El flâneur dejó de ser un holgazán despreciado para convertirse en un hombre que se paseaba tranquilamente por las calles parisinas, dejándose cautivar tanto por rincones ocultos y desolados como por las animadas, bulliciosas y elegantes galerías comerciales.
El flâneur de Alex karaconji en Vimeo .
La relación creativa entre caminar y mi práctica artística queda clara en The Flaneur, que representa un paseo autobiográfico desde Taylor Square en Sídney hasta Circular Quay.
Caminar desempeñó dos funciones en la animación. Me ayudó a buscar imágenes y combinarlas en un todo más ambicioso y significativo. El ritmo pausado de la caminata garantizó que nada en mi
entorno pasara desapercibido, y su maniobrabilidad me permitió explorar más áreas, como callejones vacíos y parques menos conocidos.
Caminar también garantizó que las escenas animadas tuvieran una vida útil más larga que la de meras impresiones. En este sentido, caminar hizo posible la narración. Me ha introducido a nuevos temas y a una nueva forma de crear arte basada en la narrativa y profundamente consciente del tiempo y del arte.
Alex Karaconji, El flâneur (2016)
El flâneur de Alex karaconji en Vimeo .
No debería haber un destino, solo un punto de partida y un momento. Un viaje para transformar el espacio, no para atravesarlo.
Para dejarse llevar por la corriente, algo tiene que estar en juego: estatus, seguridad, identidad, sueño.
En una situación de deriva, el yo debe estar en algún tipo de peligro.
Puede que haga falta una catapulta: empezar a una hora inusual del día, coger un taxi con los ojos vendados pidiendo que te dejen en un sitio sin señalización, y subirse al primer autobús o tranvía que veas.
Puede haber un tema en común: agujeros de gusano, micromundos, visión periférica, lo que quieras.
Haz turismo en tu propia ciudad.
Utiliza los objetos que te rodean como si fueran textos dramáticos, represéntalos.
“…en una especie de ‘derrape’, nos encontramos en una gasolinera a las afueras de la ciudad. En el restaurante tenían una garantía impresa en unas tarjetitas. Te devolvían el dinero si no quedabas ‘completamente satisfecho’ con la comida. Así que quedamos allí en nuestro siguiente viaje con unas diez personas más; desayunamos copiosamente y pedimos que nos devolvieran el dinero, porque, filosóficamente, un desayuno completo jamás podría ‘satisfacer por completo’ a una persona social y culturalmente sana, ni ‘satisfacer por completo’ todos sus deseos y pasiones, ni a un ser humano. Conseguimos el dinero, pero, lo que es más importante, varios empleados fueron obligados a entrevistarnos y convertimos un restaurante en un debate sobre el deseo y la plenitud.”
La deriva debe estar liderada por su periferia y guiada por las atmósferas, no por los mapas.
Una deriva estática: quédate quieto y deja que el mundo se desplace hacia ti.
Cuando vayas a la deriva, usa los objetos destrozados que encuentres para crear cosas nuevas (esto se llama détournement: usar arte muerto y signos incivilizados para crear lenguajes desconocidos). Crea situaciones: construye aldeas de madera en miniatura, insectos gigantes con ramas, portales rituales con restos quemados, construye un pequeño cobertizo modelo con la madera de uno de tamaño real y transfiérelo de cobertizo en cobertizo hasta llegar al mar. Construye cosas con lo que encuentres, realiza búsquedas imaginarias, investigaciones falsas, reúne testimonios para nuevas religiones. ¡Simplemente construye! Deja historias, situaciones y construcciones para cualquier vagabundo que te siga; ellos las recrearán a su manera.

