martes, 30 de junio de 2026

El flâneur cuenta su adolescencia: Se trasluce que respiré aquella ráfaga que entre líneas entraba por la rendija del río.

 

Nadie sabe como se coló este rayo de luz en la habitación sombría de este joven alejado de aquellos que lejos rompían cristales y muros,  para asaltar los espacios ópacos, rasgar las ventanas de los oscuros museos y  romper las telarañas de humanos,  disfrazados de inútiles.

Los años 60, marcados por la aparennte estabilidad del franquismo, escondía un hervidero de ideas y expresiones artísticas que desafiaban los límites establecidos. La exposición "Lectura por contacto. Poética y experimentación en España. 1962-1972" nos sumerge en un universo de experimentación donde el lenguaje se libera de sus ataduras convencionales para convertirse en un vehículo de transformación social y política. 




A través de más de un centenar de obras, la muestra, organizada por AC/E y el ministerio de Cultura en el marco de España Invitado de Honor en la FIL 2024, nos invita a explorar cómo un grupo de artistas visionarios utilizó la escritura, la poesía y otras disciplinas artísticas para desafiar el status quo y construir un futuro más libre y creativo. 




A partir de obras de autores como Julio Campal, Ignacio Gómez de Liaño, Elena Asins, Julio Plaza, entre otros, o constituidos en agrupaciones como Problemática 63, grupo N:O., Zaj, el recorrido invita a conocer obras que juegan con la plasticidad del lenguaje con la intención de provocar concepciones no constreñidas de la lectura, hacer convivir todas las artes en torno a la poesía y, ante todo, reducir las distancias entre autor y espectador. 


Jalonada por los acontecimientos históricos señalados, que nos hablan de una escalada en el enfrentamiento de la sociedad civil contra el gobierno, esta exposición da cuenta también del cariz político que va tomando en España esta escritura experimental y, de modo general, las artes conforme se acerque la muerte del dictador.



 La muestra recorre, en definitiva, una década en la que la escritura funcionó en España como un vector para el juego, el encuentro, el recorrido urbano, la música, la generación de nuevas formas y, sobre todo, la acción pública, poética y política.

https://www.accioncultural.es/es/espana-pais-invitado-de-honor-de-la-fil-guadalajara-2024


Problemática 63,

grupo N:O.

Zaj



Zaj Biografía (1964-1965)

Autor: Grupo Zaj (Juan Hidalgo, Walter Marchetti, Ramón Barce, José y Manuel Cortés...)

Año de publicación: 1965


COLECCIÓN / 1945-1989 / España / Zaj




En 1964 los compositores Juan Hidalgo y Walter Marchetti, se instalaron en Madrid, donde junto con Ramón Barce fundaron un grupo que llamaron Zaj, poco después se unieron el también compositor Tomás Marco, el escritor José Luis Castillejo y la artista Esther Ferrer. La presencia de un escritor y una artista entre músicos indica la voluntad de crear un tipo de música experimental, alejada de los rigores del serialismo y de las prácticas del virtuosismo instrumental, incluso de superar la música como género, lo que les condujo a un tipo de arte próximo al happening, estableciendo relaciones con los miembros de Fluxus, con los que colaboraron en varias ocasiones.



Realizaron acciones como traslados de objetos, viajes, espectáculos escénicos, conciertos mudos, presencias y otras propuestas que tienen más de visual y de poético que de musical (en el sentido de sonoro) y que enlazan con los events y el accionismo de otros grupos coetáneos. Uno de los elementos más característicos en los trabajos del grupo Zaj ha sido la edición de cuatro libros y una larga colección de tarjetas, editadas entre 1966 y 1970, impresas sobre cartulinas de color con las que anunciaban eventos, hacían propuestas, enunciaban sentencias o, simplemente, se mantenían en contacto con sus seguidores. Algunas de estas tarjetas son la partitura o el “manual de instrucciones” de sus acciones, que eran siempre previamente escritas y nunca improvisadas.




El punto culminante de Zaj fue su presencia en los Encuentros de Pamplona en 1972. El grupo fue disuelto por Walter Marchetti en 1996.




