brahe, escrito en italiano y persa, incluía el modelo del sistema solar de Brahe. Della Valle escribió el tratado en Goa para un estudioso al que había conocido en Lar (Persia).

Cuando della Valle llegó a Bagdad, el desastre se le vino encima: uno de sus sirvientes italianos mató al otro en un altercado estúpido por la primacía, y della Valle describió en detalle la maniobra que tuvo que realizar para evitar que todo el grupo fuera arrestado. No obstante, fue en Bagdad donde tal vez ocurrió el evento más importante de su vida: Della Valle anunció, casi de la nada, que se había casado con su "amor babilónico", una chica llamada Ma'ani, "palabra árabe que significa 'importancia' o 'inteligencia'...".

Era una historia romántica. Escuchó hablar de Ma'ani en el viaje desde Alepo, y decidió que tenía que conocerla. Un conocido en común los presentó. Los padres de ella lo recibieron con la mayor hospitalidad, y ayudaron a que él y su comitiva se establecieran en un alojamiento adecuado. Antes de siquiera verlo, Ma'ani ya soñaba con él, y en su primer encuentro esta le entregó un membrillo, que era una ofrenda ritual de matrimonio en Grecia y en todo el Levante desde la época clásica. Fue amor a primera vista de ambas partes.

"A pesar de que no es bien visto que los maridos exageren la belleza de sus esposas", escribió della Valle, él no pudo resistir la tentación de describir a Ma'ani en extenso, e incluso de explicar cómo delineaba alargando sus ojos con el kohl. La describió como una mujer de una excelente familia, cristiana, nacida en Mardin (Turquía), de madre armenia y "que tiene por lengua materna el árabe, pero que también habla turco, como suele hacerlo conmigo, ya que todavía solo conozco un poco de árabe...". Continúa diciendo lo mucho que apreciaba su inteligencia y buen humor, además de su intrepidez. Aun cuando fueron atacados por bandidos, ella prefirió quedarse para proteger los abrigos y los fardos de los hombres, en lugar de huir.

De noche, el sha solía deambular por Isfahán, visitando cafés y tiendas, entre estas la de un comerciante de arte italiano.

Della Valle escribió que Ma'ani se vestía a la manera tradicional siria (a pesar de que le gustaba mucho la idea de la moda italiana) y se cubría la cabeza "como hacían las mujeres beduinas... un efecto similar a los velos de nuestras monjas o de las viudas españolas...". Admitía que había algunas cosas en ella que le parecían un poco bárbaras, como el uso de un aro en la nariz, y dice que la convenció para que se lo sacara, aunque sus hermanas se negaron.

Della Valle concluyó esta extensa misiva, con fecha del 16 al 23 de diciembre de 1616 (muchas de sus cartas fueron escritas en forma de diario, a lo largo de varios días o semanas), con el deseo de que Schipano empezara a editarlas, ya que esperaba que en poco tiempo pudieran sentarse juntos para darle los toques finales, ya que planeaba regresar en breve, tan pronto terminara de visitar Isfahán.

Después de Navidad, la joven pareja partió a Irán. "Me di la tarea de cambiar la vestimenta siria por la persa", escribió della Valle. También encontró a un barbero para que le afeitara la barba que se había dejado crecer durante los 16 meses anteriores. "Quería que me hiciera parecer completamente persa, es decir, con las mejillas y la barbilla afeitada y con bigotes largos...", señaló. Ma'ani quedó "desconsolada" al verlo, y solo se calmó cuando della Valle le explicó que al "viajar por diferentes países, era necesario adaptarse a las costumbres locales".

Tres meses después llegaron a Isfahán, la ciudad que della Valle había ansiado visitar y que el sha Abbas estaba remodelando con la construcción de las grandes mezquitas y monumentos que pueden verse en la actualidad. Describió el lugar y a sus habitantes en detalle; quedó particularmente impresionado por la gran variedad de pueblos y costumbres, especialmente por la comunidad india y por el barrio cristiano de Nueva Julfa. Este había sido establecido por el sha Abbas para los armenios que habían sido deportados por la fuerza de su país, principalmente con la esperanza de que estimularan la economía mediante la manufactura y el comercio. Della Valle describió el terrible sufrimiento que tuvieron que soportar en el camino, aunque las condiciones cuando llegaron a Nueva Julfa fueron en general buenas.

En 1621, camino de Isfahán a Ormuz, por la costa, della Valle se detuvo en Persépolis para copiar y posteriormente publicar las primeras inscripciones cuneiformes que se conocieron en Europa. Dedujo, correctamente, que la escritura se leía de izquierda a derecha, pero no pudo descifrarla.
En 1621, camino de Isfahán a Ormuz, por la costa, della Valle se detuvo en Persépolis para copiar y posteriormente publicar las primeras inscripciones cuneiformes que se conocieron en Europa. Dedujo, correctamente, que la escritura se leía de izquierda a derecha, pero no pudo descifrarla.