Lugares recogidos en el mapa, en orden alfabético (los señalados con * corresponden a aquellos situados en el borde norte del mapa, y en que no aparece el número en éste).:
- 41 Alalakh
- 60 Altintepe
- 65 Argistichinili *
- 46 Arrapha
- 39 Assur
- 30 Babilonia
- 75 Bagdad
- 74 Borsippa
- 49 Biblos
- 61 Cavustepe (Haykaberd)
- 12 Choga Mami
- 76 Chogha Mish
- 70 Damasco
- 51 Dur-Kurigalzu
- 58 Dur Sharrukin
- 27 Ebla
- 43 Emar
- 38 Erbil
- 68 Erebuni
- 1 Eridu
- 37 Ešnunna
- 42 Halab
- 56 Teppe Hasanlu
- 55 Hit[38]
- 69 Harrán
- 35 Isin
- 19 Jarim Tepe (Yarim Tappeh)
- 74 Jerusalén
- 40 Kanes
- 53 Kalhu (Nimrud)
- 52 Karkemish
- 54 Kar-Tukulti-Ninurta[36]
- 18 Kermez Dere (Qermez Dere)
- 31 Kish
- 33 Lagash (Sirpula)
- 32 Larsa
- 28 Mari
- 59 Melid (Arslantepe, Malatya)
- 66 Menuahinili[39]
- 57 Musasir[40]
- 15 Nínive
- 47 Nuzi
- 36 Puzris Dagan (Drehem, Nippur)
- 63 Rusahinili
- 64 Rusa-i-uru-tur
- 9 Samarra
- 73 Samaria
- 71 Sidon
- 29 Sippar
- 7 Susa
- 22 Sagar Bazar (Ashnakkum)[41]
- 45 Semsara (Tell Shemshara, Susarra)[42]
- 44 Shubat Enlil (Tell Leilan)
- 67 Teishebani (Karmir Blur, Ereván)
- 11 Tell Abada (Lago Hamrin)
- 21 Tell Brak (Nagar)
- 3 Tell al-Ubaid (El Obeid)
- 4 Tell al-Avajli[43]
- 16 Tell Arpachiyah
- 8 Tell es Sawwan
- 23 Tell Halaf
- 14 Tell Hassuna
- 10 Tell Madhur (Lago Hamrin)[44]
- 20 Tell Magzalija (Magzaliya, Maghzaliyeh)[45]
- 26 Tell Sabi Abyad[46]
- 17 Tepe Gawra
- 48 Terka (Terqa, Tell Ashara)[47]
- 25 Tilki Tepe (Tilkitepe, Merkez)[48]
- 62 Tushpa
- 72 Tiro
- 24 Ugarit
- 34 Umma
- 13 Umm Dabaghiyah
- 2 Ur
- 5 Uruk
- 50 Wassugani
La teoría estética de Walter Benjamin y su visión del flâneur
Walter Benjamin
(1892-1940) fue un filósofo, crítico y ensayista alemán, cuyo pensamiento se nutrió de diversas fuentes, como el idealismo alemán, el romanticismo, el materialismo histórico y el misticismo judío. Su obra se centró en el análisis de la cultura y la sociedad modernas, especialmente en relación con los fenómenos artísticos, literarios y mediáticos.
Uno de sus proyectos más ambiciosos fue El libro de los pasajes, una obra inconclusa que pretendía ser una historia crítica de la modernidad a partir del estudio de los pasajes o galerías comerciales que surgieron en París en el siglo XIX. En este libro, Benjamin dedicó una serie de reflexiones a la figura del flâneur, palabra francesa que significa 'paseante' o 'callejero'.
¿Qué es el flâneur?
El flâneur es un personaje que aparece en la literatura francesa del siglo XIX, especialmente en la poesía de Charles Baudelaire. Se trata de alguien que se dedica a vagar por las calles de París, sin rumbo ni objetivo fijo, abierto a todas las impresiones y vicisitudes que le salen al paso. El flâneur es un observador apasionado de la vida urbana y moderna, que se siente atraído por lo efímero, lo fugitivo y lo infinito.
El flâneur no es un turista ni un consumidor, sino un explorador y un artista. Su pasión y su profesión le llevan a hacerse una sola carne con la multitud, entre el flujo y reflujo del movimiento. Sin embargo, al mismo tiempo, mantiene una distancia crítica y reflexiva con respecto a lo que ve. El flâneur no se deja seducir por las vitrinas ni por las ilusiones de las mercancías, sino que busca las huellas del pasado y del espíritu humano en los rincones más ocultos y olvidados de la ciudad.
¿Qué significado tiene el flâneur para Walter Benjamin?
Para Walter Benjamin, el flâneur es una figura emblemática de la experiencia urbana y moderna, pero también una figura en crisis y en extinción. Benjamin considera que el flâneur representa una forma de resistencia frente a la alienación provocada por el capitalismo y la sociedad de consumo, que imponen una lógica homogeneizadora y fetichista sobre la realidad.
El flâneur es capaz de leer la ciudad como un texto lleno de significados ocultos y contradictorios, que revelan las tensiones sociales e históricas que atraviesan la modernidad. El flâneur es un detective aficionado y un investigador de la ciudad, que se adentra en los pasajes o galerías comerciales, que para Benjamin son el símbolo por excelencia de la modernidad. Allí, el flâneur encuentra las ruinas del pasado, los sueños colectivos y las fantasías individuales que se expresan en las formas artísticas y culturales de la época.
Sin embargo, Benjamin también reconoce que el flâneur es un personaje en decadencia, que no puede adaptarse a los cambios que se producen en la ciudad con la llegada del siglo XX. La reconstrucción de París por el Barón Haussmann, bajo el reinado de Napoleón III, supuso la destrucción de los antiguos barrios y la creación de amplios bulevares que favorecían el tráfico y el control social. El flâneur pierde así su espacio y su anonimato, y se ve expulsado de la ciudad por la multitud uniforme y apresurada.