El Archivo Lafuente reúne más de dos centenares de documentos Zaj, entre los que hay tarjetas, invitaciones, carteles, catálogos, fotografías, manifiestos, arte correo, folletos o libros de artista.



Problemática 63 y la revista Aulas: educación y cultura. Estrategias del experimentalismo tras el silencio.



https://conservancy.umn.edu/items/d0501fdb-ed4a-4dfa-a8aa-a437d85a2f91

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6702398


Julio Campal, 






Poesía concreta española: 



Julio Campal y


 PROBLEMÁTICA 63





El pionero de la poesía concreta española fue Julio Campal, responsable de la sección literaria de PROBLEMATICA 63, un grupo primeramente de músicos (se creó en 1962 la sede de Juventudes Musicales de Madrid, con Tomás Marco, Ricardo Bellés y Manuel Andrade). El principio de los 60 era ciertamente un momento difícil para plantear propuestas culturales de vanguardia en España. Con una escena literaria dominada por el neoclasicismo y la convención, inspirada en su mayor parte en la poesía del XVII (menos Góngora, claro) y por publicaciones oficiales censuradas o autocensuradas, PROBLEMATICA 63 parecía un milagro que prometía actualizar el panorama literario español, si bien con medios notablemente limitados.


Campal nació en Uruguay, vivió en Argentina y de allí se transladó a París, primero, y luego a España. Nada más llegar organizó en Madrid a principios de 1963 el ciclo «de Mallarmé a nuestros días» y en 1964 otro titulado «Orígenes de la poesía actual» con Francisco Umbral, Ramón Barce, Ángel Crespo y Ángel González, entre otros, que fue clausurado por Gerardo Diego con una charla sobre creacionismo y ultraísmo. Gracias a ello pudieron conocerse en España los poemas de Hopkins, Mallarmé, Marinetti, Apollinaire, Tzara, Huidobro, los expresionistas alemanes, etc. Estas actividades se presentaban como una labor preliminar de divulgación de los antecedentes de la poesía contemporánea; un paso previo a la introducción propiamente dicha de la última poesía experimental del momento, por ejemplo

Isidore Isou,






























Pierre Garnier,

 









Adriano Spatola







, etc. 

Campal mismo organizó la exposición «Poesía concreta» en la galería Grises de Bilbao, entre enero y febrero de 1965, que fue el primer evento de poesía experimental que tuvo lugar en España. Meses más tarde organizó otra en la Sociedad Dante Alighieri de Zaragoza: «Poesía Visual, fónica, espacial y Concreta» , seguida de la «Exposición Internacional de Poesía de Vanguardia» celebrada en 1966 en la galería Juana Mordó de Madrid y de la «Semana de poesía concreta y espacial» y la «Semana de poesía de vanguardia» del verano de 1966 en la galería Barandiarán de San Sebastián.

El primer poema publicado «en la nueva dirección» parece haber aparecido en el «Times» de Londres firmado por Enrique Uribe en 1964. Uribe también participó en la organización de la exposición de la galería Grises y a su implicación siguió la configuración de un «grupo» de participantes que incluía además a Ocarte, Díez de Fortuny, Millán, Gómez de Liaño, P. Gómez Bedate, Blanca Calparsoso, M. Lage Rey, J. García Sanchez y J. A. Cáceres, entre otros. De este último presentamos una muestra en la cual lo destacado parece ser el diálogo semiótico-visual entre la equilibrada y «placentera» composición de formas y colores circulares (sobre la base del grafismo «feo») y el significado de la propia palabra. Todo ello, sin embargo tiene lugar en un contexto preciosista que ya no se encuentra en las obras de Díez de Fortuny o García Sánchez, más críticos y escépticos sobre la posibilidad de escribir algo bello empleando los materiales de la realidad contemporánea, algo que Ocarte translada a un discurso sobre los media y su temática de guerras y conflictos.