En Isfahán, della Valle conoció a varios personajes interesantes, entre ellas académicos de diversas nacionalidades. Entre estos se encontraba Muhammad Qasim ibn Hajji Muhammad Kashani, más conocido como Susuri, quien posteriormente le envió una copia de su diccionario enciclopédico, el Majma’ al-Furs Susuri, tras terminarlo en 1626. Este diccionario, dedicado al sha Abbas, fue una obra de referencia clásica durante gran parte del siglo XVII. Debe de haber sido de particular interés para della Valle, quien en ese tiempo se encontraba elaborando su propio diccionario turco. A diferencia de varios de sus otros proyectos, este fue terminado y preparado para la prensa, aunque nunca fue publicado. A della Valle también le interesaba la religión; aún perdura una copia de la carta que le envío "Mir Muhammad el Vehabi [al-Wahhabi], un noble de Isfahán", en la que continúan una discusión anterior sobre temas religiosos. 

Mientras el sha Abbas recorría su reino, della Valle lo seguía. Sus reuniones y conversaciones arrojan luces poco comunes y no oficiales sobre lo que significaba ser agasajado por dicho monarca. 

En Qazvin, en el invierno de 1618, el sha Abbas se reunió con un grupo de embajadores extranjeros, y della Valle se propuso recabar toda la información que le fuera posible. Consideraba que los rusos eran muy groseros, pero quedó fascinado con la colección de fanimales traída como regalo por el embajador de la India. A dicha reunión también asistió el anciano embajador de España, don García de Silva y Figueroa, cuyos diarios son un complemento interesante del relato de della Valle.

El grupo se separó, y della Valle, a pesar de estar enfermo, logró regresar con Ma'ani a Isfahán, ciudad a la que llegaron en diciembre. Allí se reunieron con miembros de la familia de Ma'ani, incluidos sus padres, quienes habían venido de visita. Por primera vez, della Valle menciona a Mariuccia, una niña georgiana, de unos ocho años de edad, que había quedado huérfana en tiempos de la conquista persa de Georgia, y a quien Ma'ani había adoptado, quizás en parte por no tener aún un hijo propio.

En junio de 1619, se celebró otro gran cónclave de embajadores, y della Valle hace un relato vívido y a menudo divertido de las festividades, incluidas las organizadas para las damas, de las cuales Ma'ani proporcionó un relato completo. También nos enteramos de cómo el sha deambulaba de noche por la ciudad, visitando cafés y tiendas, entre ellas la de un comerciante de arte italiano que vendía, entre otros objetos, "retratos como los que se venden por una corona en la Piazza Navona..., pero que aquí cuestan diez cequíes y son considerados baratos a ese precio". Una corona (coronato) era una moneda de plata napolitana, mientras que un cequí (un zechinno veneciano) era una moneda de oro que pesaba unos 3.5 gramos, por lo que el margen de ganancia es sustancial.

Durante su estancia en Isfahán, della Valle trató diversos temas, desde los más serios a los más frívolos: su gusto cada vez más marcado por la cocina local y su preocupación por cómo se readaptaría a la comida en casa; las distintas técnicas para almacenar el hielo, y sus planes para exportar a Italia gatos persas, de los cuales tenía una gran cantidad. Sus descripciones están salpicadas de vocablos árabes y persas, especialmente términos técnicos y expresiones propias del dialecto dirigidas a Schipano, las que siguen siendo de interés hasta el día de hoy.

Hay una cosa que, entre muchas otras, es sorprendente en esta época: la eficiencia del sistema de correo en el mundo islámico. Resulta difícil estimar el número exacto de cartas que della Valle le envío a Schipano, dado su hábito de escribir cartas tipo diario, y de a veces comenzar y terminar las secciones con saludos, pero al parecer fueron por lo menos 36. De sus misivas, solo falta una, la que fue extraviada por el mismo Schipano. Por otro lado, cuando della Valle se queja de que ha recibido cartas provenientes de Venecia, Sicilia, Francia, España, Constantinopla, Bagdad e India, pero ninguna de su amigo, es porque Schipano no había enviado cartas en más dos años y no precisamente por un problema del servicio postal.

La familia de Ma'ani quería regresar a Bagdad. El estado de salud de della Valle era malo, ya que se había visto afectado por el crudo invierno de 1620-1621, considerado como el más frío desde 1232, y sus pensamientos también se volcaron a casa. Sin embargo, sus planes se vieron afectados por la política internacional. La guerra entre Persia y Turquía significaba que la ruta a Alepo estaba bloqueada, por lo que él y varios otros europeos quedaron efectivamente atrapados. Más aun, Persia se había unido a los británicos para expulsar a los portugueses de Ormuz, en el extremo sur del golfo arábigo, lo que convirtió a esa ruta en un lugar incierto y peligroso. No obstante, igual emprendieron el viaje. 

En su camino se detuvieron en Persépolis, a la cual, como era costumbre, della Valle describió en detalle, aunque no siempre con exactitud, pues andaba con una prisa fuera de lo habitual. 