¿Qué relevancia tiene el flâneur hoy en día?
El concepto de flâneur ha sido retomado por numerosos estudiosos, artistas y literatos a lo largo del siglo XX y XXI, como una forma de recuperar una mirada crítica y creativa sobre la realidad urbana y social. El flâneur ha sido reinterpretado desde diferentes perspectivas, como el feminismo, el postcolonialismo o la ecología, para cuestionar los discursos hegemónicos y visibilizar las voces marginadas.
El flâneur también ha sido trasladado a otros contextos y medios, como el cine, la fotografía o internet, donde se exploran nuevas formas de pasear, observar y narrar la ciudad. El flâneur sigue siendo una figura inspiradora para quienes buscan una forma de arte y de vida que se oponga al conformismo y al consumismo, y que reivindique el valor de lo singular, lo diverso y lo efímero.
Ejemplos de flâneurs en la literatura y el arte
El flâneur ha sido un personaje recurrente en la literatura y el arte, tanto como protagonista como narrador. Algunos ejemplos de flâneurs son:
- El narrador de Las flores del mal, de Charles Baudelaire, que recorre las calles de París en busca de la belleza oculta en lo siniestro, lo grotesco y lo marginal. Baudelaire se identifica con el flâneur como el poeta maldito que capta la esencia de la modernidad.
- El protagonista de A la sombra de las muchachas en flor, de Marcel Proust, que pasea por los bulevares y los jardines de París, evocando sus recuerdos y reflexionando sobre el amor, el arte y el tiempo. Proust recrea el flâneur como el escritor que busca la verdad en la memoria involuntaria.
- El autor de Los pasajes de París, de Louis Aragon, que se adentra en las galerías comerciales y los rincones más insólitos de la ciudad, descubriendo las maravillas y los misterios que se esconden tras las fachadas. Aragon reinventa el flâneur como el surrealista que transforma la realidad en sueño.
- La protagonista de Mrs. Dalloway, de Virginia Woolf, que camina por las calles de Londres, preparando una fiesta y recordando su juventud. Woolf retrata el flâneur como la mujer que se rebela contra las convenciones sociales y que explora su subjetividad a través del monólogo interior.
- El director de Manhattan, de Woody Allen, que filma las escenas cotidianas y los paisajes urbanos de Nueva York, mientras narra sus conflictos amorosos y existenciales. Allen actualiza el flâneur como el cineasta que expresa su visión irónica y melancólica de la ciudad.
- El autor de Calles de México, de Carlos Monsiváis, que recorre las avenidas y los barrios de la capital mexicana, retratando sus personajes, sus costumbres y sus contradicciones. Monsiváis adapta el flâneur al contexto latinoamericano, como el cronista que denuncia las injusticias sociales y celebra la diversidad cultural.
- La protagonista de El año del pensamiento mágico, de Joan Didion, que viaja por diferentes ciudades de Estados Unidos y Europa, recordando a su marido fallecido y a su hija enferma. Didion presenta el flâneur como la mujer que afronta el duelo y la pérdida a través de la escritura y el movimiento.
- El director de Sans Soleil, de Chris Marker, que filma las imágenes y los sonidos de diferentes lugares del mundo, como Japón, Islandia o Guinea-Bissau, creando un ensayo audiovisual sobre la memoria, la historia y el arte. Marker propone el flâneur como el documentalista que cuestiona los límites entre lo real y lo imaginario.
El flâneur en la era digital
En la actualidad, el flâneur se enfrenta a nuevos desafíos y oportunidades en la era digital. Por un lado, la ciudad se ha transformado con la aparición de nuevas tecnologías, medios y redes que modifican la forma de percibir y comunicar la realidad. Por otro lado, el flâneur dispone de nuevas herramientas y plataformas para explorar, crear y compartir sus experiencias y sus obras.
Algunos autores han planteado la existencia de un flâneur digital, que navega por internet como un espacio virtual donde pasear, observar y participar en las múltiples manifestaciones culturales que se generan en la red. El flâneur digital puede ser un blogger, un youtuber, un podcaster o un influencer, que utiliza los medios digitales para expresar su visión personal y crítica sobre el mundo.
Otros autores han señalado los riesgos y las limitaciones que implica el flâneur digital, como la pérdida de contacto con la realidad física y social, la sobreexposición a la información y a la publicidad, o la falta de privacidad y anonimato. El flâneur digital puede ser también un consumidor pasivo, un troll, un hater o un bot, que se deja manipular o manipula a los demás a través de los medios digitales.