Ignacio Gómez de Liaño,


Elena Asins,



Julio Plaza













,



Zaj (Grupo artístico)


Existencia: 1964 - 1996

https://archivo.march.es/agents/corporate_entities/446


Arte de performances en España a través de la figura de Esther Ferrer |

SHEILA ADÁN LLEDÍN Y LAURA PASCUAL PACHECHO

https://interartive.org/2020/08/performance-esther-ferrer-zaj

Bibliografía

Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla. (1998). Esther Ferrer: De la acción al objeto y viceversa [exposición: 1/10/1998 - 22/11/1998]. San Sebastián: Diputación Foral de Guipúzcoa, Sala de Exposiciones Koldo Mitxelena.






Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo. (2011). Esther Ferrer: lau mugimendutan/en cuatro movimientos/in four movements [exposición: 8/10/2011 -8/01/2012]. Vitoria-Gasteiz: Fundación Artium de Álava.


Llano Sánchez, R., Carbó Molina, M., García Alonso, M., Sádaba, S., Torre, L. and Zozaya, M. (2017). Los Encuentros de Pamplona en el Museo Universidad de Navarra. [Pamplona]: Museo Universidad de Navarra.





Luna, D. (2016). ZAJ: arte y política en la estética de lo cotidiano. Sevilla: Athenaica.


Museo Guggenheim. (2018). Esther Ferrer: espacios entrelazados [exposición: 16/03/2018 – 10/06/2018]. Bilbao: Museo Guggenheim: Madrid: La Fábrica.

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. (2017). Esther Ferrer: todas las variaciones son válidas, incluida esta [exposición: 26/10/2017 - 25/02/2018]. Madrid: MNCARS.




Riviére, H. (2018). Poesía: del haiku a la prática Zaj. En: El principio Asia. (pp. 59-64). Madrid: Fundación Juan March.






ARTE MODERNO Y FRANQUISMO.

LOS ORIGENES CONSERVADORES DE LA VANGUARDIA Y DE LA POLITICA ARTISTICA EN ESPAÑA.

POR JORGE LUIS MARZO, 2006






https://www.soymenos.net/arte_franquismo.pdf


 Y mientras se vivía.



España en los años 60


					Ver Núm. 5: España en los años 60

(1 de octubre-30 de septiembre) Contiene el dossier monográfico España en los años sesenta, editado por el doctor Glicerio Sánchez Recio.

En este monográfico sobre "España en los años sesenta. La percepción de los cambios" se han recogido varios aspectos de los cambios que se produjeron en aquellos años, tanto por su propio significado respecto al estado en que se hallaban en la etapa anterior del régimen como por su repercusión sobre la actitud de los grupos sociales protagonistas de los cambios, y que afectaría a capas más extensas de la sociedad, impulsándolos a proseguir el proceso de modernización social, política y cultural.






Los años 60
https://www.rtve.es/play/videos/espana-el-siglo-xx-en-color/anos-60/6762533/
Los años 60 empiezan con un país que cambia a marchas forzadas dejando atrás tres décadas muy complicadas. La llegada del turismo comporta la construcción de aeropuertos, hoteles e infraestructuras turísticas. La llegada de los coches comporta la construcción de carreteras, autopistas y la remodelación de ciudades que se ven ocupadas con vehículos de cuatro ruedas. Empiezan a desaparecer los tranvías a la vez que el Seat 600 es la estrella de la marca española y se convierte en un ícono clave que permite la movilidad de los españoles y las primeras emigraciones vacacionales a zonas con playas. La gran entrada de turistas y divisas permite que la economía española salga de la pobreza extrema y ver el futuro con un poco más de optimismo. Son momentos de cambios con la llegada de nuevas ideas. La guitarra eléctrica o la minifalda son los nuevos iconos de la juventud. Llegan los electrodomésticos al hogar de los españoles y hacen la vida un poco más fácil.


Nuestras aulas tenían estrado que abarcaba toda la pared delantera. Porque había parte de delante y parte de atrás. En el estrado estaba la mesa del profesor y la pizarra por ello cuando ibas a la pizarra estabas a la vista de toda la clase, expuesto a las miradas de todos.