De Persépolis viajaron a Shiraz, y luego se dirigieron a la costa. Estaban de muy buen humor, puesto que Ma'ani al fin había quedado embarazada, cuando les llegaron noticias de que habían comenzado las hostilidades alrededor de Ormuz, desde donde esperaban embarcarse para viajar a Europa por la ruta de la India. 

El escudo de armas creado en honor a Ma'ani della Valle, quien murió en Minab, cerca de Ormuz, en 1621, a la edad de 23 años, abre el volumen de conmemoración producido para su funeral, celebrado en Roma en 1626. La inscripción en siriaco dice: "La sirviente / de Dios / Ma'ani".
Ma'ani aparece retratada en esta edición de los viajes de della Valle publicada en Bagdad en 1982.
Arriba: El escudo de armas creado en honor a Ma'ani della Valle, quien murió en Minab, cerca de Ormuz, en 1621, a la edad de 23 años, abre el volumen de conmemoración producido para su funeral, celebrado en Roma en 1626. La inscripción en siriaco dice: "La sirviente / de Dios / Ma'ani". Encima: Ma'ani aparece retratada en esta edición de los viajes de della Valle publicada en Bagdad en 1982.

Decidieron esperar en la cercana ciudad de Minab, donde había un grupo de mercaderes ingleses, uno de ellos un antiguo amigo de della Valle, y esperar a ver qué sucedía. Sin embargo, el lugar resultó ser poco saludable. Mariuccia fue la primera en enfermarse, seguida por cada uno de los integrantes del séquito, y el 30 de diciembre murió su amada Ma'ani. Tenía 23 años.

Della Valle prácticamente no sabía que hacer. Sentía que no podía dejar a Ma'ani en ese lugar, por lo que mandó embalsamarla (algo que, sorprendentemente, las mujeres de la zona sabían hacer muy bien) y la puso en un ataúd sellado para llevarla consigo a Italia, donde pretendía enterrarla. Posteriormente, él muy enfermo, y su séquito continuaron su viaje. Della Valle comenta que no recuerda prácticamente nada del viaje hasta un mes después de la muerte de Ma'ani, cuando llegó a Lar, una ciudad situada casi 300 kilómetros al oeste, y sufrió un colapso. Allí se recuperó lentamente bajo el cuidado de un médico excepcionalmente competente y en compañía de sus amigos eruditos. "En ninguno de los lugares de Asia donde he estado", escribió, "y de hecho en ningún lugar del mundo, he encontrado tantos hombres ilustrados y científicos distinguidos como en Lar".

Unos meses después, della Valle volvió a Shiraz y, por fin, en el invierno de 1623-1624, él junto a Mariuccia, de 12 años de edad, emprendieron el viaje a la India. Las cartas de della Valle hablan principalmente de sus experiencias en Goa, aunque también hay algunos relatos interesantes y poco comunes sobre los reinos menores situados al sur, entre Goa y Calicut. Incluso ahí buscó manuscritos y logró añadir a su colección un libro de hojas de palma y el estilete utilizado para grabarlo, además de una descripción precisa del proceso de producción.

No tuvo muchas oportunidades de viajar por las regiones mogolas de la India, y lo que cuenta añade poco a los relatos mucho más completos de otros viajeros. Sin embargo, mientras estaba en Goa, della Valle siguió intercambiando correspondencia con sus amigos ilustrados de Lar e Isfahán, y trabajó en varios proyectos literarios.  

El sello de Ma'ani della Valle, el cual aparece en su volumen de conmemoración multilingüe, reproduce la frase en siriaco de su escudo de armas.
El sello de Ma'ani della Valle, el cual aparece en su volumen de conmemoración multilingüe, reproduce la frase en siriaco de su escudo de armas.

El 4 de noviembre de 1624, della Valle le escribe su última carta a Schipano desde la India, y el 17 de diciembre parte hacia Basora por la ruta de Muscat. Tras parar en Nápoles para visitar a Schipano, finalmente, el 4 de abril de 1626, llega de regreso a Roma. Con su acostumbrado sentido del drama, escribió que entró en su casa por la puerta trasera, "como corresponde a un viudo".

Della Valle pasó el resto de su vida en Roma, participando en diversas actividades intelectuales y musicales, y mantuvo correspondencia con importantes estudiosos orientales, tanto de Oriente como de Occidente. La signora Ma‘ani fue enterrada en la Basílica de Aracoeli, y cuando Mariuccia (a quien Ma'ani había encomendado a della Valle mientras se encontraba en su lecho de muerte) alcanzó una edad apropiada, della Valle se casó con ella. Tuvieron 14 hijos.

El primer volumen de las cartas de della Valle fue publicado en 1650; y después de su muerte, en 1652, cuatro de sus hijos publicaron los dos volúmenes faltantes en 1658 y 1663. Rápidamente fueron traducidos al francés, al alemán y al holandés, y parcialmente al inglés, y terminaron por convertirse, como había deseado il Pellegrino, en una de las principales fuentes de información sobre el mundo musulmán.

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