En cualquier caso, el flâneur sigue siendo una figura relevante y sugerente para reflexionar sobre la cultura y la sociedad contemporáneas, y para buscar nuevas formas de arte y de vida que nos permitan disfrutar de la ciudad y del mundo con una mirada crítica y creativa.

ConclusionesEn este artículo hemos visto qué es el flâneur, qué significado tiene para Walter Benjamin y qué relevancia tiene hoy en día. Hemos visto que el flâneur es una figura literaria y artística que surge en la Francia del siglo XIX, asociada al arte de pasear sin rumbo por las calles de París, observando la vida urbana y moderna con una actitud crítica y distanciada.

ConclusionesEn este artículo hemos visto qué es el flâneur, qué significado tiene para Walter Benjamin y qué relevancia tiene hoy en día. Hemos visto que el flâneur es una figura literaria y artística que surge en la Francia del siglo XIX, asociada al arte de pasear sin rumbo por las calles de París, observando la vida urbana y moderna con una actitud crítica y distanciada.
Hemos visto que Walter Benjamin retoma el concepto de flâneur a partir de la obra de Charles Baudelaire, y lo analiza como el producto de la alienación
provocada por el capitalismo y la sociedad de consumo, que se resiste a las ilusiones de las mercancías y busca las huellas del pasado en los pasajes y las ruinas.
Hemos visto también que el flâneur ha sido reinterpretado por numerosos estudiosos, artistas y literatos a lo largo del siglo XX y XXI, como una forma de recuperar una mirada crítica y creativa sobre la realidad urbana y social, y que ha sido trasladado a otros contextos y medios, como el cine, la fotografía o internet. Hemos visto, por último, que el flâneur se enfrenta a nuevos desafíos y oportunidades en la era digital, donde puede ser un explorador y un artista, pero también un consumidor pasivo o un manipulador.
Esperamos que este artículo te haya resultado interesante y útil. Si quieres saber más sobre el flâneur, te recomendamos que leas las obras de los autores mencionados, así como que practiques el arte de pasear por la ciudad con una mirada curiosa y abierta. Quién sabe qué maravillas y misterios podrás descubrir.
Bibliografía
- Baudelaire, C. (2007). El pintor de la vida moderna. Madrid: Casimiro Libros.
- Benjamin, W. (2005). Libro de los pasajes. Madrid: Akal.
- Fournel, V. (2012). Lo que uno ve en las calles de París. Madrid: Abada Editores.
- Monsiváis, C. (2010). Calles de México. México D.F.: Ediciones Era.
- Proust, M. (2014). A la sombra de las muchachas en flor. Barcelona: Penguin Clásicos.
- Woolf, V. (2018). Mrs. Dalloway. Madrid: Alianza Editorial.
- Songel, F. (2021). El arte de leer las calles. Walter Benjamin y la mirada del flâneur. València: Barlin Libros.
El traje masculino en el siglo XIX
Indumentaria y costumbres en la España de los siglos xiv y xv
Léxico de la indumentaria en testamentos de los siglos xiv y xv ( I )
Introducción
Los protocolos notariales, y en particular los testamentos, son, posiblemente, la tipología documental más apropiada para aproximarse a la realidad material que acompañaba a las personas que vivieron durante las etapas medieval y moderna. Esta clase de escrituras eran elaboradas por notarios profesionales en diversos momentos de la trayectoria vital de los individuos: después de la muerte del propietario de una vivienda para facilitar el reparto de sus posesiones entre los herederos o al comienzo de la custodia de un huérfano para garantizar que el tutor no se aprovechase de su cargo, por ejemplo. Para todas estas eventualidades se creaba una comisión formada por un notario profesional, los familiares y, en ocasiones, un especialista en la tasación de los bienes, que se encargaba de citar, describir, situar y valorar todos y cada uno de los objetos muebles que el testador dejaba a sus herederos.
Aunque se conocen algunos listados de este tipo desde el siglo xi, debemos esperar al surgimiento del notariado profesional en los siglos xiii-xiv para que estos documentos se generalizasen en todos los espacios geográficos y grupos sociales. Al igual que muchos otros, su preservación hasta nuestros días está estrechamente ligada a la conservación de los protocolos o registros que elaboraba cada notario con las escrituras que expedía, con la finalidad de garantizar su autenticidad. La Corona de Aragón es un espacio privilegiado en este sentido, puesto que su estricta legislación foral aseguró la transmisión de estos libros, de manera que existen series completas que se remontan al siglo xiv, como es el caso de la población de Fuentespalda, de cuyo archivo histórico procede, precisamente, un manuscrito que fue redactado íntegramente en catalán entre los años 1398 y 1429 por el notario Pere Oriola 1, lengua habitual en la casi totalidad de los documentos medievales de esta zona 2.