Los pupitres de madera de dos plazas estaban en filas, todos mirando hacia el estrado en filas separadas. Tenían un cajón de madera donde debías meter la cartera y en su reborde superior había un hueco para meter el tintero. El tintero era necesario para las clases de caligrafía que se hacían con plumín, que debía ser con corona, los otros modelos no servían y tinta china, tampoco había otras tintas, los chinos tenían el monopolio. Todo “debía ser” de determinado modo, había montones de “debía ser”.

Por supuesto mi clase era toda de chicos. No será hasta que llegue al curso previo a la universidad, ya en los años 70, cuando comenzarán las clases a ser mixtas. Vaya palabra “mixta”, pero era la que se utilizaba.

Éramos muchos por aula, entre 40 y 50, pero estábamos separados, solo mirando al profesor, cualquier otro contacto estaba prohibido. No podías mirar a los lados ni por supuesto tampoco atrás. Teníamos que estar en silencio la hora entera que duraba cada clase y solo podíamos hablar en los breves tiempos entre clases mientras cambiaba el profesor.

Se configuraba una organización fuertemente autoritaria, ante todo y sobre todo autoritaria, lo más lejana de la idea del trabajo en equipo de la formación de grupo, toda orientada al profesor, y enteramente dirigida por él, que tenía el protagonismo total de la clase. Tenía casi poder de vida o muerte.

Porque el tono era fuertemente disciplinario. Los alumnos debíamos ser obedientes y tranquilos, callados. Todavía recuerdo que una vez me quedé castigado en el colegio después del horario lectivo porque había estornudado debido a mi alergia primaveral, pero según el entender del profesor demasiado fuerte. Si hablabas en clase eras castigado, primero en el extremo del estrado de pie mirando la pared. Si al profesor le parecía que eso era poco, entonces de rodillas ante el estrado mirando a la pizarra. Si eso no era suficiente al parecer del profesor, entonces al pasillo, al lado de la puerta de la clase. Eso era terreno peligroso porque podía pasar el director o alguno de los curas. Yo tuve un profesor, el de ciencias de 5º de bachiller, que en una buena temporada del curso, según entraba en clase, me sacaba al pasillo y llegué a conocer bien al director que pasaba por allí diariamente, aunque en mi recuerdo se aleja bastante del ogro, sencillamente me preguntaba cada día si estaba otra vez allí.

El sistema represivo estaba reforzado por el castigo físico, el profesor te pedía que levantaras la mano con los dedos juntos y con una regla de madera le atizaba con fuerza a esos dedos juntos. Ese mismo profesor de ciencias, que ha dejado huella en mí, aunque debo decir que también me dio la matrícula de honor, tenía un palo famoso al que llamaba Margarito.  Era verdaderamente temido por los alumnos.

El castigo físico era habitual, coger de la oreja cuando estabas sentado en el pupitre y tirar para arriba, o de las patillas. Recuerdo un día que llovía y durante el recreo le pregunté a un compañero de clase que le pasaba en el ojo, tenía un ojo con algo así como una nube y a mí me intrigaba, yo tendría diez u once años. Al cabo de un rato me hizo llamar un cura que estaba vigilando el recreo, fui hacia él pero no tuve oportunidad de llegar, una bofetada me sumergió en un charco de barro, mientras el cura gritaba no sé muy bien qué porque yo solo recuerdo el calor de mi mejilla y mi oreja que se iban poniendo progresivamente rojos.




IMÁGENES DE UN MUNDO RURAL 1955-1980
https://www.mapa.gob.es/dam/mapa/contenido/ministerio/archivos--bibliotecas-y-mediateca/mediateca/documentos/imagenes_mundo_rural.pdf