Se trata de un protocolo sumario trascrito en presencia y casi al dictado del cliente, que contiene la fecha, el nombre del contratante, las disposiciones esenciales y noticia de los testigos, sin apenas formulismos suplidos por numerosos etcéteras. Entre los bienes que ahí se enumeran cobra especial relevancia la indumentaria, que durante toda la Edad Media tuvo gran importancia, puesto que era una muestra exterior de riqueza y debía perdurar durante años; por ello son muchos los testamentarios que entre sus pertenencias citan las piezas de vestir que configuraban sus guardarropas y a las que llaman de manera general vestidura < vestītūra o vestiment < vestimĕntum, dos palabras sinónimas que derivan de vestir y que ya son frecuentes en textos literarios medievales desde el siglo xiv (DECat iv, 215b):
Ítem lex de tots los altres béns meus a Guiamona, Saurina e Dominga filles mies, totes les mies vestidures e joyes de ma persona ans de part per amor de Déu [Testamento de Dominga, mujer de Mateu Ysern, vecina de Fuentespalda. 1407].
[...]
Los tejidos inventariados son muy variados e incluyen la estopa, el cànem ‘cáñamo’ (filat y per filar), el cotó ‘algodón’, el lli ‘lino’, la llana ‘lana’, el llenç ‘lienzo’ (para confeccionar ropa interior y, sobre todo, para lo que hoy se denomina ropa del hogar) o el fustani ‘fustán’.
La estopa, del latín stŭppa, es una voz que se documenta ya en el siglo xiii (DECat III, 786a) y en inventarios aragoneses desde 1330 (DECH, s. v. estopa). Se trata de la parte menos suave que se separa del lino y del cáñamo al romperlos o peinarlos, y en estos testamentos aparece siempre como base de la confección de telas para uso doméstico:
[…] e ab un lit de roba, ço és huna màrfega, la milló, dos coxins, hun capçal, hun parell de lançols, hu de lenz, altre de estopa, los millós, e tres goengues, les millós, e aprés òbit seu que torn als meus hereus la dita tera e robes tals com seran [Testamento de Marco Bretó, vecino de Fuentespalda. 1401]
El cànem, voz procedente de una variante del lat. cannăbis, si bien desde orígenes (mitad del s. xii) aparece tanto con -n- como con -ny-, la primera solución es la que más extensión tiene en la Edad Media en catalán (DECat II, 472b, Sesma/Líbano 1982: 135) y la única forma que aparece en estos documentos. Tan solo se cita en dos ocasiones en un mismo testamento y como tejido para ropa del hogar, tanto como producto elaborado (filat) como bruto o semielaborado (per filar):
Ítem dues estovalles de cànem ab listes amples de cotó. […] Ítem tot e qualsevulle cànem filat e per filar. Ítem hun rall e hun parell de candalobres [Codicilo de Domingo Guerau, presbítero, vecino de Fuentespalda. 1429].
El llenç, un tipo de lienzo, se trata de una tela que se fabrica de lino, cáñamo o algodón. Procede del latín lĭntĕum ‘tela de lino o algodón’, ‘sábana’, y se registra en catalán desde 1269, aunque hoy es palabra poco popular (cf. DECat V, 148a-b; Gual 1968: 346; Sesma/Líbano 1982: 241; Giralt 2011: 304):
Ítem quatre capçons de lenz listat. Ítem quatre torquadores listades ab cotó [Codicilo de Domingo Guerau, presbítero y vecino de Fuentespalda. 1429].
El lli < lĭnum y la llana < lana, debieron ser tejidos poco valorados, tal y como puede deducirse en estos testamentos, puesto que se mencionan como elementos de poco valor, frascules de ly e de lana 4, y telas que se donaban para vestir a pobres:
[…] lexam de millorament e ans de part ab totes e qualssevulle aÿnes, robes, frascules de ly e de lana, dinés, dinades, pa, vy, fustes obrades o per obrar, vexells o qualssevulle altres aÿnes, robes e coses que dintre aquelles serán lo jorn de la fy del derer de nós per fer de aquelles e en aquelles a totes ses pròpries voluntats per tots temps a ell e als seus [Testamento de Pere Guàrdia y su mujer Dominga, vecinos de Fuentespalda. 1410].
Ítem lex e vull que sien vestits v pobres de drap de lana que cost a raó de v sous per alna sengles vestidures, e lex aytant com costaran [Testamento de Bernat de Tras lo Mur, presbítero, habitante en Fuentespalda. 1401]. à, e a pobres a vestir de drap de lana [Testamento de Marieta, mujer de Bertolomeu Sabater, vecina de Fuentespalda. 1401].
Ítem lex a pobres a vestir XX sous de drap de lana [Testamento de Clara, casera de Arnau Ripoll, presbítero, habitante en Fuentespalda. 1404].
Por otro lado, el fustani o fustany es una voz que hace referencia al tejido de algodón, grueso y con pelo en una de sus caras, que servía para forros, colchones, cojines, vestiduras litúrgicas o jubones, común a diversas lenguas románicas.
Primerament lex a la mia sepultura e que y sie pres hun vestiment de fustani dels que són en la eglésia e lex-hy tant com costarà ni y aurà mester [Testamento de Pere Guàrdia, presbítero, habitante en Fuentespalda. 1421].
Para confeccionar vestidos, ropa de cama o mantos, se utilizaba el sendat ‘cendal’, un tipo de paño fino de seda o de lino para vestiduras lujosas que, por su transparencia, era usado también para colar líquidos. El DEEH y el REW (s. v. cendal), señalan como origen el latín sindon, -onis, y este a su vez del griego σινδών; sin embargo, Coromines (DECat VII, 876b y DECH, s. v. cendal) cuestiona esta procedencia por el violento cambio de terminación. También descarta el origen árabe, sendât ‘chapa, lámina delgada de metal’, por cuestiones semánticas. Corriente (2003: 282), por su parte, apunta como posibilidad el neoárabe sandal «por corrupción de sundus, que se supone derivado del gr. sindón, considerado de origen oriental no identificado, a su vez».
En cuanto a su composición, tampoco hay acuerdo sobre el tipo de tejido de que se trataba, puesto que la mayoría de las ocasiones las distintas teorías se han basado en la etimología para buscar su significado. Martínez (1989: 389), de hecho, aporta ejemplos en los que concluye que debió ser de un género de lino en la Edad Media, aunque en su origen fuera de seda. Aymerich (2011) aporta numerosos ejemplos de testamentos e inventarios del s. xiv en los que se indica que el sendat era de seda, estaba teñido de diversos colores y se usaba como forro de otras prendas. En el protocolo de Pere Oriola aparece únicamente en una ocasión y, aunque no se especifica de manera detallada, debía ser una tela que hacía de forro de una capa:
Ítem lex yo dita na Rameta a Viulant, muller d’en Pere Abella, filla mia, la mia capa vermella pus bella que he de cendat ans de part [Testamento de Pere Climent y su mujer Rameta, vecinos de Fuentespalda. 1404].
Como materia prima también se utilizó la seda, que probablemente proviene del lat. saeta ‘cerda de puerco, de caballo, etc.’, aunque su etimología sea incierta (DECat VII, 728b; DECH, s. v. seda). En ocasiones aparece con el adjetivo que indica que ha sido teñida o sometida a algún tipo de proceso, como la seda cuita, también llamada bullida, es decir, sometida a un blanqueado al ser hervida a alta temperatura. En nuestros testamentos únicamente aparece en la tela de la sàvena:
Ítem lex a senta Maria de Fontespatla huna sàvena de seda cuyta que yo he, la qual vull e man que li sie dada per a serví de l’altar. [Testamento de Dominga, mujer de Pere Guàrdia, vecina de Fuentespalda. 1399].
Ítem axí metex yo dita na Rameta lex a Catalina, filla mia, huna quota blava ab tres onzes de argent que y y à, e huna sàvena de seda que yo he ans de part [Testamento de Pere Climent y su mujer Rameta, vecinos de Fuentespalda. 1404].
Ítem més a na Violant muller d’en Bernat Aguira, girmana mia, huna gonella blava ab son guarniment e açò huna sàvena de seda la pus bella per amor de Déu [Testamento de Catalina, mujer de Bernat d’Illa, vecina de Fuentespalda. 1410].
Se menciona asimismo el mesclat ‘tela tejida de diferentes tipos de hilo’. Se trata de un término muy antiguo en catalán y en aragonés, y que está documentado a principios del siglo xiv (cf. DCVB; Sesma/Líbano 1982: 257). Debía tratarse de un paño de lana tejido con hilos ya teñidos de diversos colores que formaban, como la palabra indica, una mezcla de tramas coloreadas (cf. Aymerich 2011: 91):
Ítem lex més a Beringuer Miralles, fill meu, huna fopa mesclada [Testamento de Nicolau Miralles y su esposa, doña Marieta, vecinos de Fuentespalda. 1400].
Ítem lex a na Barcelona, muller d’en Salvador Castelló, filla mia, huna cota mesclada nova e huna capa vermella oldana per amor de Déu [Testamento de doña Marieta, esposa de Domingo Peralta, vecina de Fuentespalda. 1402].