Proceso laborioso. Las mies, una vez segada, se llevaba al lado de la era, formando montones altos, de unos tres metros, que se construían con las espigas dando al exterior, procurando que si llegaba la lluvia, resbalase sin empapar el trigo. De estos montones se iban extrayendo los haces y se esparcían por la gran circunferencia de la era, rellenándola de afuera para adentro hasta conseguir cubrir todo el espacio. Luego, con las horcas se deshacían los haces, es decir, se "volvía la parva", haciendo una  explanada uniforme y, empezaba la trilla.
 En la era había una labor en equipo, con un principal que organizaba las faenas. Primero los mulos eran acostumbrados a girar en circulo, para lo que se les ponía una collera y se les hacia trotar sujetándolos con una cuerda larga desde el centro. Esto también servía para aplastar la parva. Sin duda imagen característica, la  del agricultor sobre el trillo, haciendo crujir el látigo y acompañado de cantares para animar a los mulos. En muchos lugares de España entre ellos el nuestro existía un cancionero de siega, que se oía en medio del sopor veraniego.



LAS HACENDERAS

 

Las sernas  desaparecieron, pero  aquella mentalidad  de trabajo colectivo, y la transmisión oral de las costumbres hizo que pervivieran  trabajos colectivos que nos recuerdan mucho a aquellos. Nos referimos concretamente a las " hacenderas"(< facenderas), o trabajos colectivos también obligatorios y gratuitos que  han pervivido hasta nuestros días. Si bien es cierto que en un principio pudieron tener un caracter diferente, como podría ser reparar murallas, fosos etc., lo cierto es que tienen gran similitud con los señalados al comienzo. Son trabajos realizados para  el arreglo  de caminos, limpieza de canales de riegos, presas , corta de setos y otros similares . Una persona, el avisador,  iba pasando por las casas de los vecinos del pueblo anunciando  el día y hora del tal prestación. La hora solía ser  " a la salida del sol". Cuando el trabajo requería  instrumentos de transporte, como el carro, los vecinos que aportaban el carro con su pareja de vacas, p. ej.  estaban lógicamente exentos de  realizar trabajo alguno. El obligado tenía que ser vecino, mayor de edad, uno  por cada vecino del pueblo, que aportaba además de  su trabajo personal,  la correspondiente herramienta, según la consigna de la convocatoria y las características del trabajo que se iba a realizar. 



Leer más: https://grulleros.webnode.es/trabajo-del-campo/



La sociedad rural tradicional y sus unidades comunidad y familia forman un universo cerrado, relativamente estable y homogéneo en el que las pautas predominantes estuvieron ajenas a la motivación individual y formaron una cultura oral que se sostuvo en una relativa autarquía económica y cultural con la práctica de una economía de subsistencia. El modelo de sociedad tradicional se mostraba más como una serie de axiomas que como observaciones verificables.

El hombre del campo hablaba del tiempo y mantenía tensiones y esperanzas relacionadas a la tierra y a la cosecha, a la distancia que el recorrido a las fincas suponía. Su propia vida estaba especialmente condicionada por el clima, por la geografía, por las cualidades del terreno y por el tipo de producción que el mismo terreno imponía.

El espacio rural tenía entonces un sentido especial: aridez y humedad, secano y regadío estaban en la base de toda una organización de vida en la que los ciclos climáticos y sus propias anomalías han influido, cuando la mecanización o el cambio técnico no desarrollaban su acción para la humanización moderna del paisaje. El espacio rural se desarrolla en función del espacio agrícola, pero también contaba con el suministro de materias elaboradas que la ciudad ofrecía, que hacían más mecanizada la labor y ayudaban al giro que la vida rural experimentaba. Hace años que el divorcio entre agricultura y alimentación crece y ciertamente la dependencia entre ambas se aminora con la fabricación de piensos que vienen a paliar la escasez de prados para el ganado. Sin embargo, el espacio agrícola determina el desarrollo del paisaje y vida rural con influencia en los modos de vida en cualquier tierra ocupada por la aplicación de la técnica en su utilización.

El futuro rural depende hoy de la acomodación de las formas de vida y modos de producción, industrialización e intercambio de la vuelta al campo, temporal o permanente, en condiciones nuevas y con posibilidad de usos de servicios que la vida urbana ha convertido en necesarios.