En relación con los tintes, se indican los colores con los que las prendas se matizaron; los datos que este protocolo aporta son numerosos: blau ‘azul’, morat ‘morado’, sanguí ‘rojo, del color de la sangre’, adjetivo antiguo derivado de sang ‘sangre’ que se documenta por primera vez en el siglo xv (DECat vii, 654a); vermell ‘rojo’ y verd ‘verde’, adjetivo que se mantiene en estos textos invariable; de hecho, es a partir del siglo xv cuando se empiezan a documentar los primeros ejemplos con las dos terminaciones (DECat ix, 151a-b):
Ítem hun manto blau e dues quotes blaves e huna gramaya sanguina e altra gramaya de camellí gran. Ítem quatre algeres, huna gran e tres miganceres [Codicilo de Domingo Guerau, presbítero y vecino de Fuentespalda. 1429].
[...]
Ítem lex huna gonella fronzida mia a na Martineta per amor de Déu [Testamento de doña Clara, casera de Arnau Ripoll, presbítero, habitante en Fuentespalda. 1401].
Primerament lex a n’Anthoni Codó, fill meu, huna gonella blanqua fronzida per amor de déu [Testamento de doña Esperta, mujer de Pere Castelló, vecina de Fuentespalda. 1407].
Otro tipo de confección fue el llistat o meitat, combinación de telas de dos colores, empleadas como adorno (cf. Sesma/Líbano 1982: 243). El llistat —que procede de llista ‘raya o franja de color diferente o de relieve, en una tela’—, fue en épocas anteriores propio de criados; sin embargo, llegó a convertirse en algo elegante al final del siglo xiv, cuando las técnicas de tintado y sastrería mejoraron, casi siempre en ropas de abrigo 5:
Ítem lex a na Saurina, muller d’en Pere Sancho, filla mia, huna capa vermella listada nova e huna gonella de camellí [Testamento de Martineta, mujer de Domingo Peralta, vecina de Fuentespalda. 1402].
[...]
En estos testamentos el llistat aparece también en la ropa de casa, como en los capçons ‘trapos’, las estovalles ‘manteles’ o las torquadores ‘paños para limpiar los utensilios de cocina’:
Ítem sis estovalles listades ab cotó blau. Ítem dues estovalles de cànem ab listes amples de cotó. Ítem cinch stovalles miganeres. Ítem quatre capçons de lenz listat. Ítem quatre torquadores listades ab cotó [Codicilo de Domingo Guerau, presbítero, vecino de Fuentespalda. 1429].
El mitat ~ mitats se presenta como rasgo singular de algunos ropajes para describir un vestido de tela de dos colores o de dos tejidos diferentes, la mitad de cada uno, que a veces se describe y otras apunta únicamente al más vistoso de los dos 6. En este protocolo solo aparece la primera forma, mitat, solución que según Coromines (DECat V, 673b) es extraña, puesto que la forma autóctona catalana siempre ha sido meitat < lat. vg. meietate, y afirma que «és excepcional trobar alguna derogació de la regla, i això només en textos de caràcter local i poc elevat, en alguna comarca molt excèntrica (com el Rosselló o la Vall d’Àneu)», a pesar de que hoy mitat es la solución que predomina en valenciano y balear. Dejando de lado las afirmaciones de Corominas, en los testamentos de Fuentespalda es la única documentada (cf. Giralt 2012: 2014; Giralt 2019: 57) y la variante exclusiva conservada en las hablas de la Franja en la actualidad:
Ítem lex a na Marieta, muller d’en Salvador Malén, filla mia, huna cota de mitat que yo he e huna capa de mesclat listada per amor de de Déu [Testamento de doña Marieta, esposa de Martí Celma, vecina de Fuentespalda. 1403].
Ítem lex a·n Matheu Codó, fill meu, huna vestidura mia de mitats de blau e vermell per amor de Déu [Codicilio de doña Esperta, mujer de Pere Castelló, vecinos de Fuentespalda. 1407].
Al mismo tiempo, estas vestiduras se adornaron con un creciente y refinado lujo que traspasará los reducidos límites cortesanos y aristocráticos para alcanzar a otros grupos sociales, como la burguesía enriquecida por los negocios y el comercio, que podían permitirse un elevado dispendio en su guardarropa. En concreto, las villas que conforman la actual Comarca del Matarraña, al terminar el primer tercio del siglo xiv, gozaron de una modesta prosperidad, fruto del crecimiento agrario prolongado largas décadas que había beneficiado a diversas generaciones de campesinos (Laliena 2016: 145-157) y así se refleja en sus testamentos, donde se da especial relevancia a la cesión de un número considerable de prendas de vestir por parte de los testamentarios. De hecho, se mencionan incluso sus forros y complementos, que solían ser pieles de animales, como la pena ‘porción de piel destinada a forros o a guarnición’, palabra que proviene del lat. pĭnna ‘pluma o plumaje’, usada con este sentido desde el siglo xii y hoy desaparecida (DECH, s. v. pena; DECat vi, 431b). En todos los ejemplos se señala la prenda con la preposición ab que debe entenderse como ‘forrado con pena’, y en ocasiones el pelo del animal que se usó, normalmente de cordero o de conejos. Datos que nos indican que la estética ya se imponía a la practicidad:
Ítem lex huna gonella fronzida mia a na Martineta per amor de Déu. Ítem lex huna peliça vert ab pena de conills a na Dominga, muller de·n Domingo Vallès del Pont, per amor de Déu [Testamento de dona Clara, casera de Arnau Ripoll, presbítero y habitante de Fuentespalda. 1401].
[...]
Léxico de la indumentaria en testamentos de los siglos xiv y xv de Fuentespalda (Teruel)
Lexicon of clothing in testaments of the fourteenth and fifteenth centuries of Fuentespalda (Teruel)
María Teresa Moret Oliver y Javier Giralt Latorre
Universidad de Zaragoza
Archivo de filología aragonesa (afa) 75, 2019, pp. 41-70, ISSN: 0210-5624
Panorama de la indumentaria en los siglos XIII y XIVdel pellote a la jaqueta
- Autores: Arantza Platero, Mónica Moreno García
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2250166&orden=196339&info=link
El léxico de la indumentaria en el siglo XVIIIanálisis comparativo del diccionario de autoridades y el diccionario castellano con las voces de ciencias y artes de esteban de terreros
https://hispadoc.es/servlet/tesis?codigo=57694
- Autores: Elena Almeda Molina
EL HOMBRE DEFINE SU SILUETA – Siglos XIV y XV
Simmel, Georg.
Filosofía de la coquetería, Filosofía de la moda, Lo masculino y lo femenino. [1945].
La edición de 1945, que reúne varios de los ensayos más célebres de Georg Simmel, es una ventana a la sociología más sutil e introspectiva del pensador alemán. Lejos de las grandes teorías de la estructura social, Simmel se sumerge en los fenómenos que, a primera vista, parecen frívolos y superficiales, para revelar las dinámicas profundas que dan forma a la vida moderna. Al abordar la coquetería, la moda y la distinción entre lo masculino y lo femenino, Simmel nos demuestra que estos son campos de batalla simbólicos donde se negocian la individualidad, la pertenencia y las relaciones de poder.
En la Filosofía de la coquetería, Simmel analiza esta interacción no como un simple juego de seducción, sino como una forma social fundamental. La coquetería, según él, reside en el delicado equilibrio entre el "sí" y el "no", entre la promesa y la negación. Esta ambigüedad no solo es un motor de la atracción, sino también una forma de poder que permite al individuo mantener su autonomía mientras participa en la interacción social. Para Simmel, la coquetería es un microcosmos que refleja la tensión más amplia de la modernidad: la lucha por mantener la individualidad en un mundo de relaciones cada vez más fluidas.
La Filosofía de la moda, por su parte, es un estudio magistral de la sociología de la imitación y la diferenciación. Simmel argumenta que la moda es un fenómeno paradójico que satisface dos necesidades humanas opuestas: la de pertenecer a un grupo (la imitación) y la de destacar como individuo (la diferenciación). La moda es un ciclo perpetuo de adopción, estandarización y obsolescencia, impulsado por la necesidad de las élites de distinguirse de las masas, lo que a su vez obliga a las masas a adoptar las tendencias, reiniciando así el ciclo. Para Simmel, la moda es la expresión perfecta de la naturaleza dialéctica de la vida social.
Finalmente, el ensayo sobre lo masculino y lo femenino se adentra en las construcciones culturales del género. Simmel sostiene que el problema de la diferencia de género no es biológico, sino sociológico e histórico. A través de un análisis matizado, explora cómo las sociedades han definido y redefinido los roles y atributos de cada género, revelando las tensiones que surgen cuando lo femenino se convierte en una norma cultural.
El flâneur: un icono de la elegancia radical
Estaba el peatón que se abría paso entre la multitud, pero también el flâneur que exigía espacio y no estaba dispuesto a renunciar a la vida de ocio. Su actitud relajada era una protesta contra la división del trabajo que convierte a las personas en especialistas. Era también una protesta contra su laboriosidad. Hacia 1840, se puso de moda, por un breve tiempo, pasear tortugas por las galerías comerciales. A los flâneurs les gustaba que las tortugas marcaran el ritmo.
Walter Benjamin


























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