Campo y vida rural iban a la ruina porque no era posible mantener lógica y establemente lo que racional y efectivamente comenzó a ser caduca hacía mucho tiempo. Los medios actuales de comunicación han acentuado recientemente esta caducidad y la impresión vivida que el hombre de pueblo tiene se rompe de hecho. Es claro y lógico que el hombre rural busque defender la propia seguridad porque falla el trabajo o las perspectivas de futuro, el espacio que se vivía se volvía imposible y por consiguiente la sociedad rural emigraba.

A pesar de todo, el despoblado agrícola continúa manteniendo su personalidad a pesar de la influencia que la vida urbana y sus diversas formas imponen.

Las formas concretas aprendidas durante mucho tiempo continúan produciendo efectos de un nuevo “hábitat”. Entre ciudad y campo, vida urbana y rural, se están dando transiciones en una medida cada vez mayor que dificultan la delimitación de cada una de ellas.

La acomodación sucesiva del mundo rural a los comportamientos urbanos exige entendimiento interpretado sin herir la valoración socio-moral, evitando tensiones, siendo los más jóvenes los que primeramente tienen la voluntad de tolerancia hasta ir logrando progresivamente el cambio de forma de vida. Varían los comportamientos y poco a poco la interpretación social negativa, adscrita a determinados modos de vivir y de ser, también cesa.

Los mayores aceptan que hoy la vida es de otra manera con una realidad cambiada y cambiante en donde la convivencia y el equilibrio deben imperar, atendiendo que la vida social rural está transformándose en urbana. En los comienzos de siglo pasado, cuando la mayor parte de la población activa se dedicaba a la agricultura y vivía en los campos, el control del pueblo agrícola era oligárquico, que hacía el estado valiéndose del caciquismo como instrumento de comunicación y resolución en los recursos de administración y aplicación agrícola que servía para la inclinación política. En aquel entonces, el caciquismo era una jerarquía paralela, apoyada desde arriba, para la protección y afirmado desde abajo para la fidelidad de una clientela que ayudaba al mantenimiento del orden local y así a la permanencia de la vida ruralizada según los desarrollos políticos.

La vida en el campo

En tan sólo dos generaciones, el día a día de las personas ha evolucionado sobremanera, y la vida de los fragatinos no ha sido una excepción. Hace unos años, la vida era totalmente diferente, los avances tecnológicos eran muy limitados: no existían los electrodomésticos, ni los coches, ni tampoco los vehículos agrícolas que tanto facilitan hoy el trabajo en el campo. 


 El final del invierno siempre solía ser la época de mayor escasez, por lo que las familias tenían que aprender a administrarse sus recursos en las épocas de bonanza. Sembraban y plantaban en la huerta todo lo necesario para poder pasar el año. Así, cuando llegaba el invierno, tenían la casa repleta de alimentos y los recursos sobrantes, se los vendían a otros vecinos. 


Tenían que preparar también todo lo necesario para el cuidado de los animales: paja, cebada, maíz, higos comunes, alfalfa, etc. Además preparaban una buena cantidad de leña y de vino, que almacenaban en la bodega. 
UN DÍA CUALQUIERA

Cuando  se levantaban, si era invierno, lo primero que hacían era encender el fuego y dejar leña preparada que había traído anteriormente de la huerta. Además, intentaba dejar la paja lista para los animales. En invierno, desayunaba en casa, al lado del fuego y, cuando terminaba, cogía la alforja que había preparado su mujer y el burro de la cuadra, y se iba a la huerta. 
Seguidamente, se iba a trabajar hasta la hora de comer. Una vez pasado el invierno, con la llegada del buen tiempo, aprovechaba para echarse una siesta. 


Al final de la tarde, cogía un poco de verdura para casa y un poco de alfalfa y hierba para los conejos, cargaba el burro y hacía el camino de vuelta para llegar antes de la cena.  

Los hombres más ancianos de las familias o “jaios” o bien se encargaban de la hortaliza o bien iban a la huerta a desgranar maíz o partir almendras. Además solían salir a pasear y sentarse con sus amigos, muchos de ellos se reunían en los bancos de la plaza. A los ancianos se les tenia mucho respeto y se les obedecía en todo. 
LOS ANIMALES​

Los animales eran la principal herramienta de trabajo para los agricultores o “pagesos”. Las casas más humildes solían tener un burro, y si necesitaban dos para desempeñar alguna tarea,  le pedían ayuda a  algún vecino.  A  esto  se  le  llamaba  “fer conjunta”. Las casas medianas solían tener un par de burros y las familias más ricas podían tener dos o tres mulas para ir relevando a los animales y que no se cansaran. 


Cuando los animales se hacían mayores, había que sustituirlos por otros más jóvenes y esto suponía un gran gasto. Muchos aprovechaban para cambiarlo en un año de buena cosecha. Si alguno de los animales moría de manera inesperada, la familia y los amigos iban a visitar a los afectados, como si fueran a acompañarles en el sentimiento, pues era una gran desgracia para la casa.


Las casas grandes tenían además un carro amplio que era tirado por las mulas. Las casas medianas también solían tener uno, pero más pequeño, para poder arrastrarlo con el burro.  


EL TRABAJO EN LA HUERTA Y EN EL MONTE

El trabajo de los agricultores se repartía entre la huerta y el monte, ya que gran parte de ellos tenían tierras tanto en un sitio como en el otro. Los trabajos se iban complementando para poder atender los dos espacios, por temporadas. 

En invierno y en primavera el trabajo no era tan pesado, pero siempre había algo que hacer: Labrar y preparar el campo para la próxima siembra, cuidar la hortaliza en la huerta, arreglar las tierras y las herramientas, limpiar las acequias, etc. Sembraban sólo la mitad de la tierra para dejar descansar la otra mitad, e iban alternando.
La temporada de trabajo más pesada comenzaba cuando iban al monte a  segar. Después tenían que bajar a segar a la huerta y plantar legumbres y hortalizas. Seguidamente volvían al monte a trillar y volvían a bajar a la huerta para trillar allí. Una vez finalizadas todas estas faenas, empezaba el otoño, y con él la temporada de los higos. Una vez pasadas las fiestas de la Virgen del Pilar, volvían al monte a sembrar, y a labrar los otros campos que se habían segado durante el verano. 

IR A VER EL SEMBRADO​

Esta era una costumbre muy extendida entre las casas de agricultores, que esperaban este día con ilusión. Las familias con recursos marchaban con su carro, cogían los diferentes utensilios y lo cargaban con una buen cantidad de comida para pasar el día. Cuando llegaban, iban a dar una vuelta por los diferentes campos. Medían la altura de las espigas y se llevaban una muestra para enseñarla a los ancianos que no los habían acompañado, a los vecinos y a los parientes. Mientras, los niños pasaban el día correteando y escondiéndose por medio del sembrado. Si la familia no tenía carro iba en burro y en ocasiones también se juntaban varias familias para pasar el día visitando los diferentes campos. Una vez en casa, podían hacer los cálculos oportunos para saber si iba a ser un año de buena cosecha. 




Franco y el arte. Dictadura

y (re)construcción en los años 40


El Museo Reina Sofía repasa el arte y el poder de la posguerra española en una exposición que desmonta tópicos y demuestra que entre la resignación y la resistencia pasaron muchas cosas






El Museo Reina Sofía repasa el arte y el poder de la posguerra española en una exposición que desmonta tópicos y demuestra que entre la resignación y la resistencia pasaron muchas cosas.

https://www.ahorasemanal.es/franco-y-el-arte-dictadura-y-(re)construccion-en-los-anos-40




Arte moderno y franquismo


LITERATURA DE LOS AÑos 60 EN ESPAÑA, EN CASTELLANO
José Agustín Goytisolo


https://ddd.uab.cat/pub/jag/jagobrcre/19XX/Goy_0966.pdf





Play Archivo > Los 60
Los programas de TVE en la década de 1960.



https://www.rtve.es/play/colecciones/play-archivo-los-60/232/




UNA MIRADA SOBRE LA ESPAÑA RURAL DE LOS 50
 Ausencia y presencia del acercamiento documental 







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